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Ser podcast. En España, jóvenes periodistas, artistas y músicos intentan crear una nueva escena. Son los años de las matinales de música moderna del circo Price.
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La algarabía de gritos y jaleos es.
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Ensordecedora, pero esos conciertos chocan con la moral y los valores franquistas. Y tras 15 sesiones, el gobierno echa el cierre a las matinales del Price.
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Pero los excesos son siempre censurables. Allí donde le llevan conducido se encontrará en compensación silencio y soledad.
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La televisión es otro emblema de esos años. Durante los 60 desplazará a la radio como el vehículo de entretenimiento preferido por los españoles.
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Comenzamos este nuevo bloque de Ser Historia y lo hacíamos escuchando un fragmento de un documental de Discovery Max, España después de la guerra, en donde se nos presentaban muchas de esas plataformas que tenía la juventud en aquella época para poder divertirse, para empezar a romper un poco. No la pana, ahora ya no, después de haber nacido en el 70, decir que romper la pana eso es un poco viejuno, pero hablar precisamente de esas nuevas formas de diversión, de esa transgresión, de esa rebeldía. Y claro, quizás desde el punto más abierto, desde ese paisaje social más abierto, las protodiscotecas, los bailes públicos, etc. Tienen un lado quizás que es el visible del que escuchábamos en este fragmento del documental de Dimax, haciendo también referencia a esos nodos, algunas voces del nodo, pero también había una forma de transgresión por debajo, de una manera mucho más subrepticia y con una implicación incluso política, social totalmente preclara. Ahí no había cortapisas para lanzar un mensaje transgresor contra esa sociedad franquista después de la guerra civil, en la década de los años cincuenta, sesenta y setenta, hasta llegada la transición. Sobre la mesa tenemos el último libro de Jesús Martínez publicado por Cátedra, Vietnamitas contra Franco. Lo estábamos comentando ahora. Micrófono cerrado. Yo cuando pensaba Vietnamitas contra Franco. Los españoles estuvimos también en la guerra de Vietnam y aquí llegaron algunos vietnamitas y no me di enseguida cuenta con el subtítulo Letras perseguidas y espacios secretos, que se hacía referencia a otra cosa. Jesús Martínez, bienvenido a Ser Historia.
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Muchas gracias.
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Las vietnamitas, ¿Qué son las vietnamitas? ¿No tiene nada que ver con las mujeres de Vietnam, no?
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No, es evidente. Absolutamente nada que ver. Además es verdad que es un título chocante y provocador, probablemente conocido por las generaciones jóvenes en los años 50 y 60, pero que ha quedado escondida no solamente la terminología, sino toda la dimensión conceptual que esto tiene. De hecho, la palabra vietnamita es una jerga de los clandestinos que se apropian como referente simbólico de la lucha en Vietnam, del mundo vietnamita frente a Estados Unidos. Es verdad que en su origen, ya en los años 50, cuando era espacio de colonización francés y los franceses son derrotados en Dien Bien Phu en el año 54, se les llamaba Indochinas. Luego es verdad que en los años 60, ese gesto simbólico de que los vietnamitas están luchando contra Estados Unidos se acopla y se hace una especie de equivalencia de la lucha contra la dictadura de Franco. ¿Y por qué? Porque desde luego las octavillas que tiraban los vietnamitas eran, sobre todo en el año 64, eran fundamentales en el proceso de propaganda.
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Eran como máquinas de cliché para hacer una imprenta casera, pequeñita.
