Transcript
A (0:00)
Se estima que al menos una de cada diez personas va a desarrollar algún tipo de adicción comportamental a lo largo de su vida. Más del 50% de la población mundial usa redes sociales todos los días. El 98,5 % de los adolescentes está registrado en al menos una red social y el 83,5 en más de tres redes. El promedio de uso diario varía entre 4 y 7 horas cada día, cada semana, cada año. El 46% de personas dice que las redes sociales afectan negativamente a su estado de ánimo. Para los niños de 6 a 9 años, la OMS recomienda no pasar más de 30 minutos por día frente a una pantalla. Salir de una adicción es difícil, pero no imposible. Y nunca, nunca tenés que hacerlo solo. Si vos, un familiar o amigo, están atravesando problemas con alguna adicción comportamental, podés recibir ayuda gratuita y confidencial contactando con los centros de tratamiento de adicciones de tu localidad o pedir orientación a profesionales de la salud mental. ¿Te pasa que agarrás el teléfono solamente para responder un mensajito o dar una mirada rápida y sin darte cuenta terminás horas atrapado en alguna red social? ¿Por qué es tan difícil soltarlas? Soy Marina Mamolitti, psicóloga, y esto es Psicología al Desnudo, el podcast de salud mental de Psy Mamolitti, donde navegamos juntos en las profundidades de la mente. Hoy presentamos Adicción a Redes Sociales. Si alguien te dijera que tiene una adicción, probablemente pensarías en algo como alcohol, drogas, cigarrillo. A lo mejor incluso, si hablamos de redes sociales, hasta te reirías un poco. ¿Adicción a Instagram? Dale, ¿Qué es eso? Si todos usamos el celular un montón. Claro, parece inofensivo porque elegimos creer que nadie podría nunca tener una adicción a redes sociales. Es algo que hacemos porque, bueno, todos lo hacen. Pero ¿Qué pasa si te dijera que puede ser mucho más serio de lo que parece? El problema con la adicción a redes sociales es que se esconde a plena vista. Es tan común que nadie la nota, tan normalizada que nadie la cuestiona. Todos estamos horas frente a una pantalla, deslizándonos por el feed, o riéndonos de memes, o viendo videos. Pero ¿Cuándo es que dejamos de ser usuarios y empezamos a ser esclavos de un algoritmo, una notificación, el dedo deslizándose por la pantalla, un like, otro, un comentario, más seguidores, subir fotos, comentar, chatear, estar a la vanguardia, seguir todas las tendencias nuevas? Uy, tengo que cambiar los guiones, cambiar el modo de hablar. El algoritmo cambió. La mente se acelera, El corazón late rápido. Dopamina PLACER excitación Las redes sociales nacieron con un propósito, conectar a las personas, construir comunidades. Pero lo que en su momento parecía el invento perfecto, hoy se dio vuelta. En lugar de unirnos, nos alejan. Y no solo de los demás, sino incluso de nosotros mismos. Retrocedamos un poco en la historia para mirar más zoom out, para tomar un poco de perspectiva. La humanidad siempre ha buscado formas de conectar. Es casi como si estuviera nuestro ADN, ese deseo profundo de compartir con otros, de sentirnos partes de algo grande. Somos gregarios por naturaleza. Eso quiere decir que nacemos con la necesidad de vivir en manada, de construir lazos, de pertenecer. Desde el inicio de los tiempos hemos creado herramientas para acercarnos, para contar historias, para no sentirnos solos en el mundo. Desde las plazas públicas de la antigua Grecia donde nacieron los debates filosóficos, los coliseos romanos que unían a miles en torno a espectáculos épicos, hasta las cartas escritas a puño y letra que cruzaban océanos en busca del amor a la distancia. Esas eran nuestras redes sociales de entonces. Espacios para compartir, para ser vistos, para ser escuchados. Pero aquellas conexiones eran distintas, porque tenían pausa, tenían tiempo. Poco a poco fuimos sumando tecnologías cada vez más. El telégrafo, el teléfono, los correos electrónicos. Cada avance tecnológico siempre buscó lo mismo. Acercarnos, romper barreras, hacer qué es sentirnos parte de algo fuera más fácil, más rápido. Y entonces llegaron los smartphones y con ellos las redes sociales. Y todo se volvió instantáneo. Lo que antes requería paciencia y espera, como semanas esperando una carta o algún encuentro planificado, todo eso se volvió inmediato. Un clic, un mensaje, un like ya mismo. Pero hay algo que nadie se vio venir. Las redes sociales