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No sos un robot, ni sos histérica. Sos cíclica y tus hormonas tienen influencia en tu energía y en tu estado de ánimo. Esta información no es solo necesaria para quien lo vive, lo es para todos. Para entender, para desestigmatizar algo tan humano y tan propio de la vida como lo es la menstruación. Para generar empatía. Psicología al desnudo es una producción original de Psi Mamoliti, la plataforma de psicología y bienestar en la que podés encontrar a tu psicólogo ideal. En la Edad Media se creía que la sangre menstrual era venenosa, era símbolo de lo impuro, lo tóxico, algo contaminante. Si la mujer menstruaba, se consideraba que durante ese tiempo estaba enferma y a veces ni siquiera podía salir de la casa esos días para no envenenar a nadie. Todo este tabú en relación al ciclo menstrual facilitó que no hablemos, que no nos preguntemos, que no entendamos tantas cosas. Por ejemplo, la relación entre nuestro ciclo y nuestros pensamientos y emociones. ¿Qué pasa si lo que sentimos no es solo el ciclo, sino una conversación entre lo biológico, lo emocional y lo social? ¿Qué pensás si te digo que aprender a escuchar esa conversación nos da mucho poder? Empecemos por lo obvio. No tan obvio. Mente y cuerpo no son dos cosas separadas. No podemos pensar que lo que sentimos no tiene nada que ver con nuestro cuerpo, con nuestras hormonas. En realidad sí podemos. Lo hemos hecho por años y nos hemos habituado un montón a las consecuencias. Por ejemplo, no descansar cuando nuestro cuerpo lo pide, o tomar medicamentos solo para que se pase el dolor y seguir como si nada. No entender por qué sentimos lo que sentimos, por qué a veces tenemos mucha energía, muchas ganas, muchas ideas y otras estamos tan agotadas, tanto que nos cuesta hasta cumplir con las tareas básicas. La palabra menstruación viene del latín mensis, que significa mes, y a su vez mensis proviene del griego men, que significa luna. Sí, menstruación y luna comparten raíz. Y eso no es casual. Cada mes, el cuerpo femenino atraviesa una coreografía hormonal con picos y caídas de estrógenos y de progesterona, dos hormonas que no solo afectan al aparato reproductor, sino que también modulan nuestra química cerebral, tienen impacto directo en nuestro cerebro y por ende, afectan nuestra reacción frente al estrés, nuestra tolerancia e incluso nuestro ritmo de sueño y vigilia. El ciclo menstrual puede variar entre 23 a 35 días más o menos. Las fases varían en duración dependiendo de la persona. No importa si hablamos de veintitrés, veintiocho o treinta y cinco días. Estas cuatro fases se se dan de igual manera. Para entender bien qué pasa en cada ciclo, veamos las diferentes fases. La primera se llama fase menstrual. Imaginemos que es lunes, te levantás y ya desde que abriste los ojos sentís que tu energía está al 50%. Estás más sensible y más irritable que lo normal. Ojalá que ni me hablen. No tengo energía para nada. Siento que hoy todo me está costando el doble. Recién es lunes. Vas al baño y claro, entendés todo. Lo que pasa acá es que tus niveles de estrógenos y de progesterona están en el punto más bajo. Estas dos hormonas impactan también en la cantidad de serotonina, la hormona encargada de regular nuestro estado de ánimo. Eso explica por qué en esta fase las mujeres podemos sentirnos más apagadas, más introspectivas, incluso a veces tristes. El cuerpo está enfocado en eliminar el endometrio, que es el tejido que se preparó para un posible embarazo y que no fue utilizado. Y eso implica un gasto energético y fisiológico real. Por eso no es raro sentirse con menos fuerza, más hacia adentro, como más lentas. Esta fase se da durante los primeros cinco días del ciclo menstrual. Entonces, si nos sentimos con menos energía que la habitual, conviene bajar un poco el ritmo, priorizar el descanso y permitirnos no estar disponibles para todo. Aunque el entorno nos pida seguir funcionando como si nada, el cuerpo pide otra ir más lento, hacer menos, más tranquilas. Y un dato curioso es que la sensibilidad al dolor puede aumentar hasta un 93% en esta fase. Por eso se siente como que todo duele más. Es decir que todo dolor se percibe con más intensidad cuando estamos en estos días. La segunda fase se llama fase folicular. Imaginemos ahora que dormiste mejor, te levantaste con energía y sentís que es un excelente momento