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Eso es casi ni maquinita. Era una fabricación muy casera. Se monta un cliché. Y el proceso, para que nos puedan entender, es una técnica antigua que procede de Edison, del mimeógrafo, de tal manera que se podía hacer de manera muy casera, muy rudimentaria. Y consistía el proceso, si me permites explicar lo más interesante podría ser en términos se podían hacer dibujos, se podían hacer manuscritos, pero fundamentalmente se utilizaban las máquinas de escribir. Las máquinas de escribir se quitaba la cinta, se tecleaba de manera hueca y el tecleo de las letras pasaban huecas a un esténcil. Ese esténcil se coloca sobre una plancha gelatinosa, una cajita de madera, una plancha gelatinosa y por encima se pone un organdil. Pero luego podría valer un visillo o una media, una cajita rudimentaria de madera. ¿Qué ocurría? Pues que encima se pasaba la tinta con un rodillo, a veces un rodillo probablemente, como no tenían recursos de las propias lavadoras, llegó un momento en que, por ejemplo, el Felipe, el Frente de Liberación Popular, les llamaba la lavadora. Se pasaba la tinta, la tinta permeabilizaba, es permeable a través de las letras huecas y por debajo se han colocado los folios aproximadamente, depende de las dimensiones, pero 40 o 50, de uno en uno iban saliendo y de una manera puramente manual. Y se podían tirar miles y miles de octavillas en muy poquito tiempo, con muy escasos recursos y ser perfectamente portátiles, valdría con unos listones de madera rectangulares, con un visillo, el tecleo en un stencil y luego pasando la tinta por encima. Eran difícilmente. Se podían esconder y eran difícilmente localizables. Esto era un auténtico quebradero de cabeza para la policía y para las dimensiones secretas. Claro, es verdad que en su origen, todo el operativo de tirar a ciclostil octavillas, todo el repertorio de panfletos en dieciseisavos, en hiperoctavillas, en prensa. La prensa se hacía así. Se podía hacer con máquina tipográfica, pero claro, eso era muy complicado. Comprarlas, tenerlas y desde luego utilizarlas. Esto también era un. Era un problema fundamental para la clandestinidad. Y no solamente era a través de la máquina. Es que con un punzón. Con un punzón o con la carcasa de uno de los bolígrafos Bic, se podían hacer incluso dibujos. Claro. En el stencil. Y luego tirarlo y combinarlo además con las letras. Es un mundo fascinante.
C
Desde luego, desde luego. Lo importante de todo ello, yo creo que es el trasfondo con el que hay que quedarse. Cuando hablamos de esas vietnamitas contra Franco, porque es. Es masculino o femenino, los o las.
B
Vietnamitas, le llamaban las vietnamitas porque se refiere a la maquinita de fabricación casera. Y esto reiterado por los militantes de la época, que además la forma de referirse coloquialmente considerado, sobre todo a partir de los 60, es las vietnamitas, digo.
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Que lo que trasciende ese trasfondo que hay detrás de toda esta complejidad de mecánica casera, es en realidad el mensaje que se quiere transmitir. Y una vez más entramos en el mundo de la palabra, del discurso, que es algo que incluso hoy genera tanto miedo en los dictadores, no vamos a decir países, pero países con dictaduras aparentemente incluso vestidas de falsa democracia. Lo primero contra lo que atacan son periodistas, son escritores. La importancia de la palabra Jesús, en el sentido de ese elemento a través del cual lanzas un mensaje que te puede destrozar un gobierno.
B
Efectivamente, el gran temor, el quebradero de cabeza, era las dificultades para controlar el poder de la palabra escrita y sobre todo la fuerza de lo prohibido. Son los mensajes. Cuando antes que muchas veces, incluso ahora.
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Cuando tú lees cualquier cosa en Internet, está escrito y parece ya que tiene un respaldo, el hecho de estar escrito es un respaldo de realidad, de verdad, de verosimilitud, que lo hagamos es una estupidez. Y a lo mejor muchas de estas cosas que se ponían en los panfletos, ahora lo queríamos comentar, son cosas que dices ahora, Dios mío, cómo se está defendiendo el estalinismo, cómo estás defendiendo cosas que dices, en aquella época estaban normalizadas, pero que el hecho de estar escrito le da cierta verosimilitud, es una fuente de autoridad.