dejaron de ser solamente un medio de comunicación y se convirtieron en una extensión de nosotros mismos, en parte de nuestra identidad. ¿Te pasó quizás alguna vez que sentiste que si no compartías algo en redes es como si no hubiera pasado? Hoy, en este preciso momento, más de 4.500 millones de personas usan alguna red social. Eso es más de la mitad del planeta. El 95 % de la población entre 13 a 19 años tiene alguna red social, de los cuales, en promedio pasan casi unas 4 horas diarias consumiendo contenido. Y mientras las estadísticas crecen y las interacciones se multiplican, hay una pregunta que mi cabeza no puede esquivar y es la ¿Realmente estamos más conectados? Baudrillard, un filósofo francés, decía que vivimos en un mundo de simulacros y las redes son el simulacro perfecto. Simulan conexión, pero nos dejan solos. Simulan éxito, pero nos vacían. Simulan validación, pero nos fragmentan. Muchas personas ya no interactúan con las redes sociales desde la elección consciente o el disfrute, sino desde la compulsión. Esa es la trampa del simulacro. Creemos que estamos conectados, entonces nos quedamos ahí. Nos quedamos en las redes, aunque en realidad estemos más aislados que nunca. Hay un límite muy sutil entre el uso y el abuso de redes. Es un límite casi imperceptible. No se nota cuando lo cruzamos porque las redes están diseñadas para que no nos demos cuenta. Cuando perdemos el control, ya estamos hablando de una adicción. Vamos a definirla. La adicción a las redes sociales es un patrón de uso compulsivo y excesivo de plataformas como Instagram, TikTok, ex Facebook y otras. La llamamos adicción porque interfiere significativamente con nuestro bienestar emocional, social y físico. Y esta adicción no se mide solamente por la cantidad de horas que estamos frente a la pantalla. No es simplemente usar mucho Instagram o TikTok lo que la convierte en una adicción. Es la relación que desarrollamos con esas plataformas, cómo terminan afectando a nuestra autoestima, también a nuestras relaciones y a nuestra capacidad para estar presentes. Para sumergirte en el mundo de las adicciones sin sustancias, te super recomiendo ver o escuchar el capítulo 1 y 2 de esta serie de adicción a comportamientos. Podríamos empezar preguntándonos ¿Por qué hoy? ¿Por qué existe y crece tanto hoy la adicción a redes sociales? Bueno, nada es casualidad. Causas hay muchas. No es que de un día para el otro nos volvemos incapaces de soltar el teléfono. Hay razones concretas detrás de esta dependencia y son mucho más profundas de lo que pensamos. Estamos hablando de un cóctel explosivo de factores sociales, psicológicos y biológicos, todos combinándose. En el mundo que habitamos hoy, todo está diseñado literalmente para mantenernos enganchados. Primero, los factores sociales. Los likes, los comentarios, los seguidores. Son la nueva moneda virtual con la que se paga la aceptación social. Detrás de eso hay algo muy básico que la sostiene, que es nuestra necesidad de ser aceptados y de encajar. Además, vivimos en la sociedad del cansancio, dice Byung Chul Han, un filósofo surcoreano. Lo que quiere decir que estamos agotados. Es un signo de nuestra época. Estamos agotados física, mental y emocionalmente. Nos transformamos en nuestros propios explotadores. Ya no necesitamos un jefe jefa que nos explote porque nos autoexplotamos solitos. Nos convertimos en empresarios de nosotros mismos midiendo nuestro valor en productividad, visibilidad y likes. Pensalo en tu propia vida. ¿No te sentís agotado a veces? Al final del día, este cansancio extremo que impacta en todos lados yo lo veo cada vez más en consulta, incluso en la gente que me rodea y en mí misma también. Y claro, vivimos con un agotamiento tan pesado encima que llega un punto en que nuestra cabeza pide a gritos una pausa pero no sabemos parar, porque parar duele. Porque si frenamos aparece el vacío existencial, ese ruido interno o las preguntas que no queremos escuchar. Y entonces mejor nos hacemos los tontos, los distraídos y consumimos algo que nos distraiga, que nos anestesie un poco la pastillita digital que nos adormece por un rato. Este es el terreno perfecto para la adicción a redes. Y no nos culpo, necesitamos a veces adormecernos de tanto cansancio. Pero lo cruel, lo irónico, diría Han, es que esa búsqueda de alivio nos agota todavía más. Después están los factores