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Isaías 9:1-7.Isaías profetiza en uno de los períodos más oscuros de Judá. El pueblo ha rechazado la ley y el testimonio (Is 8:20). La idolatría, la injusticia y la incredulidad han provocado el juicio de Dios.Sin embargo, Dios no termina su discurso con condena, sino que introduce una promesa mesiánica que resplandece en medio de la noche espiritual.Los profetas no anuncian un optimismo humano, sino una esperanza soberana, centrada en la persona del Mesías.

Bienvenido a la serie de Podcast: "Sin Añadir Ni Quitar"¿Te has preguntado?Por qué la Iglesia Presbiteriana atraviesa un momento decisivo.Aunque nuestra identidad confesional afirma con claridad el principio regulador de la adoración, la centralidad del Salterio y la suficiencia de la Escritura, en la práctica muchos de estos pilares han sido ignorados, suavizados o sustituidos por criterios culturales, emocionales o pragmáticos.En los últimos años, la iglesia ha enfrentado una creciente confusión en temas que deberían ser claros:¿Quién determina la adoración: Dios o la tradición contemporánea?¿Qué lugar deben ocupar los Salmos en el culto público?¿Por qué la iglesia reformada históricamente rechazó los días santos humanos?¿Qué autoridad real tienen nuestras confesiones?Existe una profunda incomprensión —tanto dentro como fuera de círculos reformados— sobre qué realmente enseñamos y por qué lo hacemos los teólogos confesionales.Esta serie de podcast busca responder a esa necesidad urgente.No con polémica, sino con claridad teológica, fundamento histórico y un espíritu pastoral, explicando a la iglesia: 1. ¿Qué es el Principio Regulador de la Adoración?.

Dios no acepta cualquier forma de adoración; Él exige que le adoremos según lo que Él ha mandado y con un corazón sincero.La verdadera adoración requiere corazón obediente y práctica regulada, porque Dios rechaza toda adoración basada en tradiciones humanas.

Una breve intro sobre la Iglesia Primitiva con mi compa José Ancona.

En este episodio hablamos sobre los fundamentos bíblicos del principio regulador del culto y en el próximo capítulo abordaremos, la lista de elementos de la adoración aprobados por Dios y la distinción entre elementos y circunstancias de la adoración.Por el momento deseamos que sean edificados conociendo que es el principio regulador de la adoración.

Tristemente la mayoría de las iglesias presbiterianas en México solo dicen ser confesionales, pero la verdad es que a nivel nacional se carece del conocimiento de nuestros estándares confesionales, las barreras de contención que evitan que caigamos en la herejía, sin embargo por causa de la ignorancia, rechazo y modificación de las confesiones la iglesia presbiteriana en México ha dejado de ser reformada.Por medio de este episodio deseamos señalar la importancia de las confesiones reformadas para la iglesia presbiteriana del siglo XXI.

Esta es una charla entre amigos sobre el presbiterianismo en México, más allá de buscar controversia, nuestro deseo es reflexionar y encaminar a los oyente hacia una correcta dirección sobre el presbiterianismo.

Si hubiera un anime por el que votaría en la categoría de “¿quien tiene la mejor familia?", sin duda sería Fairy Tail. ¿Por qué? Un espectador no tendría que mirar más allá del gremio principal que da nombre al anime. La mayoría de los miembros de Fairy Tail no tienen familia propia y, de una forma u otra, se unieron al gremio. No se unen solo para ganar poder o prestigio, como ocurre con otros gremios en el anime. Se unen para ser parte de una familia. Esta familia suya es ruidosa y no se parece en nada a la familia perfecta ideal que algunas personas tienen en mente. Sin embargo, se protegen unos a otros, se aseguran de que cada miembro sea atendido y nunca olvidan a los que se han extraviado o han fallecido. Son su propio sistema de apoyo. En términos bíblicos, la iglesia es nuestra familia. Al igual que los miembros de nuestra familia biológica, no los hemos elegido nosotros mismos, sino que han sido elegidos para nosotros y, por lo tanto, estamos indisolublemente unidos a ellos. Porque pertenecemos a Cristo, pertenecemos a su familia.