B
Esto procede de una lógica, además de siglos anteriores, lo referencial, lo que está trasladado sobre todo esto desde el mundo de la imprenta, el nacimiento de la imprenta, esto permite que lo que está escrito es una fuente de autoridad, independientemente luego de la interpretación que se quiera ver. Claro, con lo que nos encontramos aquí. Antes, cuando yo estaba intentando retratar cuáles eran las características técnicas, cómo se hacían, de dónde viene el nombre, es verdad que yo utilicé una palabra como aquello de fascinante, pero no quisiera trasladar una lógica sólo de curiosidad, de anécdota, de fascinante, porque detrás hay un mundo con unas fuertes implicaciones sociales y políticas. Esto solamente es la superficie o la forma de expresar una cultura de la clandestinidad. Y sobre todo el miedo a ese poder de la palabra escrita que tiene la propia dictadura, que en realidad lo que están haciendo las vietnamitas, difícilmente controlables, como uno de los medios de difusión, es el miedo. Es decir, están rompiendo. Están abriendo contradicciones y rompiendo la faceta más querida por la dictadura, que es el orden, el orden público. Esto no era una cuestión puramente marginal, esto lo que está desvelando son contradicciones y tensiones de una extraordinaria envergadura.
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Y luego la adrenalina también que genera en el propio transgresor, el hecho de estar haciendo algo prohibido, con lo que dar a entender un. Un mensaje.
B
Un mensaje. Pero claro, esto yo muchas veces lo digo, es una especie de vida, es una cultura de la clandestinidad, porque no es una cuestión puramente del riesgo de aventurarse, no es una cuestión solo de aventura, es una cultura de clandestinidad, formas de vivir, formas de ser. De tal manera que claro, ese mensaje de vidas dobles, claro, no solamente es un riesgo, sino esto es una cosa muy seria. Y tan seria como cuesta la vida, el hecho de tirar tabillas cuesta la vida.
C
Hay fotografías en el libro donde sale gente lanzando los panfletos en mitad de la calle, aquí en el centro, muy cerquita, en Gran Vía, donde estamos ahora mismo haciendo este programa y dice santo Dios, vaya bemoles que tenía la gente.
B
De poder hacerlo es a rojo. Pero sobre todo, claro, esto llevaba una. Es verdad que siempre los clandestinos tenían una visión distorsionada de la realidad, en el sentido en el que decían bueno, pues la dictadura va a caer, pero en la práctica sí que estaban socavando la lógica del régimen. Tengo esto en cuenta que además no solamente eran militantes, sino eran rebeldes, transgresores, eran vecinales, vecinos, obreros, estudiantes, que no necesariamente estaban organizados.
C
Hay uno muy divertido que es de los que más me ha gustado a mí, ese arte español del siglo XVII, hablando de Velázquez, que en realidad dentro lo que hay es el manifiesto de Stalin.
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Parece buenísimo esto no solamente fueron las vietnamitas, sino otras formas de producción. Claro, el libro entiende en un mundo mucho más profundo, amplio y heterogéneo, se retratan los libritos con cubiertas falsas. Esto era habitual en la clandestinidad, de tal manera que en la portada existía algo aparentemente legal o ingenuo. Por ejemplo, Nuestro Caudillo de Ernesto Jiménez Caballero, recetas de cocina, ¿Cómo pudo usted aprender alemán? Y dentro están, o los ejercicios espirituales, y dentro están un manifiesto de Stalin, como dice, por una locución de La Pasionaria o un texto del Partido Comunista de España. Los libritos con cubiertas falsas. Y luego todo esto implica mensajes cifrados, cartas troceadas, letras falsificadas. Y uno de los fenómenos, desde luego más. Yo creo que más importantes de todo ello eran los clandestinos de los clandestinos en las cárceles, porque hacían. Claro, ahí no podían utilizar ni tenían vietnamitas, pero sí hacían periódicos a mano, de apretada caligrafía, con color, únicos y repetibles, que son auténticas obras de arte en términos de clandestinidad y sobre todo por las condiciones en las que se hacía, los periódicos, manuscritos en las cárceles.
