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A
Ser podcast.
B
Muchos identificarán esta música que estamos escuchando de fondo con una fecha muy concreta del año. El primero de enero es característica de ese Concierto de Año Nuevo. Es uno de los temas, una de las marchas más populares de Johann Strauss, la marcha radetzky, el opus 228, escrito en el año 1848, con una historia tremenda, vinculada a una batalla, pero que tiene también ese carácter quizás más humano y más divertido, lo que hace que siguiendo esa tradición que los soldados cuando lo escucharon por primera vez aplaudían, se repite un poco todos esos días en. 1. Hablar del Concierto de Año Nuevo es hablar de una voz, tanto en Radio Clásica como en televisión, es la figura de Martín Yade, que ya nos ha visitado en otras ocasiones aquí en Ser Historia. Martín, bienvenido de nuevo a Ser Historia.
A
Muchas gracias Nacho, estoy encantado de estar con vosotros.
B
El tema del que queríamos abordar contigo está relacionado con ese Concierto de Año Nuevo y es un poco el marco histórico musical en el que se desarrolla tu último trabajo literario publicado por Ediciones B, El último concierto de Viena. Vamos a viajar a esa década de 1930, 1940 sobre todo, y es una época convulsa, si quieres haznos una brevís introducción histórica de cómo estaba esa Viena en plena Segunda Guerra Mundial, del año 1944 a finales, cuando el protagonista de Tu noble, ahora hablaremos quién es, tiene que dirigir ese concierto. Era una época muy convulsa en la historia de Europa.
A
En esa época Precisamente, finales del 44, preparándonos para el concierto de 1945, pues Viena también estaba experimentando los bombardeos, no tantos como otras ciudades del tercer, pero evidentemente le quedaban apenas cuatro meses para ser tomada por 650 mil miembros del ejército Rojo. Por otro lado, mira, pues algunas instalaciones como la noria que aparece en el Tercer Hombre, pues resultaron dañadas y fuera de funcionamiento.
B
Fíjate que en esta época lo hemos visto, yo recuerdo por ejemplo, una serie de televisión de los años 80, del año 1980, se emitió aquí en España en 1981, música para sobrevivir de unas mujeres que salvaron la vida en el campo de Auschwitz, porque podían tocar instrumentos y para los altos oficiales alemanes interpretaban música clásica. ¿Qué papel jugó la música en este momento tan convulso de la guerra?
A
Bueno, la música era la que era capaz de aportar esperanza y la promesa de que algún día acabaría el infierno. Era la música que obligaban en los campos de exterminio a cantar a los presos, que luego, sin embargo, se convertiría en su símbolo de resistencia, de que estaban ahí. Y era la música que Dmitri Shostakovich escribió durante el cerco de Leningrado, que él mismo dirigió bajo las bombas de la Wehrmacht y que después llegaría, por ejemplo, esa sinfonía a viajar vía microfilm hasta Teherán y de ahí a los Estados Unidos, donde Toscanini la dirigió para mandar fuerza y ánimos a quienes todavía por entonces eran aliados.
B
El protagonista de tu novela es Clemens Kraus, un director de orquesta. ¿Quién fue este hombre?
A
Clemens Kraus fue un austriaco que acabó ostentando los puestos directivos, primero de la Ópera de Viena antes de la anexión de Austria y después tentado por los nazis, aunque también de alguna manera impulsado a aceptar el puesto porque en Austria, sabedores de que querían contar con él, empezaron a repudiarle. De la Ópera de Berlín primero, donde no se sintió a gusto porque estaba controlada plenamente por el nazismo, y después la de Múnich. Sin embargo, lo que él hacía era recuperar la Ópera de Viena después del Anlus. Y fíjate que hasta Hitler mismo le dijo que tenía demasiadas ambiciones que se centrase solo en la de Múnich. Eran ambiciones artísticas. Y Krause ocupó los puestos de directores que habían sido defenestrados por el régimen nazi, como Napperbush o Furbengler, por no ser demasiado obedientes o programar música considerada degenerada por el Reich. Sin embargo, Krause tiene una moneda de dos caras, y es que él funda el concierto de año nuevo en 1939, cuando lleva tres meses iniciada la guerra, supuestamente para beneficio de las familias de los soldados que estaban arrasando Polonia. Pero por otro lado era una reivindicación de la personalidad de Austria dentro del Reich, que Hitler, aunque era austriaco, consideraba una mera provincia, Osterreich. Y sin embargo Krauss añoraba aquel pasado imperial austrohúngaro. Por eso él sí se sentía identificado con esas músicas y autores que habían sido prohibidos o que eran tachados de degenerados, como músicos de Bohemia, de Hungría y muchos de ellos judíos. Pero el papel va más allá.