para ordenar tu departamento y pintar la pared del living. Tu cuerpo se siente más liviano, estás más resolutiva, enfocado, motivada. Hay algo más claridad mental, más empuje. Y esto tiene su explicación. Durante esta fase, que va más o menos Desde el día 6 al 13 del ciclo, los niveles de estrógeno empiezan a subir progresivamente. Esta hormona no solo influye en nuestro sistema reproductivo, sino también en funciones cognitivas como la memoria, la atención y la motivación. Por ende, hay más ganas de hacer cosas, de planear, de socializar, de concretar. Hay más memoria disponible. Entonces, si en esta fase sentís más energía y más foco, aprovéchalo. Es un buen momento para tomar decisiones, para hacer cosas que requieren claridad mental, para trabajar en proyectos personales que requieran empuje o para tener conversaciones importantes. No porque haya que ser productivas, sino porque el cuerpo está más enérgico, más disponible, más brillante. Si venís escuchando hasta acá y sentís que este tema resuena con vos o se relaciona con tu vida, quédate porque tenemos parte práctica donde te comparto herramientas para efectivamente hacer algo con lo que te pasa. Ahora sí, sigamos. La fase número 3 se llama fase ovulatoria. Imaginemos ahora que te sentís radiante, todo te sale natural, te gusta cómo te ves, conectás fácil con los demás. Esto es porque durante la ovulación el estrógeno llega a su pico máximo y eso potencia funciones cerebrales relacionadas con la empatía, con la comunicación, con el deseo sexual y con la conexión social. También en esta fase aumenta un montón la oxitocina, que es la hormona del vínculo que favorece el apego, la confianza, la intimidad emocional y la testosterona, lo que hace que aumente el deseo sexual. Hay estudios que explican que por eso en esta fase puede que nos sintamos más atractivas, más sociables, más magnéticas. Estudios que incluso muestran que el tono de voz se vuelve un poquito más agudo, algo que inconscientemente es percibido como más atractivo por las personas que nos rodean. Desde la biología, el cuerpo se prepara para un posible encuentro sexual y para la reproducción. También suele ser un buen momento para reunir, para conversaciones importantes, para entrevistas. Conviene aprovechar esta energía si la sentís, pero también registrar que es una fase que dura poco y no es realista pretender siempre estar brillando como en un verano interno. Y La fase número 4 del ciclo es la fase lútea. A esta fase se la llama el otoño del ciclo, porque después de la ovulación el cuerpo produce más progesterona que es una hormona que tiene un efecto sedante en el cerebro. La energía que antes iba hacia afuera ahora tiende a ir hacia adentro. El cuerpo pide pausa, menos intensidad, es como que desacelera. Esta fase es muy sensible a los niveles de estrés y puede haber más ansiedad o más sensibilidad al rechazo o más sensación de caos. Además, el cuerpo se empieza a preparar para una nueva menstruación, lo que implica un gasto energético importante. Por eso muchas personas experimentan síntomas como más cansancio, quizás una ansiedad leve o cierta tristeza. Muchas personas también sienten más sueño, más bajones anímicos o como una necesidad de calma. El cuerpo sube entre 0,3 y 0,5 grados centígrados la temperatura y eso puede afectar al sueño, también al apetito y a la regulación de las emociones. Es una etapa súper poderosa para meternos hacia adentro, para revisar, para hacer balances, para conectar con lo que no queremos sostener. Y también puede sentirse el famoso síndrome premenstrual, que es el combo de cambios físicos, emocionales y mentales que se dan en los días previos a la menstruación. Hinchazón, sensibilidad mamaria, altibajos anímicos, muchos cambios en el apetito o dificultad para concentrarse. Ahora frenemos un segundito acá porque no es lo mismo el síndrome premenstrual que el trastorno disfórico premenstrual. La gran diferencia está en la intensidad y en la incapacidad que genera uno y el otro. En el trastorno disfórico premenstrual los síntomas emocionales son tan fuertes que pueden parecerse a los de un trastorno depresivo o un trastorno de la ansiedad y afectan un montón el funcionamiento cotidiano. Acá es súper importante prestar atención a los síntomas, a cuándo aparecen y a su intensidad. Porque no es lo mismo sentirte irritable, un poco triste, a sentir que