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Y todo ese material ¿Cómo? ¿Cómo se distribuía? Es decir, hay una manera muy sencilla que ya hemos comentado, el lanzarlos por la calle y bueno, lo tomas del suelo, lo lees y si te gusta lo guardas. Incluso ya el propio hecho de guardarlo ya parece que te están observando los grises o quien fuera. Imagino que sería todo. Es un mundo muy oscuro y muy turbio y muy atractivo al mismo tiempo. Pero ¿Cómo se transmitían, cómo se distribuían estos mensajes? Estos libros estaban en las librerías normales.
B
Depende de la naturaleza de esa cultura impresa. Porque claro, en el libro va desde los libros proscritos y prohibidos, pasando por todas las octavillas, y desde luego por carteles, pegatinas, hasta los propios murales o haciendo pintadas. Los procedimientos de difusión fueron siempre con una extraordinaria imaginación y sobre todo con una evidente destreza. Lo que entraba y salía de la cárcel, lo que cuento en el libro, podía pasar en las peanas de algunas figuritas de madera, en los capachos de la comida, hasta en la ropa de un bebé. Es decir, los procedimientos. Hasta en los tubos de la pasta de dientes, los procedimientos eran muy diversos. Es verdad que las octavillas que se tiran con las vietnamitas, efectivamente son vietnamitas, lo producen, el contenido son los panfletos, pero la fórmula de distribución es la tirada. Y la tirada de alguna manera es la posibilidad misma de que tirándolas arriba y desviando la propia octava atención, uno puede esconder perfectamente la mano, pasar desapercibido. Y luego las letras falsificadas, pues con mucha pericia, las formas de quedar, las formas de pasarlo, muchas veces a partir del buzoneo, dejándolas en los mercados, en los aledaños de las fábricas. Es decir, los procedimientos tuvieron una evidente imaginación.
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El título Vietnamitas contra Franco ya nos está cercando un poco el periodo de tiempo. En esa época la policía, yo mencionaba hoy a los grises, ¿Había algún departamento propio? Porque claro, esto por lo que he leído, que me ha dado tiempo a leer, era un mundo muy amplio, muy extendido, con muchos perfiles, muchas aristas, que no era solo vietnamitas, que eran mil formas de hacer estos panfletos subversivos. ¿Había en la policía algún departamento especializado, o estaban ahí los agentes dobles, por así decirlo?
B
Bueno, la estructura del espionaje siempre dependió de la Sección Tercera de Alto Estado Mayor, precisamente hasta que en el año 68, precisamente por la agitación universitaria, se crea, sobre todo por Carrero Blanco, la Organización Contrasubersiva Nacional. Pero quien tiene la responsabilidad de la localización, la persecución, es la Brigada Político Social, la Social, que se crea en 1941, la Ley de Seguridad del Estado. Entonces es la social. Los que de alguna manera se infiltran, toman contactos y acaban intentando desmontar todo el aparato de propaganda, que en realidad el aparato de propaganda es la columna vertebral de todas las organizaciones. Entonces el organismo especializado es la Brigada Político Social. Pero es verdad que todos los instrumentos pasan, muchas veces los llevan a los propios consejos de guerra, se están haciendo consejos de guerra durante todo el tiempo. Y luego es verdad que queda de alguna manera más organizada y más sistematizada a partir de la Ley de orden público de 1959, la creación del Tribunal de Orden Público en 1963, la mayor parte de las denuncias, el 80% que van al tribunal es por propaganda ilegal, pero los agentes activos es la Brigada Político Social, a la que se suma esto lo cuento en el libro. Además es una cuestión tremendamente interesante, que como está desbordando el mundo universitario, también el mundo obrero, pero fundamentalmente el mundo universitario, la organización contra subversiva nacional se infiltra en las universidades, da instrucciones, incluso lo que hoy llamaríamos tutoriales, alumnos y abedeles, para que se infiltren en la universidad, están actuando para detectar los chivatos que se llamaban. Y esto lleva a una presencia sobre todo de la social y de esa apoyatura. En los años 40, porteros y serenos eran fundamentales en esta apoyatura, porque la cuestión no está tanto, no tanto en la Policía Armada para reprimir manifestaciones, sino en la social. Y el lugar de destino es la Dirección General de Seguridad. Hay un capítulo que cuento ahí, Octavillas en la Dirección General de Seguridad. Alguien que le detuvieron se las tuvo que comer al darse cuenta en la celda de que dentro llevaba unas octavillas. Era un estudiante de la Facultad de Derecho.
