Transcript
A (0:00)
Rumiamos porque necesitamos entender por qué, encontrar una explicación a lo que nos duele. Y creemos que este mecanismo nos puede calmar el dolor de no saber porque. Cuando rumiamos, la mente se vuelve un espacio cerrado, gira sobre sí misma, repite, no entra nada nuevo, todo pasa como puertas adentro. Si tu cabeza no para, este episodio es justo lo que necesitas. Vamos. Estás escuchando Psicología al desnudo, un podcast de Psyoma Moliti. Si a la noche, antes de dormir, te quedás mirando un punto fijo y sentís como si tu mente se inundara de pensamientos sobre lo que dijiste, hiciste lo que deberías haber hecho distinto o lo que podría haber pasado si hacías o b, dejame decirte que no es que estés pensando. Estás rumiando. La rumiación es un estilo de pensamiento repetitivo que se centra principalmente en los aspectos negativos de nuestra lo que salió mal, lo que faltó, lo que ya no se puede cambiar. Cuando rumiamos suelen aparecer preguntas ¿Por qué me pasa esto? ¿Por qué soy así, por qué dije eso o por qué no hice aquello? Es como correr siempre en el mismo lugar. Los pensamientos se repiten en loop y lo único que logran es agotarnos, quitarnos el sueño y dejarnos atrapados en lo que ya pasó. En el episodio de hoy vamos a entender por qué la mente entra en ese bucle, por qué no alcanza con decir bastante y qué podés hacer para bajarte de esa carrera que no te lleva a ningún lado. Cuando termines de escucharlo, vas a poder identificar la rumiación, cortar el ciclo y empezar a recuperar espacio mental. Te traje herramientas simples, concretas y muy aplicables para el día a día. Hago una micropausa en el episodio para contarte que ya salió a la venta mi primer libro. Se llama Frená tu cabeza y es el resultado de muchos años de trabajar de manera personal y profesional con la ansiedad. Lo construí como un mapa para quienes transitan la experiencia ansiosa y sienten que necesitan volver a la calma. Tiene teoría, tiene ejercicios, tiene historias tanto personales como de pacientes. Ya está disponible en todo el mundo, así que lo puedes adquirir desde cualquier rinconcito en el que estés. Te voy a dejar el link acá abajo. Y ahora sí, sigamos con el episodio. La palabra rumiar viene de la conducta de las vacas y otros animales herbívoros que mastican el pasto lo tragan y después lo vuelven a masticar una y otra vez. Ese proceso se llama rumiar, remasticar. Les permite extraer mejor los nutrientes. En psicología usamos esa misma expresión porque la mente hace algo parecido cuando rumiamos. Masticamos una experiencia mental una y otra vez. Una escena, una conversación, un error, una preocupación. La volvemos a traer, la repasamos y la analizamos desde todos los ángulos posibles. Pero a diferencia de las vacas, nuestra mente no digiere mejor haciendo eso. Entonces, ¿Por qué rumiamos? Simple. Imagina que está saliendo con alguien. Se ven hace un tiempo, se escriben, se gustan, todo parece ir bien. Pero de repente, esa persona desaparece. No responde más. No responde ningún mensaje, te ghostea. Tu cabeza empieza ¿Por qué no me escribió más? ¿Es porque dije algo que no le gustó? ¿Es porque conoció a otra persona? ¿Es obvio que se dio cuenta que soy súper aburrida, que no tengo nada interesante para decir? ¿Quizás conoció a otra chica? Rumiamos porque necesitamos entender por qué. Encontrar una explicación a lo que nos duele. Y creemos que este mecanismo nos puede calmar el dolor de no saber. La trampa es que pensar en loop no alivia. De hecho, todo lo contrario. Cuanto más rumiamos, más atrapados quedamos en el malestar. Ahora no podemos controlar que aparezca la rumiación. Una vez que aparece el primer pensamiento, ya tenemos ahí lista la cabeza para arrancar la maratón. Lo que sí podemos hacer es detenerla cuando aparece. Esto no es fácil. Si la rumiación ya es un hábito. Pero tampoco es imposible acortar la rumiación. Se aprende. Y ahora vamos con el paso a paso para hacerlo. El primer paso, como en todo