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Ser podcast en La ventana Acontece que no es poco, un relato personal de la historia con Nieves con costrina. Cadena SER.
B
El que patenteó aquella frase de segundas partes nunca fueron buenas, una frase que aparece en El Quijote, no conocía a Nieves ni sabía de su capacidad para enlazar episodios históricos como si de una serie de televisión se tratara. Nieves, buenas tardes.
A
Buenas tardes, Carla.
B
Vamos a confirmarlo. Ayer abrimos un melón, el de los torneos medievales, y contamos cómo uno de ellos se llevó incluso a un rey por delante. Lo contamos a medias, lo anunciamos. No solo eso, es que provocó un pollo a nivel europeo de aguanta y no te menes. No exagero. No, a ver, No, no, recapitulemos. ¿Dónde lo dejamos ayer, Nieves?
A
Lo primero de todo, Pues ayer dejamos al rey de Francia, Enrique segund herido de gravedad en una justa. Y hoy, al día siguiente, pues estaba hecho polvo y con Francia de los nervios porque este hombre iba a cascar y le tocaría reinar al pavo de su hijo de 14 años, que era un chaval flojo de cuerpo y de mente. Y si ayer abrimos melones, no te quiero contar los que vamos a abrir. Bueno, pues el chaval este al que le iba a tocar reinar se llamaba Paquito. En las enciclopedias aparece como Francisco II de Francia, que duró un año vivo solo, o sea que poco recorrido. Lo que no contamos ayer es qué pasó y cómo se desarrollaron los acontecimientos de esa justa. Lo que ocurrió es que el rey, contento y disfrutando de la celebración porque ya había colocado a su niña de 13 años como reina consorte de España, iba a ser la tercera esposa de Felipe II. En vez de limitarse el rey Enrique a ser mero espectador en las justas que se estaban celebrando por los esponsales, pues quiso participar. Un lance, otro lan, otro lance. Y cuando ya estaba cansado, Enrique, déjalo. Le aconsejaron que lo dejara. Hasta su mujer, la reina Catalina de Médici, le quique, déjalo, que ya no estás en edad ni estás entrenado. Y Quique, que no venga la última. Y efectivamente, en aquel último lance su contrincante rompió la lanza y algunas astillas de las maderas entraron por la abertura del yelmo y se le clavaron en el ojo. La herida era muy grave y aquello pintaba muy mal como era el rey, pues supongo que nadie se atrevería a decirle eso de si te lo estamos diciendo, que te estés quieto. Salvo su mujer, Catalina, que si le diría si me hicieras caso alguna vez. Eres tonto, muchacho. Tú eres tonto. Y en tu casa lo tienen que saber, porque aquí estamos hartos de saberlo. ¿Que eres tonto y qué le vas a hacer? Eres tonto, muchacho. Tú eres tonto. No comprendes ni quieres comprender a las chicas que tanto te enoran. Eres tonto y qué le vas a hacer.
B
A todo esto, Nieves, ¿Con quién se estaba batiendo? Porque el que fuera, pues está pasado la historia como el que mató al rey de Francia.
A
Qué desgracia, ¿Verdad? Diciendo estás jugando y te has cargado a un rey. Pues estaba batiendo con el conde Gabriel de Montgomery, que era capitán de la guardia personal del rey. Que el hombre no es que apuntara a matar, pero se lo cargó y se convirtió sin querer en regicida y responsable a la larga del desequilibrio del poder en Europa que vino después. Y otra cosa que trajo consecuencias. Ya dijimos ayer que esto de los torneos estaba muy relacionado con el amor cortés. Luchabas no sólo por defender el honor de una dama, sino en honor de una dama, por ponerte gallito delante como para homenajearla durante el lance, para que se entienda bien o para hacerme entender mejor. Igual que ahora la Min Jamal lleva en sus botas los colores de sus padres, que lleva las banderas de Guinea y de Marruecos, el chiquitito. Pues antes los caballeros llevaban, si querían llevarlos, claro, los colores de la señora que le gustaban, de la que estaban enamorados. Y el rey de Francia no se batió aquel día con los colores de su esposa y madre de sus hijos, Catalina de Medici, sino que saltó al terreno de juego con los colores de su amante, Diana de Poitiers. Y Diana de Poitiers, cuando vio el accidente, que tuve leche, se me acaba el chollo con casque el rey. Y así fue, se acabó el chollo. Pero bueno, esta es otra historia.
