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En la helada inmensidad de Siberia, en enero de 1869, nació Gregory Rasputín, un niño que creció entre la miseria, el frio y la soledad de una región aislada y sumida entre la nieve. Rasputín no tuvo posibilidades de estudiar, todo lo contrario, trabajó como campesino en las tierras de sus padres que luchaban todos los días contra las durísimas condiciones climáticas. Desde muy joven Rasputín se acercó a la iglesia ortodoxa y ahí le nació el interés por la religión y la espiritualidad. Poco a poco se adentró a la vida monástica y empezó a ser visto como un ser iluminado, una presencia divina. Su fama de sanador místico lo convirtió en una especie de santo, pero al mismo tiempo era visto como un charlatán, un monje loco, un profeta excéntrico, un ángel adicto al sexo, un psíquico depravado y hasta un espía alemán. Rasputín, el niño que creció en medio de la nada siberiana, se convirtió el líder espiritual de una de las naciones más poderosas del mundo.

En julio de 1907 nació en la Ciudad de México Magdalena Carmen Frida Kahlo. Su padre era alemán y su madre mestiza. Cuando apenas tenía tres años estalló la Revolución Mexicana. Su visión política estuvo totalmente influída por el movimiento revolucionario y desde muy joven se unió al partido Comunista. Pero más allá de su activismo social, es imposible hablar de Frida sin mencionar su fragilidad física. En su niñez sufrió de polio, lo que provocó que sus piernas quedaran disparejas y cuando tenía 18 años, por un terrible accidente de tránsito, un trozo de hierro le perforó la pelvis, le fracturo la espina dorsal, le trituro las costillas, le rompió las piernas y le atravesó el útero, por lo que nunca pudo ser madre. Desde entonces vivió acostumbrada al dolor físico y a un corsé de yeso que uso toda su vida. Después de muchos años de recuperación, el destino le tenía guardado otro accidente que le provocaría otro tipo de dolor, uno que también cargaría durante el resto de su vida: su esposo, Diego Rivera.

En 1770, la Emperatriz María Teresa de Austria recibió como regalo un muñeco de madera capaz de jugar al ajedrez. Ese autómata, es decir, una máquinacon movimiento propio, era conocido como El Turco por su apariencia física. Estaba sentado ante una especie de aparador sobre el cual había untablero de ajedrez. El hombre que operaba el funcionamiento del muñeco, lo presentaba abriendo las puertas del aparador para mostrar los engranajes y mecanismos de su interior. Después de presentar la maquinaria del autómata, lo activaba para iniciar el juego de ajedrez contra los retadoresque se formaban para enfrentarlo. El Turco era capaz de jugar contra varios rivales, solo se detenía cuando se le acababa la cuerda, y su operador tenía que re activarlo. Era invencible, derrotaba a todos sus competidores y al mismo tiempo puso en jaque a la sociedad que empezaba a ver esa primitiva inteligencia artificial como unaamenaza a la inteligencia humana. El Turco venció a grandes jugadores de toda Europa, una de sus últimas victorias fue contra un genio de la guerra, Napoleón Bonaparte.