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Ya está todo preparado para empezar el partido en la casa de los Gutiérrez con IKEA. Atrás está el sofá Civic con diferentes covers para hacer match con cada selección. En el medio los vasos Lodrat repartiendo bebidas por todo el campo, calentando por si viene alguien extra esta la silla plegable Gunde. Y arriba Ostabal, la coffee table de dos alturas, marcando un gol con cada snack. Visita IKEA y logra crear el line up ganador para disfrutar del fútbol en tu casa con buena calidad y buen precio. Ikea sueña sin medida.
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Ser Podcast Jesús Callejo, Crononauta Una semana más. Bienvenido de nuevo a Ser Historia.
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Pues aquí estamos, prestos y dispuestos para hablar de un españolito que al final tuvo que autoexiliarse. Tiene una vida curiosa que incluso hasta su propio apellido lo hizo anglosajón.
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Sí vamos a hablar de Blanco White, José María Blanco White, que sería Blanco, Blanco Blanco en inglés es White, que a lo largo del siglo XIX era liberal, se acabó autoexiliándose a Reino Unido, a Inglaterra, y protagonizó una serie de aventuras, de historias que han llegado en gran parte por las cartas, la correspondencia que ha llegado hasta nosotros. Es un personaje que. Que lo comentábamos ahora, Micrófono cerrado. Hemos tratado en alguna ocasión en Ser Historia o en la sección de Historia de Madrid que tengo en el Hoy por Hoy Madrid con Marta González Novo y que hace un par de meses con un amigo egiptólogo británico, Chris Naunton, comiendo en una taberna alrededor de la Puerta del Sol, me va a disculpar nuestro amigo seguidor, no recuerdo su nombre, pero me regaló un libro sobre las cartas de Blanco White y me dijo tenéis Jesús y tú que hacer un cronovisor sobre este personaje. Así que le mandamos un cariñosísimo abrazo a nuestro amigo camarero de esta taberna alrededor de la Puerta del Sol, que nos dieron de comer fantásticamente a Cris y a mí. Y retomamos, ¿Verdad Jesús? Porque es todo un personaje de la historia de la España del 19.
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Sí, totalmente. Es un personaje bastante olvidado, bastante desconocido. Es verdad que tiene dos etapas en su la etapa española y la etapa inglesa. ¿Y por qué se fue a Inglaterra? Evidentemente es porque le tocó vivir una época convulsa, ni más ni menos que la invasión napoleónica. Él era un liberal, pero un liberal atípico, donde los propios liberales tampoco le aceptaban y los conservadores tampoco consideraban que fuera de su gremio. Y es una persona sumamente curiosa. Tiene una biografía llamativa porque tuvo una doble conversión, fue sacerdote católico, luego reniega del catolicismo, se hace anglicano, teorizó sobre las dos Españas, eso que ahora está tan de moda, atacó la intolerancia y el fanatismo, tanto religioso como ciertas instituciones. Fue precursor del Romanticismo, porque él está a caballo entre la Ilustración y el Romanticismo. Pudo haber sido un buen romántico si hubiera escrito cuentos y literatura. Él se dedicó más a este tipo de cartas y sobre todo, sobre todo, cartas siempre con un tamiz bastante político. Él buscó siempre la libertad de conciencia y precisamente por esas ansias que él tenía de libertad y viendo el absolutismo que había en aquel momento, ten en cuenta que él nace en la época de Carlos IV, luego llega Napoleón, critica a Napoleón, critica incluso las juntas que se están formando tanto en Madrid como en Sevilla como en Cádiz, y eso le generó también muchísimos enemigos. Fue tachado de traidor y de hereje, de ahí un poco el ostracismo. Incluso muchas de las cartas las firma con un seudónimo, Juan sin Tierra, lo creo yo. Indica también bastante cómo él se sentía, cómo él siendo un patriota, cómo él amando a España, sin embargo no veía que España fuera por un buen camino por las decisiones que fue tomando y no solo evidentemente por la época napoleónica y por la invasión, sino cuando llega Fernando VII, que imagínate que él fue un crítico absoluto de los desmanes y del absolutismo que tuvo este rey, este rey traidor. Y también se puede considerar que fue un ejemplo de desarraigo, de cómo alguien no fue comprendido y cómo una forma de crítica desde Inglaterra era comentar las cuestiones de España, pero desde un español inglesizado que no veía bien el rumbo, la deriva de las costumbres, de