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Sé que duele. Sé que a veces te decís que no es para tanto, que podés soltar si querés. Pero también sé que hay noches en las que te sentís vacía, vacío. Que esperás un mensaje que no llega, que cambiás tus planes, tus ganas, incluso cómo te ves para ver si esta vez sí se queda. Y claro, como cualquier adicción, atrapa, te consume. Pero también, como cualquier adicción, tiene salida. Psicología al desnudo es una producción original de Psi Mamoliti, la plataforma de psicología y bienestar en la que podés encontrar a tu psicólogo ideal. ¿Cómo es que, sin darnos cuenta, podemos volvernos adictos a una relación? Hay dos categorías fundamentales para entender cómo es que amar a alguien puede llegar a este una categoría contextual, histórica, cultural y otra neurobiológica. Empecemos por la primera, que viene de la mano de la construcción sociocultural de qué es amar y cómo debería verse o cómo debería sentirse. Desde muy chicos vamos incorporando cómo tiene que verse el amor. Si hablamos del amor de pareja, lo que aprendimos en algunas sociedades de occidente es que el amor debería ser romántico, apasionado, adrenalínico. No debería ser fácil ni muy accesible, porque eso es aburrido, le falta chispa. Si, es así, en esta construcción del amor, uno de los pilares fundamentales es que al amor nos lo tenemos que ganar. El amor implica esfuerzo, mucho sacrificio. Robin Norwood, autora de Mujeres que aman demasiado, dice que aprendimos que si no duele, no es amor. Que tenemos que bancar, insistir, esperar. Que si no responde es porque quizás tiene miedo de amar. Que si un día te quiere y al otro no, uno tiene que entender, ayudar, acompañar. Para entender el porqué de todo esto, viajemos un par de años hacia atrás, a nuestros primeros años de vida, a nuestra infancia, al momento exacto en el que la semillita de el amor se gana se plantó en nuestra psique. La autora dice que muchos de nosotros aprendimos a amar desde la carencia, que tenemos que ganarnos el amor con buenas notas, con buen comportamiento. La segunda categoría que explica el amor como adicción es la neurobiológica. En la primera etapa de enamoramiento se activan los mismos circuitos cerebrales que cuando consumimos cualquier sustancia adictiva, como la nicotina, la cocaína, el alcohol. Y eso no es una metáfora poética, es ciencia. Por algo se le llama la borrachera química del enamoramiento. Hace poco leí un estudio de la Revista Chilena de Neuropsicología que se llama Amor y Adicción, que explica bien clarito este fenómeno químico. Cuando nos enamoramos, se activan zonas que son parte del sistema de recompensa del cerebro. Cada mensaje, cada te extraño, cada caricia, cada encuentro, dispara neurotransmisores. Entre ellos la dopamina, que es el neurotransmisor del placer. Hasta ahí todo hermoso. Ahora, ¿Qué pasa cuando ese estímulo placentero algunas veces está, pero otras no? ¿Qué pasa si aparece de manera aleatoria? Es decir, el otro está y después no está. Te dice que te quiere, pero después te deja en visto. Te llama, pero después desaparece. No importa lo que hagas, no importa si sos cariñosa, si sos atento, si le escribís o no. La persona a veces aparece y a veces no. Y no sabes por qué. Eso que en psicología llamamos refuerzo intermitente, por esto de que va y viene, es una de las formas más adictivas de estímulo. Es lo que usan las máquinas tragamonedas en los casinos, los algoritmos de TikTok, las apps de citas. No sabés cuándo vas a tener la recompensa y eso te engancha, te obsesiona. Cuando una recompensa es impredecible, cuando no sabés si hoy vas a recibir cariño o indiferencia, si el otro va a estar presente o se va a borrar, el cerebro se vuelve más atento, más alerta. Porque nuestros cerebros funcionan así. Buscan completar el circuito de placer una y otra vez. Entonces enviamos mensajes, hacemos regalos, nos quedamos hasta tarde esperando un