Transcript
A (0:02)
Tengo una noticia para contarte y es que voy a dictar mi primer taller online en vivo. Nos vamos a encontrar en vivo. Es sobre cómo los estilos de apego impactan en la forma en la que nos relacionamos con las personas que queremos. Así que si te cuesta confiar en los demás, te cuesta abrirte emocionalmente con otros, si sentís que la dinámica con papá o mamá es compleja, o simplemente querés mejorar la forma en que te relacionas con vos y con las demás personas, este taller te puede ayudar un montón. En el link de la descripción vas a encontrar toda la información. Tiene cupos limitados porque quiero garantizar que sea un espacio seguro, cuidado, íntimo. Así que nos vemos ahí. Creé un pequeño nuevo espacio diferente, que es este que estás a punto de escuchar. Bienvenido al buzón de Psicología. El Desnudo son capsulitas más cortas que buscan responder algún comentario, mensajito, experiencia o secreto que ustedes me dejen en el buzón de mensajes. Me parece apasionante leerles, escucharles y pensar juntos qué propuestas tiene la psicología para decir sobre esos dolores que nos recorren todos los días. Les comparto el mensajito que me dejaron en el buzón del día de hoy. Silvia de Chile nos escribe este Hola.
B (1:32)
Marina, por acá Silvia de Santiago de Chile, te escucho siempre. Hay un tema del cual me gustaría tener tu opinión. Estoy en pareja hace más de 15 años, tenemos dos hijos, convivimos hace más de 10. Pero últimamente me siento agotada en el vínculo, No por falta de amor, sino porque soy yo la que está haciendo todo para que la relación funcione, la que organiza las salidas, la que pregunta si el otro necesita algo, la que está ahí en el caso de que surja algún problema. No lo siento recíproco, no siento como la misma preocupación o cuidado del lado de mi marido. Sé que el tiempo y la costumbre son complicados, pero no sé cómo manejar muy bien la situación. Me gustaría sentir que estamos los dos en la misma sintonía, sentir que puedo contar con él como él cuenta conmigo.
A (2:20)
Muchas gracias Silvia por este mensajito. El mundo de las relaciones es apasionante porque es de lo más complicado de la psicología. Realmente pocas cosas son más complejas que las relaciones humanas. Esperar que las relaciones sean recíprocas o que ambas partes pongamos lo mismo es lo que todos esperamos. ¿Ahora, esto realmente tiene y puede ser así? Soy Marina Mamolitti, psicóloga clínica. Esto es Psicología Al Desnudo, el podcast de salud mental de Psi Mamoliti. En el episodio de hoy, las relaciones son 50 y 50. Te invito. Me invitás. A veces me sorprendés con regalos y no puedo creer que me hayas escuchado decir que eso me gustaba y que te hayas acordado te enfermaste y fui a tu casa, te llevé chocolates. Siempre nos guardamos algún momento para estar juntos, no importa lo complicada que esté la semana. Reciprocidad, dar y recibir. Estar ahí para el otro, sabiendo que el otro también está ahí para vos. Suena fácil, simple e ideal. Pero las relaciones no son ni simples, ni fáciles, ni ideales. Creemos firmemente que en una relación amorosa cada parte tiene que poner su 50 por ciento, su mitad. Si yo doy, vos deberías dar en igual medida y así todos contentos. Pero frenemos un segundito, siempre podemos dar nuestro 50%. ¿Qué tanto de real hay en pensar que no importa lo que pase en nuestras vidas, las crisis que estemos atravesando, los malos días, siempre tenemos que poner lo mismo de ambos lados para que la cosa funcione? Veamos qué hay detrás de esta idea de reciprocidad, si tiene sentido y si es que sí, cómo la conseguimos. Para hablar de reciprocidad, primero tenemos que conocer qué espera cada parte de la otra qué me gustaría recibir o qué creo que merezco recibir porque yo doy o pretendo dar lo mismo. Esa es la base, porque a partir de acá