B
La figura de Clemens Krauss también es conocida por ser el marido de una soprano rumana, Viórica Ursuleac. Vemos que sucede en muchas ocasiones que los músicos se casan con cantantes, música es con músicos. Hay un po esta mezcla característica que es en definitiva, esa canalización del ser humano por medio de una corriente artística que en esta época tiene ese predicamento, y más en ese escenario de la guerra en donde la ciudad de Viena tiene una personalidad que prácticamente podríamos decir que es un protagonista más. La ciudad de Viena es una protagonista más de tu novela.
A
Totalmente, porque Viena representaba un cruce de caminos entre el pasado esplendoroso y la modernidad. Ahí se habían dado cita algunos de los grandes innovadores como Arnold Schönberg y la Escuela de Viena, pero también por ahí habían transitado escritores como Schnitzler o Zweig. Zweig, por cierto, que se vieron obligado a exiliarse y como bien sabemos, se suicidó en Brasil junto a su esposa, convencido de que los nazis iban a conquistar el mundo entero. Zwei es un personaje secundario invisible de la obra, porque él fue libretista de La mujer silenciosa de Richard Strauss. Los nazis reventaron el estreno porque no podían tolerar que un judío fuera libretista de una ópera del principal compositor del Reich. Y entonces, cuando Zweig se marcha, el que escribe el libreto de la siguiente ópera que tenían prevista es Krause. Krauss se convierte en libretista de Capricho, que es una deliciosa metáfora sobre qué es más importante, si la palabra o la música dentro de una ópera. Pero bueno, la complejidad de la obra deriva en que aquí no es nada, ni blanco ni negro. Strauss, al que se acusó de connivente con los nazis, Hermann Hesse, al término de la guerra, se negó a darle la mano diciéndole aquello, pero en cambio todos tenían sus problemas. El problema de Strauss era que su nuera era judía y sus nietos también, y por tanto tenía que protegerlos de ser detenidos, cosa que llegó a suceder en un momento determinado. Y Krauss, que podía haber vivido muy tranquilo gracias a la figura de su esposa, de Börika Ausouliak, pues decide tomar partido cuando él estaba muy cómodo y era el mimado de Hitler. Y es que ahí entran en escena las hermanas Aida y Louise Cook, que eran unas fanáticas de la ópera británica, y deciden ayudar a salir primero a Mitya Mayer Lisman, que era una repertorista judía de Frankfurt, amiga de los Krauss y de Strauss, que estaba sufriendo el hostigamiento y las privaciones de las leyes de Lúremberg. Le ayudan a escapar porque se lo pide Biorika Ursuliak y las hermanas que no sabían nada de esto, cuando se enteran de todo lo que está sucediendo, se brindan para realizar una serie de operaciones para sacar judíos clandestinamente de Alemania. Todo con la cobertura de las óperas que dirigía Clemens Krause.
B
Fíjate, estamos hablando en un momento terrible, a mediados del siglo XX, en Austria, en plena ebullición de la Segunda Guerra Mundial, donde Hitler utiliza la cultura, vemos esa quema de libros en diferentes ciudades, persiguiendo autores, haciendo que muchos de ellos tengan que exiliarse y buscar un destino mejor en otros países. Pero también utiliza la música, él era un verdadero enamorado también de la música, pero la utiliza como herramienta política.