psicológicos. Cada vez que recibís un like o un comentario tu cerebro recibe una recompensa, como un premio inmediato que activa tu sistema de dopamina que es el mismo que se activa cuando comes algo que te encanta o recibís una linda noticia. Y eso genera un circuito de retroalimentación que te hace volver una y otra vez ahí buscando ese mismo subidón lindo que te da el like. Ahí está también el componente biológico de todo esto porque nuestro cerebro está diseñado para buscar recompensas. Y ahí las redes sociales son el terreno perfecto. Y por último, otra de las causas potentes tiene que ver con el diseño de las plataformas. Los algoritmos no son neutrales. Saben exactamente qué mostrarte y en qué momento. Los algoritmos de las redes te muestran contenido, además, diseñado específicamente para vos. Si yo agarro el TikTok de mi hermana, no me voy a enganchar tanto como si fuera el mío, porque esa experiencia está hecha pura y exclusivamente para mantener su atención. Es decir, conoce los gustos de mi hermana, sus preferencias, no las mías. Los algoritmos saben todo de nosotros. No solamente qué nos gusta, sino cuántos segundos pasamos mirando cada video, qué publicaciones nos hacen frenar el scroll y por cuántos segundos nos quedamos ahí, qué colores llaman más nuestra atención, qué temáticas nos interesan más. Cada red social nos estudia y nos da exactamente lo que necesita para mantenernos ahí. Sistemas como el Scroll Infinity eliminan cualquier esfuerzo de seguir consumiendo. Si quisieras seguir scrolleando por siempre y para siempre, podrías No hay un final, nunca el final externo. No existe ese límite. Ahora lo tenés que poner vos. Y también las notificaciones, que nos hacen creer que todo es urgente. Meta hizo pruebas con distintos colores para las notificaciones y adiviná cuál generaba más compulsión. El rojo. Asociamos el color rojo al peligro y a la urgencia en nuestra biología. Por eso, cuando ves ese numerito rojo en tu app que te marca las notificaciones que tenés, tu cerebro siente como que tiene que revisarlo de inmediato. Urgencia. El mecanismo de las redes es exactamente el mismo que usan las máquinas tragamonedas de los casinos. Las redes sociales son Las Vegas digitales. ¿Dónde está la línea entre el uso saludable y la adicción a redes sociales? Como exploramos en episodios anteriores sobre adicciones sin sustancias, la línea entre un comportamiento habitual y uno adictivo es tan sutil que pasa desapercibida para la mayoría. Esa es una de las grandes diferencias con las adicciones a sustancias. De un lado están las redes sociales como herramientas maravillosas, vamos a decir. Nos inspiran, nos conectan con amigos, con familia, con amores. Nos entretienen, nos hace sentir parte de algo, son una vía de escape en momentos complejos e incluso nos permiten trabajar. Del otro lado está el exceso, su cara más oscura, la que pasa desapercibida. Nos acostumbramos tanto a vivir conectados que ni siquiera nos damos cuenta del impacto que tienen en nuestra mente y en nuestra vida. Porque no es solamente estar mucho tiempo en redes, es lo que pasa en nuestras cabezas mientras estamos a nos comparamos por ejemplo, vemos vidas aparentemente perfectas, cuerpos editados, relaciones de película. Y ¿Por qué mi vida no se ve así? ¿Qué es lo que estoy haciendo mal? Aunque sepamos que es una versión curada de la realidad, no importa. Nuestro cerebro no puede evitar la comparación y por ende, la frustración. También perdemos tiempo. Abrimos Instagram solamente para ver algo rapidito, y dos horas después seguimos ahí, sin pausas naturales, contenido infinito y notificaciones que nos hacen sentir que siempre hay algo más que ver, que no deberíamos irnos. También se reduce un montón nuestra capacidad de concentración. Un estudio de la Universidad de California encontró, escuchen bien, que la generación Z tiene menos capacidad de concentración que un pez dorado. El promedio de atención bajó a 8 segundos, mientras que el pez dorado tiene 9 segundos. Nos volvemos mucho más impulsivos también. Cada like, cada comentario, cada mensajito, genera una micro descarga, como un shot de dopamina. Claro, nos acostumbramos tanto a esa gratificación inmediata que cualquier otra actividad sin una recompensa instantánea nos aburre. También nos sentimos más solos. A menos conexión real, menos conexión cara a cara, más