las tradiciones, de la superstición y sobre todo de la hegemonía que tenía la Iglesia sobre los ciudadanos españoles. Bueno, pues esa es un poco esa situación. Fíjate que te he hecho un pequeño resumen de la complej que tuvo José María Blanco White, que era José María Blanco Crespo, pero bueno, él nació en una familia de comerciantes irlandeses, su madre era una aristócrata española, él nace en Sevilla y al final adopta también una especie de seudónimo de Blanco White como ejemplo de que él estaba en los dos lugares, que él nunca renegó de España, pero aún así no fue un exiliado, sino un autoexiliado y eso le convierte en algo original porque la gente normalmente se iba porque no le quedaba más remedio. Él tuvo la posibilidad de quedarse en España, pero pensaba que una forma de criticar mejor esas costumbres o esa política que había en España era desde la lejanía, sobre todo por consecuencias físicas. También para que no le metieran en la cárcel, evidentemente. Y en ese debate, en esas paradojas, es donde se mueve la vida y la personalidad de José María Blanco White.
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Bueno, pues tenemos delante de nosotros el teclado de nuestra máquina del tiempo. Jesús, ¿Cuál es la fecha que nos propones en esta ocasión para viajar al pasado a descubrir la vida de José María Blanco White?
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La fecha es el 23 de febrero de 1810.
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Adelante, pasen. Jesús Callejo les está esperando junto al cronovisor.
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Muy bien, Jesús. Estamos en el Puerto, fresquito, pero bueno, tampoco hace muy malo.
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¿Dónde nos encontramos del puerto de Cádiz?
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Ah, claro, de ahí la bonanza, más o menos.
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Sí, fíjate, es 1810, época complicada, porque en Cádiz es donde, en fin, hay todavía ese reducto donde los franceses no están, donde se genera luego la Constitución de Cádiz de 1812, donde están esas juntas precisamente para intentar conseguir distintos logros y distintas batallas para echar poco a poco al francés, como así se definía. Pero él ve que la cosa se complica. Él estuvo en Madrid durante un tiempo y luego se va a Cádiz, estuvo en Sevilla, y cuando está en Cádiz, que él pensaba tener una temporada allí, incluso desoyendo el consejo de sus amigos que le dicen que se quede, él decide que no. Él piensa que la mejor forma de ayudar a España no es estar en Cádiz formando parte de las juntas o escribiendo artículos, sino marcharse De ahí este 23 de febrero de 1810, donde se embarca en el paquebote de Lord Howard, como así se llama, además de bandera británica, y decidió, decide exiliarse en principio para no volver. Y efectivamente no llegó a volver. Llega a Inglaterra el 3 de marzo de 1810 y allí empieza una nueva etapa. Es decir, por eso hemos elegido este momento del Cronovisor, porque para él también es un momento difícil, es un momento traumático. Ten en cuenta que en España tiene a sus amigos, tiene a su familia, tiene todo lo que para él era su arraigo, y sin embargo se tiene que ir. Y además hay algo muy llamativo dentro de su biografía, que no era demasiado conocido ten en cuenta que en esa época era sacerdote, sacerdote católico, y sin embargo se sabe que tuvo una aventurilla en Sevilla con Magdalena Esquaia y fruto de esta relación nació un hijo, Fernando, que más tarde en Inglaterra sería conocido como Fernanda Ferdinand White, como no faltaría más. Pero claro, imagínate el contexto. También en aquel momento Blanco White, como sacerdote católico, tenía el voto de celibato. La existencia de su hijo era secreta, solo lo sabían los más allegados y él no podía revelar para nada esto porque ponía en riesgo su posición y su reputación. En fin, que me refiero que su vida personal, además de su vida profesional, era bastante complicadilla. Él forma parte también de las tertulias de Quintana, que eran tertulias deliberales donde discutían un poco lo que había que hacer en España, claro, y él veía que en Madrid no había solución, que en Sevilla tampoco, que era su ciudad natal, y que en Cádiz había más revueltas que otro tipo de cosas. Así que no se le ocurrió otra cosa que tirar por el camino del medio, en este caso tirarse a las bravas y ni más ni menos que embarcarse rumbo a Londres.
