Transcript
A (0:00)
Te propongo un ejercicio, uno cortito. Hacelo, es simple. Pensá en un logro personal que te haya hecho muy feliz. ¿Ya lo tenés? Bien, ahora quiero que intentes recordar si antes de vivir ese momento de alegría tuviste que vivir alguna dificultad, tuviste que experimentar dolor o incomodidad. Pensalo bien. Puedo asegurarte que en algún momento sí. Si tu recuerdo fue sobre la primera vez que fuiste mamá o papá, por ejemplo, antes de serlo, probablemente pasaste muchísimos nervios, o tuviste dudas o miedos. Si pensaste en el momento en el que te recibiste, por ejemplo, seguramente tuviste que pasar varias horas sentado, sentada, estudiando, frustrándote o enojándote porque no entendías algo, o lidiando con los nervios propios de rendir un examen. Sea cual sea el recuerdo que vino a tu mente, puedo asegurarte que si tiene valor para vos. Tuviste que atravesar alguna dificultad o conectar con alguna emoción displacentera o incómoda. Ahora quiero que imagines qué hubiera pasado si no hubieses atravesado esa dificultad. Si hubieses evitado estudiar porque no te dabas la frustración que te generaba, hubieses decidido no ser mamá o papá porque no querías sentir miedo. Ese logro, ese momento de alegría y disfrute, no habría existido. Quiero contarte qué pasa cuando evitamos la incomodidad y el dolor. Es algo que en todos hacemos. Sí, yo también lo hacía, hasta que entendí lo que te voy a contar hoy. Qué pasa cuando evitamos conectar con nuestras emociones displacenteras. Qué miedo tan profundo nos lleva a no animarnos a sentir cuáles son las consecuencias de no saber o no poder conectar con el dolor. Hoy vas a acceder a la llave para romper con el ciclo de levitación, para animarte a sentir las emociones a flor de piel. Antes de ir con el episodio, quiero contarte que en Psimamoliti, el hogar de Psicología al Desnudo, ahora podés acceder a cursos para seguir construyendo tu bienestar. Habilitamos por fin este nuevo espacio. En cada clase te acompaño a trabajar en vos de manera profunda para lograr cambios reales. Me gusta decir que no son solamente cursos, sino que son realmente experiencias de transformación. Podés ver todos los cursos que tenemos disponibles en Cursos. Te dejo el link en la descripción de este episodio. Ahora Sí. Vamos con el capítulo. Esto es Psicología al desnudo, el podcast de salud mental de Psimamolitti. Soy Marina Mamolitti, psicóloga clínica, y en esta nueva temporada sumamos video para que además de escucharnos, podamos vernos cara a cara, estar más cerca. ¿Buscás un cambio? Llegaste al lugar indicado. En el episodio de Embotellar las emociones, estoy evitando conectar con el dolor. Cuando nos encontramos ante una situación incómoda, difícil, dolorosa, la evitación es nuestro recurso por excelencia. Queremos evitar salir de ahí lo antes posible y sentirnos bien. ¿Por qué? Bueno, no alcanza solo con una simple respuesta. Son varias las causas que nos llevan a evitar conectar con lo que sentimos. Vamos a verlas a todas, una por una. Pero quiero empezar por lo que creo que es la base de todas las causas que se desprenden de ¿Por qué intentar no sentir termina pareciendo la opción más segura y confiable? Estamos obsesionados con alcanzar la felicidad. Vivimos bajo la ilusión de que algún día, en algún momento de nuestra vida, vamos a alcanzar algo que nos permita vivir felices para siempre. Creemos que va a llegar un día en que los problemas en el trabajo ya no existan, donde no tengamos que sufrir por amor, donde no tengamos que pagar nunca más el alquiler. El cuento del final feliz se repite siglo tras siglo, generación tras generación. ¿Y qué Tiene de malo? ¿Qué hay de malo en querer alcanzar la felicidad total? No, no hay nada de malo en querer ser felices. Está súper bien querer serlo, pero pretender alcanzar un estado de felicidad permanente es una trampa. Perdón que te spoilee, pero necesito hacerlo. Nunca nadie llegó a eso. La vida sin