sensación de soledad. Y dormimos peor porque la luz azul de la pantalla interfiere con la producción de melatonina, que es la hormona del sueño. Si usamos el teléfono justo antes de dormir, nos va a costar mucho más relajarnos y nuestro descanso va a ser mucho menos reparador. Ahora, no se trata de demonizar las redes sociales, pero sí de entender cómo nos afectan para poder usarlas con conciencia y no quedarnos atrapados en ellas. Siempre hay dos caras de una misma moneda en todo. Usar redes sociales no tiene nada de malo si lo hacemos de manera equilibrada. De hecho, quizás tengo la fortuna de que vos estés ahí, del otro lado, escuchándome gracias a una red social. Hablar de adicción a redes sociales no es exagerado. Muchos estudios muestran que el uso compulsivo de redes comparte con las adicciones a sustancias patrones como la pérdida de control, la tolerancia, es decir, necesitar más para sentir lo mismo, y la interferencia fuerte en la vida diaria. A pesar de esto, con tantos estudios con evidencia, el DSM V, que es el manual usado para diagnosticar trastornos mentales, todavía no la reconoce como una adicción. ¿Por qué? Porque la ciencia avanza con cautela y los estudios siguen en proceso. Todavía es un fenómeno muy nuevo, pero Aunque no esté en el manual, la evidencia ya es clara. El uso descontrolado de redes tiene las mismas características que cualquier adicción comportamental. Vamos a hacer un chequeo de nuestra relación con las redes. Te propongo lo un mini test lúdico basado en los criterios que se usan para diagnosticar adicciones. Si escuchaste los episodios anteriores, ya sabes que son las 9 señales de alerta que pueden hablarnos de una adicción. Vamos a revisarlas una por una, haciendo un auto chequeo en el camino. Hacelo incluso si creés que esto no tiene nada que ver con vos. Tal vez aprendas algo sobre tus propios hábitos que no habías notado. Y si no es tu caso, capaz te sirva para entender mejor a alguien que sí está atrapado en esta dinámica. Bien, vamos a meternos de lleno en un momento de sinceridad. Por cada afirmación con la que te identifiques, levantá un dedo. Bien, primer criterio para diagnosticar una adicción es el uso peligroso. Esto es, cuando pones en riesgo tu seguridad o la de otros por hacer esa actividad. En este caso, por no soltar el teléfono. ¿Entonces revisas Instagram mientras manejás, te perdés en TikTok cuando estás cruzando la calle o pasás días durmiendo tres o cuatro horas porque te quedás scrolleando sin freno? Es cuando las redes te hacen tomar decisiones riesgosas. Ahí aparece una red flag. ¿Solés contestar mensajes mientras cruzás la calle y ni mirás si vienen autos o subís historias mientras conducís un auto? ¿Sacás el celular en situaciones en las que necesitabas estar 100% presente porque te genera ansiedad no mirarlo? Si es que sí, levanta un dedo. Número 2 es el impacto en los roles importantes. Por ejemplo, prometiste que ibas a terminar ese informe o a estudiar para la facultad, pero te encontraste viendo memes, reels o historias. Si las redes te complican en el trabajo, en la facultad o incluso en casa, es momento de empezar a preguntarnos qué está pasando. ¿Soles atrasarte regularmente en proyectos, exámenes o tareas porque se te va el tiempo en redes? ¿Te pasa seguido que te tenés que quedar hasta tarde trabajando o estudiando porque antes perdiste mucho tiempo scrolleando? ¿Te cuesta arrancar tareas importantes sin revisar las redes primero, aunque sea solo un minutito y después voy Si es que sí algo de todo esto, levanta otro dedo? Número 3 son los conflictos interpersonales. Las redes pueden generar discusiones con nuestros amigos, pareja o familiares. ¿Por qué estás todo el tiempo en el teléfono y no me prestás atención? ¿Te suena familiar esto? Suelen decirte que estás siempre en el teléfono y nunca prestás atención. Tu pareja, amigos o familiares se quejan seguido de que vivís muy pegado al celú, mucho más que con ellos. ¿Te pasa seguido que aunque alguien importante te esté hablando, te esté contando algo, preferís seguir en redes? Si la respuesta es que sí, otro dedo arriba. Número 4 El síndrome de abstinencia. Se te cayó el wifi y te pones de mal humor o no llevaste el teléfono y sentís una ansiedad por todo lo que te podés estar perdiendo. ¿Si desconectarte te genera angustia, hay algo para mirar de cerca? ¿Te sentís