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Si Vamos a pasar 80.000 horas trabajando, ¿No deberíamos asegurarnos de que esas horas sean al menos amables? ¿No desde la lógica del ser exitosos, sino pensando en construir un espacio de trabajo donde sentirnos valorados y respetados? ¿Estoy en el trabajo correcto? Si no, ¿Cómo puedo hacer que mi trabajo, sea cual sea, tenga más sentido para mí? Psicología al desnudo es una producción original de Psi Mamolitti, la plataforma de psicología y bienestar en la que podés encontrar a tu psicólogo ideal. ¿Sabías que la mayoría de nosotros vamos a pasar aproximadamente 80.000 horas de nuestra vida trabajando? 80.000. Un tercio de nuestra existencia es lo que Suma. Si trabajás 40 horas semanales, 50 semanas al año, durante aproximadamente 40 años, un tercio de la vida adulta trabajamos, el otro tercio dormimos. Es decir, un tercio de nuestra existencia dedicada a algo que tristemente para muchas personas es un medio para pagar las cuentas y cubrir con suerte las necesidades básicas, pero que no les da nada extra. Y después está el otro lado de la moneda. Freud, el padre de la psicología moderna, decía que las dos cosas más importantes para todo ser humano, el amor y el trabajo, no es casual que él los pusiera al mismo nivel. Porque si el amor nos da profundidad emocional, el trabajo puede darnos propósito, estructura, sentido, o al menos sería bueno que lo haga. Ahora, si Vamos a pasar 80.000 horas trabajando, ¿No deberíamos asegurarnos de que esas horas sean al menos amables? ¿No desde la lógica del ser exitosos, sino pensando en construir un espacio de trabajo donde sentirnos valorados y respetados? Y ahí nos encontramos en una encrucijada. Buscamos el trabajo de nuestros sueños como si fuera el Santo Grial, ese trabajo opuesto, perfecto, que nos va a hacer felices para siempre. Pero ¿Qué es el trabajo de nuestros sueños del que tanto escuchamos hablar? ¿Existe? Hablar del trabajo es como abrir una caja de Pandora. Para muchas personas, trabajar es crecer, aprender, aportar algo al mundo. Para otras, es una rutina que desgasta, encierra y apaga. Y ahí está lo el trabajo puede ser ambas cosas. Puede ser fuente de sentido o un peso que arrastramos. Depende del vínculo que tengamos con él. El verdadero desafío no es etiquetar al trabajo como bueno o malo, sino entender qué lugar le damos en nuestra vida. Existen un montón de mitos alrededor del trabajo ideal que nos generan falsas expectativas Vamos a ponerlos bajo la lupa. El mito número uno es que solo tenés que seguir tu pasión y vas a encontrar el trabajo de tus sueños. Steve Jobs no nació amando la tecnología. Empezó vendiendo placas de computadora y la pasión llegó después. J. K. Rowling no soñaba con ser escritora. Escribía en sus ratos libres mientras trabajaba en empleos administrativos. Su libro Harry Potter nació en un momento de crisis y fue la perseverancia, no una pasión descubierta de la nada, lo que la llevó a construir su carrera. La pasión casi nunca es el punto de partida necesariamente, sino que suele ser el resultado de ir desarrollando habilidades, de ver el impacto de lo que haces no en cantidad, sino en calidad, además de la pasión. La pasión llega justo ahí, cuando te comprometés y le dedicás tiempo y esfuerzo a algo. En general no aparece antes, excepto en algunas pocas excepciones. El mito número 2 es que un buen sueldo garantiza la satisfacción laboral. Nadie negaría que necesitamos dinero para vivir tranquilos, pero reducir la felicidad laboral a un número en el banco, eso es diferente. Si tenés un sueldo alto, pero trabajás 14 horas por día y no ves a tu familia ni tenés tiempo para vos, ¿Vale la pena? Si el salario es bueno, pero sentís que lo que hacés no tiene sentido para vos o incluso va en contra de tus valores, ¿Te alcanza? Ojo, no se trata de conformarse con menos de lo que mereces. Y no estoy diciendo que no negocies un buen sueldo. Lo que quiero decir es que además del sueldo, también importa cómo te sentís mientras haces trabajo. Si venís escuchando hasta acá y sentís que este tema resuena con vos o se relaciona