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A
Ser podcast.
B
Los tapices fueron importantes para Isabel la Católica como para el coleccionismo de la época, por su doble uso. Por supuesto que tenían un uso devocional, pero también suntuario. Se convertían o constituían un marco importantísimo de representación porque era una exhibición de riqueza, una muestra de estatus, como saben ustedes. Tenían también ese papel funcional de decorar, de abrigar o vestir las salas. Y luego en ese momento, el carácter, como he dicho antes, transhumante, cambiante de las sedes de la Corte. Eran piezas de fácil transporte, precisamente para ir vistiendo en los distintos lugares de las Cortes.
C
Escuchamos a Trinidad de Antonio en una conferencia que dio en el Museo del Prado sobre mujeres coleccionistas en la Edad Moderna. Ella hablaba de la colección privada que tenía Isabel la Católica. Nosotros en la actualidad tenemos conocimiento de ella gracias a los registros de los escribanos, que en aquella época se molestaban de hacer inventarios de todo lo que había en poder, no solamente de la Corona, sino esas colecciones más privadas. Por eso sabemos, por ejemplo, cuando se incendió el Alcázar, qué cuadros se perdieron, porque había un registro realizado por escribanos, de alguna forma, los notarios de aquella época. Y queríamos precisamente hablar de eso, del papel de los notarios, de los escribanos, en la historia de España y sobre todo en esa Edad Moderna más cercana a nosotros. Plácido Barrios, bienvenido a Ser Historia.
A
Bienvenido, Nacho.
C
Plácido Barrios es, además de notario, un amante de la historia. Ha publicado un libro que ya tiene cuatro ediciones, De escribanos a notarios. Apuntes para una historia del notariado español. Plácido, yo lo comentaba ahora, los registros de escribanos, ahora hablaremos un poco de qué diferencia entre un simple escribano y un notario han ayudado no solamente a conocer la sociedad, sino también a reconstruir la historia.
A
Sí, sí, efectivamente. Hablabas de los inventarios hereditarios. Son fundamentales para conocer del difunto, sus creencias religiosas, conocer las bibliotecas que tenían, el nivel de cultura, las mandas de misas. Son muy importantes para ver la vida social de ese momento.
C
¿Qué diferencia hay entre un simple escribano y un notario? Los dos son extraordinarios porque no todo el mundo, absolutamente casi nadie en aquella época sabía leer o escribir.
A
Efectivamente, en la sociedad grafa el escribano tenía una posición prevalente. Vamos a ver la cuestión. Escribano a notario es un cambio meramente nominal. Tradicionalmente en antiguo eran notarios, pero ya en la época medieval y moderna se habla de escribano, sobre todo en Castilla, y es a raíz de la Ley Orgánica Notariado, que aún está vigente, siendo de 1862, lo cual da idea de su impronta cuando se opta por el cambio nominal de escribanos a notarios, pero en realidad son los mismos. Los escribanos del número de la época de citas del siglo XVII, siglo XVI, son los notarios de hoy en día.
C
Y a través de esos textos, que imagino que serán bastante profusos, porque es cierto, la gente más pobre quizás no tenía acceso a esas escribanías, a esas personas que ayudaban a tomar registro de todas las posesiones que pudiera tener un pobre. Pues es que un pobre que no tiene nada, no hay nada que registrar.
