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El cambio no es un PowerPointHablamos mucho de cambio. Lo diagnosticamos, lo presentamos, lo comunicamos, lo convertimos en planes, reuniones, seminarios y hojas de ruta. Pero el cambio real no empieza en una slide ni en un Excel. Empieza cuando alguien modifica su agenda, su criterio, sus prioridades y su manera concreta de trabajar.En este episodio, Xavier Marcet reflexiona sobre uno de los grandes retos de las organizaciones en tiempos de inteligencia artificial: cambiar sin disminuir a las personas. Porque la IA, los agentes y los algoritmos traerán productividad, velocidad y nuevas capacidades. Pero también exigirán algo profundamente humano: más criterio, más aprendizaje, más versatilidad y más capacidad de transformar experiencia en decisiones.El problema es que cambiar cuesta. Incluso cuando la necesidad es evidente. Incluso cuando la empresa sabe que sus costes, su oferta o su forma de servir al cliente ya no encajan con el futuro. Las inercias son más fuertes de lo que solemos admitir. Y cuando cada directivo defiende su parte antes que el todo, la transformación se convierte en una negociación interminable.Este episodio nos recuerda algo incómodo y necesario: el cambio solo existe cuando se interioriza. Cuando pasa de la teoría a la práctica. Cuando deja de ser una intención colectiva y se convierte en una responsabilidad personal.Porque el cambio no son “los demás”.El cambio pasa por ti.Pasa por mí.Y si no nos cambia, quizá todavía no ha empezado.Por cierto, ¿te gustaría inscribirte en un curso con Xavier Marcet?→ Mírate https://www.inusual.com/lof y https://www.inusual.com/mhd.

Xavier Marcet abre este episodio con un gesto modesto, casi de cuaderno: anota lo que piensa al salir de las reuniones con clientes. Y de esa modestia surgen veintidós formas de interrogar nuestra manera de hacer empresa. ¿Estamos dirigiendo o solo convocando reuniones para decidir si hay que ir en serio? ¿Buscamos referentes que sean buenos profesionales o también buena gente? ¿Cuidamos más nuestros estándares que nuestras innovaciones y dejamos que el pasado venza al futuro sin darnos cuenta?No es un episodio que cierre las respuestas. Es un episodio que las desordena un poco, a propósito, para que uno se reconozca en alguna de esas frases y note la incomodidad. Porque si en las empresas no hubiera contradicción ni incertidumbre, no harían falta directivos: bastarían los robots. La pregunta que queda flotando es si seguimos dirigiendo desde esa humildad de la visita casi a portería, o si ya hemos empezado a mirar a los clientes por encima del hombro.Por cierto, ¿te gustaría inscribirte en un curso con Xavier Marcet?→ Mírate https://www.inusual.com/lof y https://www.inusual.com/mhd.

¿Por qué hay libros sobre liderazgo que se escriben leyendo otros libros y otros que, en cambio, se escriben viviéndolos? ¿Y se nota la diferencia o nos hemos acostumbrado a que no se note? Xavier Marcet abre este episodio reivindicando el segundo linaje al comentar el nuevo trabajo de Pere Rosales, 101 errores de liderazgo, una obra que destila experiencia más que bibliografía y que renuncia, con cierto alivio, a los fuegos artificiales conceptuales que tanto abundan en la materia.¿Qué tiene de tan incómodo pensarse desde los errores en vez del ideal directivo? Quizá el ideal consuela y el error obliga. El episodio recorre algunos de esos errores —decir sí cuando se quiere decir no, confundir velocidad con dirección, competir con el propio equipo, retener información, evitar el conflicto, ignorar las señales débiles, creer que uno ya no tiene nada que aprender— y cada uno funciona menos como un diagnóstico ajeno y más como una pregunta personal. ¿Cuántos de estos errores hemos cometido esta semana sin enterarnos?Y de fondo, una distinción que Xavier puntea con su nitidez habitual: ¿estamos seguros de que mandar e influir son lo mismo? ¿No habremos pretendido resolver con influencia lo que tocaba decidir, o intentado mandar donde solo cabía persuadir? ¿Cómo se sostiene un liderazgo sin esa lucidez? Hay otra pregunta que el episodio deja flotando, casi en sordina: si el carisma abre puertas, pero solo la coherencia las mantiene abiertas, ¿qué estamos cultivando realmente en nuestro día a día como directivos: lo brillante en público o lo consistente en privado?Un episodio que invita menos a admirar al líder y más a revisarse como directivo. Y que deja, al cerrarse, una pregunta difícil de esquivar: ¿qué error nuestro, hoy, todavía no hemos sido capaces de ver?Puedes ver el libro de Pere Rosales desde aquí: https://club.inusual.com/101Por cierto, ¿te gustaría inscribirte en un curso con Xavier Marcet?→ Mírate https://www.inusual.com/lof y https://www.inusual.com/mhd.

