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A (0:01)
Si te parece, Jesús, vamos a escuchar un corte que tenemos de Ariadna Criado García. Ella es una historiadora canaria que ha sacado con la editorial Kinamón un libro extraordinario titulado Colón, el mensajero de Dios, en donde hace una lectura muy particular de la figura histórica de Cristóbal Colón a partir de esos retazos que hay en alguna documentación en las cartas, de su apego a las creencias, de cómo lo veían también ahora con esta historia que tú decías también del eclipse lunar, en donde se le pudo ver casi como una especie de enviado divino que era capaz de manipular la naturaleza a su antojo. Pues toda esta historia es bastante curiosa en relación a la biografía de Cristóbal Colón y nunca, nunca se había tratado con anterioridad. Vamos a escuchar a Ariadna Criado.
B (0:57)
Para mí, la religión es clave en la vida de Colón porque sólo a través de ella se aclara el misterio colombino. Y aunque el título del libro Colón, el mensajero de Dios, sorprenda, lo cierto.
C (1:06)
Es que así se define él mismo.
B (1:08)
En muchas de sus cartas. Por ejemplo, en la que escribe en el año 1500 a Doña Juana de la Torre, la nodriza del Príncipe Juan, donde se lee del nuevo cielo y tierra que decía nuestro Señor por San Juan en el Apocalipsis, después de lo dicho por boca de Isaías, me hizo mensajero y mostró aquella parte.
D (1:27)
Y es verdad, tanto en el libro.
B (1:29)
De Isaías como en el Apocalipsis de San Juan se anuncia que antes del fin de los tiempos, Dios iba a crear o revelar un nuevo cielo y una nueva tierra. De hecho, eso es lo que significa realmente Apocalipsis en griego, revelación. Es por eso que tras su descubrimiento, Colón se presentará ante el mundo como un mensajero de Dios. Y evidentemente, no como un mensajero cualquiera, sino como el encargado de revelar, anunciar y sellar la promesa dada en las Sagradas Escrituras. Por eso, a partir de entonces, recopilará.
C (1:59)
En un libro todas las profecías que.
B (2:01)
Según él, habían anticipado su papel en la historia.
D (2:05)
Pero lo más llamativo es que no sólo se atreve a interpretar la palabra de Dios, sino que en otra de sus cartas, escritas en el año 1501 y dirigida a los Reyes Católicos, no tiene reparos en afirmar que en esta misión está siendo iluminado y asistido por el mismísimo Espíritu Santo. Y esto es realmente asombroso, ya que evidencia hasta qué punto Colón creía que estaba mediando entre Dios y los hombres, una labor que en aquella época únicamente le correspondía a los sumos pontífices. Por eso, mientras para los expertos declaraciones como esta únicamente evidencia la personalidad megalómana de Colón, para mí aquí descansa la clave de su identidad. ¿Por qué? Porque por declaraciones mucho más leves, otros habrían ardido en la hoguera, salvo que el mismo, claro está, hubiese sido un instrumento del Vaticano.
