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Llueve, hace frío, es pleno invierno. Mati se conecta a nuestra sesión y enseguida me doy cuenta de que necesita hablar de algo que le resulta incómodo. Está inquieto, ansioso, evasivo. Habla de cosas sin importancia. Tiene una taza de café en la mano. Se lo toma despacito, pierde la mirada. Me cuenta detalles insignificantes de su semana. Yo sé que en realidad quiere contarme otra cosa. Le lleva varios minutos dar los rodeos que necesita para decirme lo que realmente le preocupa. Hace meses que no tengo sexo con Ana. Ya no sé qué hacer. Siempre estamos ocupados o cansados o sin ganas. Antes no era así, pero ahora. No sé. Siento que no fluye por ahí. ¿Es que ya no le gusta más o que hay algún otro problema que yo no estoy viendo? Antes teníamos sexo todo el tiempo, lo redisfrutábamos. Hace un tiempo que cada vez es menos frecuente. Me da miedo que la llama se esté apagando. Llevan 15 años de relación. Mati está frustrado. No sabe cómo volver a prender la llama que, según él, se apagó. Hace tiempo que ya el sexo apasionado y frecuente se fue. ¿Viste? La frecuencia es menor, las ganas son otras. El deseo de tener encuentros sexuales cayó en picada. Es habitual, a todos nos pasa. Simplemente hablamos de que es una regla en la vida a la que tenemos que adaptarnos y ya. Existe una receta para mantener buen sexo en la pareja a través de los años. Acomódate en la silla porque de eso vamos a hablar en este episodio. Esto es Psicología al Desnudo, el podcast de salud mental de Epsi Mamolitti. Soy Marina Mamolitti. MARINA MAMOLITTI Psicóloga clínica Y en esta nueva temporada, sumamos video para que, además de escucharnos, podamos vernos cara a cara, estar más cerca. ¿Buscás un cambio? Llegaste al lugar indicado en el episodio de hoy. Receta para el buen sexo en la pareja. ¿Cómo mantenemos viva la llama sexual? Existe una receta para mantener el deseo encendido. Es una receta con muchos ingredientes diferentes elementos que, si los combinamos en montos equilibrados, nos pueden ayudar a mantener la llama sexual encendida. Empecemos por el ingrediente base, el número uno, el fundamental, el erotismo. Estás en una cita con alguien que te gusta. Escuchás lo que te dice, mirás cómo se mueve. De repente, tu mente empieza a volar y te imaginás las cosas que te gustaría hacer con esa persona. Le mirás los ojos, los labios, el cuello, sentís un impulso por tocarle la piel. Todo eso es erotismo. El erotismo es la asexualidad transformada por la imaginación, los pensamientos, los sueños, la anticipación, los impulsos. Es esa chispa que se enciende entre la familiaridad y el misterio, explica Esther Perel, psicóloga especialista en sexualidad. Y como es algo que surge de la imaginación, de la anticipación, de las ganas que tenemos, es fundamental que primero empiece por uno mismo. El erotismo primero en mí, Claro, exacto. No tiene tanto que ver con el otro. El erotismo es primero algo propio. Es más, debería ser un elemento clave en nuestra canasta básica de la salud. Nos cuesta entender que para disfrutar del erotismo compartido con otra persona, primero tenemos que saber qué nos gusta, qué no nos gusta, qué nos excita y qué nos aleja de la excitación. Tenemos que autoconocer nuestra sexualidad primero. Y esta exploración es súper personal. Cada persona es responsable de prestar atención a qué cosas le genera o no impulsos eróticos. El tema es que aprender a activarlos en nosotros requiere práctica. Nos exige disminuir la autocrítica para darnos el permiso de sentirnos atractivos y de disfrutar de nosotros mismos. Te estás acostando, son cerca de las doce de la noche. Pensás que al otro día tenés que madrugar para llevar a los chicos al colegio y después a trabajar. Te acordás que tenés que comprar una estufa nueva y no sabés si te va a alcanzar el dinero. Para colmo, se te hizo tarde de nuevo y no llegaste a entrenar. Sentís el cuerpo flojo, como que no te gusta. Podrías excitarte con todos esos estímulos. Probablemente todos esos pensamientos te alejen de la excitación más que acercarte. Ahora imaginemos que en vez de la cena anterior, antes de acostarte, te das una ducha, Dejás que el agua te recorra el cuerpo, que te caiga en