A
Yo defiendo que la fuente primaria, como es la fuente de los protocolos notariales, aparte de recoger el derecho vivido del momento, recoge toda la impronta de las personas y siendo una de las fuentes más democráticas. ¿Por qué? Porque al escribano iba. Efectivamente, tiene razón, las clases más pudientes, las que tenían más dinero, pero también las clases menos pudientes. Por ejemplo, hay un documento muy interesante que tenemos en los archivos que es el testamento de pobre o declaración de pobre. Y me dirás, ¿Y eso qué es? Pues es un documento que otorgaban las personas menos pudientes, con menos bienes, pidiendo ser enterrados de limosna. Como sabrás, en la época esa, el tema religioso era fundamental. El testamento era un salvoconducto para. Para el paraíso, para el cielo. Entonces era fundamental hacer testamento. Correcto. Y entonces en ese testamento efectivamente no dejaban ningún bien porque nada tenían, pero pedían ser enterrados de limosna. Los que han aparecido, por ejemplo, en el Hospital General, que es donde está ahora la Reina Sofía, era el Hospital General. Había esquivanos asquitos a ese hospital. Y hay tomos enteros de protocolos de esos testamentos de pobres. También tenemos, por ejemplo, testamentos de una esclava recién liberada. Bueno, tampoco tenía muchos bienes, desde luego.
C
Es una forma de conocer. Lo decías al principio, Plácido, la sociedad de aquella época, incluso leyendo algunas de las notas de tu trabajo, utilizaban términos que hoy nos llaman muchísimo la atención, como lo de pecado nefando. Cuéntanos qué es eso del pecado nefando.
A
El pecado nefando, evidentemente es la homosexualidad. Entonces, una de las causas de deshidratación, o sobre todo aparecen en las fundaciones en las que de constitución de mayorazgos, el fundador, entre causas de exclusión, precisamente por causa de indignidad, era el pecado nefando o pecado contra natura, que era la homosexualidad. Y entonces aparece en casi todas las escrituras de constitución. Claro, es que en la época era un pecado muy perseguido, se condenaba a la hoguera en la época de los Reyes Católicos.
C
Entonces, bueno, y que quede constancia de ello, te ayuda a acercarte, a descubrir cómo era esa sociedad. Hay referencias llamativas al maltrato de la mujer, que hoy es muy cotidiano, y siempre hemos pensado que se ha pasado de puntillas, pero por lo menos había registros y había denuncias al respecto.
A
Sí, por ejemplo, en el tema notarial hemos encontrado testamentos, por ejemplo un testamento de Toledo de mil quinientos y pico, en el cual la testadora había hecho un primer testamento a favor de su esposo, no tenía hijos, y hace un segundo testamento revocando el primero, diciendo que su marido la había amenazado, le había estampado un candelero en la cabeza. Entonces claro, en este segundo testamento revocaba el primero, diciendo que no quería bajo ningún concepto que su marido heredase nada. El testamento era de los pocos documentos que podía otorgar unilateralmente la mujer. La mujer no podía, no iba al notario, salvo atestar, porque tenía necesidad de la licencia marital, el marido tenía que consentir su comparecencia para los documentos de contratos y demás, estaba limitado. Entonces sí, el maltrato sí se veía. Incluso hemos visto más testamentos revocados por causa de maltrato, incluso uno que he visto recientemente, en el cual la testadora, en la época se hacían los testamentos in articulo mortis, es decir, que un porcentaje era en las últimas. Entonces ella dice que está a punto de fallecer, aún está en su cabal juicio, porque si no, no podría hacer este testamento, pero manifies que lo hace, perdón, que está herida, probablemente de muerte por causa de heridas que le causó su marido. Y eso lo lees y lo ves.
C
Claro, y tomás. Sobre todo trabajar con este tipo de monumentos que no describen grandes batallas, que no describen biografías pomposas de grandes personajes, tiene un elemento humano mucho más cercano, porque te puedes ver en la propia piel del testador, de la persona que va al escribano, al notario, a testificar y a contar su propia vida.
A
En realidad te transporta, es como una máquina en el tiempo. Tú vas al. Yo invito aquí a la gente que vaya al Archivo Histórico, Archivo Protocolos, al lado de la estación de Delicias de aquí de Madrid, que es una auténtica joya. Yo hablo de un granero de la historia, porque es que la historia madrileña, por ejemplo, en los siglos XVI, XVII, no se entiende sin esos documentos. Aparecen en escena desaguadores recién llegados de Asturias, que tenían su plaza en la Fuente de Recoletos y contaban la esclava de la duquesa de Alba, de Cayetana de Alba. Aparece por ahí muchos personajes menores, entre comillas, las regatonas de la Plaza Mayor, que a lo mejor en su testamento decían que habían empeñado su vestido en el comercio. Todo eso aparece y lo estás viendo.