Hay una comodidad evidente en plantear las decisiones como disyuntivas: o presente o futuro, o calidad o eficiencia, o volumen o personalización, o agilidad o paciencia, o tecnología o personas. Xavier Marcet desconfía de ese reflejo. En este episodio invita a revisar la lista de trade-offs que damos por inevitables y a sospechar de casi todos. Liderar, sostiene, no es elegir bando: es construir síntesis. Lo que distingue al directivo maduro no es la rapidez con la que zanja, sino la capacidad de absorber la complejidad sin renunciar a decidir. Un episodio breve que incomoda con elegancia y obliga a revisar cuántas decisiones recientes hemos tomado demasiado pronto.Por cierto, ¿te gustaría inscribirte en un curso con Xavier Marcet?→ Mírate https://www.inusual.com/lof y https://www.inusual.com/mhd.

Cuando todo el mundo habla de inteligencia artificial, hablar de las personas puede sonar a contracorriente. Xavier Marcet lo hace sin nostalgia ni ingenuidad: precisamente porque viene una nueva era del management, la gestión de personas tendrá un protagonismo que no había tenido antes. No por compensar a las máquinas, sino porque la diferencia competitiva real seguirá residiendo en lo humano.El episodio recorre cuatro retos que dibujan, en conjunto, una idea de empresa muy concreta: comunidades profesionales sostenibles, sistemas de liderazgo que hagan crecer a las personas a la vez que crece la corporación, síntesis equilibradas entre tecnología y personas, y bases sólidas de vinculación. Todo ello sostenido por una distinción que conviene no perder de vista: una cosa es un negocio —una secuencia de operaciones para obtener beneficio— y otra muy distinta es una empresa, que es una comunidad de personas entre un propósito y un legado, obligada a ganar dinero para ser sostenible.Hay también una mirada europea que Marcet reivindica con sobriedad: ni demografía ni escala, pero sí una cierta capacidad histórica de influir por encima del peso, especialmente cuando se trata de aceptar límites a la competitividad sin renunciar a ella. Y una advertencia que recorre el episodio entero: el management humanista exige más que el otro. Más criterio, más respeto, más responsabilidad. Más exigencia, no menos. Confundirlo con buenismo es la forma más rápida de hacerlo insostenible.Por cierto, ¿te gustaría inscribirte en un curso con Xavier Marcet?→ Mírate https://www.inusual.com/lof y https://www.inusual.com/mhd.

Hay un tipo de desvelo que casi forma parte del oficio directivo. La noche que magnifica los problemas, alarga los laberintos y, de vez en cuando, regala alguna chispa de lucidez. Xavier Marcet no viene a hacer apología del insomnio —ni mucho menos a recomendarlo—, sino a señalar algo más sutil: lo que un líder hace con ese desvelo dice mucho más de él que cualquier discurso sobre equipos.Acaparar la preocupación tiene un aire heroico, pero suele esconder otra cosa. Delegar de verdad, sostiene, no es solo distribuir tareas: es repartir el insomnio. Y desde ahí el episodio se desliza hacia una idea que lleva tiempo madurando en su pensamiento: la fuerza inesperada de los equipos pequeños, sincronizados, capaces de compensarse, que existen para decidir y no para reunirse.Un episodio breve, con anécdotas que aligeran —Edison y su insomnia squad, Tesla, Musk, el rector Ferraté durmiéndose en los actos que él mismo presidía— y un fondo serio: cómo se mide, en realidad, la confianza dentro de un equipo.Por cierto, ¿te gustaría inscribirte en un curso con Xavier Marcet?→ Mírate https://www.inusual.com/lof y https://www.inusual.com/mhd.

Hay una palabra que los manuales de management suelen tratar como un accesorio: el detalle. Xavier Marcet la rescata en este episodio y le devuelve su verdadero peso.Los detalles son la prueba de la autenticidad. Son el lugar donde la cultura corporativa se muestra sin filtros, donde el liderazgo se acredita o se desacredita, donde las intenciones se convierten en realidad o quedan en retórica.Un enchufe en el lugar oportuno. Un nombre recordado sin esfuerzo aparente. Una espera innecesariamente prolongada. Un despacho diseñado para exhibir poder. Un proceso de contratación frío en una empresa que se presentaba como extraordinaria. Ninguno de estos detalles es neutral. Todos dicen algo que los discursos corporativos no dicen o no quieren decir.Marcet recorre este territorio con su habitual economía de palabras: la inteligencia artificial puede hacer mucho, pero los detalles que importan siguen siendo de dominio humano. Porque requieren algo que no se automatiza: haber pensado en el otro.El episodio termina con una afirmación: los detalles son rendijas por las que emanan destellos de cultura y generosidad. No lo son todo, reconoce. Pero son los que convierten lo sustancial en algo mediocre o en algo con verdadero sentido.Por cierto, ¿te gustaría inscribirte en un curso con Xavier Marcet?→ Mírate https://www.inusual.com/lof y https://www.inusual.com/mhd.

