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La felicidad no se puede comprar y del dolor no se escapa. Entender eso nos libera, nos devuelve poder. Psicología al Desnudo es una producción original de Psi Mamoliti, la plataforma de psicología y bienestar en la que podés encontrar a tu psicólogo ideal. ¿Sabías que hay personas que son adictas a comprar? No, no es solo que les gusta comprarse cosas. A muchas personas nos gusta. Estoy hablando de algo más. Hay personas que ya no compran para disfrutar, sino para calmar un vacío. Hoy nos metemos de lleno en una adicción la onomanía oniomanía. Es el deseo compulsivo y desenfrenado de comprar sin que exista una necesidad real de ese producto. Comúnmente conocido como adicción a las compras. Antes de que te ¿Pero eso existe? Te cuento que sí. De hecho, es una de las adicciones comportamentales más crecientes de estos últimos años. Antes de hablar de la adicción a compras, aclaremos qué es una adicción comportamental. Existen hábitos aparentemente inofensivos que pueden convertirse en adictivos e interferir gravemente en la vida cotidiana de las personas. Esto pasa porque la conducta en sí genera placer. En episodios anteriores de esta serie de adicciones hablamos sobre la ludopatía, sobre la pornoadicción, la adicción a redes sociales. Así que podés ir a escuchar esos episodios para interiorizarte más en este mecanismo. Para entender el componente adictivo de comprar, viajemos un poco en el tiempo. Vamos hasta la Edad Media. La gente en ese entonces compraba en mercados al aire libre, donde comerciantes y agricultores vendían productos frescos, especias, telas. Ahí las compras estaban asociadas directamente a la necesidad. El acto de comprar no generaba placer en sí mismo. Lo que daba placer era obtener los productos que satisfacían las necesidades. Pero a lo largo del tiempo la cosa fue cambiando. Con la revolución industrial y comercial empezaron a aparecer primero los shoppings o grandes almacenes que tenían un único vender. El universo de los grandes almacenes estaba diseñado milimétricamente con ese fin. Palacios, estimuladores de telas, colores, tejidos, perfumes, ropa, sombreros, guantes. Aparece la publicidad, aparece el storytelling y la promesa de que si comprás eso que veías ahí exhibido cual tesoro, ibas a ser feliz. Con el tiempo, comprar dejó de ser solamente una necesidad y pasó a ser toda una experiencia, una forma de mostrar estatus y además una fuente de placer inmediato y también una vía de escape emocional. Y ahí es a donde aparece el componente adictivo. Cuando comprar ya no es solo tener algo, sino sentir algo, aunque sea por un rato. Y la cosa no termina en los shoppings, tenemos la chance de comprar al alcance de la mano 24 7, un solo clic en nuestros teléfonos y eso que tanto queremos ya es nuestro, llega a domicilio en unos días. Y entonces, ¿Que comprar nos genere placer significa que tenemos una adicción? No, para nada. A la mayoría de nosotros nos genera placer comprar algo que queremos, que nos gusta. El problema está en hacerlo repetitivamente, de manera compulsiva, sin tener control de esa conducta. Si yo veo algo que me gusta un montón, pero no lo compro porque entiendo que hoy no lo necesito, que no va a cambiarme la vida de manera significativa y que además comprarlo probablemente desequilibre mis finanzas, entonces hablamos de que tengo control sobre mi propia conducta. Ahora, si siento la necesidad incontrolable de hacerlo, si sé que comprarlo me va a endeudar, que probablemente me haga discutir con mi pareja porque tenemos que ahorrar y yo estoy comprando cosas que no necesito, es decir, que no me importa cuáles son las consecuencias porque siento que lo quiero sí o sí y lo compro igual a pesar de todo eso, ahí sí estoy en un problema. Las conductas adictivas producen cambios en nuestros cerebros. Una vez que desarrollamos una adicción, nuestro cerebro cambia. Por eso es tan difícil el control y por eso no se trata solo de voluntad, de aguantar las ganas, es el cerebro el que pide de manera desesperada que se lleve a cabo esa conducta que genera tanto placer. La adicción genera cambios en los circuitos cerebrales, principalmente en el sistema de recompensa. Cuando compramos algo, una remera nueva, un teléfono, una oferta irresistible, nuestro cerebro libera dopamina. Ese shot de felicidad, de dopamina. Nos pasa a todos ahora en las personas con