C
Acercarse un poco a esta intrahistoria, casi esa cotidianidad que decía Unamuno, de una sociedad aparentemente distante a la nuestra, pero con los mismos anhelos, porque todos querían tener su familia, todos querían tener su descendencia, todos querían heredar al mejor postor, en el sentido de que la persona que mejor había tratado a ese individuo.
A
Sí, los testamentos, yo digo que es el documento quizás estrella, junto con las actas notariales, pero el testamento efectivamente es un relato de vida. Mucha gente en los testamentos contaba cosas que te deja, pues por ejemplo, hablaba de hijos, reconocía hijos que no se sabía que eran de él. Hacía, por ejemplo, uno de Asturias, un médico de Oviedo, que reconocía que habían él y su mujer, abandonado a una hija recién nacida en la iglesia de Peñaflor, en Grado, en Asturias, como digo, y entonces él decía que la reconocía y que quería saber de ella y quería dejarla como heredero, no tenía más hijos. Entonces, ese relato de vida, por ejemplo, con los testamentos, el testador pone por descargo de mi conciencia. Entonces tú ya te tienes que poner ahí diciendo, a ver, a ver, qué suelta. Y nunca defrauda, créeme, nunca defrauda. Y si tienes, yo creo que si tienes una cierta sensibilidad, ves cosas y te trasladas. Es verdad que en aquella época yo defiendo que la gente era más desinhibida, la gente tenía menos pudor. Hoy en día no confiamos al notario según qué cosas, sobre todo esfera íntima. Y en esos documentos sí yo me ruborizo de alguna manera en según qué confesiones.
C
Es curioso qué diferencia hay entre lo que es un testamento y un acta notarial.
A
Bueno, vamos a ver, el testamento es el documento efectivamente que es para una persona, sobre todo en aquella época, que la impronta religiosa, como dije antes, era muy importante. Todo testamento de la época tenía desde primero la profesión de fe, primero la invocación religiosa inicial y después vamos dejarse, dice me encomiendo a la Virgen del lugar. Todo eso venía recogido, Hoy no venía. Entonces el testamento recogía esa esfera particular. Sirve, como decías tú al principio, para el estudio de las bibliotecas, de la cultura, sencillamente, los bienes que tenían. Y las actas notariales es un documento muy distinto, en realidad algún autor decía que es el pariente pobre de las escrituras. El acta notarial es el típico en el cual hay un incendio y requieres al notario para que vaya a ver los daños, hay una inundación y lo mismo. Pero es que esas actas notariales en la época que más he estudiado, la Edad Moderna, servían para todo, para todo. Desde el acta que yo he mencionado que llevamos, hay un capítulo que la gente le sorprende, actas de circuncisión, actas de partos, actas de cosas que hoy evidentemente los notarios no asistimos a eso.
C
¿Y por qué había un miedo de que no se quisiera reconocer luego la existencia de ese hecho?