B
Oye, y a todo esto, estamos hablando de que ese torneo era parte de los festejos por la boda de la niña Isabel con Felipe II, pero que el novio no estaba, ni siquiera fue a ver al suegro después del torneo.
A
No, si es que todas estas bodas eran negocios, eran transacciones comerciales, eran muy despegados porque eran acuerdos que se llegaban sin el más mínimo cariño por el medio. Felipe II, cuando se enteró de que su suegro, que ojo, su suegro sólo tenía seis años más que él, que su suegro salió herido, pues diría Cachi, pues vaya faena. Pero aprecio, no tenía ningún aprecio por sus suegros, más habían estado en una guerra. Esta boda era producto de los acuerdos del final de la guerra. Lo que pasa es que sí se retrasó todo lo previsto, porque la niña, Isabel tendría que viajar enseguida a Castilla, encontrarse con su esposo, el señor Mayor, y consumar por la muerte, el funeral, el luto, los follones, todo lo que estaba previsto después de las celebraciones, se retrasó siete meses y la niña no llegó hasta finales de enero a la península, que tampoco pudo consumar porque era una niña que Por cierto, Felipe II se mosqueó cuando se encontró con que Ah, cómo que todavía no puedo. Eso sí, en cuanto se enteró Felipe II de la gravedad de las heridas de su suegro, envió a su médico personal, era el famoso Andrés Vesalio, desde Br, que estaba reconocidísimo y que intentó curarle. Pero bueno, no pudo. Primero porque por mucho que corrieran, digo que llegó tarde, además, digo por mucho que corrieran. Desde que se enteró Felipe II del accidente del torneo, le dijo a Besalio que fuera para París. Y lo que tardó en llegar este hombre, pues pasaron tres días, claro. Y eso que corrió. Corrió porque el médico se hizo 300 kilómetros en 48 horas en carruaje. Evidentemente que estamos hablando de mediados del siglo XVI. Vesalio llegó tres días después del torneo, vio el panorama y dijo chungo, esto no tiene arreglo. Había infección, las astillas se habían metido por la órbita del ojo hasta el cerebro. Pese a todo, el cirujano del rey, de acuerdo con Vesalio, se empleó a fondo y ensayó con cabezas cortadas de cuatro reos que habían sido condenados a muerte. Todo hecho contrarreloj.
B
¿Qué has dicho? Eso de que ensayó con cuatro cabezas cortadas. ¿Qué es lo que tenía que ensayar?
A
Pues ensayar la misma herida. Había cuatro tipos que estaban condenados a muerte y se ordenó que se los cargaran cuanto antes y trajeran sus cabezas para reproducir las mismas heridas más o menos que tenía el rey para ver cómo podían intervenir. Una especie de ensayo error. Reproducir la herida, a ver cómo Esto era lo que se hacía antes para curar a los reyes. Pillar a pobres y a pordioseros y arreos que iban a ser ejecutados o agentes que nadie reclamaría para ensayar en ellos cómo curar a los reyes. Pero la verdad es que por muchas cabezas con las que ensayara el cirujano del rey iba a dar igual porque no se atrevió a hacer nada. Había mucha fiebre, aquello se iba a morir, así que mejor no complicarse. Hay otro tema que vamos a enlazar con este no hoy, hoy no, donde también saldrá este asunto de utilizar a los más desgraciados y a cargarse los que hicieran falta para ensayar con ello cómo curar la dolencia de un rey. Y este asunto será duro porque tiene que ver con una almorrana.
B
Ostras, qué salto de guión.