adicción a las compras, ese sistemita se vuelve hipersensible. ¿Qué significa eso? Que el cerebro empieza a buscar esa dosis de placer cada vez con más frecuencia. Ya no alcanza con comprarte algo una vez por mes, no necesitás hacerlo todas las semanas o todos los días. No importa si lo que compras te gusta, te sirve o siquiera si lo necesitás. Lo que importa es ese clic en el botón de comprar, el carrito lleno, el pagar ahora. Porque eso, ese momentito exacto es lo que genera alivio, aunque eso después venga con culpa, aunque después no puedas ni mirar el resumen de la tarjeta. Y además, todas las cosas en la vida que antes producían placer, ahora ya no. Ni pasar tiempo con la gente querida, ni ver una película, nada. Solo comprar. Mientras más comprás, más placer. Y con el tiempo, tu cerebro se va acostumbrando y aparece la necesidad de comprar más para sentir el mismo efecto. Y como en todo ciclo adictivo, tras llevar a cabo la conducta, en este caso es comprar, la dopamina cae bruscamente y ahí aparece la culpa, el malestar y el arrepentimiento. Exactamente igual que en una adicción a sustancias. Y acá está lo paradó, no voy a dejar de comprar por sentirme mal, sino todo lo contrario. Voy a comprar más porque mi cerebro ya asoció el acto de comprar como lo único que me hace bien, que me hace sentir placer. Entonces, la solución al malestar no va a ser dejar de comprar, sino seguir comprando. Y así se refuerza el ciclo adictivo. Lo peligroso de la adicción a las compras, a diferencia de otras adicciones, es su facilísimo acceso. Ni siquiera es necesario que busquemos acceder. Aparece la posibilidad de comprar cada vez que desbloqueamos la pantalla del teléfono, cada vez que prendemos la televisión o que salimos a la calle. El marketing y la publicidad están en todas partes, para todos los públicos, de todas las edades y de cualquier parte del mundo. En reels, en vídeos de TikTok, a través de influencers, en películas, en series. Y ni hablar en fechas especiales como Navidad, el día de la Madre. De hecho, hay días creados específicamente para comprar, como el Black Friday o el Cyber Monday. Si venís escuchando hasta acá y sentís que este tema resuena con vos o se relaciona con tu vida, quédate porque tenemos parte práctica donde te comparto herramientas para efectivamente hacer algo con lo que te pasa. Ahora sí, sigamos. ¿A qué voy con todo esto? A que como estamos todo el tiempo bombardeados por estímulos que nos instan a comprar, nos refuerzan el consumo todo el tiempo, es casi imposible no estar cerca del objeto de la adicción. Entonces, salir de una adicción así se vuelve complicado. ¿Qué hay detrás de la necesidad tan fuerte de comprar? Bueno, como detrás de toda adicción hay algún vacío que se busca llenar. Las causas pueden ser infinitas, hay tantas como personas en este mundo, pero veamos cuáles son las más comunes. En primer lugar, la intolerancia al malestar. No nos enseñan a convivir con emociones difíciles. Sentir miedo, enojo, tristeza, ansiedad, nos es bastante insoportable. Entonces, ¿Qué hacemos? Evitamos, buscamos alivio. Y comprar puede ser un camino rápido y efectivo para sentir alivio, al menos por un rato. Elegir algo que queremos, comprarlo, abrir el paquete, estrenarlo, todo eso nos dispara un montón de dopamina, puro placer. Pero ese alivio es cortito, porque el malestar que empujamos abajo de la alfombra no se va, está ahí esperando a ser escuchado. Y cuando pasa el efecto del consumo, del abrir el paquete, vuelve a aparecer ese malestar diciéndote ps, sigo acá. Porque la compra no resuelve el miedo, ni el vacío, ni la soledad. Solamente la tapa por un rato. En segundo lugar, tenemos la falta de autoconfianza o autoestima. Cuando no sentimos que valemos solamente por ser quienes somos, salimos a buscar esa validación afuera. Y una forma muy común de hacerlo es comprando cosas que creemos que nos van a hacer ver o sentir mejor. Ejemplos tí sí tengo ese auto, esa casa, esa campera de marca, entonces valgo más, entonces me van a ver distinto, me voy a ver distinto. Como si el valor personal viniera de lo que tenemos, no de lo que somos. Y en ese escenario, comprar puede volverse una forma de sostener la autoestima. Asocio mi valor con lo que tengo, con lo que poseo, no con lo que soy. En tercer lugar, la necesidad de tener el control. Cuando sentimos que todo a nuestro alrededor se nos escapa de las manos, hay