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LOS ASESINOS LLEGAN A MONTERREY Por José Mallorquí CAPITULO PRIMERO Hacía calor. Félix Arregui comenzaba a sentir los efectos del cansancio, al cabo de tantas horas de vagar por San Francisco. Su interés máximo estaba en poner el mayor espacio posible entre la Policía y él, y, para ello, nada mejor que poner la mayor distancia posible entre San Francisco y Félix Arregui. Tres medios de conseguirlo se le ofrecían. El más antiguo: las diligencias de la Wells & Fargo hacia Monterrey o Los Angeles. El intermedio: los vapores de la Californian Steamship Co. Y el más moderno y rápido: El tren que le llevaría hasta Los Angeles. No cabía duda de la elección: el último sistema era el mejor y más indicado. Un tren rápido que marchara hacia el Sur. Nadie le supondría tan loco. Nadie, ni siquiera Patricio Romay, le imaginaría dirigiéndose hacia Monterrey o Los Angeles, donde era tan conocido. Se supone que los culpables se alejan del lugar donde residen habitualmente, porque allí es donde la Justicia los va a buscar desde el primer momento. En la región de Los Angeles estaba el rancho de Elias Brión. Elias era su mejor amigo. De todos sus amigos, él fue el único que le aconsejó no se casara con Carmen. ¡Si le hubiese hecho caso! En vez de comprender que un hombre sólo habla mal de la novia de otro cuando, realmente, se considera amigo suyo, Félix se había enfurecido.

LOS ASESINOS LLEGAN A MONTERREY Por José Mallorquí CAPITULO PRIMERO Hacía calor. Félix Arregui comenzaba a sentir los efectos del cansancio, al cabo de tantas horas de vagar por San Francisco. Su interés máximo estaba en poner el mayor espacio posible entre la Policía y él, y, para ello, nada mejor que poner la mayor distancia posible entre San Francisco y Félix Arregui. Tres medios de conseguirlo se le ofrecían. El más antiguo: las diligencias de la Wells & Fargo hacia Monterrey o Los Angeles. El intermedio: los vapores de la Californian Steamship Co. Y el más moderno y rápido: El tren que le llevaría hasta Los Angeles. No cabía duda de la elección: el último sistema era el mejor y más indicado. Un tren rápido que marchara hacia el Sur. Nadie le supondría tan loco. Nadie, ni siquiera Patricio Romay, le imaginaría dirigiéndose hacia Monterrey o Los Angeles, donde era tan conocido. Se supone que los culpables se alejan del lugar donde residen habitualmente, porque allí es donde la Justicia los va a buscar desde el primer momento. En la región de Los Angeles estaba el rancho de Elias Brión. Elias era su mejor amigo. De todos sus amigos, él fue el único que le aconsejó no se casara con Carmen. ¡Si le hubiese hecho caso! En vez de comprender que un hombre sólo habla mal de la novia de otro cuando, realmente, se considera amigo suyo, Félix se había enfurecido.

LOS ASESINOS LLEGAN A MONTERREY Por José Mallorquí CAPITULO PRIMERO Hacía calor. Félix Arregui comenzaba a sentir los efectos del cansancio, al cabo de tantas horas de vagar por San Francisco. Su interés máximo estaba en poner el mayor espacio posible entre la Policía y él, y, para ello, nada mejor que poner la mayor distancia posible entre San Francisco y Félix Arregui. Tres medios de conseguirlo se le ofrecían. El más antiguo: las diligencias de la Wells & Fargo hacia Monterrey o Los Angeles. El intermedio: los vapores de la Californian Steamship Co. Y el más moderno y rápido: El tren que le llevaría hasta Los Angeles. No cabía duda de la elección: el último sistema era el mejor y más indicado. Un tren rápido que marchara hacia el Sur. Nadie le supondría tan loco. Nadie, ni siquiera Patricio Romay, le imaginaría dirigiéndose hacia Monterrey o Los Angeles, donde era tan conocido. Se supone que los culpables se alejan del lugar donde residen habitualmente, porque allí es donde la Justicia los va a buscar desde el primer momento. En la región de Los Angeles estaba el rancho de Elias Brión. Elias era su mejor amigo. De todos sus amigos, él fue el único que le aconsejó no se casara con Carmen. ¡Si le hubiese hecho caso! En vez de comprender que un hombre sólo habla mal de la novia de otro cuando, realmente, se considera amigo suyo, Félix se había enfurecido.