con tu vida, quédate porque tenemos parte práctica donde te comparto herramientas para efectivamente hacer algo con lo que te pasa. Ahora sí, sigamos. El mito número 3, y este lo escuchamos siempre, si encontrás el trabajo ideal, nunca más vas a sentir que trabajás. Y la verdad es que todo trabajo, por más soñado que sea, tiene momentos de esfuerzo, de cansancio y de frustración. Un tenista profesional tiene que repetir los mismos golpes miles de veces. Un médico que ama salvar vidas también tiene que llenar montañas de papeles. Si estás esperando un trabajo donde todo te apasione, el 100% del tiempo estás buscando algo que no existe. Lo importante es encontrar un trabajo en el cual incluso en los días más complicados sientas que el esfuerzo tiene sentido. Existe una organización sin fines de lucro llamada 80.000 horas que se dedica a hacer investigaciones sobre el impacto de lo profesional en la vida de las personas. Hicieron más de 60 estudios científicos para entender qué hace que una carrera sea realmente satisfactoria. Te voy a contar cuáles fueron los ingredientes que marcan la diferencia. El punto número uno es que el trabajo sea atractivo y desafiante. Es como cuando jugás un videojuego, si es demasiado fácil, lo dejás, si es imposible de superar, también lo dejás. Lo que te mantiene jugando es ese punto justo donde tenés que esforzarte un poco, pero sentís que sí lo podés lograr. Necesitamos sentirnos desafiados, pero también capaces. Esto se traduce al mundo laboral en trabajos donde aprendés, progresás y sentís que lo que haces tiene sentido. Si lo que hacés es siempre igual y monótono, te vas a desconectar. Y si es abrumador y sentís que nunca vas a poder con todo o que es demasiado difícil, el estrés te gana. Un buen trabajo es el que te mantiene en esa zona intermedia, desafiante pero alcanzable. En segundo lugar, un trabajo que ayude a los demás. Puede sonar idealista, pero la ciencia lo respalda. Sentir que nuestro trabajo beneficia a otros es uno de los predictores más fuertes de satisfacción laboral y de vitalidad. No necesitas trabajar en una ONG o ser médico, cualquier trabajo puede conectarse con este propósito. Un plomero que sabe que arreglar esa pérdida de agua significa que una familia pueda dormir tranquila, un contador que ayuda a alguien a salir de una crisis financiera, un barista que sabe que con un café preparado con dedicación le regala un momento de placer a alguien, o incluso un analista de datos que traduce miles de números en decisiones que permiten que un proyecto de salud mental llegue a más personas. Sea lo que sea que hagas, la clave está en ver el impacto real de lo que haces. Cuando ves el valor que aporta para otros, encontrás un sentido que va mucho más allá del sueldo. En tercer lugar, trabajar con personas que te apoyen. Las personas con las que trabajás impactan mucho en tu experiencia laboral. Las relaciones lindas en el trabajo son uno de los predictores más fuertes de satisfacción. Un mal jefe puede convertir el trabajo de tus sueños en una pesadilla, y un trabajo rutinario puede volverse súper motivante si al lado tenés un equipo que te respalda y con quien disfrutás trabajar. El ambiente laboral es uno de los factores más determinantes en la satisfacción laboral y muchas veces es mil veces más importante que el sueldo o incluso que las tareas en sí mismas. En cuarto lugar, un trabajo que encaje con el resto de tu vida. El trabajo es importante y por eso lo ideal sería que encaje o que nos permita vivir la vida que queremos vivir. Existe un universo afuera de lo nuestros vínculos, pasatiempos, responsabilidades familiares, salud, ocio. Y es súper importante encontrar un trabajo que no compita con nuestra vida, sino que la complemente. Quiero dejarte una reflexión bajo ningún punto de vista la idea es romantizar trabajos mal pagos, ni decirte que simplemente le pongas onda a la precarización y todo va a estar bien. Eso sería banalizar el sufrimiento que viene de no conseguir un trabajo que nos permita vivir felices. No todo se resuelve con una linda actitud. Hay cosas que requieren cambios