ansioso o molesto regularmente? Si no podés entrar a redes. ¿Te pasó alguna vez de olvidarte el teléfono y pasar el día incómodo, como si te faltara algo? ¿Cuando se te corta el wifi o te quedas sin batería, te pones de muy mal humor? Otro dedo arriba. Si es que sí. Número cinco es la tolerancia. Antes diez minutos eran suficientes, pero ahora necesitas pasar más y más tiempo para sentir lo mismo. No te basta una hora porque sentís que todavía hay más para ver. Cada vez es más y más difícil desconectarte. ¿Has notado que con el tiempo pasás cada vez más horas en redes sin poder parar? ¿Te pasa que antes con un par de videos te alcanzaba, pero ahora necesitas ver muchos más para entretenerte? ¿Te resulta difícil entrar un ratito a redes sin terminar enganchado por horas? Bien, ya sabes qué hacer. Si es que sí. El número seis tiene que ver con intentos fallidos por controlar el uso de redes. Te prometes usar menos tiempo las redes hoy solamente media hora y nada más, pero terminás mirando videos hasta que ya parece que no hay nada nuevo. Dijiste voy a usar menos redes, pero no lo pudiste cumplir. Descargaste aplicaciones para controlar el tiempo de uso, pero terminás ignorándolas o desactivándolas una y otra vez. Solés intentar dejar el teléfono lejos para concentrarte en algo, pero igual lo volvés a buscar. El número 7 tiene que ver con mucho tiempo invertido en la conducta. Pasás horas no solamente usándolas, sino pensando en ellas, planificando que subir, revisando los likes, generando contenido, respondiendo comentarios. ¿Te das cuenta cuánto tiempo te consume? Pensás en redes y incluso cuando no las estás usando. ¿Alguna vez estuviste planeando una publicación, qué fotos subir, en lugar de concentrarte en algo importante que estuvieras haciendo? Cuando te pasa algo, tu primera reacción siempre es pensar qué tan bien quedaría esto para subirlo a las redes. El número 8 es el abandono de otras actividades. Preferís quedarte en el teléfono en lugar de salir con amigos, hacer ejercicio o leer un libro. Tu vida empieza a girar más en torno a las redes que a otras experiencias. Dejaste de lado hobbies o actividades que te gustaban porque pasás mucho más tiempo en el teléfono. Sentís que cada vez dedicás menos tiempo a otras cosas que antes disfrutabas por fuera del teléfono. Elegís regularmente quedarte en casa scrolleando en lugar de salir y hacer algo recreativo o productivo. Y la número 9 es la persistencia pese a las consecuencias. Ya sabes que pasar tanto tiempo en redes te afecta, ya sea en tus relaciones, en tu salud, en tu productividad, en tu sueño. Pero no podés parar. Reconoces que las redes te afectan, pero igual no podés dejar de usarlas tantas horas. Te dijiste varias veces que te vendría bien un detox digital, pero nunca lo podés hacer. Aunque notás que tus relaciones o tu salud mental sufren, igual seguís priorizando las redes. Si es que sí. Último dedo arriba. ¿Bien, y cómo te fue el DSM? Diría que cumplir con al menos dos de estos criterios durante un período de 12 meses puede hacer que estemos hablando de un problema serio. Ahora, este auto chequeo no tiene como objetivo preocuparte, sino más bien invitarte a reflexionar. El problema no es usar redes sociales otra vez, no se trata de demonizarlas ni de eliminarlas de nuestras vidas. El problema empieza cuando dejan de ser una elección y se convierten en una necesidad compulsiva. Si te viste reflejado en alguno de esos indicadores, quizás Es hora de ¿Realmente tengo el control sobre mi uso de redes o son las redes las que tienen control sobre mí? Porque no se trata de dejar de usarlas por completo, de desinstalarlas a todas, pero sí de volver a recuperar el control sobre cómo y cuándo las usamos. Ahora, si te das cuenta que lo necesitas, buscá ayuda. Y cuando digo buscá ayuda no me refiero solo a charlar con un amigo, aunque eso siempre puede ser un gran primer paso, sino que me refiero a ir un pasito más allá. Hablar con algún profesional con experiencia en adicciones. De hecho, la psicoterapia es una herramienta súper valiosa para cualquier persona que quiera mejorar su calidad de vida y entender qué hay detrás de esos patrones. Y si quisieras dar ese paso y hacer terapia con Psiva Moliti, podés encontrar toda la información en y pedir una sesión directamente desde ahí. Las primeras alarmas de adicción a redes sociales que