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Ser podcast.
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La gran industria o una de las grandes industrias agrarias de la antigüedad que es el aceite de la Bética. Y les decía ahora mismo que era necesario que el Estado romano tenía que asegurar el abastecimiento de un producto que era clave para la propia identidad cultural en todas las partes del imperio. Y así vemos cómo desde la Bética, que es la gran productora de aceite desde el siglo I al siglo III, a partir del siglo IV la cosa cambia, el eje geopolítico agrario cambia y se desplaza al norte de África. Pero del 1 al 3 la Bética es la gran abastecedora de aceite en todo el Mediterráneo occidental. El aceite llega a través de esos repartos gratuitos que reciben el nombre de annona a Roma, llegan también a través de los grandes ríos centroeuropeos, al limes germano y a través de la vertiente atlántica también abastecer a Germania y a la propia Britania, a las tropas acantonadas. Un aceite que se expedía, que salía. Yo creo que sabemos que en toda la Bética se elaboraba aceite de oliva para la comercialización masiva y se comercializaba en estas ánforas que tienen en la imagen, estas ánforas panzudas que reciben el nombre de de Dressel 20, que además tenemos la suerte los arqueólogos que aparecen completamente selladas y pintadas y nos dan una gran cantidad de información sobre el productor, el año en el que se comercializan, quién las comercializa, los distintos puertos por los que van llegando.
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Escuchábamos a la arqueóloga Yolanda Peña en una conferencia sobre el aceite en época romana, una conferencia dada en la Fundación Juan March, como escuchábamos es un elemento de globalización enorme, es un elemento de prestigio, como escuchábamos antes en el Cronovisor junto con Jesús Callejo, es un elemento totalmente intercultural, como escuchábamos también en palabras del presidente de la Diputación de Jaén. Y en definitiva, quizás el el éxito que tiene el aceite y lo que ha marcado esa referencia religiosa, esa referencia divina a lo largo de los siglos viene no solamente por esos inicios en Grecia, sino sobre todo por Roma. Ese impacto cultural del aceite en Roma es absolutamente brutal y su expansión por todo el imperio marca de una forma muy clara la importancia de este producto. Mar Rodríguez, bienvenido a ser historia.
A
¿Qué tal Nacho? Un placer estar aquí en Linares y por supuesto en tu programa en Ser Historia, aquí contigo.
C
Mar Rodríguez. Ella es periodista, ella ha publicado con la editorial Almuzara la novela que recomendamos desde aquí, El olivo de los Claudio, en donde la historia de una familia, de una dinastía, gira alrededor precisamente de este árbol milenario o bimilenario, porque hay algunos que son realmente longevos. Yo he estado varias veces en Jerusalén y con contactos allí en el Monte de los Olivos, he conseguido, por lo menos lo que me han dicho, no sé si será verdad, esas ramitas que me da un amigo sacerdote franciscano que vive allí, de esos olivos bimilenarios que seguramente fueron testigos de todo lo que sucedió en el siglo I, en la época de Jesús de Nazaret. Mar, el protagonista de tu novela, Marco Claudio Marcelo, preséntanos quién es Marco.
A
Marco es un romano total, nacido, es un personaje real, lo que pasa es que no sabemos dónde nació y al ser una novela histórica, en este caso yo me lo he llevado a mi tierra, a Córdoba, y lo he dotado de una familia que es irreal, pero todo lo que le sucede al personaje forma parte de la historia, de la historia de nuestra tierra y la figura del olivo en la familia está metida. Viene muy bien porque desconocemos muchas veces cómo era el paisaje hace dos mil años de nuestra tierra. Lo que vemos hoy, esos campos, esos mares de olivos, esas suaves lomas de las campiñas, no era tal en el siglo I antes de Cristo. Eran cereales lo que se cultivaba en mayor medida y poco a poco y ante las necesidades de aceite de oliva que venía, venían de la primera ciudad del territorio romano, como era la capital, Roma, en las provincias, Hispania Ulterior en aquella época era muy proclive a ello, empezó a pensar en la posibilidad de plantar olivos y de ahí que Marco pertenezca a una familia terrateniente de cierta importancia dentro de la sociedad y la política cordobesa del siglo I antes de Cristo, que decida empezar a introducir ese nuevo para esta tierra cultivo como es el olivo.
C
Estamos en los últimos estertores de la Roma republicana, antes de esa Roma imperial, pero aún así, aunque no fuera imperial, ya dominaba gran parte del orbe conocido entonces, había llegado hasta la península ibérica y marca un poco la identidad, lo decíamos también antes, el olivo, el aceite, lo escuchábamos en esas palabras de Yolanda Peña, la arqueóloga, en la conferencia de la Fundación Juan March. Yo recuerdo que cuando estudiaba arqueología, las ánforas Dressel para arriba y Dressel para abajo, nos volvían un poco todos locos de los diferentes tipos que Hay de ellas. 20. 21. 22. Hay un montón de referencias, pero ahora hablaremos cómo se transportaba. Pero es un elemento totalmente icónico en la cultura romana, el aceite y que creaba identidad en el propio pueblo.