LOS ASESINOS LLEGAN A MONTERREY Por José Mallorquí CAPITULO PRIMERO Hacía calor. Félix Arregui comenzaba a sentir los efectos del cansancio, al cabo de tantas horas de vagar por San Francisco. Su interés máximo estaba en poner el mayor espacio posible entre la Policía y él, y, para ello, nada mejor que poner la mayor distancia posible entre San Francisco y Félix Arregui. Tres medios de conseguirlo se le ofrecían. El más antiguo: las diligencias de la Wells & Fargo hacia Monterrey o Los Angeles. El intermedio: los vapores de la Californian Steamship Co. Y el más moderno y rápido: El tren que le llevaría hasta Los Angeles. No cabía duda de la elección: el último sistema era el mejor y más indicado. Un tren rápido que marchara hacia el Sur. Nadie le supondría tan loco. Nadie, ni siquiera Patricio Romay, le imaginaría dirigiéndose hacia Monterrey o Los Angeles, donde era tan conocido. Se supone que los culpables se alejan del lugar donde residen habitualmente, porque allí es donde la Justicia los va a buscar desde el primer momento. En la región de Los Angeles estaba el rancho de Elias Brión. Elias era su mejor amigo. De todos sus amigos, él fue el único que le aconsejó no se casara con Carmen. ¡Si le hubiese hecho caso! En vez de comprender que un hombre sólo habla mal de la novia de otro cuando, realmente, se considera amigo suyo, Félix se había enfurecido.

LOS ASESINOS LLEGAN A MONTERREY Por José Mallorquí CAPITULO PRIMERO Hacía calor. Félix Arregui comenzaba a sentir los efectos del cansancio, al cabo de tantas horas de vagar por San Francisco. Su interés máximo estaba en poner el mayor espacio posible entre la Policía y él, y, para ello, nada mejor que poner la mayor distancia posible entre San Francisco y Félix Arregui. Tres medios de conseguirlo se le ofrecían. El más antiguo: las diligencias de la Wells & Fargo hacia Monterrey o Los Angeles. El intermedio: los vapores de la Californian Steamship Co. Y el más moderno y rápido: El tren que le llevaría hasta Los Angeles. No cabía duda de la elección: el último sistema era el mejor y más indicado. Un tren rápido que marchara hacia el Sur. Nadie le supondría tan loco. Nadie, ni siquiera Patricio Romay, le imaginaría dirigiéndose hacia Monterrey o Los Angeles, donde era tan conocido. Se supone que los culpables se alejan del lugar donde residen habitualmente, porque allí es donde la Justicia los va a buscar desde el primer momento. En la región de Los Angeles estaba el rancho de Elias Brión. Elias era su mejor amigo. De todos sus amigos, él fue el único que le aconsejó no se casara con Carmen. ¡Si le hubiese hecho caso! En vez de comprender que un hombre sólo habla mal de la novia de otro cuando, realmente, se considera amigo suyo, Félix se había enfurecido.

LOS ASESINOS LLEGAN A MONTERREY Por José Mallorquí CAPITULO PRIMERO Hacía calor. Félix Arregui comenzaba a sentir los efectos del cansancio, al cabo de tantas horas de vagar por San Francisco. Su interés máximo estaba en poner el mayor espacio posible entre la Policía y él, y, para ello, nada mejor que poner la mayor distancia posible entre San Francisco y Félix Arregui. Tres medios de conseguirlo se le ofrecían. El más antiguo: las diligencias de la Wells & Fargo hacia Monterrey o Los Angeles. El intermedio: los vapores de la Californian Steamship Co. Y el más moderno y rápido: El tren que le llevaría hasta Los Angeles. No cabía duda de la elección: el último sistema era el mejor y más indicado. Un tren rápido que marchara hacia el Sur. Nadie le supondría tan loco. Nadie, ni siquiera Patricio Romay, le imaginaría dirigiéndose hacia Monterrey o Los Angeles, donde era tan conocido. Se supone que los culpables se alejan del lugar donde residen habitualmente, porque allí es donde la Justicia los va a buscar desde el primer momento. En la región de Los Angeles estaba el rancho de Elias Brión. Elias era su mejor amigo. De todos sus amigos, él fue el único que le aconsejó no se casara con Carmen. ¡Si le hubiese hecho caso! En vez de comprender que un hombre sólo habla mal de la novia de otro cuando, realmente, se considera amigo suyo, Félix se había enfurecido.

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