mensajito, stalkeamos a ver cuántas personas nuevas empezó a seguir. A eso se le suma otra trampa. El cerebro guarda esos momentos intensos como huellas emocionales imborrables y olvida o minimiza los momentos dolorosos. Entonces el otro queda como idealizado. Y si además le sumáramos, en la infancia aprendiste que el amor era inestable, que a veces estaba y a veces no, o que había que portarse bien para que no se enojen o para que no te dejen, entonces la cuestión se complica mucho más. Porque ese patrón de intermitencia ya no despierta ninguna alarma. Porque es lo habitual, es lo conocido. La adicción hacia otra persona, también conocida como dependencia emocional, es un tipo de adicción comportamental. ¿Y qué es esto de la adicción comportamental? Es una adicción sin sustancia pero con las mismas características que la adicción al alcohol, al tabaco, a la marihuana. Solo que a diferencia de las adicciones a sustancias, el objeto adictivo es una conducta. En la adicción a personas, lo adictivo es la respuesta afectiva del otro. Respuestas que la persona adicta interpreta. Te quiero, me importás, no me voy a ir. Y cada vez que aparece esa señal, ese mensaje, el cerebro la registra como una recompensa. Aparece el placer, la calma, el alivio. No se es adicto a la persona en sí misma, sino a lo que esa persona representa. Se es adicto a sentirse querido, mirado, validado. Por eso se busca a la persona desesperadamente, aunque creas que no conoces a nadie con dependencia emocional. Este tipo de adicciones es mucho más común de lo que parece. Si venís escuchando hasta acá y sentís que este tema resuena con vos o se relaciona con tu vida, quédate porque tenemos parte práctica donde te comparto herramientas para efectivamente hacer algo con lo que te pasa. Ahora sí, sigamos. Identificar este tipo de adicciones no es fácil, porque no hay una sustancia que lo deje en evidencia. Las adicciones a personas son silenciosas, no dejan rastros físicos. Ahora, eso no significa que no se puedan identificar. De hecho, la psicología cuenta con nueve criterios clínicos que son los mismos que se usan para diagnosticar adicciones comportamentales como al juego o a redes sociales, que también se aplican a los vínculos afectivos. Lo que te voy a contar ahora es una adaptación de estos nueve criterios a la realidad de quienes son adictos a una persona. Y sí, la verdad es que puede doler reconocerse en ellos, pero también puede ser el primer paso para salir. Así que una recomendación acá andá anotando si te ves a vos o a alguien que conozcas en alguno de estos rasgos. El primer criterio es el uso peligroso. Es decir que el comportamiento genera un riesgo para la integridad física o emocional de la persona. En este caso, puede que se deje de comer, de dormir, de funcionar por completo cuando el otro se aleja, tener ataques de ansiedad si la persona de quien se depende no responde un mensaje, es cruzar la ciudad entera para cruzártelo de casualidad, escribirle o llamarlo mil veces aunque sabés que no quiere hablar. Hay veces que el peligro escala a niveles complicadísimos. Hay personas que se han autolesionado o incluso quitado la vida después de una ruptura amorosa porque no supieron cómo manejar la pérdida de ese vínculo. Obviamente acá claro que esto se da en casos donde hay altos niveles de desregulación emocional o algún trastorno de base. Ahora sí, si algo de esto resuena con vos, una buena pregunta para hacerte. Siento que me estoy perdiendo a mí en la búsqueda de conectar con esa persona, porque si efectivamente te sentís así, si sentís que la situación te sobrepasa, pedí ayuda, hablá con vínculos de confianza, con gente a la que puedas acudir y te sientas escuchado en un espacio seguro. El segundo criterio de adicción es cuando ya hay problemas en tus vínculos, cuando la conducta adictiva interfiere en tus relaciones, poco a poco te vas encerrando, ya no querés salir con tus amigos, cancelás planes, no