A
Bueno, de alguna manera, por ejemplo, las circuncisiones, como sabes, en aquella época eran perseguidas por ser una práctica herética, entonces la Inquisición estaba detrás de ellas, precisamente para perseguir las prácticas criptojudaicas. Entonces, ¿Qué manera? Bueno, imagínate que yo tengo efectivamente una enfermedad, que tengo una enfermedad y entonces quiero ser intervenido por un cirujano barbero para curar mi mal. Entonces claro, es necesario esa intervención. Entonces yo requiero al notario, al esquivano, para que sea testigo de la intervención, recoge la declaración testifical de los barberos, de los cirujanos que van a intervenir para oiga, que es necesario esto para que en el futuro si alguien me ataca o me denuncia, que vean que era necesario. Es verdad que siempre te queda la duda de si no había detrás toda una tapadera y efectivamente era una práctica judaizante. Y las cartas de parto, actas de parto, pues efectivamente tenemos algunas en Archivo de Zaragoza, en el cual el notario, ahí en Zaragoza, se llamaban notarios, iba allí y asistía al parto. ¿Por qué? Porque era una recién viuda que estaba preñada y quería dejar constancia de que el bebé que nacía era de él, que no había una suplantación de bebé, y entonces asistía el esquiviano al parto. Y primero ausculta, levanta las faldas, falta la camisa, tanto de la parturienta como de las comadronas que iban a asistir al parto, y efectivamente da con todo detalle que como nace el bebé, que no es una suplantación, y dice que tiene sus miembros viriles y lo describe con todo lujo de detalles. No se cortaba, que en aquella época, Nacho, no se cortaban un pelo para nada.
C
No lo estoy viendo, estoy descubriendo cosas curiosas que desconocía y que sorprenden, sobre todo porque, insisto un poco lo que decía antes, te acercan a una realidad que siempre que vemos la historia tendemos a idealizarla, con grandes momentos, grandes personajes, y te das cuenta de que al final la historia la hacen personas, personitas, hombres y mujeres, niños, niñas, ancianos, ancianas, que van aportando y dando su granito de arena para construir esa pirámide gigante que es, en definitiva, la sociedad y la historia. Y ahí están los escribanos, los notarios, para poder registrarlo. ¿Cómo se llegaba a ser notario?
A
Bueno, en aquella época, vamos a ver, precisamente la ley Orgánica de 1862 que mencioné antes, supuso un cambio, porque es verdad que la profesión, según en qué momento, los escribanos, había una proliferación de escribanos precisamente porque la Corona necesitaba fondos para sus guerras y llegaron a vender los oficios notariales, es decir, se compraban. Esa era la parte a lo mejor más extrema en condiciones normales. También había exámenes, está documentado exámenes, por ejemplo, menciono en libro un examen de Carmona de 1503, en el cual le obligan a retar una escritura, le hacen preguntas como si fuese una oposición actual, y estaba hablando de 1503. Y tenían, de hecho, muchos incurrían en gastos porque el examen se hacía en la Corte, tenían que venir aquí a Madrid, eso suponía mucho dinero. Tengo documentado un caso en Oviedo que por razones de su tenía una minusvalía, le permitieron hacerlo ante el corregidor en Oviedo, pero normal, tenían que venir aquí e incurrir en fuertes gastos. Y bueno, pues tenían su examen y después tenían el título, y el título no podían perderlo, tenía que pagar el Fiat, la media nata, que era un impuesto que le obligaba a pagar de inicio la mitad de los ingresos de medio año. Todo eso estaba tarifado. Pero el problema ocurrió cuando la Corona llegó a vender esos títulos, esos títulos de notarios y se heredaban esos títulos, se vendían, se hipotecaban, se aportaban como dote al matrimonio. Por ejemplo, la mujer, hay casos documentados, aportación de dote al matrimonio del oficio de la esquivanía, pero como la mujer no podía ejercerlo, tenía que su marido.
C
Qué curioso. Y además echa la ley, echa la trampa. Esos pequeños juegos que permiten de forma superficia acceder a cosas increíbles. Hay que pensar que también, no solamente tenía que ser un notario respaldado por un colegio, lo que fuera, una institución entre comillas, sino que incluso el papel que se utilizaba estaba timbrado. Y claro, son cosas que seguimos utilizando hoy y nos llama la atención que tenga 500 años o más.
