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¿Ser o no ser madre? Esa es la cuestión. ¿Y si no quiero ser mamá? ¿Y si me arrepiento? ¿Y si quiero ser mamá pero sin las presiones de ser perfecta y en medio de todas esas dudas, una sensación, algo que no se puede nombrar fácil? ¿Y si lo que más nos asusta no es la maternidad sino todo lo que perderíamos de nosotras en ese camino? ¿Y si no querer también fuera una forma de amor? ¿Tu deseo es tuyo o es de alguien más? ¿Qué pasa si no tuvieras que responder todavía?
Soy Marina Mamolitti, psicóloga, y esto es Psicología al Desnudo, el podcast de salud mental de Psymamoliti donde navegamos juntos en las profundidades de la mente.
En el episodio de hoy no quiero ser madre.
Hubo un tiempo en que la maternidad no era una pregunta. No era algo que se debatía o que se planificaba. No era una opción, era un destino. La mujer nacía, crecía, se casaba y tenía hijos. No había un quiero o un no quiero. No había posibilidad de elegir. Simplemente era lo que se esperaba, porque así era la vida. No había debates, ni dilemas existenciales ni foros de mujeres compartiendo sus dudas. La maternidad era la consecuencia natural de ser mujer. No había dudas porque no había posibilidad de elección. Pero pregúntale a tu abuela. Quienes no fueron madres en su época probablemente no recuerden un momento de decisión consciente de yo no voy a tener hijos porque no quiero. Simplemente, quizás no se pudo. No se hablaba de deseo, de miedos, de alternativas. Hasta hace relativamente poco, la maternidad era la esencia misma de la feminidad. Una mujer sin hijos era vista como incompleta, egoísta o incluso patológica. Elisabeth Badinter, psicóloga francesa, cuenta que la presión era tal que no ser madre ni siquiera era una opción real. Las mujeres se casaban jóvenes y la reproducción era casi inmediata. Pero en un momento, todo cambió. Muchos procesos sociales cambiaron. La relación de las mujeres con la maternidad, la legalización de los métodos anticonceptivos, la creciente independencia económica de las mujeres, la caída de la moral religiosa, el empoderamiento femenino en general hicieron que la elección de ser madre o no serlo deje de ser una obligación social o religiosa y pasara a ser una decisión personal. Tamara Tenenbaum, en su libro El fin del amor lo describe la maternidad pasó de ser un mandato incuestionable a una pregunta abierta. Dejó de ser destino inevitable para transformarse en una decisión. Y una vez que se abre la posibilidad de elegir, también aparece el lado B de la las preguntas, las dudas, los miedos, la incertidumbre y su mejor amiga, la ansiedad. Si antes la maternidad era una certeza, hoy es un interrogante. Y bienvenido sea ese interrogante. El tema es que no es cualquier interrogante, sino uno que pesa. Porque ahora no solo podemos decidir, sino que al parecer debemos hacerlo. Y decidir sobre algo tan grande, tan irreversible, no siempre se siente como un privilegio. Para muchas personas esta elección es una carga o una condena. De hecho, Tamara Tenenbaum cuenta que hay mujeres que dicen que preferirían ahorrarse la decisión, quedar embarazadas por accidente o enterarse de que no pueden concebir y chau. Que los cuerpos tomen la decisión por una misma. Hasta eso, al parecer, es preferible a la angustia de tener que hacernos cargo de una elección tan trascendental. Hay un montón de mandatos que pesan sobre las mujeres. Hoy se espera que la mujer contemporánea dude, que se cuestione, que sea inteligente, que sea exactamente exitosa y que justifique su deseo de maternar o su deseo de no maternar. Tamara dice algo que me encanta, que es que hoy pasamos del mandato de la maternidad al mandato de la duda. ¿Realmente querés tener hijos? ¿No será que estás repitiendo un mandato cultural? ¿Es tuyo el deseo o te lo impusieron? ¿No te das cuenta de todo lo que vas a perder? Es como si la maternidad, ese destino antes obligado, ahora es un camino que debe ser defendido con argumentos. Es decir, ser madre ya no es obligatorio, pero tampoco es realmente libre. Antes la presión era simple, tenías que ser madre sí o sí y punto. Ahora, en teoría podés elegir, pero en la práctica no es tan así. Si decidís ser madre, lo tenés que justificar. Y si no querés, también. Es como si cualquier decisión tuviera que ser explicada, defendida, racionalizada. Ser madre ya no es obligatorio, pero tampoco es del todo libre. Y esta nueva narrativa no es necesariamente emancipadora. Quiero decir que no nos da total libertad, porque ahora ser madre viene con una serie de exigencias que antes no existían.