A
Totalmente. Y fíjate, la gran complejidad de esto es que, claro, se tuvo que marchar lo más granado, Paul Hindemith tuvo que marcharse. Se marcharon figuras tan importantes como Kurt Weil y Hans Eisler, que eran judíos y comunistas. Bertolt Brecht, que era letrista, aparte de Kurv, aparte de un dramaturgo extraordinario, Hermann Hess, está exiliado en Suiza. Herman Hesse, por cierto, que también brindará los textos de las últimas canciones de Strauss. Hay un momento en la novela en la que se encuentran Hitler y Clemence Krauss. Esto es histórico, tuvo lugar durante los acuerdos de Múnich, y yo aprovecho para mostrar la colección privada de discos de Hitler, que los soviéticos encontraron en el búnker tras la caída de Berlín. Y claro, lo sorprendente es que te encuentras autores rusos como Tchaikovsky, Stravinsky, Rachmaninov, cuando Hitler opinaba que los soviéticos eran los rusos eran infrahombres. También tenía a artistas judíos, como el tenor, como el violinista Bronislav Huberman, como el director George el. Entonces, claro, Clemens Krauss expresa su estupefacción, bueno, no lo dice, pero se lee el rostro de encontrarse eso ahí, y Hitler le dice que la música purifica todo, incluso si es tocada por seres infectos. Ahora bien, lo que no va a encontrar usted aquí es música de autores judíos. Y Hitler le confiesa como con su adolescencia, intentó ser un segundo Wagner, para lo cual machacó a su amigo Kubitsk, que era músico, que le transcribiera una ópera sobre Wieland, el herrero que quería escribir a la manera de Wagner. En fin, de hecho, ¿Sabes que él demuestra el manuscrito de la ópera Rienzi, que había sido? Ese fue Rienzi de Wagner, el inspirador de Hitler para abandonar la idea de ser compositor y convertirse en el salvador en El tribuno del pueblo alemán. Lo que sucede, y esto es muy curioso, que en el final original Rienzi acaba muriendo maldiciendo a Roma. Wagner lo cambió, cambió eso para suavizarlo, pero realmente es lo que acaba haciendo Hitler. Y es que cuando se ve la guerra perdida, en su testamento político maldice al pueblo alemán, dice que no está a la altura y que ojalá sufra todas las penalidades y desaparezcan por indignos, lo mismo que Rienzi.
B
Fíjate, el título de tu novela publicada por Ediciones B, como decíamos al principio, es el último concierto de Viena. Haciendo referencia a ese concierto, Concierto de Año Nuevo. ¿Cómo surge la idea de hacer un concierto el 1 de enero? En nuestra tradición española la gente lo puede ver por televisión cómodamente después de haberse levantado tarde, pero la fiesta y el joljorio que hay en España hace que también mucha gente no pueda llegar a esa hora. ¿Cómo nace esa idea de hacer un concierto el día de Año Nuevo?
A
Bueno, pues ahí entra Baldur for Zirac, el jefe de las juventudes hitlerianas, que había sido nombrado gaulaita del Gao de Viena, y establece amistad con Clemens Krauss. Y Clemens Krauss quiere eso, reafirmar de alguna manera la personalidad austriaca, algo que ya te digo que no le gustaba a Hitler, pero él. Bueno, hay más austriaco y más vienés que los valses y polkas, que eran además un recuerdo de ese imperio austrohúngaro que Kraus añoraba entonces. El primero es el 31 de diciembre del 39, pero luego lo pasan al 1 de enero de 1941. En el año 40 no hay concierto. Y por otro lado la orquesta Strauss había sobrevivido hasta los años 30, dirigida por Johannes Strauss III, pero fracasó. Digamos que al final como que se arruinaron, pero Krause se daba cuenta que los valses estaban allí y gustaban a la gente. Y de ser una música considerada de segunda fila, que la Filarmónica de Viena se negó a tocar durante mucho tiempo, hasta que En los años 70 del siglo XIX el emperador les obligó a estrenar un vals de Strauss en una boda imperial, Sacred pasó a ser una de sus señas de identidad. Y es Krause el que coge esa música de segunda fila, muy popular ya por entonces, y la convierte en el caviar de la música, en el concierto más famoso del mundo. Y curiosamente esta orquesta, que claro, vive la anexión de Austria, bueno, pues cuando Kraus vuelve a tomarla en sus manos, él había sido su último titular hasta el año 33, luego ya nunca más ha tenido titulares. La mitad de los miembros de la orquesta se habían afiliado al partido nazi, y por supuesto, los músicos judíos, tanto los que estaban en activo como los que estaban jubilados, fueron todos mandados a Auschwitz. Y yo en la novela me centro en uno en particular, el violinista Max Starman.