no te podés levantar de la cama. Así que si dudás que esto pueda estar pasándote, lo mejor que podés hacer es pedir una consulta médica para evaluar tu caso particular. Entonces, si en esta fase te sentís más sensible o más vulnerable, no es que tenés un problema, no hay algo malo con vos, es completamente esperable. Muchas veces lo que callamos en otras fases aparece con mucha fuerza. Acá Para lo mejor que podés hacer es elegir planes tranquilos, poner límites si algo te desborda, estar en calma. Un resumencito de las fases. En la fase menstrual estás más sensible y más dolorida que de costumbre. En la folicular, después de la menstrual la dopamina sube, entonces tenés más motivación, foco y ganas de encarar proyectos. En la ovulatoria está súper sociable y mucho más magnética. Y en la lútea, el cuerpo pide introspección, calma, desacelere. Tu cuerpo es una herramienta de alta precisión, si sabés leerlo bien. Todo esto es solamente el ABC de nuestro mundo hormonal, de nuestro ciclo. Existe muchísima información al respecto y esto no es ni el 10% de la información que hay sobre la relación hormonas emociones. Algo súper importante es que nuestro ciclo no es lo único que determina nuestro estado de ánimo. El contexto y otros factores influyen en cómo nos sentimos. Traigo esto porque a veces buscamos una sola razón para explicar por qué nos sentimos así. Y la verdad es que no hay una sola. Somos seres complejos. Lo que sentimos es la mezcla de un montón de cosas, lo que vivimos, lo que pensamos y también cómo funcionan nuestras hormonas. Somos mente, cuerpo, historia, todo al mismo tiempo. Y ahora sí llegamos a la parte práctica, que es la parte favorita de muchos oyentes. Para hoy pensé en facilitarles algunas herramientas de autoconocimiento en relación al ciclo, que pueden servir para tener información valiosa para sentirnos de la mejor manera posible en cada fase. La herramienta número uno es llevar un diario emocional cíclico. Y esto es muy simple. Todas las noches, o si preferís a la mañana, anotá en un cuadernito tres cosas muy ¿Cómo me sentí hoy, por ejemplo, irritable, lúcida, dispersa, triste, tranquila, intensa? ¿Qué nivel de energía tuve del 1 al 10 y qué necesité, por ejemplo, descanso, conexión, sociabilizar o silencio? Un ejemplo real de la vida misma podría día 3 del ciclo. Me sentí muy irritable, con ganas de llorar todo el tiempo. Nivel de energía del 1 al 10 3 y necesitaba que todo el mundo me deje en paz. Va a ser viendo si llevas este registro, con el tiempo que vas a poder notar tus patrones, vas a conocer tu ciclo y te vas a conocer un montón a vos. Es increíble cuando empezamos a darnos cuenta de nuestros propios patrones. Y si no sos de escribir y sos más de lo digital, podés descargarte alguna aplicación. Hay un montón de apps para llevar un registro del ciclo menstrual. La herramienta número 2 es que planifiques con tu ciclo, no en contra. Este es uno de los cambios más potentes que podés hacer. Y en vez de exigirte lo mismo todos los días, pregúntate ¿En qué fase estoy? ¿Qué necesita mi cuerpo hoy? ¿Estoy en la fase folicular u ovulatoria? OK, bueno, quizás entonces es un buen momento para reuniones, o para tomar decisiones importantes, o para cosas nuevas que requieran energía. ¿Ahora estoy en la fase lútea o menstrual? Y mejor quizás dejar espacio para la introspección, para el descanso, para la revisión. Decir que no a un plan que te requiere demasiada energía, que sentís que no tenés. Y si llegaste hasta acá y no menstruás, te felicito. Porque esta información no es solo necesaria para quien lo vive, lo es para todos. Para entender, para desestigmatizar algo tan humano y tan propio de la vida como lo es la menstruación. Para generar empatía. Tenemos un gran desconocimiento de nuestro propio cuerpo. Por eso es que todavía nos queda tanto por conversar y por aprender. No sos un robot, ni sos histérica. Sos cíclica y tus hormonas tienen influencia en tu energía y en tu estado de ánimo. Y está bien que así sea. Y no se trata de hacer menos, sino de ser estratégicas, de saber cuándo es el mejor momento para invertir tu energía y cómo hacerlo. Pero sobre todas las cosas, se trata de escucharte y respetarte. Este episodio llegó a su fin. Pero psicología el desnudo es solo la punta del iceberg de todo el universo de Epsomolítico. 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