Si no querés ser madre, tenés que estar lista para las miradas raras en las reuniones familiares, para el ay y no te vas a arrepentir, y justificar tu decisión una y otra vez. Y si querés ser madre, más te vale hacerlo bien. Ya no basta con ser madre nada más. Hay que ser la madre perfecta. Dar la teta todo el tiempo, no despegarte de tu hijo, criarlo sin pantallas, sin azúcar, sin harinas. Todo con una sonrisa en la cara, sin quejarte y sin colapsar. Cualquier decisión parece venir con una carga de culpa y juicio. Nada es suficiente. Lo más perverso de todo es que este nuevo mandato de la maternidad idealizada es completamente contradictorio. Se exige que la madre esté siempre presente con su hijo, pero sin dejar de ser una mujer independiente y exitosa. Que materne como si no trabajara y que trabaje como si no maternara. Se espera que se dedique en cuerpo y alma a la crianza, pero sin perder su deseo ni su identidad. La madre de hoy tiene que estar en todas partes al mismo tiempo, sin margen para el error ni el agotamiento. Y la verdad es que aunque hayamos crecido escuchando que la maternidad es lo más hermoso que le puede pasar a una mujer y vivamos bombardeados de mensajes que nos hablan del amor incondicional, de la conexión instantánea, de la felicidad absoluta, hay veces que se olvidan de contarnos el lado B de la cuestión. Afortunadamente, cada vez hay más personas que hablan de este lado B, pero por muchos años nadie nos dijo que la maternidad también implica un terremoto emocional. Me encanta cómo lo explica Alexandra Cohan, una psicóloga argentina. Ella dice que ser madre es hermoso, pero que también es un sacudón que cambia la vida en todas sus dimensiones. No es solo un amor desbordante, sino que también implica agotamiento extremo, noches sin dormir, dudas que te atraviesan el cuerpo. Hay momentos en los que mirás a tu bebé y pensás ¿Y si nunca vuelvo a ser la de antes? Y esas dos caras conviven constantemente. Ni hablar del gran pacto de silencio que sigue reinando en algunas sociedades, en el que una madre que se anime a no aguanto más a mis hijos es súper juzgada de mala madre. ¿No importa dónde estés en el espectro, si querés ser madre, si no querés, si querés pero no podés, si estás en duda o si ya lo sos, siempre hay alguien dispuesto a cuestionar tu posición, a pedirte explicaciones, a decirte que quizás tenés que pensarlo mejor o que? ¿Por qué lo pensás tanto? A la gente le apasiona opinar sobre las maternidades. Que nos cueste tanto hablar de maternidad y de sexo, por ejemplo, no es solamente por los tabúes que envuelven a estos temas, sino más bien y sobre todo, porque tanto la maternidad como el sexo se vinculan en lo más profundo al deseo. Tocan las fibras más profundas de aquello que nos mueve, de lo que elegimos o lo que no elegimos. Son temas que nos muestran las tensiones que se juegan entre lo que deberíamos desear y lo que realmente deseamos. Pero gran detalle, el deseo es irracional, escapa de las explicaciones lógicas, no se puede explicar. Maternidad y deseo no encajan fácilmente en una conversación racional, no son decisiones racionales que correspondan a la lógica instrumental de productividad, no tienen una función pragmática, no encajan dentro de la lógica de costo y beneficio. No deseamos porque nos con convenga, no deseamos tener hijos para conseguir el beneficio de criar buenos ciudadanos. Deseamos o no deseamos porque sí y punto. Y en la maternidad esto se vuelve más evidente que nunca. Pero vivimos en la sociedad del logos, la sociedad de lo lógico racional, en donde se nos exige justificarlo todo desde esa lógica. Nada de intuiciones o emociones. No podemos tomar una decisión y no sé, qué sé yo porque me pintó porque sí. Queda raro. Imaginemos que alguien nos pide que expliquemos por qué nos gusta determinado sabor de helado, ¿Por qué te gusta la frambuesa con merengue? Y podríamos ¿Por qué es rica? Pero más allá de eso no hay una lógica racional clara o si viene una amiga y nos ¿Por qué querés estar con ese tipo? Dice Tenenbaum. La respuesta quizás serí qué sé yo, me gusta, quiero estar con él, no sé. La maternidad, como el deseo, pertenecen a ese territorio, no siguen un plan estratégico ni obedecen a una ecuación. El deseo de ser o no ser madre no se rige por la lógica de la utilidad, sino por una lógica inconsciente que nos excede. La maternidad, como todo deseo, responde a marcas que vienen de antes, a huellas que ignoramos pero que nos configuran. No es que no tiene sentido, sino que tienen un sentido que muchas veces desconocemos, que no vemos a simple vista. Intentamos entender la maternidad con nuestras propias categorías, como si lo que sentimos nosotras individualmente pudiera generalizarse, aplicarse a todas las personas. Pero la verdad es que deseo nunca es universal. No todas deseamos igual, no todas vivimos igual. Y eso está bien. Yo creo que el verdadero desafío es abrir el diálogo sin querer convencer, sin buscar justificar, sin intentar encajar el deseo en una única forma de ser y de estar en el mundo. No podemos liberarnos de la angustia existencial de elegir, ni en la maternidad ni en cualquiera de las otras decisiones importantes de la vida. Ahora, de lo que sí podemos liberarnos es de la necesidad de justificar nuestro deseo frente a los demás y frente a nosotras mismas. No digo que sea fácil. Como todo proceso de deconstrucción, requiere revisarnos una y otra vez. Requiere poder responder porque quiero o porque sí, porque no quiero y tolerar la incómoda mirada que juzga del otro lado sin entender. Si sentís que te haría bien encontrar un espacio en el que entenderte muy a profundidad, entender cómo se juegan estas lógicas dentro tuyo, tomar decisiones un poco más conscientes. ¿Tenés ganas de dar el paso de hacer terapia? Te cuento que Enzima Melitis somos un equipo de psicólogas y psicólogos que brinda psicoterapia online, así que podés encontrar toda nuestra información en.