A
Sí, sí, sí. Ya hablamos de ello hace muchísimo, pero ya dije ayer que había temas que iba a completar o a refrescar en este final de temporada porque tenía mucha chicha interesante. Y la almorrana de Luis XIV tiene chicha, por favor.
B
En fin.
A
Bueno, a ver, si alguien. Si alguien se pregunta por qué hay tantos datos sobre la muerte de Enrique II, es porque hubo autopsia. Los dos médicos que le asistieron, Vesalio y Pagué, el doctor Pagué, dejaron documentación que se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia y luego varios neurocirujanos actuales han estudiado esas descripciones y han deducido exactamente cuál fue la causa de la muerte. Enrique II acabó muriendo 11 días después del torneo y con sólo 40 años.
B
¿Y la causa exacta de la muerte entonces, cuál fue? Además de lo evidente, lo que has dicho, que se le metió una astilla en el cerebro. ¿Qué más?
A
Pues mira, además de la pormenorizada descripción de los dos médicos, cuando se hizo la autopsia en el siglo XIX, se hizo un estudio de los restos y afinaron todavía más. Seguramente, no lo voy a decir bien, pero Parece que Enrique II, rey de Francia, murió de meningoencefalitis causada por un cuerpo extraño y complicada por un empiema interhemisférico izquierdo tras un hematoma interhemisférico traumático. Es decir, que se le metió una estrella por el ojo y se le lió una muy gorda por jugar a los torneos.
B
Lo mal que estoy y lo poco que me quejo. Lo mal que estoy y lo poco que me quejo, siempre me levanto con el pie mirando al suelo. La voz muda me saluda desde lejos, me regala su silencio. Pero yo me hago el sueco mirándome en el espejo y el espejo me devuelve su reflejo sin el mío. Yo lo asumo y sigo, pero no me fío. Me autodiagnóstico sin un éxito mínimo. Así que me depr. Además de los detalles médicos. A ver, has dicho que esta muerte prematura trajo o provocó un desequilibrio de poder en Europa.
A
Sí, sí, sí. Tremendo. Que oye, nunca se sabe, pero quizás la política habría tomado otros derroteros. Mira, ayer estábamos con el cine. Yo no sé si has visto una serie que se llama La reina serpiente.
B
No.
A
Sobre la historia de Catalina de Médici. La historia es reciente, es desde 2024 para mí. Para mi gusto. Buenísima. Sobre Catalina de Médici, la reina consorte de Francia, la Mujer de Enrique II. Es una serie muy peculiar en su realización, porque a veces los personajes, sobre todo ella, se dirige al espectador y además se usa lenguaje actual con tacos de ahora. Sí, sí, el lenguaje es totalmente actual. Es increíble. Bueno, pues siempre teniendo en cuenta que es una serie histórica de entretenimiento, porque siempre luego están los tiquismiquis o los pejigueras. Bueno, eso no ocurrió exactamente así. Ese personaje no existió, ese no estaba. Eso no ocurrió en ese momento. Pues ya, pero no es un documental, es una serie. Pero lo que cuenta muy bien es. Da muy bien el contexto y el follón que había entre Francia, España e Inglaterra, con todas las guerras de religión. Eso está perfectamente explicado. Y además aparecen los Borbones, los de Navarra, antes de llegar al trono de Francia y cuando eran protestantes, porque los Borbones, ya sabes tú, se cambiaban según convenía, como también hacen las consortes. Una puede ser ateirrepublicana y cambiarse a reina católica, dependiendo de la pasta que haya por en medio. El caso es que la muerte de Enrique II debilitó la monarquía en Francia, porque cascó un rey adulto asentado en el trono y a él le sucedieron dos reyes niños. Primero su hijo Francisco, de 14 años y que duró vivo un año, y después su otro hijo Carlos, que tenía 10 añitos.
B
Pero si eran tan pequeños, tuvo que haber regente la madre, Catalina de Médic.