B
Fíjate, la figura de Extermin también pasa por ser quizás una de las caras visibles, podríamos decir dedos visibles, virtuosos, a la hora de interpretar el violín de una forma magistral. Quizás es el rostro de uno de los fenómenos que se ve en esa época, que es la línea tan delgada que va entre la sofisticación de la alta sociedad vienesa y al mismo tiempo, la barbarie que se estaba llevando a cabo no lejos de allí, en algunos campos de concentración. Esa dualidad tan terrible marca también un poco la propia identidad de esta época en figuras como la que acabas de mencionar.
A
Sí, pero la realidad es que mucha gente no lo sabía. Los campos de exterminio fueron llevados a pueblos pequeñitos y remotos, y si sabían algo, los de los pueblos que no eran tontos, preferían callar. Es más, les parecía muy bien que hicieran eso con los judíos. Y por otro lado, fíjate tú, yo cruzo, aparecen algunos personajes de mi novela que son reales, pero no necesariamente se han cruzado con Clemence Krauss, aunque el contexto me lo convertía en propicio, como Unity Meatford, la nazi británica, y Heinz Heydrich. Porque Heinz Heydrich, el hermano de Reinhard Heydrich, cuando éste es asesinado por patriotas checoslovacos en Praga, le entregan los documentos de su hermano que estaban en la caja fuerte de la Gestapo, y ahí es cuando descubre que su hermano ha ideado la solución final, que él mismo. Fíjate, su hermano no sabía que eso se estaba produciendo. Sabían que los judíos los echaban, pero se los llevan, pero no sabían dónde. Y entonces lo que hace es, le entra una crisis de conciencia terrible, que yo aprovecho para unirla al destino de Clemence Krauss en esa época, salvando judíos, convertirlos en aliados. Y te diré que esto se debe sobre todo a que tenía un nexo estupendo, y el nexo era que el padre de los Heydrich era compositor, Bruno Heydrich, y había muerto en el 38. Entonces yo me invento que Reinhard Heydrich llama a Kraus para organizar la puesta en escena de su ópera Amén es más, la víspera del asesinato de Heydrich propicia en el castillo de Praga una interpretación de obras de Bruno Heidegger. Qué te parece, o sea que todo al final el contexto musical me permite establecer lazos entre personajes que no los tuvieron nunca en realidad.
B
A mí me parece fascinante toda la historia de este periodo, viéndolo también desde la cara más amable que nos puede dar la historia de la música, pero también sin olvidar lógicamente, lo que sucedió puertas adentro, podríamos decir. Lo hemos comentado muchas veces y hemos hecho algunos bloques aquí en Ser Historia, hablando también de esos oficiales alemanes que desconocían también lo que estaba sucediendo y no estaban en absoluto de acuerdo, y en muchos juicios sumarísimos contra judíos o deportaciones, abrían la puerta de atrás, miraban a otro lado sin que nadie les viera, y liberaban a muchísimos judíos, por lo menos para que tuvieran una oportunidad para salir con vida de todos estos lugares. Ya como última pregunta, Martín Yade, autor de esta novela El último concierto de Viena, publicado por Ediciones B Precisamente lo comentaba yo al principio, la idea del concierto de Año Nuevo también ha trascendido, aparte de esa sofisticación, de ese lujo, me atrevería a decir, de esa pasarela, de esa moqueta roja, de todos los invitados y todas las personas que tienen la suerte de asistir al concierto, está también ese toque más festivo, donde la gente aplaude, donde la gente interactúa con los músicos, algo que quizás no se ve en otros conciertos, quizás mucho más conservadores, mucho más serios.