algo que podemos tener bajo nuestra tarjeta, nuestra billetera, nuestro carrito de compras, lo que gastamos. Comprar puede dar una sensación inmediata de poder esto lo elijo yo, esto depende de mí, yo lo controlo. Me acuerdo de un consultante que estaba pasando una crisis muy fuerte con su pareja. Después de 30 años juntos, ella se había ido de la casa, le había pedido un tiempo y él se sentía súper perdido, súper inseguro, no sabía si iban a volver, si todo se había terminado. ¿Y qué hizo? Se lanzó a comprar. Empezó a comprar cosas. Una moto, cascos para esa moto, un GPS. En poco tiempo había gastado más que en los últimos diez años. Y no era por capricho, era su forma de calmar esa angustia de no tener respuestas, de no saber qué iba a pasar con su vida. Porque eso sí lo podía decidir él, eso sí podía controlarlo. ¿Te pasó alguna vez algo así? Sentirte en crisis y terminar comprando algo porque necesitabas agarrarte de algo. Otra de las causas es la necesidad de pertenencia. Tener el último teléfono, pero ojo, el de la manzanita, no cualquiera. Tener las zapatillas, porque las que se usaron el año pasado ahora ya son horribles, quedaron viejas. Esto es súper común y es muy silencioso. Pero todos queremos pertenecer, sentir que somos parte de un grupo. Y en una sociedad como la nuestra, muchas veces eso se define por lo que tenemos. Porque si no tenés ese objeto de última moda, te sentís afuera, sentís que no sos parte, que no te van a mirar igual, que no te van a aceptar. Entonces gastás, te endeudás, solo para cumplir con ese estándar. Y ojo, no hay nada de malo en que te gusten las cosas de moda. Estamos hablando de excesos extremos. Si puedo darme el lujo de adquirir eso sin que afecte mi economía, mi estabilidad y mi salud mental, buenísimo. Pero si no es así, y de todas maneras siento la necesidad desesperada de tener lo que tienen los demás, porque si no, no pertenezco, hay algo que voy a tener que replantearme. Porque el problema aparece cuando necesitas tener todo eso para sentir que valés. Cuando el consumo se vuelve una forma de no quedarte afuera. Cuando no podés parar aunque te estés fundiendo. No hay nada más triste que darte cuenta que estás en un grupo donde lo que más importa es lo que tenés. Porque aparece la si algún día no puedo sostener esto, ¿Qué pasa? Si algún día eso por lo que me quieren no está más, dejo de importar, dejo de valer. Qué necesario estar con gente que te quiera igual, tengas o no tengas. Que te vea por lo que sos, no por tu ropa o por tu cuenta de Instagram. Esos son los vínculos que valen oro. Ninguna conducta que nos priva de nuestra libertad de decisión puede ser buena, por más alivio que nos haga sentir. Si no puedo tener el control sobre ella, entonces estoy dependiendo. Y eso tiene consecuencias. ¿Cómo nos damos cuenta cuándo es que cruzamos la línea? Cuándo tenemos ya una adicción a las compras, hay criterios para reconocer si estamos o no frente a una adicción. La literatura científica explica que si cumplimos con al menos dos de los nueve criterios que te voy a contar ahora, en un periodo de 12 meses, puede que estemos hablando de un problema complicado. El primer criterio para hablar de adicciones es el uso peligroso. Gastás dinero destinado a cubrir otras necesidades básicas, te endeudás al punto de no saber cómo hacer para devolver ese dinero. Puede que pidas prestado amigos, a familia, a tu pareja, hasta llegar al punto de ponerlos en riesgo también a ellos. El criterio número 2 de adicción es que empezás a tener problemas con tus vínculos. Te aislás, quizás estás presente en reuniones físicamente, pero viendo en Internet qué cosas podés comprar, o pensando en que cuando te vayas de ese lugar vas a ir directamente a comprar eso que tanto querés. Acá las relaciones más afectadas son en general las que implican convivencia, como por ejemplo con una pareja. Porque los problemas financieros derivados de las compras impulsivas en general traen conflictos, traen resentimiento y una pérdida de la confianza de la otra persona. El criterio número 3 es la incapacidad de cumplir roles importantes. Tenés que estudiar para un final, por ejemplo, te sentás, abrís el apunte para leer, pero aparece una notificación de descuento. Terminás pasando dos horas viendo qué más podés comprar. Lo mismo en el trabajo, estás con la computadora pero no hiciste nada en todo el día, o tenías que ir a