problemas, sin conflictos, sin preocupaciones y sobre todo, sin dolor, no existe. Querer alcanzar esa meta es perseguir el tesoro detrás del arcoíris. No está. Nuestros cerebros están programados desde que nacemos para querer conectar únicamente con el placer. Todas las demás experiencias que vienen con la vida misma pero que no nos hacen felices ni nos dan placer, tienen que pasar rápido, irse por la puerta de atrás haciendo el menor ruido posible. Y justamente ahí radica el problema. No nos bancamos el dolor, queremos taparlo porque se supone que no deberíamos sentirnos así. Entonces, no me permito conectar con emociones dolorosas pero necesarias, como la tristeza, por ejemplo. Si corté con mi novio y en lugar de permitirme llorar o estar mal, vivo saliendo con amigos todos los fines de semana y digo ya fue absolutamente todo. Lo que hago en realidad es evadir una etapa clave en mi proceso de duelo que me permitiría a futuro, si la atravieso, sentirme mejor. Y acá es justo cuando aparece la protagonista de la evitación emocional. En la temporada anterior dediqué un episodio entero a hablar de la evitación como mecanismo de defensa. Si querés conocer las diferentes maneras que tenemos las personas de evitar, te súper recomiendo que lo escuches. Es el episodio número 10 de la segunda temporada y se llama La evitación, la trampa que nos impide avanzar. En este episodio vamos a hacer una especie de zoom in para mirar con lupa a la evitación. Primero vamos a definirla. Con evitación emocional me refiero al mecanismo por el cual las personas intentamos escapar de toda emoción que pueda hacernos sentir tensión, malestar, incomodidad o dolor. Acá lo que se evita puramente, a diferencia de otros tipos de evitación, es Sentir. Sentir emociones. ¿Escuchaste alguna vez esto? Cuando estás triste, lo mejor que podés hacer es distraerte. Intentá pensar en otra cosa. Seguro que sí. Bueno, ese ejemplo es un ejemplo muy habitual de evitación emocional que muchas veces y por un periodo de tiempo corto, puede ser funcional, pero no para siempre y no en todos los casos. ¿Qué pasa si te digo que no pienses en un elefante rosa sí vas a pensar en el elefante rosa? Bueno, lo mismo pasa con las emociones. Mientras más las evitamos, peor aparecen con mayor fuerza. Hay dos mecanismos principales que usamos para lidiar con el dolor y fueron planteados por Susan David, una psicóloga y escritora buenísima. El primero, y en el que vamos a hacer foco hoy, se trata de embotellar las emociones. ¿Viste cuando llenás una botella de agua y la tapás súper fuerte que el agua no sale por ningún lado y la única forma de tomar contacto con el agua es destapando la botella? Bueno, algo así, pero con nuestras emociones. Embotellar lo que sentimos es meter nuestras emociones en un lugar cerradito, taparlo y evitar conectar con lo que sea que haya adentro de esa botella. Imaginemos una línea horizontal. En el polo de la derecha tenemos el fenómeno de embotellar nuestras emociones es decir, no conectar con ellos. En el polo opuesto, del lado izquierdo, tenemos lo incubar las emociones, es decir, fusionarnos con ellas. Si embotellar significa una desconexión total con lo que sentimos, incubar es todo lo contrario. Es experimentarlas tan intensamente que no podemos separarlas de nosotros. Estoy tan fusionada con esa emoción que ni siquiera puedo tomar distancia para entender cuál es el mensaje que tiene para darme. Este segundo mecanismo de fusión es igual de problemático que el de embotellar. Cualquier extremo, por exceso o por carencia, es problemático. Estamos acostumbrados a forzar la positividad. Cuando aparece un problema, tendemos a alejar las emociones, a embotellarlas y a no conectar con ellas. Esto no quiere decir que hacerlo de vez en cuando sea algo malo. Si esta mañana tuve una discusión fuerte con mi pareja y apenas llego al trabajo tengo que dar una charla importante, es esperable que yo deje mi enojo y mi frustración