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Fíjate, una de las obras más conocidas de José Blanco White son esas Cartas españolas o Cartas de España, en donde publica y habla de muchos aspectos de la cultura, de las tradiciones, también de la burrocracia absoluta que había en aquella época después de la llegada de los franceses. Y de una de ellas hemos tomado este fragmento que vamos a escuchar ahora, que nos habla precisamente de los problemas que había incluso para moverse entre ciudades, que parece una cosa surrealista, pero que en la España de entonces, de esa década de 1810, pues era lo que normal, lo clásico.
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Madrid, 1807. Mi traslado a esta capital ha sido rápido e inesperado. Los médicos habían aconsejado a mi amigo Leandro, de quien he llegado a ser compañero inseparable, que buscara alivio a su creciente melancolía, en realidad la consecuencia de su mortal aversión a los deberes clericales y a la religión con que están conectados en la libertad y distracciones de la Corte. Y yo me he sentido incapaz de separarme de él. El viaje de Sevilla a Madrid, de unas 260 millas inglesas, se suele hacer en pesados carruajes tirados por seis mulas y dura de 10 a 12 días. El mayoral forma una partida de cuatro personas y él mismo fija el día y hora de la salida, dispone la longitud de las etapas, señala la hora de levantarse por la mañana e incluso cuida de que los viajeros oigan misa los domingos y fiestas de guardar que ocurran durante la jornada. Sin embargo, como era necesario no demorar la partida de mi amigo, escogimos el procedimiento más caro de la posta y provistos de pasaporte emprendimos el viaje en una silla abierta y medio desmantelada, que es el vehículo normal hasta unas 30 millas antes de llegar a Madrid. Podrá usted hacerse una idea de nuestra policía y nuestro gobierno al saber que nos vimos obligados a tomar el pasaporte no para Madrid, sino para Salamanca, con objeto de poder entrar de contrabando en la capital. Caballero. Nuestro ministro de Gracia y Justicia, departamento equivalente al Home Office inglés, uno de los instrumentos más complacientes y odiosos de nuestra arbitraria Corte, preocupado por el excesivo número de pretendientes de puestos oficiales que venían en manadas a Madrid desde las provincias, había dado una orden poco tiempo antes prohibiendo venir a la capital a todo el que no hubiera obtenido previamente una real licencia. Esperar el pláceme del Rey nos hubiera expuesto a inconvenientes y probablemente a una resuelta negativa. Así que como la orden del ministro tenía ya tres meses de antigüedad, periodo de tiempo en que empiezan a caer en desuso las disposiciones de nuestra Corte, y como tampoco queríamos molestar a su Excelencia, confiamos que nuestra buena suerte y nuestra bolsa allanarían cualquier pequeño obstáculo pudiera surgir de parte de los funcionarios inferiores. No voy a entretenerlo con la descripción de nuestro viaje, de las paradás en las casas de posta, de cómo en Valdepeñas nos olvidamos de nuestra prisa a causa de su delicioso vino que suelen servir sacándolo directamente de unas inmensas tinajas de barro conservadas en bodegas subterráneas. Por último, de las horribles, estrechas e incómodas sillas de posta tiradas por tres mulas que se usan desde Aranjuez a Madrid.