buscar a tu hija al jardín, pero te colgaste en una tienda online y llegás tarde. Tus responsabilidades quedan en segundo plano porque tu atención está tomada por la conducta adictiva. El criterio número 4 de adicción es el síndrome de abstinencia. Cuando intentás dejar de comprar, sentís ansiedad, irritabilidad, incluso tenés problemas con el sueño. Si no comprás, te invade una sensación de vacío, de angustia, muy similar a la abstinencia en cualquier otra adicción. Y sabés que si compras algo, aunque sea chiquitito, eso se calma. Por un rato al menos. El criterio número 5 es la tolerancia. Antes comprar una remera te generaba satisfacción. Ahora no. Ahora necesitas comprar cada vez más. Y no solo la remera, sino también el pantalón, el bolso, el saco. Todo lo que antes te alcanzaba ahora ya no. Es suficiente. Tu mente pide cada vez más. El criterio 6 son los intentos repetidos de dejarlo o de controlarlo. Hiciste promesas, te juraste una y mil veces que ibas a dejar de comprar. Pasa uno, dos, tres días y el sentimiento es incontenible. Necesitás sentir que compras algo. Necesitás poner alguna cosa en el carrito. De repente aparecen mil necesidades, nuevas cosas que no podés no tener. Y aparecen nuevas excusas. Me lo merezco, es una inversión. Bueno, solo esto y ya está. Pero muy en el fondo, vos sabés que no es solo eso. No es solo eso y ya está. El criterio 7 es demasiado tiempo dedicado a ese comportamiento. Pasás horas no solamente comprando, sino también mirando catálogos, comparando precios, siguiendo ofertas, agregando productos al carrito aunque ni los necesites. Sin darte cuenta, le dedicás más tiempo a eso que a otras actividades muy importantes de tu día. El criterio 8 de adicción es el impacto que tiene la conducta en la vida cotidiana. En lugar de salir con amigos, hacer deporte o cumplir con tus tareas del trabajo. En vez de dormir temprano, te quedás hasta la madrugada viendo descuentos o comprando. En vez de enfocarte en un proyecto, estás pensando en la próxima compra. Todo gira en torno a eso. El gran monotema de tu vida es la adicción. Y el criterio número 9 para hablar de adicciones es el deseo de comprar a pesar de las consecuencias. Las deudas crecen, crecen, crecen a medida que vos seguís usando tus tarjetas de crédito o las de alguien más para seguir comprando, lo que te hace entrar en un círculo vicioso de endeudamiento hasta sentir que no tenés escapatoria. Ahora, aún así seguís comprando. En casos extremos, la adicción lleva directamente a la quiebra personal. Bien, estos son todos los criterios. Si te reconociste en varios, vamos a iluminar un poco más la cuestión. Hagamos un test para evaluar cómo es tu vínculo con las compras para que identifiques si es que podríamos pensar en una adicción. Esta es la adaptación de un test validado que se llama Bergen Shopping Addiction Scale. Hasta el momento es la herramienta más confiable para medir la adicción a compras. Está basada en el modelo teórico sólido de los siete criterios que tienen en común todas las adicciones comportamentales. La aclaración de siempre. Si elegís hacerlo, tenés que saber que este test no es una herramienta diagnóstica, sino que sirve como parámetro para saber dónde estamos parados y ayudarnos a abrir una primera puerta de entendimiento. Te voy a dejar en la descripción de este episodio el link para hacer el test. Aclaremos una cosa, la adicción a las compras no es un chiste. No es que porque me compré algo caro o porque este mes compré de más, tengo una adicción. La persona que realmente la experimenta sufre un montón porque es presa de su propia adicción y salir de ahí es súper difícil. Va a ser necesario el acompañamiento de un profesional capacitado para abordar este tipo de problemáticas. Así que si te identificaste con algo de todo esto y considerás que es momento de pedir ayuda, te cuento que en Simamone te podemos ayudar. Somos una clínica virtual que llega a todas partes del mundo, conformada por psicoterapeutas formados y con muchos años de experiencia listos para acompañarte en este proceso. Así que también vas a encontrar en la descripción de este episodio el link a nuestra web. Muy bien, llegamos a la parte práctica de este episodio. Para el episodio de hoy pensé en traer algunos pasos a seguir para buscar minimizar al máximo los disparadores de la conducta adictiva de las compras. Son ideas concretas, cosas que podés hacer