C
La verdad es que es una historia increíble, que como decía antes, tiene infinidad de aristas. Yo creo, lo hemos comentado un poco antes, Jesús Martínez, autor de este libro Vietnamitas contra Franco, publicado ahora por Cátedra, donde se habla de todo ese mecanismo subversivo, de cómo poder hacer trascender el mensaje a través de estas vietnamitas, de estas máquinas improvisadas. Pero yo creo que lo más complicado, lo más difícil era la cárcel, donde en ocasiones la gente no tendría ni lapiceros con los que escribir.
B
Efectivamente. Y la forma de hacer era múltiple, también depende de las épocas entre los 40 y los 65. Y yo creo que este libro rescata precisamente la historia de las gentes que no tienen historia. Tenga usted en cuenta que hay casi, bueno, a mediados de los 40, 1942, hay un cuarto de millón de personas en las cárceles. Y de hecho lo que se está curtiendo es dentro de las propias cárceles, incluso las propias directrices de la organización. Claro, se tienen que organizar. ¿Y a través de qué? Pues a veces de algunos carceleros interesados o corruptos, otras veces, y fundamental, los familiares, entrar y salir de las cárceles. A veces se permitía la compra de lapiceros o papel, pero en general todo procedía del exterior y se hacía dentro y se hacía en los platos de comida, en los petates por la noche y auténticas obras de arte, como le decía antes.
C
Es un mundo, como digo, muy, muy curioso el que podemos encontrar en.
B
Este.
C
Libro de Jesús Martínez, Vietnamitas contra Franco, publicado por Cátedra, Letras perseguidas y espacios secretos que hemos presentado aquí en estos últimos minutos en Ser Historia. Jesús, como siempre, muchísimas gracias por habernos ayudado a hacer un poquito más de historia.
B
Muchísimas gracias a ustedes por divulgar la historia.
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Host: SER Podcast
Guest: Jesús Martínez (Autor de "Vietnamitas contra Franco. Letras perseguidas y espacios secretos")
Date: October 18, 2023
Tema central:
El episodio explora el ingenioso, arriesgado y fundamental papel de los escritos clandestinos durante la dictadura franquista en España, centrado en las “vietnamitas”, mecánicas caseras para la impresión y difusión de panfletos, octavillas y publicaciones subversivas. El invitado, Jesús Martínez, desglosa su libro sobre el fenómeno y elabora sobre la cultura de la clandestinidad, la importancia de la palabra escrita frente al régimen y cómo todo ello cambió la historia reciente española.
El episodio ofrece una ventana fascinante y humana al mundo subterráneo de la oposición al franquismo, donde la palabra, la creatividad y el coraje convergen en una lucha desigual y arriesgada. La entrevista a Jesús Martínez no sólo detalla los aspectos técnicos de las “vietnamitas” y los métodos de resistencia, sino que resalta cómo la cultura de la clandestinidad transformó la historia social y política de España. La conversación resulta reveladora tanto por las anécdotas como por la reflexión sobre el poder del discurso en contextos autoritarios.