A
Efectivamente, el papel timbrado que seguimos usando a día de hoy tiene mecanismos de seguridad. Es papel exclusivo para documentos notariales, que tiene incluso el sello de seguridad. Pero en 1637, con Conde Duque Olivares, Felipe IV, las necesidades de la Hacienda Real eran inmensas y establecieron el papel timbrado. El papel timbrado que se utilizaba había hasta 4 grados. Estaba también un papel timbrado para pobres de solemnidad, porque sabéis que existían pobres solemnidad, los que tenían, por ejemplo, permiso para pedir limosna, por ejemplo en Alcalá, está documentado, lleva una chapa identificativa que les permitía incluso esto no hace tanto tiempo, este papel timbrado se usaba para todos los documentos notariales, llevaban la impronta del rey. De momento eran válidos para un año. De hecho, las pesquisas, porque había inspecciones a escribanías, decían tú tenías que utilizar el del año, no el del año anterior, salvo que fuese resellado oficialmente, estaba todo perfectamente estudiado y era un mecanismo de ingreso. Evidentemente para la ciencia también habría falsificaciones. Bueno, de hecho te digo, es que es un tema. Bueno, por ejemplo, en la Guerra Civil, por ejemplo, el Colegio en 1937, el Colegio de Euskadi nació porque nació entonces, a raíz de que triunfan las tropas franquistas, obligaron a sobreatachar y poner Colegio de Burgos. Y entonces tú ves por ejemplo, el acta que apareció recientemente. Bueno, yo tuve noticia de él recientemente a propósito del bombardeo aparece sobre raspado, donde pone Euskadi, pone Burgos y muchas otras cosas, pero ya te digo, había inspecciones, por ejemplo uno de Galicia que no sé lo que otra cosa que falsificar el título de notario apostólico alterando el apellido y entonces claro, le pillaron y los metieron a galeras o a destierro, una cosa increíble.
C
Ya para ir acabando, Plácido Barrios, autor de este libro De escribanos a notarios, ¿Cuál es la cosa más singular, más humana también quizá que te hayas encontrado en uno de estos documentos?
A
Yo creo que el que más me impresionó es el testamento ese de Oviedo. Este médico dice que su mujer lo habían dejado ahí abandonado y lo cierto es que después, fíjate, tenían sospecha de que era una niña que se llamaba Elvira y la cogieron como acriada, pero en el testamento lo pone todo, pero lo cierto es que vimos que no procedía bien y el confesor de mi mujer decidió que no, que teníamos que echarla y entonces la echamos. Es verdad que se casó con otro criado, fueron a otro pueblo, a Teberga, él pese a todo tenía la convicción de que esa era su hija y entonces quería dejarla como heredera. Todo eso recogido en el testamento te sobrecoge. De todas maneras quiero hacer un apunte, Nacho, eso es del siglo XVII o del siglo XVI, pero es que a día de hoy nosotros somos confesores privilegiados y tenemos una cosa maravillosa que es esta profesión, que es el acceso a la gente de a pie. Yo estando en Alcalá, voy a Alcalameico, a la cárcel de Alcalámeico y cada vez que voy suelo ir una o dos veces al mes, Bueno, encuentras casos que te llaman la atención, te podría hacer mil casos de todo tipo. Una chica me dice no, yo no puedo firmar porque estoy aún circunstancias miles, o incluso he contado un testamento de una señora que quería desedar a su madre porque no tenía hijos, estaba viuda porque la madre la había maltra de pequeñina y ha tenido las marcas faciales. Todo eso lo recoges tú y cuando te lo cuentan, o por ejemplo los que vienen los chavales, ahora nosotros tenemos la posibilidad de la jura de nacionalidad, la pueden hacer ante notario y bueno, chicos que te vienen, que te cuentan su odisea, cómo llegaron a España, en qué condiciones. Hace poco un chaval pakistaní, un chico de treinta y tantos años de Pakistán que había venido, me contó su peripecia, cómo había salido de Pakistán, había ido a Nairobi. En Nairobi, De Nairobi a Dakar. Estuvieron andando, lógicamente les quitaron la documentación, tenían que pagar la mordida. La mordida. Hasta que llega en Dakar. En Dakar saca en el barco. Son X días previstos de travesía, 11 días. Y tienen comida para 11 días. El trayecto duró 22 días y dice que los últimos días aquello ya era el acabose. Dice que él sigue teniendo miedo al mar, tiene un auténtico trauma. Llegan al Hierro. Lo cierto es que hoy en día, hace dos meses o tres meses, compró un piso, ya trabaja aquí y está totalmente asentado. Eso, el triunfo. Y nosotros somos testigos de eso. Para mí es lo mejor de la profesión, Nacho.