deberías mirar suenan cuando En primer lugar, cuando perdés el foco de lo importante por estar en el teléfono. Estás intentando terminar un informe, pero llega una notificación y pensás es solo un segundo. Abrís el mensajito y después un meme, de ahí un reel, y cuando te querés acordar estás viendo un video de recetas que seguro nunca vas a hacer. Y entonces volvés a ese trabajo, pero tu concentración ya no es la misma. También cuando empezás a usar el teléfono como una pastillita relajante, te vas a dormir, pero antes un ratitito de redes es solamente para ver un par de tweets. ¿Que pasa dos horas después? Estás en la parte más rara de la app, viendo el perfil de una cuidadora de plantas carnívoras. Y cuando por fin dejás el teléfono, tu cabeza está a mil revoluciones y el sueño ya fue claro. Al día siguiente te levantas sintiéndote como un zombie y la calidad de tu sueño cayó drásticamente. Otra alarma es cuando la competencia invisible casi como que se apodera de vos. Abrís Instagram y ves fotos de gente, viajes de ensueño, cuerpos perfectos entre miles de comillas, desayunos que parecen salidos de revista y vos ahí en pijama comiendo cereales que quizás ni siquiera están muy crujientes. Y de repente, en vez de disfrutar tus cosas, entras algo así como en una competencia invisible adentro de tu cabeza con un momento súper editado de otra persona. Y acá empezamos a cruzar una línea importante. Porque una cosa es usar las redes para entretenernos, para relajarnos o para inspirarnos, y otra cosa muy distinta es cuando ellas nos controlan. Controlan nuestras acciones, nuestro foco, donde ponemos nuestra energía, dirigen dónde y cómo usamos nuestro tiempo. Y eso marca la diferencia. Porque cuando hablamos de adicción, no es solamente pasar mucho tiempo haciendo X cosa. Se trata de que frente a la conducta, perdemos el control. Esa es la característica clave de toda adicción, que el control ya no lo tenés vos. ¿Qué pasa en nuestros cerebros? Cuando estamos en redes sociales, algo súper interesante se activa nuestro sistema de recompensa, que es como el centro esto se siente bien, quiero más de nuestra mente. Pero acá viene el problema. Nuestro cerebro se adapta rápido y con el tiempo necesita más y más y más estímulo para generar la misma cantidad de dopamina. Eso es lo que llamamos tolerancia. Y es lo mismo que pasa con una adicción a sustancias. Esto de necesitar una dosis más alta de alcohol, por ejemplo, para sentirte igual de borracho que ayer. Lo que antes era revisar un ratito, se transforma en horas. Pasás de un solo videíto más a toda la noche entera scrolleando. Y además, como si fuera poco, empezás a sentirte ansioso o incómodo cuando no te conectas. Tu cerebro te pide, te empieza a pedir esa dosis de redes como quien necesita café sí o sí para empezar el día. Y por otro lado, la corteza prefrontal, esa parte del cerebro que nos ayuda a basta. Empieza a debilitarse. Está como secuestrada, bloqueada. Se anula. Aunque sabes que hace mucho tiempo que estás pegado al teléfono, no podés parar. Es como si el control se te escapara de las manos. Estoy segurísima de que nadie se descarga Instagram, TikTok, Twitter o cualquier red social. Quiero ser adicto a eso. Pero ¿Por qué caemos en esa relación de amor odio con las redes? Porque, spoiler, como dijimos antes, no es solamente culpa de los algoritmos. El verdadero gancho no está solamente en las pantallas, está en nosotros. Hay algo mucho más profundo que viene de adentro de nuestras emociones, de esa necesidad constante de ser vistos, amados, aceptados o de no quedarnos solos. El por qué se esconde en cómo manejamos la soledad, el aburrimiento y la búsqueda de encajar. Investigando por qué que nos volvemos adictos, encontré algunas causas profundas muy interesantes. Las redes sociales se vuelven un refugio emocional. Te voy a poner un tuviste un día espantoso. Entonces abrís una red social, TikTok, Instagram, Threads o incluso LinkedIn, y ahí está algún vídeo gracioso, un meme, un reel inspirador o una frase o un posteo reflexivo. Claro, es como si el lío del caos del día se desvaneciera por un rato. Como que te olvidás. Ay, qué linda esta sensación. Obvio, queremos quedarnos en esa nebulosa de felicidad. Nuestro cerebro necesita este divague para distraerse de los líos que implica la vida cotidiana. El tema es que cuando cerrás la app, todo sigue