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Jesús Callejo Crononauta Esas cartas hablan de la burrocracia, como decía yo ahora, de la cantidad de problemas de papeles que tenías que tener para poder ir de una ciudad a otra. Pero también habla de cómo era la vida en España. Él era muy observador, era muy curioso. Hay que pensar que cuando él se exilia a Inglaterra él sigue siendo sacerdote, se va como sacerdote no se va como civil.
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Sí, a ver, ya sacerdote con crisis de fe, ya por entonces ya estaba cuestionando que el sacerdocio y tal como él veía la jerarquía eclesiástica y tal como vivían otros colegas suyos, él fue muy crítico con todo aquello y de hecho cuando llega a Inglaterra lo ve y lo vive el anglicanismo, él se convierte al anglicanismo, con lo cual también pues imagínate las críticas que le generaron entre los católicos españoles tachándole de traidores, pero bueno, y lo que es peor, como hereje, que todavía era peor. Entonces te quiero decir que él ya tenía una crisis política, una crisis existencial, una crisis religiosa y espiritual porque no veía con buenos ojos lo que se estaba produciendo allí, sobre todo el predominio de la Iglesia y de los curas que desde su púlpito, desde sus parroquias intentaban decir lo que era justo, lo que era moral, lo que era inmoral. Entonces todo eso ya te digo que le creaba una cierta desrazón, igual que le pasó a muchísimos más intelectuales y más liberales desde aquel momento y muchos tuvieron que emigrar y que exiliarse, sobre todo cuando llegó Fernando VII. Ese absolutismo es lo que hizo que muchos se exiliaran a Francia, pero también muchísimos también a Inglaterra y a Londres, donde él también creó su tertulia que luego comentaremos. Entonces está claro que esas cartas son esenciales de cómo un español de pura cepa, un patriota, veía un poco esa intransigencia y veía la deriva España y por tanto su ideal era evitar el fanatismo y sobre todo evitar cualquier atisbo de radicalismo tanto en política como en religión. En las cartas de España, que sabes que las va publicando primero en una revista y luego se convierte en el libro, estamos hablando del año 1821 y 1822 y además es en la época del tirano liberal, él ve una esperanza en España, porque claro, llega Fernando VII, pero en 1820 con el golpe de Riego hay un trieno liberal del 20 al 23 y muchos liberales ven esa esperanza, hombre, por fin nos hemos liberado del absolutismo. Y es cuando él escribe estas cartas de España con un seudónimo, Leucadio Doblado, esta vez no utiliza Juan sin Tierra, sino Leucadio Doblado, pero siempre con seudónimo, no quería que apareciera su nombre. Y ahí en esas cartas, por ejemplo, la tercera carta él habla de la educación, de las devociones religiosas a que era sometidos mucha gente, muchos feligreses, por culpa de los sacerdotes, que tenía unas concepciones muy limitadas de la vida y sobre todo de la forma de comportarse. La cuarta carta, por ejemplo, se centra más en el costumbrismo, describe una corrida de toros, que tampoco ve bien las cosas que se hacían a los toros y bueno, pues eso, en cada carta va desgranando un tipo de elementos que él considera que son esenciales, pero que si hacemos un resumen de todas estas cartas, que a mí parece que son de lectura obligada, está un poco su ideario ideal liberal, perdón, porque muchos les consideran el padre del liberalismo, un liberalismo muy determinado, pero como los tres principios o los tres fundamentos en los que se basa y además que quedan reflejados en sus cartas, es en el poder de la razón, él piensa que hay que utilizar más nuestra masa gris y pensar más en muchas cuestiones que estaban padeciendo y sufriendo los españoles, en convencer siempre con argumentos, no con dogmas, no con imposiciones y por último luchar contra la superstición, contra la ignorancia y contra el fanatismo. Eso lo lleva él como un ideario, como. Como una especie de lema. De hecho, cuando él es joven y cuando él tiene que ir a Madrid, por ejemplo, para empezar a trabajar, porque él ya se había ordenado sacerdote, él había estado en el colegio de dominicos y cuando entra en Madrid a trabajar le contratan, pero sin retribución ninguna, en la comisión de literatos