Invócame en el día de la angustia; yo te libraré y tú me honrarás. Salmos 50:15 Hace un par de años mi padre murió por metástasis el cáncer lo había consumido lentamente, vivir con el y apoyarlo en todo su tratamiento oncológico no fue nada fácil y menos lo fue el pensar que un día en que el cáncer terminaría su trabajo y así como mi padre conocí a muchas personas con cáncer y ver una por una morir fue horrible, pues esto me hacia pensar que en cualquier momento mi padre sería el siguiente no era algo que deseaba. Pero el cáncer y otras enfermedades físicas no son, lógicamente, la única razón de ansiedad. Hace algunas semanas, durante un almuerzo, un amigo comerciante decía que su compañía estaba en peligro de ir a la quiebra. Otras experiencias alarmantes nos conducen a un adolescente espiritualmente rebelde. La verdad es que todos nosotros enfrentamos la adversidad en variadas formas y en diferentes momentos. Un psiquiatra secular lo expresa en su reciente y muy bien vendido libro, con una sencilla afirmación: La vida es difícil. La adversidad y el sufrimiento emocional se presentan de diversas formas. Puede ser el dolor de un matrimonio desdichado, la decepción de una maternidad frustrada, o la pena por un hijo espiritualmente indiferente o rebelde. También existe la ansiedad de la persona que pierde su empleo siendo el único proveedor del hogar, y la desesperación de una joven madre al enterarse que tiene una enfermedad mortal. Otros experimentan frustración al ver sus esperanzas truncadas y sus sueños sin realizar: un negocio que se arruinó, o una carrera universitaria que nunca se terminó. Otros viven la punzada de la injusticia, la amargura de la soledad y la prueba de una tristeza inesperada. Existe la humillación y el rechazo, la degradación y, lo peor, el fracaso que llega por nuestra propia culpa. Finalmente, existe la desesperación al darse cuenta de que algunas situaciones difíciles, como una enfermedad o un impedimento físico de un hijo, nunca cambiarán. Todas estas circunstancias contribuyen más a la ansiedad y dolor emocional que todos vivimos en diferentes momentos y en diversos grados. El dolor es repentino, traumático y devastador. Otras adversidades son crónicas, persistentes y aparentemente diseñadas para desgastar nuestro espíritu con el paso del tiempo. Además de nuestros sufrimientos, con frecuencia nos piden que ayudemos a sobrellevar las penas de otros, ya sean amigos o parientes. Las ilustraciones empleadas en los párrafos anteriores no son imaginarias, pues muchas de ellas han sido tomadas de mi lista personal de oración. Si usted desea puede ponerle nombre a cada una. Cuando los que amamos sufren, nosotros también sufrimos.

Cuando un fariseo le pregunta a Jesús : “¿Cuál es el gran mandamiento de la ley?” Jesús responde: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mat 22:37). Y luego agrega: “Y el segundo es semejante a éste, Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mat 22:39). Nota la frase al final del versículo 39: ”como a ti mismo”. ¿Por qué Jesús agrega estas cuatro palabras? Es porque instintivamente buscamos hacernos el bien; nadie nos obliga a cuidar de nosotros mismos. El amor propio es natural, normal, se da por sentado. Así como el amor propio es un hecho, Jesús dice que debemos amar a nuestro prójimo. Sin embargo, a causa de mi pecado, no quiero hacer el trabajo difícil de amarlo. No obstante, si yo amo a Cristo, debo amar a mi prójimo tanto como me amo a mí mismo, como si mi prójimo fuese yo mismo. En un mundo donde la gente es egoísta y se preocupa muy poco por los demás, cualquier conversación que trate del amor propio puede hacer sentir incómodo a un cristiano. ¿Acaso la Biblia no me llama a negarme a mí mismo y a poner a los demás primero? Sí, lo hace. ¿Acaso la Biblia no dice que el propósito de la vida es glorificar a Dios? Sí, lo dice. Pero estas verdades no pueden descartar la intención de Jesús en Mateo 22:39: Ya que siempre buscas tu propio bien, busca el bien de tu prójimo con la misma intensidad. Jesús presupone que nos amamos a nosotros mismos, y no condena todas las formas de hacerlo, por lo tanto debe haber una manera bíblica de pensar en el amor propio. Es entendible que el cristiano se sienta incómodo al hablar del amor a sí mismo; nuestro mundo está repleto de personas que son fundamentalmente egoístas. Pero hay una manera correcta (bíblica) y una manera incorrecta (anti-bíblica) de amarnos a nosotros mismos.