a un lado en una botella para poder concentrarme en que la charla salga bien. Ahí lo que hice fue evitar la emoción propósito con un sentido y por un tiempo determinado. Eso es súper funcional. El problema es cuando el embotellamiento se vuelve nuestro recurso por excelencia, nuestro caballito de batalla, y lo usamos siempre y en cualquier situación. Ahí se genera el ciclo de la evitación. Mientras más evitamos conectar con una emoción, el poder que esa emoción ejerce sobre nosotros crece, se intensifica. Y cuando sale al exterior, lo hace de manera catastrófica. Explota como si fuera una bola de nieve que crece y crece y crece y termina convirtiéndose en una avalancha. Ahí está lo paradó. Queremos tener el control total sobre nuestras emociones y. Y mientras más lo intentamos, más nos controlan ellas a nosotros. ¿Y por qué llegamos al punto de embotellar nuestras emociones? Bueno, causas hay muchas. No voy a contarlas todas. Pero sí vamos con las principales. La cultura y las normas sociales. Hay culturas en las que se espera que las personas eviten ciertas emociones, en las que mostrar emociones no está muy bien visto. Es raro que escuchemos a alguien siento envidia o la verdad, estoy muy celosa, muy celoso. Porque socialmente, tanto la envidia como los celos son emociones inaceptables. Cuando una experiencia nos impacta emocionalmente, nuestra mente se las ingenia para evitar revivir ese dolor. ¿Cómo? Desconectándonos de la emoción que asociamos con esa experiencia traumática. Es una manera de reducir el impacto de lo que pasó. En psicología lo llamamos bloqueo o anestesia emocional. Miedo al rechazo o juicio ¿Viste esas personas que no se enojan nunca? Si me enojo, van a pensar que soy mala o me van a dejar de querer. No importa lo que des. Pareciera que el enojo nunca los alcanza, como Ned Flanders en Los Simpson. Pero solo parece porque el enojo está. No es algo que podamos controlar. Las emociones no suceden Después nosotros elegimos si queremos reprimirla, evitarla o proyectarla en otras personas. Pero el enojo está. Lo que probablemente pase en esos casos es que esa persona esté evitando contactar con su enojo, pero no es que no lo sienta. Normas de género El hombre que llora es débil, así como la mujer que se enoja es atrevida y es conflictiva, nos dijeron. Yo ya sé que parece un cuento viejo ahora que ya hace tantos años que estamos hablando de deconstrucción en lo que refiere al género, pero la realidad es que esto se sigue repitiendo diariamente en un montón de escenarios. Falta de educación emocional ¿Alguna vez te hablaron de emociones en la escuela o en tu casa? Seguramente no. Nadie nos enseñó a entender qué sentimos, por qué lo sentimos y, sobre todo, nadie nos dijo qué hacer con ellas. Entonces, es obvio que cuando nos encontramos frente a emociones intensas, como el enojo o los celos, por ejemplo, podemos ser impulsivos. Gritamos o rompemos en llantos desesperados. El problema es que ese tipo de conductas probablemente no nos traigan buenos resultados. Viste que, en general, las emociones que solemos evitar son las que se sienten mal, como el miedo, la tristeza, el enojo, la vergüenza o la frustración. También evitamos conectar con una alegría muy intensa, por ejemplo, porque en ciertos contextos expresar demasiada alegría puede ser visto como inapropiado. Si el chico o la chica que nos gusta nos manda un mensaje diciendo que también le gustamos, es como que no da andar muy contentos y felices, sonriendo, saltando adelante de todos. Está como mal visto expresar tanta alegría. Pasemos a las consecuencias de no conectar con lo que sentimos. Los riesgos de embotellar nuestras emociones. Punto número uno. ¿Sabías que las personas que evitan conectar con sus emociones están mucho más expuestas a sufrir depresión o ansiedad? Como la evitación emocional supone luchar todo el tiempo contra lo que sentimos, intentar mantenerlo bajo control, eso hace que el nivel de estrés