la nuca, que te relaje un poco. En vez de ponerte un pijama, te pones ropa interior que te queda bien, te gusta el perfume que te gusta y te acostás en sábanas limpias. ¿Es muy distinto a lo anterior, No? Fíjate que ninguna de estas situaciones, ni las que nos acercan ni las que nos alejan de nuestro erotismo, tienen nada que ver con lo puramente sexual. Ninguna de estas situaciones tienen nada que ver con un orgasmo o con tener un encuentro con otra persona. El erotismo es la roca fundante, el primer escalón para alcanzar después el buen sexo con otras personas. Tenemos que empezar por nosotros para disfrutar de otras personas. Después vamos un poco más profundo. Existen parejas de muchos años que sostienen una vida sexual activa, saludable, innovadora, divertida, satisfactoria. Pero ¿Qué es lo que comparten estas parejas? ¿Que tienen en común? Si te estás imaginando sexo salvaje, relaciones muy seguido o que todo el tiempo están encima uno del otro, te equivocas. La frecuencia no define qué tanto nos gustamos sexualmente hablando. Es difícil que una pareja de muchos años tenga sexo todos los días. La vida adulta lo pone difícil. Tenemos responsabilidades, horarios y a veces un montón de cansancio o estrés. Por estadística, si mirás a tu alrededor, es probable que la mayoría de las parejas que conozcas tengan sexo solamente cada tanto. Por ende, descartemos a la frecuencia de la ecuación para mantener prendida la llama. Hay varias características principales que comparten las parejas que mejor sexo tienen en el largo plazo, según Emily Nagofsky, que es especialista en parejas. Vamos a agregarlas como ingredientes necesarios para nuestra receta del buen sexo. Entonces, El ingrediente número 2, recordemos que el 1 es el erotismo, es que estas parejas tienen una gran amistad más allá de lo sexual. Son personas que saben que pueden contar con el otro, que realmente confían en la otra persona. Cuando hay algo que te angustia, cuando estás triste y necesitas que tu pareja te escuche, lo hace. Estar disponible emocionalmente para el otro es la base de toda relación saludable. Y también lo es para construir un ambiente en el que el sexo sea satisfactorio y sostenible en el tiempo. Ingrediente número 3 le dan relevancia al sexo. Tampoco es lo único ni el aspecto más importante, pero no es algo que estas parejas dejen librado al azar, como a impulsos aleatorios. No es así. Es una construcción. Imagina que te invitan a una fiesta y vos aceptás ir, pero a último momento te empieza a dar fiaca. Hace frío, llueve, hay mucho tránsito y tenés que conseguir una niñera para que cuide a tu hijo. Tenés la ropa para la fiesta sobre la cama. La mirás y dudás ¿Y si no voy? Pero ya le dijiste a tu amiga que ibas. Así que dejás la pereza de lado, te pones la ropa y en cuanto llega la niñera, salís para la fiesta. Y una vez que estás ahí, resulta que la pasás muy bien. Te divertís, disfrutás de la salida. Menos mal que fui, pensás en el taxi cuando volvés a casa. Christine Hyde, terapeuta sexual, usa esta metáfora para contarnos que con el sexo pasa lo mismo. Quizás tuviste un día cansador en el trabajo, tenés pocas ganas, te das fiaca, pero tu pareja está ahí, frente a vos. Entonces llamás a la niñera, te acostás en la cama, dejá que tu piel se ponga en contacto con la de tu pareja, dejás que los cuerpos se conecten, que tus sensaciones se despierten. Y una vez que estás ahí, resulta que la pasás excelente. Te das cuenta que eso te gustaba, que te hacía bien, que lo disfrutás. A eso se le llama deseo receptivo. Es la predisposición que tenemos hacia el sexo, incluso si inicialmente no sentíamos un deseo sexual activo. Implica estar receptivo, abierto a la iniciativa sexual del otro, incluso si en ese momento no estamos experimentando un impulso sexual. El cuarto ingrediente de nuestra receta para el buen sexo es la atención plena. Si estamos con la cabeza en cualquier lado, es imposible que disfrutemos de un encuentro sexual. Imagínate que estás con tu pareja en un momento de intimidad, pero estás pensando que tenés que lavar la ropa, que tenés que entregar un informe o bajar la comida del freezer, o que mañana es el cumpleaños de tu prima. Si no prestamos atención a lo que está