igual. Tus problemas no se fueron, solamente los dejaste un ratito en pausa. En segundo lugar, necesitamos ese happy hour de dopamina. Todo cerebro busca sentirse bien. Entonces los likes, las vistas, los comentarios, todo eso es oro puro para tu cerebro. Y cada vez que recibís la notificación, dopamina, sensación de placer inigualable. Y nos volvemos adictos a sentir placer. Tercera gran causa es que nos sube la autoestima. Las redes son algo así como las reinas de la validación express. Sentís que nadie te ve en el trabajo, que tus amigos están en otra sintonía. No te preocupes, parecen decirlo las redes, subí una selfie y listo. Likes, corazoncitos, comentarios, fueguitos. Por un momento te sentís como visto, validado. El gran problema es que esa validación es efímera, como una curita muy superficial en una herida profunda. No soluciona la inseguridad que hay por dentro, solamente la tapa un ratito. ¿Y entonces qué pasa después volvés a necesitar más? Y ahí es donde se genera el ciclo adictivo. Y otra gran causa es la tolerancia cero que tenemos hoy al aburrimiento. No nos bancamos estar aburridos. No sabemos no hacer nada. Parece que cada segundo tiene que ser llenado con algo que tenemos que tener siempre al alcance de la mano. La extensión de nuestros brazos, nuestros teléfonos. A mí me superpasaba esto, pero lo entrené hace un tiempo decidí que me iba a someter a la incomodidad de aburrirme porque no podía. Entonces empecé a hacer cuando ya cortaba la jornada laboral, iba a mi patio sola, sin celular, sin nada, a sentarme y aburrirme. Claro, al principio la catarata de pensamientos era abrumadora, aburrirme se sentía horrible y era incómodo. Entonces yo me obligaba a quedarme ahí sentada aburriéndome poco a poco, muy lento, debo decir, pero fui como agarrándole el gustito a ese divague mental que es súper saludable si necesitamos descomprimir de la vorágine diaria. Y ahora, bueno, afortunadamente puedo permanecer mucho más tiempo que antes simplemente contemplando, aburriéndome, divagando. Y eso me permite crear, pero sobre todo, algo que mi cabeza claramente necesitaba desesperadamente que es descansar, relajar, desconectar. Hay algo que me preocupa mucho sobre esta adicción. Bueno, muchas cosas me preocupan sobre esta adicción, pero una crucial tiene que ver con nuestra atención. Porque la atención es un recurso muy valioso y también muy frágil. Hace un tiempo leí un libro de Johan Hari que se llama El valor de la atención. Está buenísimo. Y él ahí cuenta que hoy los adolescentes apenas logran concentrarse solamente 65 segundos en una tarea y después se distraen. Y los adultos solamente tres minutos. Y él cuenta ahí que eso no es casualidad. Cada vez que pasamos de una aplicación a otra, o de un reel a un meme, de un vídeo de TikTok a un short de YouTube o lo que fuera, estamos entrenando a nuestro cerebro para no quedarse quieto, para no profundizar en nada. Además es como si nuestra atención, esa habilidad de enfocarnos plenamente en algo, se estuviera como fragmentando en pedacitos y eso afecta profundamente a nuestras vidas. Pensá cuántas veces te costó leer un libro o ver una película sin tener la necesidad de ir a ver, a revisar al menos el teléfono o mantener una conversación sin distraerte. El impacto va más allá de las redes sociales, cambia cómo pensamos y cómo nos relacionamos con el mundo. Ahora, no quiero caer en extremos. Lo que estoy compartiendo acá no busca demonizar a ninguna red social, porque como ya vimos, las redes no son el gran villano y estar o entrar a redes no te convierte automáticamente en adicto. Vamos a meternos en la preguntita de si podemos salir de una adicción como esta. La buena noticia es que sí, de cualquier adicción se puede salir, es totalmente posible. Ahora, no es algo que se pueda hacer en soledad o a los ponchazos, diríamos en Argentina. Necesita de un plan, un proceso. Y ese proceso se va a basar en dos pilares fundamentales. En primer lugar, recibir ayuda profesional y en segundo lugar, tu compromiso personal. Si escuchando este episodio identificaste que hay una adicción en vos, el próximo paso entonces es pedir ayuda con un profesional especializado en adicciones. Llegamos a la parte práctica. El ejercicio número uno son algunas preguntitas para reflexionar sobre tu consumo. Muy pocas veces nos sentamos a pensar en cómo usamos las redes