tenés ganas de hablar con nadie porque nada te importa tanto como saber de esa persona, como estar con esa persona. Las personas que te quieren, que te conocen, van notando que hay cambios en vos. Ya no contestás tanto los mensajes como antes, o ya no estás tan disponible que ojo, quiero hacer una aclaración. Obviamente cuando empezamos a tener un vínculo sexo afectivo con otra persona, nuestra disponibilidad quizás no es la misma, porque hay un área nueva en nuestra vida que se nos lleva tiempo y eso implica quitarle un poquitito al resto de áreas, pero un poquito, no todo mi tiempo. Ahí está la diferencia. El tercer criterio de adicción es la incapacidad de cumplir con responsabilidades. Te cuesta concentrarte en el trabajo, en una reunión, en un examen, redactando un mail, en una conversación con tu jefa, donde sea. Tu mente está repasando la última conversación, viendo si está en línea, pensando en si se van a ver o no. Tu mente vive buscando ese estímulo que te recuerda que esa persona está ahí, que no te vas a quedar solo, que no se va a ir. Porque cuando tenés dependencia emocional, la ausencia del otro no es solamente algo incómodo, un poquito molesto, no, no, es una amenaza real, como si algo en vos estuviera en peligro. Si esa persona se aleja, la sensación es brutal. Tu sistema nervioso interpreta esa distancia como un riesgo para tu supervivencia. Y no es una metáfora, literalmente el cuerpo de la persona adicta reacciona como si estuviera en peligro de muerte. Se activa el modo alerta, se dispara la ansiedad, el corazón se acelera, se tensa todo el cuerpo, porque para vos perder ese vínculo se siente como la muerte en vida. Y cuando tu cuerpo cree que está en juego tu integridad, no puede pensar en otra cosa, no se puede concentrar, no puede trabajar, estudiar, dormir tranquilo. Toda tu energía se va ahí, a buscar señales, asegurar que esa persona no te deje. Todo lo demás pasa a segundo o tercer plano. El cuarto criterio es el síndrome de abstinencia. La ausencia de esa persona se va volviendo cada vez más insoportable. Aparecen síntomas físicos o emocionales cuando no podés realizar la conducta adictiva. En este caso, si no hay contacto con la otra persona, entrás en pánico, ansiedad, irritación, vacío. Hasta te cuesta respirar. Aunque sabes que el otro está trabajando o que dijo que no podía hablar, vos necesitas saber algo que te mande un emoji, un like, una palabra. Si no, todo parece que se desarma. La abstinencia en esos casos se siente exactamente igual a la abstinencia de cualquier droga. Si en tu agenda mental no hay un plan cercano que implique ver a esa persona, aparece la misma ansiedad que si necesitaras consumir cocaína. Ya. Lo que nos lleva Al criterio número 5 es la tolerancia. Cada vez necesitas más de la conducta para sentir el mismo efecto. Antes un mensajito de buenos días te alcanzaba para sentirte bien, ahora no, ahora necesitas más. Más te quiero, más me gustas, más atención, más likes, más mensajes. Y si no hay, no alcanza. Te desesperás, buscás otros medios incluso para llamar la atención de esa persona o para tener más información. Pasás por la puerta de su trabajo, la stalkeas en redes sociales, intentás hacer planes en donde sabés que te la podés encontrar, porque ya el simple contacto no es suficiente. El sexto criterio de adicción son los intentos repetidos de dejarlo y no poder. Igual que en las adicciones a sustancias, llega un momento en el que querés dejar la relación o cambiar la conducta porque te das cuenta que te está destruyendo, pero ya no podés, es más fuerte que vos. Quizás la persona incluso ya te dejó en claro que verte no está en su radar de cosas que le interesen, o tus amigas te hicieron una lista con cada una de las red flags que esa persona tuvo con vos desde que la conociste. No se interesa por saber qué te pasa, cómo está tu vida. Aparece muy de vez en cuando y después tira bomba de humo, desaparece. Ya sabés