llega cualquier primer acuerdo. Por ejemplo, yo espero que mi pareja me pregunte cada día cómo estoy, que me acompañe a ciertos lugares, que elija compartir momentos de calidad conmigo y a mi pareja, por ejemplo, eso ni le parece importante para esta persona. Lo ideal es contar con alguien que pueda estar ahí si surge algún inconveniente, o que organice y proponga planes para distendernos y que cada uno pueda tener su tiempo de soledad. A ver, ambos puntos son válidos. Cada uno tiene su ideal de pareja según su historia, según lo que aprendió a lo largo de su vida. El tema yo espero esto, vos esperás otra cosa Y si no nos ponemos de acuerdo, no importa qué tan buenas sean las intenciones, nunca nos vamos a sentir satisfechos el uno con el otro. Entonces, lo primero es definir qué espera cada uno del otro y una vez que cada quien lo tenga definido, lo comunicamos, creamos un acuerdo, una especie de contrato donde sentamos las bases y común y negociamos cómo vamos a funcionar los dos como parte del mismo equipo. Ahora, no hablamos de un contrato rígido, inflexible. Acá vamos a tener que estar revisando la letra chica todo el tiempo. ¿Por qué? Por el simple hecho de que somos seres cambiantes. Es irreal pensar que el otro va a cumplir con mis expectativas al 100% todas las veces y viceversa. Y acá vuelvo al tema del 50% y el 50%. Lo ideal es que cada uno pueda poner su monto, el monto que pueda y que ambas personas estemos bien. ¿Con eso qué quiero decir? Que no siempre estamos con la misma energía, no siempre estamos con el mejor humor y a veces dar el máximo de nuestra parte en un vínculo simplemente no se puede. No tenemos la energía en ningún área de nuestra vida damos toda la misma energía al 100% siempre, ni en el trabajo, ni con nuestros amigos, ni con la familia. Es irreal. Y no está mal. Tenemos que romper con la idea de que si no puedo dar mi máximo todo el tiempo, significa que no te amo lo suficiente. Hay una idea de la investigadora Brené Brown que me parece excelente, la ley del 80 y el 20, y es más o menos así Se trata de consensuar en la relación qué monto de energía disponible tiene cada uno para dar en ese momento y cómo entre ambos, como equipo, podemos llegar al 100%. Es decir, no siempre podemos poner nuestro 50%. La vida es agotadora y y a veces nuestro monto de energía es bajísimo y otras veces estamos con muchísima energía y podemos poner más que el 50% e incluso sostener al otro. Puede parecer poco justo porque el equilibrio Absoluto es siempre 50 y 50, pero seguime en esta idea. Llego a casa por la tarde y sé que mi pareja está atravesando una semana bastante fea, tiene a la mamá enferma y además veo que tuvo un día agotador. Lo veo cansado, de mal humor y encima se acuerda de que no hizo las compras que yo le pedí por favor que haga. Yo también estoy cansada, mi día fue bastante agotador también, pero hoy puedo poner más del 50%. Me siento con la energía suficiente para hacerlo hoy. Yo sí puedo dar el 70% porque sé que él está en 30. Entonces, en vez de reprocharle por qué no hizo las compras, que yo también estoy súper cansada y él no hizo su parte acordada, hablo con él, le pregunto cuánta energía puede poner hoy, chequeo que efectivamente son un 30% y veo si yo puedo y tengo ganas y energía para poner el faltante el 70, es decir, dar un poco más de mí hoy. Si yo estoy OK con eso, entonces pongo el agua para tomar alguna bebida calentita con él, lo abrazo y le propongo que pidamos comida o que cocinemos algo. Simple. Mañana o en otro momento puede él ir a hacer las compras. Claro, yo fui la que aportó más esta vez y mi pareja menos. Si esto se repite al infinito, bueno, ahí sí tenemos un problema. Ahí vemos algo de lo recíproco, que está siendo poco recíproco. La idea es que siempre juntos como equipo, podamos llegar al 100% de