estructurales. Es completamente válido sentirse frustrado o sin fuerzas si lo único que hacemos es sobrevivir. ¿Ahora, si en este momento tenés el privilegio de poder elegir, cuestionar o buscar un trabajo más alineado con tus valores, este episodio busca hacer ese pequeño empujón para estoy en un trabajo que me suma o que me drena? ¿Puedo hacer algún cambio grande o chiquitito para acercarme a algo más alineado con mis valores? ¿Si tuviera la oportunidad, qué me gustaría hacer realmente? ¿Entonces, qué hacemos con todo esto? Porque claro, entender por qué nos sentimos como nos sentimos es el primer paso, pero después viene lo importante, que es actuar. Y no, no te voy a renunciá a tu trabajo y perseguí tus sueños. Porque la vida real es bastante más compleja que un meme motivacional. Lo que sí podemos empezar a hacer es dar pequeños pasos, esos que no requieren tirar todo por la ventana, pero que pueden cambiar radicalmente cómo vivimos nuestro día a día laboral. Te voy a proponer tres herramientas que puedes empezar a usar desde ahora o mañana mismo. El ejercicio número uno es el mapa de lo que nos gusta y lo que no. ¿Sabés qué es lo primero que necesitas para llegar a un destino? Saber exactamente dónde estás parado. Con el trabajo pasa lo mismo. Muchas veces sentimos un malestar general pero no identificamos bien qué es lo que de verdad nos está drenando la energía. Así que te voy a proponer este ejercicio simple. Agarrá un papel y dividilo en dos columnas. Podés abrir una nota en tu teléfono o hacerlo mentalmente si no tenés ningún papel cerca. En una columna vas a escribir lo que me llena y en la otra lo que me vacía. Y durante una semana, o podés tomarte este día, andá notando en cada columna las tareas, momentos o situaciones que te llenan, te generan energía, o que te vacían, que te quitan la energía. Por ejemplo, quizás descubrís que te encanta resolver problemas difíciles pero te saturan las conversaciones con otras personas, o que te motiva a cerrar un proyecto, pero completar planillas de Excel te desgasta. No se trata de juzgar si algo es bueno o malo, sino de mapear honestamente qué te funciona y qué no. Y acá viene la parte interesante. Una vez que tengas este mapa, pregúntate ¿Puedo modificar algo para aumentar eso que me llena? ¿Puedo delegar, automatizar o cambiar la forma en la que hago eso que me vacía? El ejercicio número 2 tiene que ver con encontrar expectativas más realistas. Una de las mayores fuentes de frustración laboral es la brecha entre lo que esperamos y lo que pasa de verdad. Literalmente el meme de expectativa versus realidad. Y esa distancia entre el trabajo soñado y el trabajo real puede ser dolorosa, pero también puede ser una buena oportunidad para reajustar la perspectiva. Vamos a llamarle a este ejercicio expectativa versus realidad, y tiene tres Vas a empezar anotando tus expectativas aquí sobre tu trabajo, no las que tenías cuando entraste, sino las que tenés ahora. Y sé específico. ¿Qué esperás de tu jefe, de tu jefa, de tus compañeros, de tus tareas, de tu salario, de tu crecimiento? Anotá todo ahora. Anotá la realidad tal como es, sin endulzarla ni dramatizarla. ¿Y último, esto es importante, no te quedes en la frustración de verla distinta, la diferencia, sino más bien pregúntate qué de todo esto realmente me importa y qué voy a dejar pasar? ¿Qué puedo intentar cambiar y qué es lo que tengo que aceptar, al menos por ahora? Y El ejercicio número 3 es algo así como una mini dosis de propósito. En tu día a día tenemos que saber que el propósito no llega con fuegos artificiales a veces son pequeños momentitos que conectan lo que hacemos con lo que realmente nos importa. Por eso quiero invitarte a identificar tres valores que sean importantes para vos y mientras los pensás te voy a contar cuáles son los míos, que quizás te sirven como ejemplo para pensar los tuyos. Si yo tuviera que elegir los valores que guían mi trabajo y la forma en que hago lo que hago serían los En primer lugar, la innovación. Por qué no me gusta hacer las cosas solamente porque siempre se hicieron así. Suelo siempre estar buscando nuevas