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Nuestra vida suele avanzar en la dirección de nuestros pensamientos más dominantes, ya sean positivos o negativos. Cuando nuestro diálogo interior se llena de negatividad, poco a poco puede convertirse en la raíz de conflictos emocionales, sociales y hasta conductuales. Pero Dios nos ha dado una herramienta poderosa para enfrentar esa negatividad: la capacidad de elegir lo que pensamos. Si llenamos nuestra mente con pensamientos que nos acerquen al Señor, podremos formar nuevos patrones mentales que transformen nuestro diálogo interior y renueven nuestra manera de vivir. ¡Un mensaje poderoso!

Muchos cristianos ven los problemas de salud mental como un estigma y suponen que quien los padece tiene una debilidad espiritual. Sin embargo, la ansiedad, la depresión o la tristeza no son pecados; son señales de alerta que revelan heridas, cargas o luchas internas que necesitan atención y cuidado. Cuando nuestra mente colapsa, no significa que nuestra fe ha fallado. Más bien, es señal de que tenemos que depositar nuestras cargas en las manos del Señor. Es el tiempo de elevar una oración sincera, de hacer una pausa para permitir que Dios haga lo que solo Él puede hacer y de agradecer y alabarle, confiando en que Él sigue obrando en nosotros aun antes de que podamos ver Su provisión.

Vivir un trauma puede ser una experiencia profundamente angustiante, caótica y dolorosa que muchas veces nos lleva a aislarnos y a levantar barreras para proteger el corazón. Sin embargo, el camino hacia la sanidad comienza cuando somos honestos con nosotros mismos y reconocemos ese dolor que aún nos afecta. El Señor nos invita a dejar atrás la postura de víctima y a abrazar la poderosa actitud del resiliente, enfrentando el dolor con fe. Al hacerlo, aprendemos a confiar más profundamente en Dios y permitimos que Él sane nuestras heridas. Los traumas que hemos atravesado pueden transformarse en diamantes cuando los ponemos en las manos del Señor.

Para ser considerados ‘leyenda’, hay que ser sabios al tomar decisiones en la vida, reconocer nuestras limitaciones, cambiar y adaptarnos a lo nuevo aunque no lo entendamos... y sobre todo hay que trabajar duro para lograr nuestro propósito con Dios. El hombre sabio refina su arte, su oficio, su vida, y se enfrasca en una búsqueda continua de excelencia. Para ser leyenda hay que vivir la vida con temple, y el temple y el carácter se adquieren afilando el hacha. Estudia, prepárate, cambia, no dejes de aprender y no te paralices; sigue golpeando tu árbol con el hacha, porque Dios te apoya y bendice tu vida.

En ocasiones nuestra parte oscura sale a la luz y tenemos pensamientos lujuriosos, pegamos gritos a los hijos, maltratamos al cónyuge, traicionamos, causamos dolor… y después nos invade una culpa incontrolable que gobierna nuestro ser. Entonces adormecemos la culpa con una botella de tequila, o la negamos, o la castigamos volviéndonos legalistas, o la desviamos dirigiendo nuestra ira contra otros y eso hace que nos transformemos en cristianos infelices, agotados y preocupados. Sin embargo, debemos recordar que Dios detesta el pecado, pero ama al pecador, por eso debemos, con humildad, entregar la culpa a los pies de Jesús y confiar en Su gracia inagotable y Su perdón.