pasando en el presente, se vuelve muy difícil lograr una conexión genuina. No hay mucha posibilidad del disfrute pleno. Si lo estamos 100% conectados al presente, nuestras sensaciones quedan en segundo o tercer plano. Quinto, el respeto. Se trata de ser cuidadosos y compasivos con nuestro cuerpo y con el de la otra persona. Esto incluye el consentimiento y el consenso. Todo lo que hagamos de a dos o más personas tiene que ser con el consentimiento de todas las personas que participan. Que haya un acuerdo en el que se establece qué se puede hacer y qué no, qué nos gusta y qué no. Frenemos un momento en este punto para remarcar que el consentimiento siempre es parcial. ¿A qué me refiero con parcial? ¿Con que es paso a paso? Estás con otra persona, ya sea una pareja estable u ocasional, te da un beso y vos estás de acuerdo con eso, todo fluye bien. Pero ¿Ese beso significa que la otra persona está habilitada a partir de ahí a tocarte cómo y donde quiera? No. Cada paso de ese encuentro tiene su propio consentimiento. No es que tengas que decir sí o no explícitamente a cada paso, pero sí podemos dejar claro qué cosas consentimos y qué cosas dec. Podés consentir que te toquen algunas partes del cuerpo y otras no. Y algo muy importante acá es que ese consentimiento puede cambiar a todo momento, puede ser retirado en cualquier instancia del encuentro sexual sin que tengas que dar justificaciones. Ingrediente número 6 La comunicación asertiva. Poder comunicar si tenemos ansiedad, nervios, si algo nos incomoda, si queremos esperar, si algo no nos gusta. También comunicar cuando algo sí nos gusta, cuando preferimos las cosas de cierta manera, cuando queremos prolongar lo que el otro está haciendo, por ejemplo. Es decir, si queremos más o menos de algo. En cualquier caso, la gran clave es comunicarlo, porque el otro no puede adivinar lo que estamos sintiendo. Si querés saber cómo comunicar asertivamente, te súper recomiendo que escuches el episodio 27 de esta temporada llamado Asertividad. OK, hasta acá ya tenemos seis ingredientes en la receta del buen sexo. Antes de seguir, quisiera que derribemos un mito que está muy difundido y es algo que al día de hoy sigo escuchando, quizás en relatos de amigos, amigas o personas que me rodean todo el tiempo, y es el mito del sexo espontáneo. Este mito afirma que solo cuando el sexo es espontáneo, no planificado, feroz como en las películas, es que la llama sigue viva. Hagamos memoria, ¿Cuántas películas y series vimos donde nos muestran personas que tienen sexo en un estado salvaje y espontáneo, como que justo se cruzaron a la persona en un ascensor y locamente el deseo los desborda, tiran las cosas sobre la mesa en la cocina y tienen sexo desenfrenado ahí mismo? ¿Cuántas escenas de parejas vimos teniendo sexo hasta en lugares más insólitos, porque esa pasión los invade y no se pueden contener? Miles. Podría enumerar diez películas ya mismo, seguro vos también. Ahora, ¿Es realmente así en la realidad? Este tipo de referencias hacen que vivamos con la expectativa de que si no surge así con nuestras parejas, si no fluye con esa intensidad espontánea, significa que algo está mal. Y lo cierto es que en una pareja estable que ya tiene una cierta cantidad de tiempo junta, es difícil que esos momentos espontáneos aparezcan seguido. No digo imposible, no, claro, pero por una cuestión de rutina no suele suceder. Probablemente el deseo de uno y del otro aparezca en momentos diferentes. Estás en la cocina y tu pareja está cocinando. De pronto prestás atención a su cuerpo, a su aroma y algo se despierta en vos. Se activa tu deseo. Así que te acercás, le rodeás la cintura con las manos, le das un beso en el cuello. Tu expectativa es que todo pare en ese instante y el sexo fluya ahí mismo, como en las películas. Tu pareja te mira, se ríe y te dice qué haces amor. Lo mismo a la inversa. Quizás tu pareja siente deseo espontáneo en un momento que para vos no es para nada erótico. Te busca y a vos te cuesta un montón entrar en clima porque estás con la tensión en otro lado. Tu deseo no está ahí en ese momento. ¿Cuántas chances hay de que ambas personas sientan el mismo impulso, el mismo deseo, exactamente en el mismo impacto? Lo difícil no es que el