que no te hace bien. Y entonces te lo prometés. Esta vez sí, ya está, se terminó. Hasta que te llega una notificación con su nombre de nuevo. Y entonces te volvés a convencer. Recaes. Pensás que quizás esta vez es diferente, que esta vez sí va a querer, sí se va a quedar. Aunque en el fondo sabés bien lo que tenés que hacer. Pero no podés. Es muy difícil cortarlo. Mucho más si no sabemos que lo que nos pasa es una adicción. Porque como en toda adicción, la fuerza de voluntad no alcanza. Hay cambios reales en el sistema nervioso que hacen que necesites de ese vínculo como si fuera una sustancia. Y para salir se necesita mucho más que ganas. Llegados a este punto, pedir ayuda es clave. Porque acá ya no se puede salir solo. Un grupo de personas que esté viviendo lo mismo, por ejemplo, o psicoterapia, algún espacio seguro que te dé herramientas para salir. El criterio número 7 es la cantidad de tiempo dedicada a la conducta adictiva. Pasás horas y horas pensando en esa persona, en lo que te dijo, en lo que no te dijo, en si te va a escribir. Vas y revisás chats viejos, historias, posteos. Todo tu día gira en torno al otro. Incluso planteas tu rutina o la cambiás según lo que haga o no haga la otra persona. Si te dice de verte y vos ya tenías un compromiso, lo cancelás. No importa nada con tal de ver a ese otro. Tu tiempo mental y emocional están secuestrados por el vínculo. El criterio 8 es el impacto que tiene esta conducta en tu vida cotidiana. Dormís mal, estás agotado, de mal humor, baja tu rendimiento, ya no podés disfrutar de casi nada. Comés todo el día o no te entra ni un bocado. Sentís que todo te da pereza. Excepto cuando esa persona aparece. Ahí todo vuelve a tener sentido. Pero claro, dura unos minutitos nada más, mientras el refuerzo está vivo. Después volvés a caer en picada. Y como nada te entusiasma, volvés a buscar el único estímulo que tu cerebro registra como placentero. La conducta, ese vínculo. Aunque sepas que no es lo mejor para vos. Aunque sepas que te lastima, que te consume Y el noveno criterio de adicción es seguir a pesar de las consecuencias. Ya sabes que ese vínculo te destruye, que ya no ves a tus amigas, a tu familia, que hace un montón que no te reís, que tu vida se redujo a ese vínculo, que sos muy infeliz, pero no lo podés soltar. ¿Qué es lo que hace que una relación sí se vuelva adictiva? Bueno, por lo general suele haber un patrón Intermitencia emocional, lo que expliqué antes de que a veces la persona está y a veces no. Falta de disponibilidad y una gran evitación al compromiso. Y también, como toda adicción, en el fondo hay una herida emocional sin resolver, una carencia, una inseguridad, un vacío que se intenta calmar a través de la conducta adictiva de esa relación. La conducta funciona como un parche, calma momentáneamente el dolor, pero no lo sana, solamente lo tapa. Por eso, cuanto más intensa y más desordenada es la relación, más difícil de soltarla. Porque no estamos soltando solamente a la otra persona de la que somos adictos. Estamos enfrentándonos a una herida muy, mucho más profunda. Y como reconocer una adicción es dificilísimo, vamos a entrar a la parte práctica, que dividí en dos La primera es un test chiquitito, muy cortito, para identificar si algo de esto resuena con vos. Vas a bajar un dedo por cada afirmación con la que te sientas identificado. Sé sincero, sincera con vos mismo. No te sirve de nada mentirte. Tu humor del día depende de si esa persona aparece o no aparece. Cancelas planes, hobbies o cualquier compromiso para adaptarte a la agenda del otro. Te cuesta muchísimo concentrarte en el trabajo, en tus estudios o en lo cotidiano porque estás todo el tiempo pensando en esa persona. Intentaste alejarte un montón de veces porque sabés que no te hace bien, pero ante el mínimo contacto del otro, volvés. La gente a tu alrededor te hace notar que el vínculo con esa persona es muy problemático, pero vos sentís que no te