del Instituto Pestazoliano Pestalozzi. Era un educador suizo que lo que buscaba era eso precisamente, que a los alumnos no se les educara con trucos memorísticos para que aprendieran de memoria cosas, sino que utilizaran al niño, al alumno, como una persona integral, es decir, que él mismo empezara a razonar por su cuenta el por qué tenía que entender determinados postulados, fueran de matemáticas o fueran de filosofía o fueran de literatura. Te lo digo un poco para que veas un poco en qué ambiente él se desarrollaba y sobre todo también con esa tertulia de Manuel José Quintana, donde por cierto, uno de los tertulianos era Alberto Lista, que en Madrid tiene su calle, que era también un sacerdote, que era un matemático, que era un pedagogo y que era de esas personas bastante inteligentes, bastante listas que había en aquel momento, que estaban viendo que España se estaba encaminando a un lugar peligroso, primero por la invasión napoleónica y luego porque el rey felón Fernando VII, pues lejos de restaurar las libertades y un aire de democracia, pues restauró todo lo contrario, que era un absolutismo tremendo y totalmente condicionado a sus ideas paranoicas. Bueno, pues todo eso yo creo que es muy importante tenerlo en cuenta porque es lo que luego él desarrolla tanto sus clases de Oxford, como cuando está en Dublín, como cuando está en Londres. Y en Londres, cómo no, crea también su tetura literaria, donde se juntan personas muy afines para debatir este tipo de problemas. Y lo que él hizo fue sencillamente escribir cartas para que esto fuera entendido. Claro, cartas que no llegaban a España porque él las escribía en inglés, con lo cual también el problema del idioma. Y durante tiempo, incluso después de muerto, su nombre fue silenciado porque las cosas que decían de España, en el fondo era una autocrítica, era decir, cuidado, en España los españoles somos mucho mejores. Pero somos mucho mejores y tenemos mejores dirigentes. Si, tanto en instituciones civiles como religiosas, tenemos gente pensante, con un pensamiento crítico, con ese pensamiento liberal que él aducía. Y eso hizo que generara mucha controversia y que tuviera enemigos tanto de un lado como de otro. Por eso fue un romántico, sin saber que él era romántico.
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Fíjate, has hablado del romanticismo, de las supersticiones, estamos un par de décadas antes casi de la desamortización. Todo ello fue generando un caldo de cultivo esta etapa de la historia de España, el primer tercio del siglo XIX. Recordemos que él nació en Sevilla en 1775 y falleció en Liverpool, en Inglaterra, en 1841. Pues este ambiente en España no había ni revolución industrial, no había ni formación, no había ni educación, no había curación casi. También era un poco frustrante para muchas personas intelectuales de la época era frustrante.
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Por eso se sabe que muchos liberales exiliados que fueron destacados en Inglaterra en estas fechas, algunos como el conde de Toreno, por ejemplo, que era José María Quipo de Llano, fue uno de los autores de la Constitución de 1812. Estaba también el guerrillero, el mozo, Juan Antonio Llorente, el que hizo la historia crítica de la Inquisición, también se tuvo que refugiar en Inglaterra. Fíjate que es un momento muy clave. Él cuando ya está en Inglaterra, cuando llega a Londres, él edita la revista El español. Fíjate el nombre que ella le da. El español en ella lo que hace es apoyar la independencia de las colonias americanas, porque por entonces, en fin, había también otro caldo de cultivo que era la independencia de de todas esas antiguas colonias españolas. Y empieza, pues claro, el que defienda esa independencia de colonias americanas le gana el odio de las Cortes de Cádiz. Fíjate, él había estado en Cádiz y él había sido además uno de los adalides de que esa Constitución de Cádiz, pues al final se fraguara y tuviera, se materializara, pero sin embargo, le empiezan a declarar traidor por eso, porque ya no está en el discurso dominante. De hecho, él recibe una pensión del gobierno británico por los servicios intelectuales. Cuando publica estas cartas de España, lo que hace es eso precisamente, criticar de una manera mordaz