impulso sexual surja de manera espontánea, sino que las dos partes de la pareja tengan exactamente el mismo impulso en el mismo momento. Suele darse a destiempo y no hay nada de malo en eso. El problema justamente es vivir con la expectativa de las películas porque eso sí que nos genera mucha frustración. El otro día vi una charla TED sobre este tema que me pareció es de Elisabeth Von Beweser, una terapeuta especialista en parejas que estudió el tema de la espontaneidad en lo sexual y desarrolló tres herramientas para mantener viva la llama de la excitación sexual. Así que vamos a agregar esos tres ingredientes a nuestra receta. Séptimo ingrediente, el deseo responsivo ¿Te acordás de la analogía sobre ir a una fiesta? Esa es la idea del deseo responsivo, del deseo planificado. No tenemos que esperar a que aparezca el deseo espontáneo, sino que construimos situaciones que potencien nuestro erotismo. Hacer cosas que nos predispongan a conectarnos con nuestra sexualidad. Acordate que el erotismo está mucho en la anticipación, en la imaginación. ¿Salís con alguien? Primera, segunda, tercera cita, la que quieras. Quizás ya estés imaginando que el encuentro puede terminar en algo sexual. Eso es algo espontáneo, no es algo premeditado. Uno se baña, se arregla, se prepara para ese momento, lo espera, lo imagina. Y si eso es así, desde las primeras salidas lo vemos bien. ¿Por qué estaría mal pensarlo en una relación más estable? Habla con tu pareja, decile que tenés ganas, que esa noche, ese día, pueden hacer algo. Demostrale tu deseo. Podés, incluso durante el día, ir generando esa expectativa sobre lo que va a pasar, alimentando la fantasía para que llegado el momento, lo imaginado se haga realidad. Octavo ingrediente, Desactivar los frenos de la excitación. El erotismo es como un auto que acelera y frena. Hay cosas que lo disparan y otras que lo detienen. Detectar qué cosas apagan el deseo, nos alejan del erotismo, es clave para buscar la manera de evitarlas. ¿Discutiste con tu pareja? ¿Sentiste que le hablaste de algo y no te escucho? ¿Te dijo que se iba a encargar de algo y No lo hizo? ¿Hay un olor que te resulta desagradable? ¿Un ruido que te irrita? ¿Una temperatura que te incomoda? ¿Tenés estrés, ansiedad, malestar? Todos esos son frenos de la excitación. Frenos que en muchas oportunidades son necesarios porque en encuentros sexuales ocasionales hay alertas que está bueno escuchar. Ahora, si estamos con una persona en quien confiamos y con quien consentimos ese momento de intimidad, a la hora de conectar sexualmente, sería bueno que conozcamos y podamos desactivar los frenos para que no se interpongan en el camino. Noveno ingrediente, el opuesto al encender los aceleradores de la excitación. Todo eso que nos estimula, que enciende nuestro deseo. Y esto, al igual que los frenos, son muy particulares para cada persona. A cada quien le enciende cosas diferentes. Puede ser que tengas una noche de cita con tu pareja, que ambos entren en modo seducción, que se vistan de determinada manera, se perfumen, se digan cosas estimulantes. Pero también puede ser que el otro resuelva un problema que nos preocupaba y eso me seduce, o que nos hagan sentir deseados con la mirada o con la palabra. Jugar a interpretar roles, por ejemplo, usar juguetes sexuales. Hay aromas que nos resultan sensuales, o música o masajes que nos encienden en deseo. Lo que sea, lo importante es encontrar nuestros propios aceleradores. Antes de pasar a la parte práctica de este podcast, resumamos los 9 ingredientes de la receta para mantener viva la llama Erotismo Tener una gran amistad con nuestra pareja. Priorizar el sexo como algo importante para nosotros Atención plena al momento del encuentro con el otro Respeto por nosotros mismos y por la otra persona Comunicación asertiva Deseo responsivo Desactivar los frenos de la excitación y prender los aceleradores de la excitación. Esta receta no es mágica y de ninguna manera pretende ser algo rígido, sino más bien es una guía adaptable a cada persona y a cada pareja. Lo que sí es seguro es que si incorporamos todos estos puntos, es muy probable que nuestra vida sexual en pareja mejore y que recuperemos esa llama que quizás estuvo cerca de extinguirse. Ahora