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Clamores de angustia se encuentran a lo largo de los salmos. desde la angustia invoqué al Señor. Salmo 118.5

La paciencia no es simplemente esperar; es saber cómo esperar con el corazón firme en Dios. En la vida de una mujer cristiana, la paciencia se convierte en una virtud esencial, porque muchas veces caminamos procesos donde no vemos resultados inmediatos, donde las respuestas tardan, o donde el dolor parece prolongarse más de lo que quisiéramos. Ser paciente no significa ser débil ni resignarse. Al contrario, requiere una gran fortaleza interior. Es confiar en que Dios está obrando, incluso cuando no lo podemos ver. Es creer que cada etapa tiene un propósito, que cada espera está formando algo en nosotras: carácter, fe, y una dependencia más profunda de Él.

"...Si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz,y tu oscuridad será como el mediodía". Isaías 58:10-11

Las escrituras nos repiten que confiar en Dios trae vida y gozo. Bienaventurado el hombre que puso en el Señor su confianza. Salmo 40:4. Cuando confiamos en Dios, el resultado final es una felicidad profunda y genuina.

¿Recuerdas que Pedro le prometió a Jesús que, aunque todos lo abandonaran, él no lo haría? Sin embargo, después de que el Señor fue arrestado, muchos comenzaron a señalar a Pedro, porque sabían que estaba con Jesús. Le señalan una y otra vez, hasta que Pedro dice una frase definitiva: "Yo no conozco a ese hombre".

Samuel había sido un juez extraordinario para el pueblo, pero sus hijos no siguieron sus pasos y comenzaron a hacer lo que no era correcto, aprovechándose de su papel como jueces. El pueblo pidió a Samuel un rey para ser como todas las demás naciones.

La complejidad del cuerpo humano refleja el poder y la soberanía de nuestro gran Dios. Solo podemos responder con asombro y alabanza. Salmo 139.14

odos pasamos por momentos muy complicados en la vida. Situaciones en las que alguien nos hace daño,tiene demasiado poder y nos oprime, o simplemente nos desprecia como si no tuviéramos ningún valor. Las heridas son tan profundas que, incluso, a veces, nos impiden conciliar el sueño y el temor llena nuestra habitación.

Dios es nuestro refugio, el castillo en el que podemos estar seguros pase lo que pase; el lugar donde nuestros temores desaparecen, porque Él nos protege y nos cuida. Salmo 46:1-2

El pueblo de Judá conoció la bondad de Dios de forma inesperada. Ante una invasión enemiga, el rey Josafat reunió al pueblo a orar. Mientras su ejército marchaba a la guerra, la vanguardia alababa a Dios. Los invasores se mataron entre ellos. y ninguno escapó.