formas de comunicar la psicología, de acercarla a más personas, de hacerla más accesible, más aplicable a la vida real. Mi segundo valor es la responsabilidad, porque sé que cada palabra que digo puede tener impacto en alguien y eso no es algo que yo me tome a la ligera, de hecho sucede en consulta cuando estamos solo con otra persona y ni hablar de cuando comunicamos a un gran número de personas. La psicología además para mí tiene que ser rigurosa, ética, muy cuidadosa. No se trata solamente de crear contenido, sino de entender que hay personas del otro lado que están atravesando quizás cosas difíciles y que lo que digo puede hacer una diferencia en su proceso. Todo lo que consumimos tiene impacto profundo en cómo vemos el mundo. Por eso hablo de la responsabilidad, porque suelo buscar siempre ser muy cuidadosa a la hora de transmitir conocimiento. Mi tercer valor es la autenticidad. No me gusta jugar a ser la psicóloga perfecta, no me interesa parecer inalcanzable o ser un manual con patas. Hago que cada contenido que muestro sea desde un lugar real, compartiendo lo que de verdad pienso y cómo lo vivo. No me sale el tono profesional intachable, porque creo que además lo que más nos ayuda es la cercanía, la transparencia y además porque tengo muy claro que estoy muy lejos de tener todas las respuestas. Nunca me pararía desde el lugar yo sé todo esto y vos no. Y voy a ir con un cuarto que no puedo dejar afuera, que es el impacto, Porque si hay algo que no me interesa es hablar por hablar. Quiero que lo que hago genere algo, que la persona que escucha algún episodio o lee un posteo se quede pensando en algo, que algo se transforme. No importa si es un cambio grande o chiquitito, me importa que sirva para algo más que para llenar minutos de audio o caracteres en una pantalla. Estos valores son los que me guían a mí en todo lo que hago. Son el motivo por el cual este podcast existe, por lo que me dedico a esto. Obviamente, igual no es que tuve esta claridad de cuáles son los valores que me mueven desde el día uno, sino que fui entendiéndolos poco a poco con el tiempo. Ahora, cuando vos ya tengas tus valores, me gustaría que te ¿Cómo puedo hacer para incorporar estos valores en pequeñas dosis en mi trabajo diario actual? ¿Qué pequeñas acciones puedo tomar que estén alineadas con lo que realmente me importa? Entonces, vamos con algunos ejemplos. ¿Si valorás la conexión, podés preguntarle a un compañero sinceramente cómo está todos los días? ¿Si es la creatividad tu valor? Podés hacer alguna tarea rutinaria de forma diferente. Si un valor para vos es la ayuda, podés comprometerte a dedicar al menos 15 minutos semanales a acompañar a alguien en algo, enseñarle algo. Y esto es lo importante, que quizás no podemos hoy cambiar de trabajo, pero sí podemos cambiar nuestra forma de relacionarnos con él. El trabajo no es solo lo que hacemos para vivir, es una parte importante de nuestra identidad, del tiempo que decidimos dedicarle a algo más grande que nosotros mismos. Son horas que no vuelven. Es la vida pasando. Y aunque no siempre podemos elegir la circunstancia, sí podemos elegir cómo relacionarnos con eso que hacemos. Porque todas esas horas, esas 80.000 horas, son irrepetibles, no vuelven. Trabajar no tiene por qué ser sinónimo además de desgaste, de resignación, de bueno, es lo que hay. El trabajo puede ser un lugar donde crecemos, donde aportamos algo, donde nos encontramos con otros y con nosotros mismos, o puede ser también una cuenta regresiva hasta el próximo feriado. Quizás la pregunta que tengamos que hacernos ¿No ¿Estoy en el trabajo con? Sino ¿Cómo puedo hacer que mi trabajo, sea cual sea, tenga más sentido para mí? Si tenés el privilegio de elegir, úsalo. ¿Y vos? ¿Qué cambiarías de tu trabajo hoy para que esas horas tengan sentido? Hasta acá el episodio de hoy. Si estás listo o lista para iniciar terapia y transitar proceso de transformación en compañía de un profesional, en simamolity te estamos esperando. Escuchamos lo que te pasa, qué cambio buscas y te conectamos con el terapeuta adecuado para acompañarte. Podés encontrar más información en.