A
Así era, lo hemos estado escuchando con anterioridad. Y eso transportado a lo que es una novela. Una novela en la que ha intentado mantener toda la parte histórica y real lo más fiel posible. El aceite y por supuesto el olivo en este caso, que es como el padre del aceite, toman absoluto protagonismo.
C
¿Cómo era el transporte de este material?
A
Mira, es muy curioso y lo cuento en un capítulo que ahora de memoria no sé cuál es, pero traslado a mi personaje al puerto de Corduba, por donde corrían las aguas del Baetis, del Guadalquivir, camino en este caso de su desembocadura y me lo llevo hasta allí para mantener una reunión muy importante con una chica que también tiene su historia dentro del libro. Esta chica le tiene que dar un mensaje y lo cita al amanecer en el puerto de Córdoba. Es uno de mis capítulos favoritos porque dedico un par de páginas a contar qué es lo que estaba pasando y me parece absolutamente maravilloso y de hecho así lo nombro en el libro. Una perfecta coreografía de todos los operarios del puerto moviendo, gracias a la ayuda de poleas, esas grandes ánforas gordotas, redondas, que son las Dressel, que son las que se transportaba el aceite. Esas ánforas se fabricaban en los talleres de alfarería de la zona, que por cierto no está documentado ningún taller, ninguna frigina de alfarería en la orilla del Baetis de época republicana, son todas imperiales. Pero es una novela y yo he querido, y si quieres luego te lo cuento, que otro personaje muy relevante de la novela, como es el gobernador de Hispania Ulterior, Cayo así Napoleón invirtiera en este tipo de talleres. En estos talleres se generaban estas ánforas redondas gordas, se llenaban de aceite procedente de los territorios más cercanos a Corduba en este caso, y se llevaban al puerto. En estas ánforas gordas y grandes se metían en unas pequeñas barcazas que se llamaban lintres. El Guadalquivir, por Córdoba, no es el Guadalquivir que conocemos en la actualidad. Era un río más o menos, no estaba canalizado, era salvaje y tenía muy poca profundidad. Entonces los grandes buques no podían navegar, no era navegable para determinados barcos. Estas barquitas lintre se cargaban con un determinado pequeño número de ánforas y se llevaban río abajo hasta Hispalis, donde ya sí se transportaban por otro sistema de poleas a grandes barcos, que eran los que atravesaban lo que se llamaba las Columnas de Hércules, el estrecho de Gibraltar, y tiraban rumbo a Ostia. Allí se guardaban, si no les tocaba tirar para Roma, enorrea en grandes almacenes. Y había una cantidad de funcionarios, entre ellos el director del puerto, el que manejaba los hilos de todos, se llamaba dispensator portus, y él era el que llevaba en su papel lo que tenía que pesar. Cada ánfora comprobaba que el peso se correspondiera con lo que había dentro, con la cantidad. Estaba todo perfectamente organizado. Que nadie se piense que el transporte y la mercancía de aceite de oliva no estaba garantizada 100 %, aparte de con la calidad, con medidas preciosas y todo lo.
C
Demás. Antes escuchábamos al presidente de la Diputación diciéndonos la cantidad que se producía aquí en Jaén y la calidad. Los mejores aceites del mundo se hacen aquí en Jaén. Y claro, escuchándote ahora, Mar, el hecho de que de toda la Bética se exportara no aceite, nos está hablando ya de que en aquella época, en Roma también producía en la península itálica aceite. Tenía sus olivos, pero preferían los de la Bética porque eran mucho.
A
Mejores. Por algo sería. Desde luego, el aceite de aquí lleva el sello de calidad de nuestra tierra y es un aceite excelente. En aquella época también lo era. Y en Roma lo sabían también lo ha comentado Vicente con anterioridad. Ese monte de Testaccio que está en Roma, que está hecho, es una más, ya no son siete colinas, en Roma son ocho, debido a este monte absolutamente artificial, que está lleno de trozos de ánforas. Porque las ánforas, se me ha olvidado comentar antes, que se podían romper muy fácilmente. Entonces se colocaban con un cuidado extremo. Incluso había algún tipo de ritual para poner hojas paja entre las ánforas. Aún así, algunas se rompían. Fíjate, cuando ya llegaban a Roma, era impensable transportar esas ánforas de vuelta a la Bética, porque encima vacías, más riesgo todavía corrían de romperse. Por eso estos talleres de alfarería emergían de una manera increíble, porque eran negocios casi seguros para transportar el aceite, ese aceite de calidad que llegaba a Roma y que desde luego nos lo valoraba.