para ayudarte a bajar un cambio, a frenar antes de apretar el botón de comprar y empezar a regularte mejor. Punto número uno. Antes de comprar cualquier cosa, pausa y escáner emocional. Imagina que estás a punto de dar clic en pagar o incluso ya desde antes, desde que estás en el carrito de compras o en una tienda física, antes de pagar, hacé una pausa. Pausa y un escáner. Para el escáner te vas a ¿Cómo me estoy sintiendo en este momento? ¿Qué siento? ¿Qué emociones me están habitando? ¿Pasó algo que me está disparando esta emoción? ¿Estoy más ansiosa, más estresada que lo habitual o estoy tranquila? Este punto es clave. Si identificás malestar, ansiedad o inquietud, probablemente el impulso de comprar tenga que ver con aplazar esa emoción, con evitarla. Entonces, permitirte sentir esas emociones, por más incómodas que sean, es importante porque no necesitas una compra, en realidad necesitas escucharte. El punto número 2, aplazá la compra lo más que puedas. Si de verdad lo necesitás, lo vas a seguir necesitando mañana y pasado, y la semana que viene. Pero postergar ayuda a enfriar el impulso. Mientras tanto, podés preguntarle a alguien si cree que es una compra necesaria o un gasto que no tiene tanto sentido, pero que sea alguien que maneje bien sus finanzas, no tu compañera de compras compulsivas. El punto número 3 elimina los facilitadores de compra. Si tenés una tarjeta de crédito y todos los meses llegás con lo justo, bueno, quizás lo mejor sería evaluar la posibilidad de no tenerla más. Hay veces donde esto no es una opción. Ahí lo mejor es pedirle a alguien de confianza que quizás la guarde por nosotros y solamente utilizarla en momentos donde realmente no quede otra opción. Otra manera de reducir los facilitadores es eliminar todo tipo de apps de compras o evitar llevar dinero si vas a un shopping o si tenés algún shopping cerca, evitar entrar a tiendas cuando estés bajón, cuando te sientas triste. Reducir las tentaciones es autocuidado. Y punto número 4 si sentís que nada de todo esto funciona, pedí ayuda. No subestimes el problema. Si probaste de diferentes maneras reducir tu consumo y notás que es algo más fuerte que vos, es súper importante que lo hables seriamente con personas de confianza antes de que sea tarde y de que empieces a notar las consecuencias. Y en general, asumir que algo se nos va de control no es fácil, porque implica mostrarnos vulnerables frente a algo que un montón de veces se piensa simplemente es una cuestión de voluntad, dejá de comprar y listo. Pero créeme que una vez que generamos una adicción, es difícil salir de ahí sin una mano que ayude. Si hablaste sobre este tema con alguien y sentís que no fue tomado muy en serio o te cuesta empezar la conversación, quizás podés enviarle este episodio. Puede que después de saber todo lo que pasa por nuestra mente en estas situaciones, quizás pueda entenderte mejor o ayudarte. Y si notás que alguien que querés tiene este problema o dudás que esté atravesando por esta situación, también podés enviarle este episodio como un primer paso para ayudar. Podés llenar tu placar de bolsos y de ropa, pero ese vacío en el pecho va a seguir estando. Podés tener el último celular, las zapatillas más caras, el perfume de moda, pero la gente que te quiere de verdad no te quiere Por eso nunca te quiso. Por eso podés evitar el dolor, la angustia, la frustración llenando tu carrito. Pero solamente te va a sedar por un par de minutos y después volvés al mismo lugar. La compra pasa, pero la emoción se queda. La felicidad no se puede comprar y del dolor no se escapa. Entender eso nos libera, nos devuelve poder. Y yo sé que cuesta. Sé que a veces sentís que esto es más fuerte que vos. Pero también sé algo más que se puede salir, se puede pedir ayuda, se puede construir una vida más liviana, más sincera, más parecida a lo que de verdad necesitas. Si algo de todo lo que escuchaste hoy te hizo ruido, si algo te tocó, quizás esta es tu señal, tu primer paso, tu permiso para hacer algo diferente, para tomar otras decisiones y cambiar el rumbo. Este episodio llegó a su fin. Pero Psicología al Desnudo es solo la punta del iceberg de todo el universo de Psimamoliti. Para descubrir cada semana nuevos recursos, te invito a que te suscribas gratis a nuestro newsletter. Nos gusta decir que es como una dosis de bienestar emocional semanal. Recibí el próximo este mismo sábado suscribiéndote en.