A
O quién fue, Claro, la misma doña Catalina. Y claro, primero el rey muerto, después dos reyes niños en la regencia, una mujer poderosa con malas pulgas, porque se había visto ninguneada en vida, en vida del rey, por su propio marido y por la amante de su marido. Ella sólo, pariendo hijos e hijas. Venga a parir, Venga a parir. Y cuando llegó su regencia se desató una guerra entre dos partidos nobiliarios, presionando a la regente Catalina para pillar las riendas del reino de Francia para que tirara hacia un lado o hacia otro. De un lado estaba la poderosa y sinvergonzona familia de los Guisa, que eran católicos y malos al más no poder, empeñados en purgar Francia de todo el que no fuera católico. Pidieron lo mismo que pidió el asesino general Mola al día siguiente de golpe de estado del 36. Hay que matar a todos los que no piensen como nosotros. Bueno, pues eso querían los Guisa. Y el otro partido era el de los calvinistas, los protestantes, que era el de los Borbones, que estos además de malos eran tontos. Y no hay tonto bueno. Bien, pues dos años después de la muerte de Enrique II en el maldito torneo, ya se acabaron las simples disputas por arrimarse el favor de la regente. Ahora se pasó al enfrentamiento armado y a las famosas y sangrientas guerras de religión que no da tiempo a desarrollar.
B
Es que has abierto mucho montón de frentes. ¿Qué hacemos o qué vamos a hacer?
A
Pues mira, no nos va a dar la vida en esta temporada. Dejamos pendiente las guerras de religión a Diana de Poitiers, que esta tiene un historión que era como la Corina Larsen del defraudador Juan Carlos. A la propia Catalina de Medici, que está otro historión también impresionante. Y la almorrana de Luis XIV.
B
Esto va a quedar pendiente también.
A
No, esto cae mañana y sus consecuencias. Esto sí, todo esto va a caer. Lo de la almorrana y las consecuencias de la almorrana van a caer ya mismo. Si, de todo esto ya te digo, menos de la almorrana. ¿Alguien quiere poner un poco de contexto? Pues ya sabe la Reina Serpiente. ¿Que no es una serie de tacitas? ¿De tacitas de sangre?
B
Sí, esto lo dijo Mario Lacubels el otro día. Es verdad que hay una jerga ahora entre la gente que se dedica a analizar series. Las series de tacitas son estas de época, donde toman el té o lo que sea.
A
No, no, esta no es de tacitas de sangre.
B
Bueno, pues no está mal. Bueno, tacita de sangre. Mañana más.
A
Venga, un beso. Gracias, Carla. Para no perderte ningún episodio, síguenos en la aplicación o la web de Laser Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita.
Podcast: Todo Concostrina
Episodio: 1 de julio de 1559: Enrique II agoniza… y desequilibra Europa
Fecha: 1 de julio de 2025
Presentadora: Nieves Concostrina
Invitada/colaboradora: Carla
El torneo se celebró como parte de las festividades por la boda de Isabel de Valois (hija del rey Enrique II) con Felipe II de España.
Enrique II, pese a los consejos de su esposa Catalina de Médici y de su entorno, decide participar activamente en la justa, incluso cuando ya estaba cansado.
Nieves Concostrina recrea la escena con su tono característico de humor y cercanía:
"Le aconsejaron que lo dejara. Hasta su mujer, la reina Catalina, le ‘Quique, déjalo, que ya no estás en edad ni estás entrenado’."
— Nieves (01:28)
“En aquel último lance su contrincante rompió la lanza y algunas astillas de las maderas entraron por la abertura del yelmo y se le clavaron en el ojo. [...] Si le diría [...] ‘Eres tonto, muchacho. Tú eres tonto’.”
— Nieves (02:10)
El oponente de Enrique II fue Gabriel de Montgomery, capitán de la guardia real. Fue un accidente, pero pasó a la historia como el hombre que mató accidentalmente a un Rey de Francia.