C
Muchísimo. Antes lo decía, el olivo se caracteriza por ser un árbol muy longevo y eso marca también un poco la historia que cuentas en tu novela El olivo de los Claudio, porque permite el olivo porque no podía hablar, pero si pudiera hablar contaría toda la historia de la.
A
Familia. Contaría la historia de la familia y contaría muchas vicisitudes, muchas desgracias y también muchas alegrías. La idea del libro es que esta familia, la familia de Claudio Marcelo, tenían en una finca familiar tenían un árbol dentro de los que conozcan un poco la cultura saben cómo eran las casas romanas, todas tenían en su interior un patio ajardinado llamado peristilo y Villa Fertilitas, que era la villa de recreo, aparte de por supuesto donde se generaba el aceite de oliva, tenía una casa con gran jardín, peristilo y en el centro del jardín había un olivo desde tiempos y inmemoriales. Entonces lo que hacía esta familia era que cada vez que un miembro de la familia formaba su propia familia, se le preparaba un olivo, se cogía un esqueje, se plantaba y lo que nacía de ahí era un nuevo olivo que se entregaba a esa nueva familia y eso con el paso de los años sucesivamente. Entonces la historia cuenta, Se narra aproximadamente 12 años de historia, pero bueno, por supuesto echamos para atrás y luego nos vamos hacia el futuro también y ahí se ven varias generaciones en las que el olivo es protagonista, cómo ese olivo va pasando de generación en generación y es clave para desentramar todo el nudo final en la novela y además de una manera que a mí me parece, qué te voy a decir yo, pero me parece muy emocionante y muy bonita, desde.
C
Luego. Has hablado de las villas. Las villas tienen un papel vital porque no solamente era la casa donde vivía la familia, los dueños de la tierra, sino que muchas de estas villas eran casi como ciudades, con todas sus dependencias para los artesanos, para la gente que trabajaba, algunas incluso tenían su propia necrópolis, es decir, este tipo de villas. Me consta que visitaste la exposición Los últimos días de Pompeya en.
A
Madrid. Te doy públicamente la enhorabuena por ella porque es.
C
Alucinante. Y ahora cuando hablabas de la villa me estaba acordando del Metaverso, ese paseo de realidad virtual caminando por el interior de una villa que hemos recreado ahí. Precisamente una de las paradas es en el peristilo. Y estos edificios, en tu novela también lo recreas muy bien, el hecho de que las casas. No solamente era la casa señorial donde vivía la familia, había otras dependencias para los agricultores, para los trabajadores, para los esclavos. Pero lo que decía antes, eran como pequeñas ciudades.
A
Autosuficientes. Sí, prácticamente ejemplos de villas en Andalucía tenemos muchísimos. Y se me viene a la cabeza, por ejemplo, la última que visité, que fue este verano, que fue en Fuente Álamo, en Puente Genil. Y las dimensiones que alcanzan algunas villas, aparte de la riqueza de la ornamentación, los mosaicos. Por desgracia, contamos con muy pocas paredes elevadas, pero estaban pintadas. Es una auténtica maravilla. Y eso es que solamente es la parte del señor donde vivía el dominus con su familia. Pero es que allí había muchísima gente trabajando y toda esa gente, esclavos, vivían allí también. Entonces es como tú dices, eso genera alrededor de esa casa una necesidad de tener servicios de todo tipo a mano, tipo artesanos, termas en Fuente Álamo, De hecho hay unas termas que están amortizadas debajo de esta villa señorial. Es una ciudad en miniatura en la que se puede estudiar, ver, disfrutar en un pequeño espacio reducido lo que era la vida de Roma de aquellos años. A mí me emociona y me produce una sensación.
C
Maravillosa. Claro, porque de alguna forma es como una especie de viaje en el tiempo. Viajes en el tiempo, ves lo que tú dices se conserva solamente, siendo un poco aventureros y optimistas, se conserva el zócalo de los muros, pero nos tenemos que imaginar esas paredes cubiertas de pintura, no solamente de colores planos, sino de escenas que recrean momentos de la mitología o incluso escenas de trabajo de la.
A
Propia. Depende de la sala en la que te muevas, el mosaico del suelo o la pintura de las paredes, referencia a lo que sucedía allí. Si estás en el comedor, en el triclinium, es muy probable que haya escenas en las que aparezca algún banquete, comida, bebida, los cultos báquicos, por ejemplo, relacionados con el dios del vino. Si te vas a una biblioteca, te puedes encontrar otro tipo de escenas en las que los libros sean los protagonistas. Si te vas a una zona más de esparcimiento, te puedes encontrar a los trabajadores del campo realizando sus labores. Es de lo más.