y sobre todo en por qué lo hacemos. ¿Este ejercicio me encanta porque es como encender una linterna en una habitación oscura te ayuda a ver lo que quizás antes estaba escondido? Ya sea que estés en el colectivo, en el gimnasio, mientras cocinás o incluso si estás limpiando, te voy a invitar a que respondas a estas preguntas con total sin sinceridad. ¿Pensá en la última publicación que hiciste en alguna red y respóndete por qué quise compartir eso? ¿Lo hice para mostrar algún logro que me enorgullece o porque espero que alguien me felicite o me diga algo? ¿Qué emoción impulsó esa publicación? ¿Estaba contento? ¿Estaba ansioso? ¿Quería atención? ¿Estaba buscando validación? ¿Estaba esperando que alguien comente o reaccione para sentirme mejor? ¿Y cada vez que estés perdido entre aplicaciones, intentá traer a tu mente estas qué es lo que me llevó hoy, ahora, a abrir esta app? ¿Realmente quiero buscar algo específico o solo lo hice por inercia? ¿Quizás estoy aburrido y mi cerebro automáticamente buscó algo para distraerse? ¿Otra pregunta podría siento que estoy aprendiendo algo nuevo? ¿Me estoy riendo? ¿Me inspira o en realidad me estoy sintiendo más cansado, más abrumado, más insatisfecho? ¿Hay algo que haya dejado de hacer por estar ahora en esta red? ¿Por ejemplo, dejé de leer, dejé de conversar, dejé de disfrutar una comida o de prestar atención a otra cosa? ¿Que estaba haciendo y que era importante para mí? No hay respuestas correctas o incorrectas. Estas preguntas son solamente una forma para mirarte con curiosidad. La idea es que puedas empezar a notar patrones y hábitos que quizás nunca habías cuestionado antes. Además, como bonus track, te voy a dejar esta pruebita. Decime ya mismo cuántas horas crees que estás con tu teléfono. Tirá un número de horas. ¿Cuántas? OK, ahora vas a ir a tu teléfono y buscá las métricas de tiempo en pantalla y compará ese numerito con el que tenías en la cabeza y qué tan alejado o cercano al número real estabas. Las redes sociales son parte de nuestra vida. Un espacio donde nos mostramos, donde conectamos y a veces también donde nos perdemos. No son el enemigo, son una herramienta. Y como cualquier herramienta, podés construir algo increíble con ellas o lastimarte en el intento. La diferencia va a estar siempre en cómo las usas. Si sentís que las redes te están robando más de lo que te dan, que tu estado de ánimo depende de un like o que te perdiste momentos reales por estar detrás de una pantalla. Entonces es momento de frenar y de reflexionar. Porque vos no sos tus publicaciones, ni tus historias, ni el número de seguidores que tenés. Vales por lo que sos, por lo que hacés, por cómo amás y por cómo vivís cuando nadie está mirando. Quiero que te hagas esta pregunta la próxima vez que estés perdido. ¿Ahí, en el scroll infinito, esto me suma o me resta? ¿Me hace sentir más pleno o más vacío? Hacé la prueba. Cerrá las apps por un rato, levantá la vista, salí afuera y mirá la vida sin necesidad de compartirla. La próxima vez que estés en un ascensor, en la fila esperando el colectivo, intentá no sacar el celular. Dejá un ratito que tu mente divague. Dejá que el silencio sea un espacio para encontrarte con vos. Quizás descubras que no es tan terrible como pensabas. Sí, va a ser incómodo, claro. Pero esa incomodidad puede ser el primer paso para recuperar el control. Gracias por quedarte hasta el final de este episodio y sobre todo por abrirte a esta reflexión. Si algo de todo esto resonó con vos o con alguien que conoces, no dudes en compartírselo. Juntos podemos crear conciencia y ayudar a alguien que lo necesite. Y si vos lo pasaste y hubo algo que te haya ayudado a recuperarte de esta adicción, compartilo en comentarios. Contá tu experiencia. No tenemos idea de cuánto podemos ayudar a otros contando nuestra historia. Y a veces una frase, un consejo o una experiencia compartida puede ser justo lo que alguien necesita para dar el primer paso. Ahora sí, llegamos al final. Nos vemos la semana que viene. Este episodio llegó a su fin, pero psicología el desnudo es solo la punta del iceberg de todo el universo de Cinoma Moliti. Para descubrir qué cada semana nuevos recursos, te invito a que te suscribas gratis a nuestro newsletter. Nos gusta decir que es como una dosis de bienestar emocional semanal. Recibí el próximo este mismo sábado suscribiéndote en Newsletter.