C
Desde luego. Esas historias tan humanas que aparecen reflejadas en esas actas notariales desde hace siglos, que recogían en primer momento los escribanos y ahora los notarios, como nuestro invitado Plácido Barrios, que es notario en Alcalá, en Alcalá de Henares. Aunque la forma de hablar cuando era pequeñina ha dejado entrever de dónde es. De León, como todos los buenos que somos de allí. Claro que sí. Autor, como decía, de este libro, De escribanos a notarios. Apuntes para una historia del notariado español. Plácido, como siempre, muchísimas gracias por habernos ayudado a hacer un poquito más de historia.
A
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Date: March 26, 2024
Host: Nacho Ares
Guest: Plácido Barrios, notario y autor de De escribanos a notarios
This episode explores how notarial and scribal documents open a window into the intimate and often overlooked aspects of Spanish history, particularly during the Early Modern period. Host Nacho Ares discusses with notary and historian Plácido Barrios how these records capture real human experiences, social dynamics, and legal innovations—allowing us to learn about the lives of both elites and commoners. Through anecdotes and case studies, the episode unravels the richness and humanity embedded in the everyday paperwork of the past.
Tapestries and Collections of Isabel la Católica (00:09–01:06)
Role of Notaries and Scribes (01:57–02:47)
Quote:
Terminological Shift (02:56–03:33)
Accessibility Across Social Classes (03:55–05:18)
Quote:
Pecado Nefando (Homosexuality and Legal Documents) (05:18–06:11)
Testimonies of Domestic Abuse (06:11–07:58)
Quote:
Everyman’s History vs. ‘Great Events’ (07:58–09:35)
The Confessional Intimacy of Testaments (09:35–10:55)
Testaments vs. Notarial Acts (10:49–12:09)
Extraordinary Examples: Circumcisions and Birth Certificates (12:09–13:51)
Quote:
Access and Corruption (14:29–16:19)
Quote:
Most Memorable Document (18:57–21:32)
Quote:
“El testamento era de los pocos documentos que podía otorgar unilateralmente la mujer.”
— Plácido Barrios, 06:33
“Te transporta, es como una máquina en el tiempo.”
— Plácido Barrios, 08:21
“Muchos testamentos empiezan con una confesión: ‘por descargo de mi conciencia’... Y nunca defrauda, créeme, nunca defrauda.”
— Plácido Barrios, 09:35
“No confiamos al notario según qué cosas... y en esos documentos sí. Yo me ruborizo de alguna manera en según qué confesiones.”
— Plácido Barrios, 10:30
“Por ejemplo las actas de parto... el notario asistía al parto para dejar constancia de que el bebé que nacía era de él.”
— Plácido Barrios, 12:45
“Tenemos historias… a día de hoy, chicos que te cuentan su odisea, cómo llegaron a España… para mí es lo mejor de la profesión.”
— Plácido Barrios, 20:35
The conversation is driven by genuine curiosity and a profound passion for the “small histories” embedded in legal records. The episode is rich in anecdotes, expressed with warmth, subtle humor, and empathy for the “personitas” who have shaped history from below.
This episode demonstrates how notarial archives provide unparalleled insight into the emotional, social, and legal dimensions of Spanish history. Both host and guest stress the humanity revealed by the “granary of history” these documents offer, inviting listeners to appreciate the stories not just of kings, but of ordinary women and men across the centuries.
Recommended for:
Anyone interested in everyday history, social customs, law, or archival research—listeners will encounter the emotional depth and humanity in the apparently dry world of notarial documents.