C
Interesante. Imagino que te habrás documentado, no solamente viendo muchas ánforas Dressel, que es para aburrirse y no.
A
Parar. Son maravillosas. Te vas al mercado de Trajano, a los museos de los foros imperiales, y hay una sala entera llena donde recrearte el tiempo que.
C
Quieras. Desde luego que sí. Además es muy interesante ver ahí los sellos, la impronta, las ciudades de donde venía cada una de ellas hace casi 2.000 años. Ya para ir acabando, Mar Rodríguez, autora de esta novela, El olivo de los Claudio, publicado por Almuzara, La recreación que tú haces, lo decías, está basada en una. Es una novela, no deja de ser ficción, es una historia inventada, pero basada en hechos reales. Y sobre todo, desde el punto de vista descriptivo, la documentación que ha seguido, muy estricta para recrear perfectamente, porque no solamente tenemos textos que nos hablan del aceite de los olivos en el mundo antiguo, sino también tenemos arqueología, esos lugares donde se preparaba el aceite, o esas ánforas. Todo ello ayuda a.
A
Recrear. Hombre, absolutamente todo. Todo lo que caiga en tus manos, bienvenido sea. Yo intenté ser muy meticulosa con el tema de la recreación histórica porque no quería meter la pata, no quería contar algo que no fuera. El libro está validado por catedráticos de Historia Antigua, porque me interesaba mucho que toda esa parte saliera muy. Para mi gusto, cuesta el mismo trabajo hacer las cosas bien que hacerlas mal. Y luego una novela te permite dejar volar la imaginación en las partes en las que la historia no nos da todas las respuestas que nos gustaría. Y ahí es donde ha entrado esa parte más novelesca del olivo de los Claudio, que, como decía, es un personaje real, Marco Claudio Marcelo, al que le pasan cosas de verdad que están documentadas, que las conocemos. La primera parte del libro se sucede en Córdoba y alrededores, y en la segunda parte ya se mueve por todo el territorio romano. Es testigo, por ejemplo, de lo que sucedió el día del asesinato de julio César, y lo narra en primera persona, porque él lo cuenta ahí un poco pongo algo de mi parte. Su sueño era ir a la Roma de julio César, estrecharle la mano a Cicerón, a toda esa gente de esa época de finales de la República, y en cierto modo lo consigue, y consigue vivir cómo se derrumba esa República, pero también consigue ser protagonista, y así lo fue en la vida real, de cómo nace el imperio, de la mano de Octavio, del futuro Augusto. Entonces es una novela muy romántica desde el punto de vista del amor, pero también desde el punto de vista de la historiografía, porque cuenta una parte de la historia que hemos escuchado tantas versiones de ella, pero que desde mi punto de vista yo nunca me cansaré de leer y de ver muchas más cosas sobre ella. Todo lo que sale al mercado que narre los años finales de la República, eso lo compro seguro, porque para mí es una etapa absolutamente maravillosa.
C
Fascinante. Desde luego, como tu novela. Mar Rodríguez, autora de este trabajo, El olivo de los Claudio, que hemos presentado viniendo a Andalucía, a Jaén, para hablar de los olivos del aceite, no podíamos dejar de contar contigo. Muchísimas gracias, Mar. Gracias a ti por habernos ayudado a hacer un poquito más de.
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Historia. Gracias a ti. Ha sido un placer. Suscríbete a Ser Historia. Todos los episodios y contenidos adicionales en la app de Cadena Ser y en nuestros canales de Apple Podcast, Spotify, iVoox, Google Podcast y YouTube. Escúchanos en directo en la SER los domingos a la una y media de la.
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Madrugada.
Host: Nacho Ares
Guest: Mar Rodríguez (periodista y autora de "El olivo de los Claudio")
Date: November 8, 2023
Este episodio de SER Historia nos transporta a la antigua Roma a través del aceite de oliva, símbolo de identidad, prestigio y globalización en todo el Imperio. A partir de la novela "El olivo de los Claudio" de Mar Rodríguez, se exploran las raíces históricas, económicas y culturales del cultivo del olivo y la producción de aceite en la Bética romana, con especial atención a la vida cotidiana, el transporte y la relevancia social de estos elementos en la Hispania romana y en la gran urbe de Roma.
Esta charla es una inmersión apasionada y documentada tanto en la historia real de Roma como en el proceso creativo de una novela histórica. Descubrirás cómo el humilde olivo fue testigo y motor de transformaciones sociales, económicas y culturales, y cómo una autora logra fusionar los datos arqueológicos y textuales con las emociones y los relatos personales. Ideal para amantes de la historia, la novela histórica y la cultura mediterránea.