proceso de cambio, es aprender a identificar. Es decir, poder distinguir la rumiación de cualquier otro tipo de pensamiento. Para eso tenemos tres señales muy Primero, la dirección del pensamiento. Es decir, si este pensamiento te lleva una y otra vez al pasado, si estás repasando mil veces la última escena, la última conversación, probablemente ahí estés rumiando. En segundo lugar, es el tipo de pregunta que se hace el pensamiento. En vez de pensar ¿Cómo sigo? La mente se queda enganchada en el ¿Por qué? ¿Por qué no me escribió? ¿Por qué me pasó esto a mí? ¿Quién tuvo la culpa? Yo tuve la culpa. Y en tercer lugar, es el efecto que produce. Si cuando más pensás, peor te sentís. Si en lugar de alivio aparece más dolor, más bronca, más angustia. Ahí probablemente también haya rumiación. Una vez que reconoces que estás rumiando, entonces entra en juego la regla de los dos minutos. ¿De qué se trata esto? Bueno, la idea es que te tomes dos minutos reloj para darle lugar a la rumiación. Entonces vas a poner una alarma a dos minutos y durante esos dos minutos vas a pensar todo lo que quieras, rumiar todo lo que quieras. Ahora, cuando se termine ese tiempo, quiero que te hagas estas dos ¿Estoy avanzando en resolver el problema en el que estoy pensando? ¿Me estoy sintiendo menos autocrítico o siento menos malestar después de estos dos minutos? Si la respuesta es sí, buenísimo, entonces estás resolviendo ahora. Si la respuesta es no, entonces vamos a pasar al paso 3, que es anclarnos al momento presente, cortar el loop de la rumiación y traer la mente al aquí ahora. Como la rumiación nos lleva al pasado una y otra vez, la mejor salida que tenemos es volver al presente. ¿Cómo vamos a hacer esto? Con una micro acción, es decir, un movimiento muy chiquitito, concreta, que podamos realizar en segundos. No es salir a correr media hora, ni hacer yoga 40 minutos, aunque eso puede servirnos mucho, pero es algo mínimo que puedas hacer ahora mismo. Levantarte y abrir una ventana para que entre aire. Lavar los platos con música, llenar un vaso de agua y tomarlo respirando entre trago y trago. Pararte y estirar tu cuerpo de expresarte. ¿Por qué hacemos esto? Porque cuando rumiamos, la mente se vuelve un espacio cerrado, gira sobre sí misma, repite, no entra nada nuevo, todo pasa como puertas adentro. La micro acción introduce un corte, rompe el encierro, activa el cuerpo, incorpora información sensorial y genera una interrupción en el circuito rumiativo. Un estímulo físico le recuerda a tu cerebro que estás acá, estás en el presente, y que podés elegir bajarte de esa rueda. Rumiar es confundir movimiento con avance. Es correr sin llegar a ningún lado, creyendo que si pensamos un poco más, esta vez sí, algo va a encajar. Pero hay momentos en los que no hay respuestas nuevas para ser encontradas. Hay momentos en los que la única salida no es entender más, sino soltar la pelea con lo que ya pasó. Cortar la rumiación no es callar la cabeza, es aprender a cambiar de canal. Es reconocer cuando el pensamiento dejó de ayudarte y elegir volver al cuerpo, al presente, a lo que sí está pasando ahora. Y a veces eso será abrir una ventana, a veces es tomar agua, a veces es respirar. Esto no se aprende de un día para el otro. Hay días en los que vas a poder frenar el loop y otros en los que no. Y eso está bien. Ningún hábito se arma o se desarma sin tropiezos. Tenete paciencia, estás entrenando. Ahora, si sentís que la rumiación te toma por completo, que no te deja descansar, que no te deja disfrutar ni estar presente en tu vida, pedí ayuda profesional. No te acostumbres a vivir atrapado en tu cabeza. Se puede estar mejor, se puede aprender y no hace falta hacerlo solo. Si querés empezar un espacio de terapia para hacerlo acompañado, te súper recomiendo que hagas terapia con nosotros, con el equipo de Psymoliti. Podés encontrar toda la información para hacer terapia con nosotros en. Hasta acá el episodio de hoy. Ahora sí, nos encontramos la semana que viene.