Llegados hasta acá Puede pasar que OK, me quedó todo súper claro, pero ¿Cómo hago para saber si mi deseo de ser o no ser madre es realmente mío o viene de todo lo que me enseñaron que debería querer? ¿Cómo sé si quiero o si no quiero? En realidad quiero regalarte hoy unos ejercicios. Son para cualquier mujer que escucha quienes ya, ya son madres, quienes no quieren serlo, quiénes están en duda. Se trata de un espacio de reflexión para identificar qué parte de nuestra relación con la maternidad es propia, qué parte es heredada de la cultura de la familia o de los discursos sociales. Algo muy importante es que ningún ejercicio te va a dar todas las respuestas. La única manera de elegir realmente es escuchándonos a nosotras mismas. Así que empecemos a abrir preguntas. En el primer paso vamos a trabajar con nuestras creencias. Desde que somos chicas escuchamos frases sobre la maternidad que se repiten una y otra vez. A veces vienen de nuestras familias, otras veces de los medios, del entorno, de las redes. Son ideas que nos dicen cómo deberíamos sentirnos, qué deberíamos querer o qué nos va a pasar si elegimos un camino distinto. Lo que vamos a hacer ahora es identificarlas y cuestionarlas. No necesitás lápiz ni papel. Vamos a hacer un pequeño escaneo mental. Solo escuchá mi voz y respondete internamente. Como si hicieras una checklist mental a cada una de las frases. Vas a ¿Escuché esta frase alguna vez? ¿Sí o no? ¿La crigo? ¿Pienso que es cierta o que es falsa? Podés responder con un simple sí o no o registrar cómo se siente en tu cuerpo cada frase. No filtres nada, simplemente dejalo salir. Podés ir poniendo pausa en cada frase para tomarte el tiempo de responder. Ser madre es lo más importante y hermoso que te puede pasar en la vida. Tener hijos te completa como mujer. Una mujer sin hijos nunca va a conocer el verdadero amor. Si no tenés hijos, te vas a arrepentir cuando seas vieja. Cuando tengas hijos vas a dejar de pensar tanto en vos y vas a entender lo que es el amor incondicional. Si no querés ser madre, sos egoísta. Las mujeres que no tienen hijos terminan solas. Además te vas a aburrir. Ya se te va a despertar el instinto materno. Ser madre hoy en día es una locura, te arruina la vida. Una vez que tenés hijos, te olvidás de vos. Vas a perder tu independencia, tu carrera, tu libertad. Si decidís ser madre, tenés que serlo al 100%. Si no, no lo hagas. Tu vida tiene que girar alrededor de tu hijo. Olvídate de tener tiempo para vos. Si estás dudando es porque en el fondo, sí querés, decidite antes de que sea tarde, que cuando te des cuenta de que querés, quizás ya no puedas. El reloj biológico es real, no podés esperar mucho más. Y ¿Pudiste registrar cómo te hacen sentir estas frases? ¿Les creés? ¿No les creés? ¿Qué pensás? Pasemos al paso 2. Vamos a explorar tu relación con la maternidad. Ahora que identificaste cómo te hacen sentir las creencias y los mandatos externos, vamos a profundizar en tu experiencia personal. Te voy a invitar a que te tomes unos minutos para escribir o para pensar de manera libre sobre estas preguntas. No hay respuestas correctas ni incorrectas, solamente lo que surja de vos. Si nadie opinara sobre tu decisión, si no existieran los juicios ni las expectativas externas. ¿Cómo te sentirías con la idea de ser madre o de no serlo? ¿Cuáles son tus miedos en relación a la maternidad o a la no maternidad? Si pudieras imaginar tu vida en dos caminos paralelos, uno en el que sos madre y otro en el que no, ¿Qué cosas te entusiasman o te preocupan de cada uno? Podés volver a estas preguntas tantas veces como lo necesites hasta que puedas escuchar tu propia voz más allá del ruido de afuera. Quizás no encuentres todas las respuestas hoy, pero si abrís ese espacio interno, aunque sea un poquitito, eso marque el inicio hacia una elección verdaderamente libre. Ser madre o no serlo. Desearlo o rechazarlo. Sentirse completa en la maternidad o sentir que una se diluye en el proceso. No hay una sola manera