se eleve. Y un monto de estrés elevado tiene muchas consecuencias, entre ellas la depresión y la ansiedad. Punto número 2. Embotellar nuestras emociones puede perjudicar nuestra capacidad para resolver problemas. ¿Por qué? Bueno, porque nuestras emociones son información pura acerca de lo que no. De hecho, a mí me parece impresionante que andemos por la vida desperdiciando la información tan clave que nos dan las emociones. Punto número 3. La imitación emocional impacta negativamente en nuestras relaciones. Si no podemos conectar con lo que sentimos, tampoco podemos expresarlo. Y eso genera sin problema a la hora de relacionarnos con los demás, porque van a haber un montón de situaciones en las que nos vamos a ver limitados. Si evito enojarme con esa amiga que siempre me deja plantada, no voy a poder marcar límites para que esa situación no se siga repitiendo. Y probablemente llegue un punto en el que todo ese enojo acumulado explote en lugar de haber conversado antes tranquila con el objetivo de mejorar la relación. Por último, la somatización física. ¿Qué significa esta palabrita? Somatizar es que todo eso que acumulamos, todo eso que evitamos sentir, se traslada al cuerpo. Se expresa a través del cuerpo. Porque el medio para liberar todo el estrés que se genera cuando acumulamos lo que sentimos es nuestro cuerpo. Con todo el estrés acumuladito por mucho tiempo nos enfermamos, nos duele la cabeza, sufrimos de colon irritable, gastroenteritis, gastritis, reflujo, bebemos resfriados, entre miles de otras cosas. La enfermedad es una sabia alarma de que hay algo que anda mal. Pasemos al inicio de la solución, porque sí este podcast se trata de encontrar soluciones, la primera herramienta para resolver la cuestión de la evitación emocional tiene que ver con el dolor. La vida va a someternos necesariamente a momentos de dolor Entonces, como nadie zafa de eso, es importante que podamos hacernos cada tanto una pregunta muy ¿Cuál es el dolor que estoy dispuesto, dispuesta a soportar? Si yo puedo conectar con el dolor, con la frustración de desaprobar un examen importante, por ejemplo, esa emoción dolorosa me va a brindar la información que necesito para aprobar en el próximo intento. No nos olvidemos que detrás del dolor está lo valioso. La segunda herramienta para dejar de evitar emociones nos la trae la psicóloga Susan David. Ella la llama agilidad emocional y es la capacidad de darnos cuenta de nuestras emociones, pensamientos y recuerdos porque poder conectar con ellos tiene un impacto directo en nuestro potencial de éxito en la vida. Ahora sí llegamos a la parte práctica de este podcast. Quiero compartirte los cuatro pasos claves para desarrollar agilidad emocional y dejar de embotellar tus emociones. Primer Aceptá lo que sentís. Si hoy me siento triste o enojada, acepto que me siento así. No me juzgo por sentirlo ni me digo a mí misma no debería estar sintiéndome así. Y cuando digo aceptar, quisiera que salgamos de esa idea edulcorada que se repite en todos lados. Fluí permitite sentirlo todo. Me refiero realmente a aceptar aquellas emociones que nos cuesta. Te cuento a qué me refiero con un Llega un consultante a sesión sintiéndose muy culpable porque desde que había terminado su relación sentía mucha envidia cuando escuchaba a sus amigos hablar de lo felices que eran con sus parejas. Cuando me contó que se sentía así, lo dijo como si hubiera confesado un asesinato, como si estuviera cometiendo un acto inaceptable. Parte de lo que trabajamos en terapia tuvo que ver con aceptar esa envidia, darle lugar. Estaba atravesando un proceso de duelo post ruptura muy reciente y era esperable que esa emoción aparezca. Además, el mensaje que la envidia le estaba trayendo era claro para él. Tener una pareja que lo acompañe y construir un proyecto juntos era valioso. Ahora, aceptar lo que sentimos se escucha fácil en un podcast. Nos lo dicen por todos lados. Aceptá lo que sentís. Pero pasar esas