entienden. Sentís que sin esa persona la vida pierde sentido. Te cuesta un montón estar solo o estar sola apenas se vaya. La extrañás mucho. Tenés miedo constante de que esa persona te deje. A veces sabes que te trata mal, pero lo justificás. Todo bien. ¿Cuántos dedos bajaste? Ni este ni ninguno de los test que hacemos en los episodios son diagnósticos y están lejos de querer serlo, pero son grandes termómetros para empezar a tomar conciencia. Ya sabemos que por más que lo intentemos, una adicción no se rompe con fuerza de voluntad, así que solos no podemos. En la adicción que sea, pedir ayuda no es una opción, es una necesidad. La ayuda puede empezar con una llamada a una amiga, un café con alguien de confianza, una sesión con un psicólogo, un encuentro en algún grupo. De la manera que sea, como te salga, lo importante es que pidas ayuda, que des ese pasito que lo cambia todo. Quiero contarte un dato interesante y es que en la recuperación de las adicciones, los tratamientos más eficaces, los que más funcionan son los grupos terapéuticos y la terapia cognitivo conductual. Son los que tienen mayor evidencia científica. Los grupos de acompañamiento para vínculos adictivos existen, hay un montón y funcionan, tienen distintos nombres. Hace un tiempo escuché de uno que se llama Grupo de Mujeres que aman demasiado o se llaman Grupos para Relaciones Adictivas y Vínculos de Codependencia, CODA o Codependientes Anónimos o DA Dependientes Anónimos y están en un montón de países de Latinoamérica y del mundo. Si googleás vas a encontrar enseguida alguno cerca de tu lugar. Son grupos que siguen el mismo esquema de los 12 pasos como alcohólicos Anónimos, en donde el primer paso es la gran clave y es admitir que somos impotentes frente a una mala relación que nos puede, nos puede aunque la vida se nos vuelva un caos con tal de sostenerla. En los grupos suelen aparecer preguntas ¿Cuándo fue que dejé de tomar mate porque esa persona prefería el café? ¿Cuándo fue que me corté el pelo como a él le gustaba, aunque a mí no me gustaba corto? ¿Y yo? ¿Dónde quedo yo? El grupo transforma, porque ya no se trata solamente de dejar a alguien, se trata de aprender a vivir distinto, de reconstruirte, de llenar el vacío con algo que no duela, de poder decir con firmeza y sin yo quiero esto, esto quiero y esto no, esto no me hace bien, me lastima. Y también porque el grupo te enseña a estar sola, a habitarte, acompañarte a vos, a quererte sin necesitar que sea el otro el que te elija. Y además estos grupos son gratuitos, confidenciales y anónimos. Sé que duele, sé que a veces te Decís que no es para tanto. Que podés soltar si querés. Pero también sé que hay noches en las que te sentís vacía. Vacío. Que esperás un mensaje que no llega. Que revisás su perfil aunque sabes que no te hace bien. Que cambiás tus planes, tus ganas, incluso cómo te ves, para ver si esta vez sí se queda. Y cuando el otro no se queda, no lo hace. Te culpás. Pensás que el problema sos vos. Pero no. Es una adicción. Es adicción al amor, o mejor dicho, al mal amor. A lo que esa persona te hace sentir por segundo. Porque aunque duela por algunos instantes, te calma. Y claro, como cualquier adicción, atrapa, te consume. Pero también como cualquier adicción, tiene salida. Así que quizás hoy sentís que es imposible, que sin ese vínculo te desarmás. Pero quiero que estés segura de algo. Hay una versión tuya que no necesita rogar para ser querida. Si sentís que esto te está superando, si algo de todo lo que escuchaste hoy te hizo ruido, quizás este episodio es tu señal, tu primer paso. No estás solo. Este episodio llegó a su fin. Pero psicología El desnudo es solo la punta del iceberg de todo el universo de Psyomamolity. Para descubrir cada semana nuevos recursos, te invito a que te suscribas gratis a nuestro newsletter. Nos gusta decir que es como una dosis de bienestar emocional semanal. Recibí el próximo este mismo sábado suscribiéndote en.