alguna manera equilibrada. Si solamente una de las partes es la que intenta equilibrar, la que hace el esfuerzo constantemente, la que siempre le pone más foco y energía, mientras el otro vive poniendo solo el 20%, bueno, entonces ahí sí tendremos que frenar y reevaluar. ¿Y qué pasa cuando ninguno de los dos tiene las energías suficientes para llegar al 100? ¿Qué pasa cuando los dos estamos en 30 o en 20? Esto puede pasar. La vida nos pega a golpes fuertes a veces. Y lo cierto es que puede que tengamos ciclos en los que no tenemos energía para nada más que para cumplir con los quehaceres básicos. No hay energía para demostrar amor, para nutrir ningún tipo de relación. Puede pasar, son momentos. En ese caso, no nos va a quedar otra que sentarnos juntos y hablar. Idear un plan de acción para cuidarnos mutuamente durante ese tiempo de poca energía sería lograr una reciprocidad a medida, una que se adapta a la realidad de las dos personas con pautas claras. Por ejemplo, nos comprometemos a tener una conversación corta y sincera al final de cada día, antes de dormir, por ejemplo, para compartir cómo nos sentimos y nuestras necesidades. Vamos a dividir las tareas básicas de la casa, como cocinar, limpiar o hacer las compras equitativamente, según lo que cada uno pueda y prefiera. Y si alguno de los dos se siente muy agotado un día, el otro puede tratar de asumir una tarea adicional, pero con la promesa de reequilibrar eso en otro momento, o nos comprometemos a tener gestos simples de cariño. No hace falta mucho si uno no tiene energía, pero algo así como un abrazo, una linda palabrita. Incluso en los días más difíciles podemos comprometernos a hacer planes juntos que no requieran un montón de energía, pero que nos permitan estar juntos simplemente como ver una película o tirarnos en el sillón juntos, incluso en silencio. Ahora, para que esta ley del 80-20 funcione, hay tres elementos que no pueden faltar. El primero es la transparencia. De nada sirve hablar de la ley de los montos si no somos honestos, transparentes. Si yo no soy capaz de expresar abiertamente cómo me siento en ese momento o cuánto realmente puedo aportar a la relación hoy, es muy difícil que esto funcione. Por eso es tan importante hablar, blanquear todo lo que sentimos y con lo que realmente podemos. No te quiero mentir, poner esta ley en práctica cuesta un montón, porque a veces nos da miedo que el otro se ofenda, que se lo tome mal, y eso es en gran medida por este mito de que el amor siempre debe a todo momento ser 100 % en partes iguales. El segundo elemento es la asertividad. No hay nada que no podamos decir si sabemos cuándo y cómo podemos decir todo, todo, todo en el tono y el timing adecuado. No es lo mismo decir hoy no estoy con humor para nada, así que no me hables, que decir la verdad es que hoy tuve un día muy difícil, estoy agotada, la verdad es que voy a necesitar mi tiempo para mí o voy a necesitar mucho apoyo tuyo hoy vos estás para eso. El mensaje es el mismo, lo que cambia es cómo lo digo. Basta con esa idea combativa del yo soy frontal y te digo todo de frente, sin pelos en la lengua. Como primer me sale esta idea de vomitarle todo lo que pensamos al otro, sin filtros, sin pensar en cómo le va a impactar eso que digamos. Cuidado con esa frontalidad inmadura. Tercer el consenso mutuo. Crear acuerdos, que las dos partes entiendan las pautas y las acepten, las quieran consensuar. Cuándo vamos a sentarnos a hablar o cuándo va a ser necesario rever el funcionamiento de la pareja esta regla del 80-20 o qué vamos a hacer en esos días en el que ninguno de los dos pueda sostener al otro. Lo ideal es que todo esté consensuado por las dos partes. Así que tómense un tiempo para sentarse y hacer acuerdos. Es importante. Las relaciones necesitan mucho más que amor y buenas intenciones. Cuando