a la sociedad, a la religión, a las costumbres españolas, siempre bajo este seudónimo de Leucadio Doblado u otras veces bajo Juan Sin Tierra. Lo curioso es que también va sufriendo una evolución teológica, él va buscando la verdad, por lo tanto se aleja totalmente del catolicismo y también se aleja del anglicanismo. Es un heterodoso. Claro, cuando tú vas de heterodoso por la vida, pues ya sabes lo que ocurre. Y lo curioso es que en el mundo literario, sabiendo que prácticamente toda su literatura es correspondencia, son cartas, pero también publica un soneto, se dedica a ser poeta y sólo hace un soneto, bueno, hace varios, pero un soneto, que es lo que le da fabar ese soneto que es muy llamativo porque que se titula La noche y la muerte, para uno de los mejores poetas británicos que es Coleridge, dice es el soneto más grandioso y de finura más perfecta de toda la lengua inglesa. Lo cual, Nacho, no deja de ser una ironía histórica que uno de los mayores hitos de la poesía británica sea obra de un esclérigo de Sevilla. Entonces, bueno, te lo digo como anécdota, porque no deja de ser llamativo que ese poema, que por cierto, recomiendo que la gente lo lea, seguro que ahora cuando termine este cronovisor, más de uno entrará a ver qué poema es este de Blanco White, pues es muy llamativo y además deja entrever como un aspecto muy llamativo de lo que él pensaba también del más allá. Eso es digno de pensarlo. Sugiere que al igual que la noche revela las estrellas, la muerte puede revelar una realidad superior oculta por la vida. De hecho termina diciendo débil criatura, la angustia ante la muerte no es nada si engaña la luz, ¿Por qué no ha de engañarte la propia vida? Es un poema llamativo. Parece que no era de Blanco Wilde, pero en esas crisis espirituales que él tuvo a lo largo de su vida, pues claro que sí. También se dedicó a ser poeta y además reconocido como uno de los mejores
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poetas británicos con un solo Sevilla, 25 de julio de 1808. Como usted estará al tanto de los sucesos que han atraído la atención de toda Europa sobre este país en los dos últimos meses, no le extrañará mucho que vuelva a escribirle desde mi ciudad natal. He llegado con el tiempo justo de ser testigo de la ilimitación alegría que la derrota del ejército de Dupont ha causado en esta ciudad. Por todas partes resuenan aclamaciones y el ensordecedor repique de las campanas de la Giralda anuncia la llegada del victorioso general Castaños, que más sorprendido que ninguno de sus compatriotas por el triunfo de sus soldados, viene a dar gracias ante el cuerpo de San Fernando y a descansar unos cuantos días sobre sus laureles. Pero hay algo muy melancólico en el incontrolado la exagerada confianza y la loca arrogancia que reinan en Sevilla, adormecidos en una seguridad que amenaza con muerte inmediata a cualquiera que se atreviera a turbarla con una palabra de cautela. Tanto la Junta como el pueblo creen que la guerra ha terminado con este simple golpe. Y mientras pierden en procesiones y Te Deums un tiempo precioso para seguir avanzando sobre Madrid. Su falta de previsión y su ignorancia supina de la capacidad de represalia del enemigo los mueven a pedir en voz alta el incumplimiento de la capitulación que ha colocado al ejército francés bajo su poder.
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Jesús Callejo. Escuchábamos un nuevo fragmento de una de las cartas, en esta ocasión del año 1810, en Sevilla, con ese problema que había con los franceses, por llamarlo de alguna forma, cuando nos invadieron en 1808, pues llevaban de aquí ya dos años dando guerra y. Y de eso trataba un poco esta carta antes de leerla, Jesús, estabas hablando precisamente de esa crisis espiritual, de esa crisis de fe de nuestro protagonista, de José María Blanco White. Pero es llamativo, fíjate, el ambiente que había en España en aquella época, que ya empezaba a ser bastante anticlerical. Se le critica también por ser clérigo, pero luego cuando cambia al anglicanismo se le llama hereje, es decir, es un personaje que va siempre a contracorriente de todo, que elija lo que elija, él sabe que le van a criticar. Es un poco también el espíritu y el decorado, el trasfondo que hay en esta época.