Este episodio pone el foco en algo que muchas veces olvidamos cuando hablamos de liderazgo: nadie brilla durante mucho tiempo. Hay profesionales que parecen extraordinarios hasta que cambian de contexto, de cultura, de equipo o de las reglas del juego. Y entonces descubren, o descubrimos, que parte de su grandeza no era solo suya: también pertenecía al sistema humano que los rodeaba.Xavier Marcet explora aquí una idea tan incómoda como necesaria: más allá del talento individual, lo que de verdad multiplica el impacto es la calidad del equipo. No habla solo de grandes líderes, sino también de esos grupos pequeños que se entienden, se respetan, se desafían sin romperse y son capaces de llevar una organización a otro nivel. Equipos donde hay ambición compartida, confianza, humildad, franqueza y también sentido del humor.Es un episodio sobre liderazgo, sí, pero sobre todo sobre algo más profundo: la capacidad de no estropear lo valioso cuando aparece. Porque cuando un equipo funciona de verdad, el reto del líder no es lucirse, sino cuidar ese equilibrio frágil que hace posible lo mejor. Y también es una invitación a mirarnos de frente: cuando estamos en un equipo, ¿pensamos más en lo que nos da… o en lo que aportamos?Por cierto, ¿te gustaría inscribirte en un curso con Xavier Marcet?→ Mírate https://www.inusual.com/lof y https://www.inusual.com/mhd.

Hay algo peligroso que ocurre cuando avanzamos en nuestra carrera: dejamos de recordar quiénes fuimos al empezar.Este episodio es una llamada a no olvidar esos primeros días. El primer trabajo, el primer cliente, la primera vez que te sentaste en una reunión en la que te sentiste que no pertenecías del todo. Ahí es donde empieza todo. Y también ahí es donde se construye algo que, si lo pierdes, casi todo lo pierdes: la humildad.Porque cuando uno olvida de dónde viene, empieza a mirar distinto… y no siempre mejor. Aparecen la arrogancia, la desconexión, esa distancia incómoda con quienes hoy están donde tú estuviste ayer. Y entonces pasa algo más sutil: dejas de entender a tu gente.El episodio plantea una idea potente: crecer profesionalmente debería ampliar tu mirada, no estrechar tus valores. Puedes ver más cosas, sí. Puedes tener más contexto, más complejidad. Pero eso no justifica perder la empatía ni olvidar las contradicciones que tú mismo veías en quienes estaban arriba.Hay dos tipos de directivos: los que llegan y cambian… y los que llegan y se mantienen. Los segundos son los que inspiran de verdad. Los que no olvidan, los que comparten, los que ayudan a otros a crecer porque recuerdan perfectamente lo que costaba estar ahí abajo mirando hacia arriba.También hay una reflexión incómoda sobre cómo se llega: por mérito o por oportunismo. Por virtud o por fortuna, como diría Nicolás Maquiavelo. Y aunque ambas cosas existen, no generan el mismo tipo de liderazgo. Quien ha tenido que construir su camino suele liderar con más conciencia, más respeto, más verdad.En el fondo, todo se resume en esto: un buen directivo no utiliza su pasado como anécdota, sino como brújula. No lo esconde, lo honra. Y desde ahí, crece haciendo crecer.Porque cuando olvidas tus orígenes, puedes ganar estatus… pero empiezas a perder algo mucho más importante.Por cierto, ¿te gustaría inscribirte en un curso con Xavier Marcet?→ Mírate https://www.inusual.com/lof y https://www.inusual.com/mhd.

Hay organizaciones donde todo parece encajar… pero nada termina de funcionar del todo. Cada equipo hace su parte, cada área cumple, cada uno responde… y aun así, algo no fluye.No suele ser un problema de capacidad. Ni siquiera de compromiso. Es algo más sutil.Tiene que ver con cómo miramos a los demás.Hay quien trabaja desde su espacio, defendiendo lo suyo, optimizando su parcela. Y hay quien decide cruzar, conectar, entender lo que pasa al otro lado. No porque sea más fácil, sino porque entiende que el resultado no está en su parte, sino en lo que ocurre entre las partes.Ahí es donde se juega todo.Porque cuando nadie cruza, aparecen las distancias. Y cuando alguien empieza a hacerlo, empiezan a pasar cosas.No es un tema de roles. Es una forma de estar.Y quizá la pregunta no es cómo funciona tu equipo…sino qué tipo de mentalidad estás reforzando sin darte cuenta.Por cierto, ¿te gustaría inscribirte en un curso con Xavier Marcet?→ Mírate https://www.inusual.com/lof y https://www.inusual.com/mhd.