sí, manos a la obra. Vamos a la parte práctica. Quiero regalarte tres herramientas que podés poner en marcha hoy mismo para empezar a mejorar la conexión sexual con la otra persona. La primera es tener una cita divertida. Hacer algo excitante, diferente, algo que nos saque de la rutina y nos recuerde que podemos pasarla bien juntos. La clave está en hacer algo diferente, algo que no hagamos cotidianamente. Esa es justamente la gracia. Mirar una película. Si es lo que hacemos todas las noches, no tiene sentido. Ahora, si todas las noches salimos, quizás la idea de quedarnos a ver una película sí sea lo que necesitamos. Tenés que buscar algún plan que no hagan a menudo. Encontrarse en una situación diferente a la cotidiana. Novedad. Proponele a la otra persona una salida. Vayan al teatro, a cenar, al casino, a una sala de escape, lo que sea que les guste. El secreto está en ver al otro en un contexto diferente al de siempre. La segunda es armar tu propio mapa erótico. Se me ocurrió este término para nombrar algo así como un plano que explique qué zonas del cuerpo y modos de acercarte a ellas te erotizan y cuáles definitivamente no. No tiene que ser algo escrito, pero sí al menos un mapa mental. ¿Cómo lo hacemos? Bueno, autoexplorándonos para detectar qué sensaciones nos generan cada parte del cuerpo. Muchas veces tomamos al cuerpo como si fuera todo lo mismo, una cosa uniforme, pero en realidad cada parte tiene una sensibilidad diferente. Conocer qué cosa nos activa y qué cosa nos frena. Es una buena práctica para conectar con nuestro erotismo. Porque además, tu erotismo es solo tuyo. Haber estado con muchas personas antes no te asegura para nada el saber qué le excita a la persona con la que estás hoy. Porque cada mapa erótico es completamente diferente. Se trata de conocer el mapa de esa persona en particular. Además, tener bien claro nuestro propio mapa ayuda a la persona con la que estamos a que sepa lo que nos gusta y lo que no. Y a vos, a disfrutar. La tercera es recordar detalles de citas excitantes que hayamos tenido anteriormente. Ponete a pensar en las salidas. ¿Que la pasaste bien? ¿Qué hicieron? ¿Qué te gustó? ¿Qué fue eso? Que estuvo bien y que te quedó grabado en los recuerdos. Esos elementos nos pueden ayudar a entender cómo encarar las nuevas salidas, cómo recuperar esas sensaciones lindas en el presente. Sumalas a tu mapa erótico. Usá estas experiencias porque quizás ahí tenés información de tus aceleradores de la excitación. El sexo no es una acción, es un lugar. Un lugar de erotismo e imaginación donde las reglas son distintas a lo que pasa en la vida cotidiana. Puede ser un espacio de juego, de fantasía, de dominación, de sumisión o lo que a cada uno le dispare el deseo. Animate a crear contextos nuevos en tu sexualidad. Anímate a sacar los frenos de mano de la excitación y aprender los aceleradores. Aunque creas que ya pasó mucho tiempo, que la llama está apagada, siempre es posible volver a encenderla, volver a conectar con nuestra pareja, con el otro. Porque el deseo no es algo caprichoso que aparece cuando quiere por arte de magia, sino que necesita que le pongamos dedicación. Si logramos incorporar estos 9 ingredientes y combinarlos de la mejor manera, entonces a partir de ahora vamos a poder construir esa sexualidad con la llama bien viva que estamos buscando. Antes de que termine el episodio, quiero invitarte a que des el próximo paso para transformar tus relaciones si así lo querés. En Sima Maliti acompañamos a cientos de parejas en el proceso de sanar, de restaurar y descubrir la manera más saludable de estar juntos. Cientos de parejas ya pasaron por la terapia de pareja con nuestros profesionales y los procesos fueron realmente súper sanadores y enriquecedores. Nuestro equipo de profesionales está listo para apoyarte. Apoyarlos con terapia de pareja de mucha calidad clínica. Si querés saber más, podés ver todo en Simobility puntocom. Ahora sí, llegamos al final de este episodio. Si disfrutás de escuchar este podcast, no te olvides de seguirnos, rankearnos y compartir esos episodios. Somos Psi Mamoliti en Instagram, YouTube y TikTok. Podés encontrarnos en Psicología al Desnudo. Es un podcast de psimomoliti en colaboración con Posta.