emociones por el cuerpo en serio, aceptar que sentimos envidia en serio es otra cosa. Tomá distancia de tus emociones Si nos separamos de nuestras emociones y hacemos algo así como un zoom out y las observamos con un poco de distancia, vamos a entender mejor la información que tienen para darnos. Para esta segunda estrategia, algo muy útil es escribir lo que sentimos. El proceso de revivir, categorizar y entender nuestras emociones activa lo que los científicos llaman el potencial de disposición de nuestro cerebro. Es la parte del cerebro que ¿Qué estoy sintiendo? ¿Y qué debería hacer al respecto? Y nos moviliza a la acción. Tercero definí tus valores, lo que guía cómo te manejas en el mundo, cómo tratas a los demás y la clase de persona que quieres ser. Si tienes bien claros tus valores, vas a poder tomar decisiones que se alineen con ellos. Y ese es un punto clave para vivir de manera auténtica. Si nunca reflexionaste ni bajaste a tierra cuáles son tus valores fundamentales, no te preocupes. Te propongo el siguiente ejercicio cortito. Busca un momento en el que puedas tomarte 10 o 15 minutos en tu día. Puede ser ahora. Poné música si querés o hace lo que te sirva para relajarte. Agar algo para escribir y dedica 5 minutos a pensar qué valores resuenan con vos. Escribilos por orden de prioridad. Por ejemplo, si consideras que tu valor fundamental por sobre todas las cosas es la honestidad, después sigue la transparencia o la humildad. Vas a ir poniéndolos en orden y vas a hacer eso hasta llegar al quinto. Mi recomendación es que guardes esa hojita y vuelvas de vez en cuando a mirarla, usándola a modo de guía personal. Último movete. Tomá acción. Ya definiste cuáles son tus valores. Ahora, todos los días, andá tomando decisiones que te acerquen a ellos cada día un poquitito más, por más que esas decisiones muchas veces impliquen conectar con el dolor, con la incomodidad. Si, para mí es importante ser transparente y tener una relación basada en la comunicación, pero cada vez que me enojo con mi pareja me quedo callada o huyo para evitar conflictos, no estoy siendo coherente con mis valores. Voy a tener que conectar con ese enojo, con la incomodidad que significa sentirlo y moverme para tener esa conversación incómoda que nos permita construir la relación que queremos en conjunto a través de acuerdos. Hay una frase que leí hace muchos años y me quedó la belleza de la vida es inseparable. De su fragilidad. Si andamos persiguiendo la idea de alcanzar la eterna felicidad y evitar lo doloroso, lo único que vamos a lograr es lo opuesto, ser menos felices. ¿Por qué? Porque la vida es frágil, está llena de momentos difíciles y nuestras emociones están ahí para ayudarnos a transitarlos. Debajo de las emociones que más nos cuestan, hay mensajes de las cosas que más nos importan. La cueva a la que te da miedo entrar contiene el tesoro que buscas, dijo Joseph Campbell, un mitólogo que admiro mucho. Estar contentos, sentir placer, es solo color, más de la paleta de colores que nos ofrece la experiencia de estar vivos. Es solo una partecita, no es el objetivo ni el fin de la vida. Vamos a vivir con dolor, pase lo que pase. Ahora, si aprendemos a aceptarlo, estoy segura de que ese dolor va a conectarnos con algo mucho más valioso que lo que alguna vez imaginamos. Hasta acá el episodio de hoy. Si te gusta este podcast, te invito a seguirnos, rankearnos y compartir estos episodios. No hay nada que nos ayude más que eso. Te recuerdo que Psicología El Desnudo no es solamente un podcast. Detrás de él está Psi Mamoriti, que es una clínica psicológica virtual. Podés encontrarnos como en SIMAMOLITI. Com. Para no perderte de nada, te invito a que te suscribas a nuestro canal de YouTube, donde vas a encontrar un montón de vídeos nuevos con contenidos diferentes al del podcast. Encontrás el link en las notas de este episodio. Psicología El Desnudo es una producción de Psi Mamoliti en colaboración con Posta.