Host: Psi Mammoliti (Marina Mammoliti)
Episode Date: 12 Febrero 2026
Este episodio explora la “adicción al amor” desde una perspectiva psicológica, abordando cómo ciertos patrones de vínculo pueden convertirse en una verdadera dependencia emocional. La psicóloga clínica Marina Mammoliti desgrana tanto los factores culturales e históricos como los procesos neurobiológicos detrás de la adicción a una persona, comparte criterios para identificarla, y ofrece herramientas prácticas para reconocer cuándo pedir ayuda.
(01:10) Cultura y aprendizaje sociocultural:
“Aprendimos que si no duele, no es amor. Que tenemos que bancar, insistir, esperar.” (02:15)
(04:30) Infancia y carencia:
(05:25) Neurobiología del enamoramiento:
“Eso que en psicología llamamos refuerzo intermitente, es una de las formas más adictivas de estímulo. [...] No sabés cuándo vas a tener la recompensa y eso te engancha, te obsesiona.” (07:00)
(09:05) Dependencia emocional:
(10:50) Común pero silenciosa:
Marina adapta los criterios de adicción para relaciones afectivas.
(12:00)
Uso peligroso:
“¿Siento que me estoy perdiendo a mí en la búsqueda de conectar con esa persona?” (13:40)
Problemas en otros vínculos:
Incumplimiento de responsabilidades:
“La ausencia del otro no es incómoda, es una amenaza real.” (16:15)
Síndrome de abstinencia:
Tolerancia:
Intentos fallidos de dejar la relación:
“Lo prometés. Esta vez sí, ya está, se terminó. Hasta que te llega una notificación con su nombre de nuevo. [...] No podés.” (20:25)
Tiempo excesivo dedicado:
Impacto en la vida cotidiana:
Persistencia a pesar de las consecuencias:
“Ya sabés que ese vínculo te destruye [...] pero no lo podés soltar.” (24:40)
“Se intenta calmar a través de la conducta adictiva de esa relación. La conducta funciona como un parche, calma momentáneamente el dolor, pero no lo sana.”
(07:00)
“Eso que en psicología llamamos refuerzo intermitente [...] es una de las formas más adictivas de estímulo. [...] No sabés cuándo vas a tener la recompensa y eso te engancha, te obsesiona.”
—Marina Mammoliti
(16:15)
“La ausencia del otro no es solamente algo incómodo, es una amenaza real, como si algo en vos estuviera en peligro.”
—Marina Mammoliti
(20:25)
“Lo prometés. Esta vez sí, ya está, se terminó. Hasta que te llega una notificación con su nombre de nuevo. [...] No podés.”
—Marina Mammoliti
(25:10)
“La conducta funciona como un parche, calma momentáneamente el dolor, pero no lo sana, solamente lo tapa.”
(30:25)
“Sé que duele, sé que a veces te decís que no es para tanto. [...] Pero no. Es una adicción. Es adicción al amor, o mejor dicho, al mal amor. A lo que esa persona te hace sentir por segundo. Porque aunque duela por algunos instantes, te calma. Y claro, como cualquier adicción, atrapa, te consume. Pero también como cualquier adicción, tiene salida.”
(28:45)
Mini test de autoevaluación:
Nota importante: No es un diagnóstico, pero es un termómetro valioso para tomar conciencia.
Pedir ayuda:
“En la adicción que sea, pedir ayuda no es una opción, es una necesidad.” (33:10)
“Hay una versión tuya que no necesita rogar para ser querida. Si sentís que esto te está superando, si algo de todo lo que escuchaste hoy te hizo ruido, quizás este episodio es tu señal, tu primer paso. No estás solo.” —Marina Mammoliti
Este episodio es una invitación a mirar con honestidad los patrones de nuestros vínculos, especialmente cuando el amor se vuelve sufrimiento y dependencia. Con un tono cálido, cercano y sin juicios, Marina Mammoliti desmitifica el “amor romántico” que duele y entrega herramientas concretas para empezar a sanar. El mensaje central es claro: la adicción al amor es parte de la experiencia humana, pero siempre hay salida—y merecemos vínculos sanos donde no tengamos que mendigar por ser amados.