elegimos compartir nuestra vida con alguien, elegimos compartirlo todo, lo bueno, lo no tan bueno y lo malísimo. Y eso también va a implicar sostener al otro y que el otro nos sostenga cuando lo necesitemos. Y llegamos a la parte práctica de este podcast. Quiero regalarte tres ideas de ejercicios para hacer con la persona que vos quieras. Son cortitos, pero muy eficaces si te comprometes a hacerlos. Uno para hacer hoy en algún momento del día, otro para la semana y otro para todo el mes. Para hacer hoy La idea es que busquen un ratito del día para sentarse y definir en términos ambos qué esperan de la otra persona. Que les acompañe, que les proponga planes, que se siente en silencio y escuche, que respete sus espacios. Es decir, ¿Qué espero yo de la otra persona y qué espera la otra persona de mí? Y evalúen si comparten la misma visión y si no es así, cómo podrían llegar a un acuerdo, a un consenso. Los invito a que se pongan creativos. Esto puede convertirse en un momento súper especial para ambas personas. Así que busquen un momento distendido para hacer el ejercicio y creen su propio acuerdo de reciprocidad. Incluso podrían anotarlo en un papel. Para hacer esta semana Durante toda esta semana, intenten aplicar la ley del 80-20 entre los dos ya está definido lo que entienden por reciprocidad. Entonces los invito a dar un pasito más. Pregúntense cada día cuánta energía tiene cada uno para dar, siempre teniendo en cuenta estos tres elementos claves. La honestidad, la asertividad y el consenso. Y para hacer este mes, Los invito a prestar atención durante todo el mes para ver cómo fueron equilibrando las cargas. La idea sería que el último día del mes puedan sentarse juntos y responder estas cargas. Preguntas ¿Sentimos que logramos ser recíprocos el uno con el otro durante este último mes? ¿Cuál fue el día donde más sentí que pude contar con tu apoyo? Esa pregunta deberían hacerlo cada uno. ¿Qué podríamos mejorar para el próximo mes? Lo que ustedes consideren que podrían seguir trabajando. Hay una verdad de la que no hablamos, y es que las relaciones sanas son un trabajo full time, a tiempo completo. No es nada fácil aplicar la ley de montos que podemos dar y hacer acuerdos posibles. Es entender la vida misma, entender que van a haber días en los que quizás no seamos los más asertivos, o no tengamos energía para amar bonito, no tengamos ganas de poner nada de nosotros. Y eso no significa que no amemos, significa que somos vulnerables a los vaivenes de la vida y a sus tormentas. Mientras entendamos que ser recíprocos no es dar siempre sí o sí el 50 y 50, pero tampoco es dar siempre 20 y que el otro siempre dé el 80. Ahí tenemos un gran paso ganado. Vos me cubrís hoy, yo te cubro mañana. No por egoísmo, sino por amor. Se trata siempre de aprender a equilibrar los montos. Cuando empecé Psicología al Desnudo me di cuenta que hay muchas personas que quieren aprender más sobre psicología y salud mental, pero buscan no solo contenido teórico, sino experiencias que los transformen de desde adentro. Por eso, con el equipo de Psymoliti creamos un nuevo espacio para acceder a información validada de alta calidad, pero de una manera diferente, más profunda, más dinámica, más interactiva. Después de tanto soñarlos, tanto trabajar por hacerlos realidad, ahora sí, y con muchísima emoción, puedo contarles que ya están disponibles los cursos Psi Mamuriti. Encontrás toda la información en la descripción de este episodio. Hasta acá el episodio de Psicología al Desnudo es un podcast de Psi Mamoliti. Si disfrutás de estos episodios de este podcast, seguinos rankeanos y compartí estos episodios con alguien más. Conocé más sobre el universo de contenido de Psimoliti en nuestra web o encontranos como en YouTube, TikTok, Instagram o tu red social favorita. Hasta la próxima.