A
Sí, sí, sí. Un amigo mío me ha dicho que la única aportación positiva del tercer rey a la humanidad ha sido el concierto de Viena. Y claro, yo te voy a decir que todos los años, cuando abordo este tema, me preguntan en bueno, mucha fiesta, pero olvidamos que eso está construido sobre los crímenes de los nazis. Y ahora el hecho de poder rescatar la figura de Krause y descubrir que había ayudado a judíos, que él fue exonerado de los juicios de nazificación y volvió a dirigir el concierto hasta su muerte, precisamente por eso, por su aportación, para mí hace que sea más bonita todavía esta cita, y que un concierto que en realidad nació en el ambiente más racista que haya existido la historia de la humanidad, un ambiente monstruoso, no sólo sobreviviera a su propio origen, sino que hoy en día se ha convertido en lo contrario, que lo ven 150 países y millones de personas y se unen todos a dar las palmas simultáneamente como símbolo de la concordia humana. No puede haber habido transformación más bonita de algo que nació en circunstancias tan sórdidas. Y creo que el hecho de que Krause haya sido su creador y que él no participara de esas atrocidades, en el fondo también le dio ese impulso para que viviera hasta el día de hoy, ¿No crees?
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Desde luego que sí. Todo esto y mucho más podemos descubrir en esta novela. El último concierto de Viena, publicado por Ediciones B, de nuestro compañero La Voz de Radio Clásica, de Radio Nacional de España, Martín Llave. Martín, como siempre, muchísimas gracias por habernos ayudado a hacer un poquito más de historia.
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Podcast: SER Historia
Fecha: 7 de enero de 2026
Invitado especial: Martín Yade, autor de El último concierto de Viena
Tema principal: Historia e impacto del Concierto de Año Nuevo en Viena, su contexto histórico durante la Segunda Guerra Mundial, y la figura clave de Clemens Krauss.
El episodio explora el origen y significado histórico y musical del famoso Concierto de Año Nuevo de Viena, desvelando sus raíces en una época convulsa marcada por la barbarie de la Segunda Guerra Mundial. El invitado, Martín Yade, analiza cómo la música pudo ser símbolo de esperanza, resistencia y, al mismo tiempo, instrumento de propaganda. La conversación aborda la figura de Clemens Krauss, fundador del concierto, las contradicciones del régimen nazi respecto a la cultura, y cómo, a pesar de su oscuro nacimiento, este evento se ha transformado con el tiempo en un símbolo de concordia.
“El primero de enero es característica de ese Concierto de Año Nuevo... lo que hace que siguiendo esa tradición... se repite un poco todos esos días...” — Nacho Ares (B), 00:32
“La música era la que era capaz de aportar esperanza y la promesa de que algún día acabaría el infierno.” — Martín Yade (A), 03:25
“Krauss añoraba aquel pasado imperial austrohúngaro. Por eso él sí se sentía identificado con esas músicas y autores que habían sido prohibidos o que eran tachados de degenerados...” — Martín Yade (A), 05:54
“Viena representaba un cruce de caminos entre el pasado esplendoroso y la modernidad.” — Martín Yade (A), 06:51
“La música purifica todo, incluso si es tocada por seres infectos. Ahora bien, lo que no va a encontrar usted aquí es música de autores judíos.” — Adolf Hitler (según el relato de Yade), 11:06
“Krause es el que coge esa música de segunda fila... y la convierte en el caviar de la música, en el concierto más famoso del mundo.” — Martín Yade (A), 13:46
“La realidad es que mucha gente no lo sabía... los campos de exterminio fueron llevados a pueblos pequeñitos y remotos, y si sabían algo, preferían callar.” — Martín Yade (A), 15:25
“Un concierto que en realidad nació en el ambiente más racista que haya existido la historia de la humanidad... hoy en día se ha convertido en lo contrario, que lo ven 150 países y millones de personas y se unen todos a dar las palmas simultáneamente como símbolo de la concordia humana.” — Martín Yade (A), 19:29
El episodio mantiene un tono apasionado, didáctico y reflexivo, alternando momentos de admiración por la música con la denuncia y el análisis crítico de los horrores del régimen nazi. El entusiasmo del presentador y la erudición del invitado se combinan para ofrecer una conversación ágil, profunda y repleta de matices históricos.