Este incidente lo marcó como regicida y, según Nieves, como responsable involuntario del “desequilibrio del poder en Europa” (03:20).
Enrique II llevaba en el torneo los colores de su amante, Diana de Poitiers, no de su esposa. Diana perdió influencia tras la muerte del rey:
“Y Diana de Poitiers, cuando vio el accidente, que tuve leche, se me acaba el chollo con casque el rey. Y así fue, se acabó el chollo.”
— Nieves (04:05)
La boda de Isabel y Felipe II era un acuerdo político tras una guerra, sin afecto alguno entre las familias.
Felipe II se mostró distante, incluso cuando supo de las heridas de su suegro; aún así, envió a su médico personal, Andrés Vesalio, a París. Vesalio tardó tres días en llegar, pero fue imposible salvar al rey.
“El médico se hizo 300 kilómetros en 48 horas en carruaje.”
— Nieves (05:44)
La herida de Enrique II era fatal: infección, astillas entrando hasta el cerebro.
Nieves relata la dura práctica médica de la época: se ejecutó a cuatro condenados a muerte y se ensayó con sus cabezas la herida del rey para ver posibles intervenciones.
“Había cuatro tipos […] y trajeran sus cabezas para reproducir las mismas heridas más o menos que tenía el rey para ver cómo podían intervenir. [...] Esto era lo que se hacía antes para curar a los reyes.”
— Nieves (07:04)
A pesar de los esfuerzos, los médicos no se atrevieron a operar y, finalmente, Enrique II falleció después de 11 días de agonía, con solo 40 años.
Se realizó una autopsia y los detalles se conservaron en la Biblioteca Nacional de Francia; en el siglo XIX, se afinó el diagnóstico:
“Murió de meningoencefalitis causada por un cuerpo extraño y complicada por un empiema interhemisférico izquierdo tras un hematoma interhemisférico traumático. Es decir, que se le metió una estrella por el ojo y se le lió una muy gorda por jugar a los torneos.”
— Nieves (08:57)
La muerte de Enrique II desató un desequilibrio de poder en el continente. Su sucesor fue un hijo de 14 años, Francisco II, que apenas gobernó un año, seguido por su hermano Carlos, de solo 10.
Catalina de Médici asumió la regencia ante la juventud de sus hijos. Su poder fue desafiado por las facciones de los Guisa (católicos radicales) y los Borbones (calvinistas).
“El caso es que la muerte de Enrique II debilitó la monarquía en Francia, porque cascó un rey adulto asentado en el trono y a él le sucedieron dos reyes niños.”
— Nieves (11:27) “De un lado estaba la poderosa y sinvergonzona familia de los Guisa, que eran católicos y malos al más no poder, [...] el otro partido era el de los calvinistas, los protestantes, que era el de los Borbones, que estos además de malos eran tontos. Y no hay tonto bueno.”
— Nieves (12:16)
Esto desembocó en las Guerras de Religión en Francia.
Nieves recomienda la serie "La reina serpiente", una interpretación reciente y moderna (2024) sobre Catalina de Médici, alabando su contexto histórico aunque advierte sobre licencias dramáticas.
“Es una serie muy peculiar en su realización, porque a veces los personajes, sobre todo ella, se dirige al espectador y además se usa lenguaje actual con tacos de ahora. Sí, sí, el lenguaje es totalmente actual. Es increíble.”
— Nieves (10:24)
La conductora avanza temas prometidos para próximos episodios: la historia de Diana de Poitiers, más sobre Catalina de Médici y la singular “almorrana de Luis XIV”.
“La almorrana de Luis XIV tiene chicha, por favor.”
— Nieves (08:03)
“A Diana de Poitiers, que esta tiene un historión que era como la Corina Larsen del defraudador Juan Carlos. [...] Y la almorrana de Luis XIV.”
— Nieves (13:20/13:36)
Para oyentes que busquen contexto histórico, anécdotas impactantes y la inconfundible ironía de Concostrina, este episodio es un ejemplo magistral de historia convertida en relato ameno y visual.