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Totalmente, ya lo sabía y aceptó un poco ese destino. De hecho hay anécdotas muy llamativas, por ejemplo, él tenía horror a las campanas y me explico, Blanco White desarrolla una especie como de trauma psicológico con las tradiciones españolas y en sus memorias, porque él escribió también una autobiografía, relata que el sonido de las campanas de la Iglesia le provocaba una especie de ansiedad física insoportable, porque el sonido representaba opresión religiosa en su juventud. Tanto escuchó las campanas cuando estuvo en el colegio de dominicos y cuando se hace sacerdote y decía que en Londres por fin podía caminar en la calle sin sentir el sonido de bronce que le recordaba la doble vida como sacerdote sin fe. Eso yo creo que es muy representativo de su personalidad. Y otra de esas anécdotas, cuando vive un tiempo en Dublín, fue invitada por Richard Watley, era el arzobispo anglicano de la ciudad. Lo más curioso de esta situación, cuando ellos están reunidos, es que fíjate, estamos hablando de las máximas autoridades de la Iglesia, Blanco White estaba escribiendo los ensayos que le llevan a abrazar el unitarismo, que eso no te lo ha comentado. El unitarismo era una doctrina que la mayoría de los anglicanos de la época consideraban herética o atea, sencillamente porque negaba a la Trinidad. Entonces cuando finalmente confiesa sus ideas al arzobispo anglicano, tuvo que marcharse por caballerosidad para no arruinar la reputación de su amigo el arzobispo, porque claro, no veían bien que un unitarista estuviera reunido ni más ni menos que con el arzobispo anglicano de Dublín.
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Lo dicho, que no dejaba contento a nadie. Si es blanco, blanco, si es negro, negro. Si se hubiera apellidado Rojo Red, lo hubieran criticado igual.
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Se metía todos los charcos, en todos los charcos y todos los jardines. Entonces, otra curiosidad, en una España donde ya sabes que en aquel momento estaban obsesionados con la pureza de sangre, el hecho de no tener ningún antepasado judío ni musulmán, Blanco White tenía un problema inverso. Su familia era de origen irlandés, los White, los blancos, y aunque eran católicos fervientes, en Sevilla siempre se les miró con cierta desconfianza porque eran extranjeros, incluso allí decían estos irlandeses y él mismo bromeaba diciendo, fíjate qué frase, que era demasiado español para los ingleses y demasiado inglés para los españoles, en fin, que le daban palos a diestro y siniestro, pobre hombre.
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La verdad es que el final de sus días, recordemos, él murió en Liverpool en el año 1841, bueno pues estuvo sumido, imagino, sobre todo después en ese olvido, en ese carpetazo que se dio a su labor como liberal, como pensador, no voy a decir ya como sacerdote, que quizás eso es un poco el segundo plano, recordemos que también tenía un hermano que era militar y bueno, pues todo ello ha pasado al olvido y se ha recuperado tiempo después a través de la publicación de esas cartas.
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Sí, así es, Cuando muere en 1841, es enterrado además en el cementerio de la Iglesia Unitaria, para que veas ya sus últimas tendencias y como legado póstumo, pues al final deja su autobiografía. Su figura al final es rescatada posteriormente por Juan Goitisolo, que es un poco el que le resucita, no lo olvidemos. Blanco Guay fue un absoluto olvidado en España, borrado de los libros de texto por traidor, por hereje, y Juan Goitisolo se obsesiona con él. En los años 70 viaja a Liverpool para buscar su tumba, que por cierto la encuentra totalmente abandonada y logra que España vuelva a mirar a este autor como el primer gran intelectual moderno que denuncian la intolerancia nacional, o sea que si no es por Goiti solo a lo mejor no estábamos haciendo este cronovisor.