de vivir este deseo, ni una sola verdad sobre la maternidad. Nos dijeron que todas las mujeres queremos ser madres. Que la maternidad nos completa. Que si no la deseamos, hay algo roto en nosotras, que es raro no tener hijos. Nos dijeron también que si la deseamos, tenemos que estar dispuestas a entregarnos por completo, dar nuestro 110 %. Y que si la elegimos, debemos hacerlo perfecto. ¿Y si nada de todo esto fuera así? Si ya sos madre, no tenés que demostrarle nada a nadie. Tu maternidad no tiene que encajar en la foto de Instagram ni en las exigencias de una sociedad que pide entrega absoluta, pero que igual no garantiza redes de cuidado. A veces la maternidad es amor desbordante y otras es agotamiento. Y las dos cosas son igual de reales. Si no querés ser madre, no tenés que justificarlo. No le debes explicaciones a nadie, No sos menos mujer, no sos egoísta, no estás menos completa. Tu vida es tuya y tu deseo es válido. Y si querés ser madre, pero te da miedo no encajar con los estándares, es entendible. Nos hicieron creer que si no estamos dispuestas a ser esas madres perfectas, entonces mejor no intentarlo. Pero la maternidad no necesita heroínas. Mi propuesta es empezar a mirar a la maternidad como lo que realmente es en su una elección. Elección que no debería estar definida porque por el miedo, por la culpa o por la mirada ajena, quizás en vez de debería ser madre, podemos empezar a preguntarnos qué queremos, qué nos hace bien, qué vida queremos construir y tener la valentía de elegir sin deberle explicaciones a nadie.
Un episodio de podcast puede ser el primer paso para explorarnos, pero si querés ir más profundo, te quiero invitar a ser parte del Club de Bienestar de Psimamoliti. Es un espacio seguro, con experiencias en vivo, recursos exclusivos, un laboratorio emocional, un club de lectura y mucho más. Es nuestro espacio para crecer en comunidad. Entérate todo sobre nuestro club en.
Barra Luz.
Episode Date: 11 de diciembre de 2025
En este episodio, la psicóloga clínica Marina Mammoliti aborda el complejo tema de la maternidad desde la perspectiva de la elección: ¿qué pasa cuando “no quiero ser mamá”? Se exploran los cambios sociales y culturales en torno a la maternidad, el peso de los mandatos y estereotipos, el significado profundo del deseo y las presiones –tanto de ser madre, como de no serlo– en la sociedad actual. Marina invita a la reflexión personal y propone ejercicios para distinguir el deseo genuino del influjo externo.
[01:07-04:50]
[04:50-06:50]
“Ser madre ya no es obligatorio, pero tampoco es realmente libre. Si decidís ser madre, lo tenés que justificar. Y si no querés, también.”
[05:51-07:50]
[07:51-09:35]
[09:35-12:25]
[13:02-17:20]
Marina propone ejercicios para explorar el origen del deseo de maternidad (propio versus influjo social/familiar).
Cita motivacional [17:13]:
“Quizás no encuentres todas las respuestas hoy, pero si abrís ese espacio interno, aunque sea un poquitito, eso marca el inicio hacia una elección verdaderamente libre.”
[17:20-19:42]
Hay muchos relatos y mandatos sociales, pero ninguna verdad única sobre la maternidad o el deseo.
Ser madre no debe ser para “la foto de Instagram” ni por cumplir expectativas ajenas.
No querer ser madre no te hace “menos mujer, menos completa ni egoísta”.
Querer ser madre con miedos también es válido y legítimo.
Frase poderosa [19:20]:
“La maternidad no necesita heroínas. Mi propuesta es empezar a mirar la maternidad como lo que realmente es: una elección. Elección que no debería estar definida por el miedo, la culpa o la mirada ajena.”
Este episodio ofrece un abordaje sensible, reflexivo y honesto sobre el derecho a elegir la maternidad (o no) y la legitimidad de todos los caminos posibles, invitando a dejar de justificar los propios deseos ante otros o ante una misma. Marina Mammoliti construye un espacio seguro para cuestionar creencias, identificar mandatos y explorar el deseo genuino, recordando: “Tu vida es tuya y tu deseo es válido.”