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Bueno, pues aquí tenemos la referencia y el recuerdo para José María Blanco White, que estoy seguro que muchos de nuestros oyentes, de los millones que tenemos, lo estarán descubriendo ahora para lanzarse a buscar en alguna librería, en alguna una librería de viejo, la publicación de sus cartas de España, las biografías que hay y en definitiva todo lo que proyecta la vida de este liberal, de este personaje tan importante de la historia de España en esa primera mitad del siglo XIX, Jesús Callejo, crononauta. Como siempre, muchísimas gracias una vez más por habernos ayudado a hacer un poquito más de historia.
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Pues ha sido todo un placer y aquí nos veremos la próxima semana con algún otro personaje que va a dar mucho que hablar.
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SER Historia: Cronovisor | Blanco White, el sevillano que escandalizó a España
Fecha: 30 de mayo, 2026
Host: Jesús Callejo (crononauta), junto a Nacho Ares
Duración del contenido: Aprox. 31 minutos
Tema Principal:
El episodio explora la vida, legado y profundas contradicciones de José María Blanco White (1775–1841), intelectual sevillano, sacerdote, crítico feroz de la España de su tiempo, y figura fundamental en el pensamiento liberal y la autocrítica nacional. Destacan su exilio voluntario a Inglaterra, sus luchas personales y espirituales, y la relevancia de sus “Cartas de España” como documento clave sobre la España de inicios del siglo XIX.
[00:40 – 05:50]
“Él era un liberal, pero un liberal atípico, donde los propios liberales tampoco le aceptaban y los conservadores tampoco consideraban que fuera de su gremio. […] Fue tachado de traidor y de hereje, de ahí un poco el ostracismo.” — Jesús Callejo [02:27]
[05:50 – 09:29]
“Él piensa que la mejor forma de ayudar a España no es estar en Cádiz formando parte de las juntas o escribiendo artículos, sino marcharse.” — Jesús Callejo [06:50]
Segmento destacado:
[09:29 – 20:24]
“Si hacemos un resumen de todas estas cartas, que a mi parecer son de lectura obligada, está un poco su ideario liberal… el poder de la razón, convencer siempre con argumentos […] luchar contra la superstición, contra la ignorancia y contra el fanatismo.” — Jesús Callejo [16:22]
Fragmento leído – Viaje a Madrid (Madrid, 1807)
“Nos vimos obligados a tomar el pasaporte no para Madrid, sino para Salamanca, con objeto de poder entrar de contrabando en la capital…” — Blanco White (leído por el equipo, [10:17])
[20:24 – 24:32]
“Lo curioso es que él va sufriendo una evolución teológica, él va buscando la verdad, por lo tanto se aleja totalmente del catolicismo y también se aleja del anglicanismo. Es un heterodoxo.” — Jesús Callejo [21:12]
[24:32 – 26:21]
“Hay algo muy melancólico en el incontrolado, la exagerada confianza y la loca arrogancia que reinan en Sevilla, adormecidos en una seguridad que amenaza con muerte inmediata a cualquiera que se atreviera a turbarla con una palabra de cautela.” — Blanco White [24:32, leído]
[26:21 – 29:58]
“Blanco White desarrolla una especie de trauma psicológico con las tradiciones españolas y en sus memorias relata que el sonido de las campanas de la Iglesia le provocaba una especie de ansiedad física insoportable, porque el sonido representaba opresión religiosa en su juventud.” — Jesús Callejo [27:30]
[29:58 – 31:22]
“Blanco White fue un absoluto olvidado en España, borrado de los libros de texto por traidor, por hereje, y Juan Goytisolo se obsesiona con él.” — Jesús Callejo [30:37]
Conclusión:
“Pues aquí tenemos la referencia y el recuerdo para José María Blanco White, que estoy seguro que muchos de nuestros oyentes […] lo estarán descubriendo ahora.” — Nacho Ares [31:22]
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