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A
Ser podcast en La ventana. Acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves, con costrina. Cadena SER.
B
Hoy abrimos semana de este Acontece que no es poco, con un tema de aupa. No porque se trate de un gran episodio, una gran guerra, un cataclismo, algo de eso que puede cambiar la historia. No tanto como eso, no. Pero sí que tiene todos los ingredientes, pero absolutamente todos, para hacer una serie de televisión, por ejemplo, una serie de época, tendría que ser, claro, porque ocurrió muy a principios del siglo XX, tan a principios como 1904, y con los siguientes ingredientes, entre otros, atención guionistas. 1 De una muerte en Sevilla. Un marqués, un guardia civil, con muy buena puntería, por cierto, y un arzobispo. Nieves, buenas tardes. Un arzobispo. Es que me he dado un golpe en la mesa. Un arzobispo un poco chungo, un poco canalla, como diríamos. Bueno, chungo y canalla.
A
Muy chungo y muy canalla. Muy, mucho canalla.
B
Muy y mucho canalla.
A
A ver, mira, al margen de los. Es un tema muy apasionante esto de los duelos, pero al margen de los duelos que aceptaba y a los que retaba Vicente Blasco Ibáñez, que protagonizó unos cuantos porque era un Broncas al que le encantaba batirse, los dos duelos más famosos en España, no sólo porque en los dos hubo muertos, sino porque los protagonistas eran famosísimos y porque acarrearon tremendas consecuencias, no sólo para los que cascaron, fueron uno de estos duelos en 1870 entre miembros de la familia real española, y el otro se dio en 1904 entre un aristócrata de mucha fama y un guardia civil. Sólo con esto, como has dicho, aquí hay ingredientes para dos series de HBO de esas que ponen. Basadas en hechos reales. Basadas en hechos reales, totalmente. De verdad que hay episodios en este país que sigo sin entender como no los están amortizando todavía. De uno de ellos, de uno de estos duelos, ya hablamos hace un par de años, y no lo vamos a repetir, que fue el del cuñado de Isabel II, el del infame Antonio de Orleans y su primo Enrique de Borbón, que era nieto rey de España y sobrino de otro rey de España, que acabó como acabó. Imagina el nivel de morbo, porque es como, yo que sé, como si se batieran ahora en duelo las lacias Victoria Federica y su prima Sofía. Sí, más o menos ese era el nivel. Al final eso hubiera sido portada de Lola. Al final, Antonio se cargó a Enrique. Fue un escándalo tremendo. Pero es que tres décadas después, en octubre de 1904, llegó el segundo de los duelos célebres, el del sevillanísimo marqués de Pickman, al que una bala atravesó el corazón el 10 de octubre de 1904 en una hacienda de Sevilla. Los ingredientes, ya has dicho, de esta historia son el guardia civil, un guardia civil con mucha puntería, el marqués tarambana este, cuyo cadáver provocó una revuelta en Sevilla, la marquesa bastarda y ahora ya viuda, un arzobispo malo como Satanás y una ciudad sublevada. A ver, ¿Da o no da para.
B
Una serie seguro que da? ¿Anda, si esto es la banda sonora de Succession?
A
Sí.
B
Oye, eso que has hecho de Pinkman a mí me suena a cerámica, pero a muy poco sevillano. El apellido.
A
Sí, es verdad, pero el marqués de Pigman se llamaba Rafael de León y Primo de Rivera, que vaya apellidos. Bueno, lo del Rafael de León es porque era descendiente de Diego de León, que antes de ser una estación de metro en Madrid fue un señor, el segundo sobre todo. Es una muy ch. El Primo de Rivera era el tercer marqués de Pickman, que suena a cerámica porque el nombre del marquesado nos lleva a la famosa fábrica de loza de Sevilla, de la Cartuja Pickman. Pero éste en realidad era un marques adosado, porque la heredera del marquesado en realidad era su mujer, una marquesa bastarda, porque fue producto de un desliz de su padre. Era el segundo marqués de Pickman con una obrera de la fábrica de loza. Pero el marqués reconoció a la niña y ella, esta chica, acabó siendo marquesa. Antes de seguir, tengo que decir cómo conocí yo esta historia que vamos a contar, porque me fascinó. Es por un libro que no tiene desperdicio desde la primera línea. Es un ensayo, pero parece una novela. Es entretenidísimo, es esclarecedor. Acaba de reeditarse además, y es del historiador y doctor en Sociología y Ciencias Políticas Miguel Martorell. Se titula el libro Duelo a muerte en Sevilla. Una historia en la España de comienzos del siglo XX. El argumento es historia pura. Historia pura y dura de aquella España de finales del XIX y principios del XX, con su hipócrita alta sociedad, con su dictadura eclesiástica, con su cinismo político. En fin, tiene de todo. Duelo a muerte en Sevilla habla del contexto político del contexto religioso y social en el que se produjo aquel suceso y ayuda además a entender muy bien cómo era este país y cómo sigue siendo en algunos aspectos debido a aquella caspa que hemos heredado.
B
Bueno, pues vamos por partes, venga. Lo primero sería saber por qué se produjo el duelo entre el marqués y el Guardia Civil.
A
Bueno, a las claras porque el marqués le dio una hostia con la mano abierta al capitán de la Guardia Civil y en mitad de un teatro, en mitad de un teatro de Sevilla se retaron, por supuesto, lo hizo aposta para retarse y se retaron a un duelo a pistola. No está claro si el guantazo fue porque había habladurías de que el Guardia Civil estaba aliado con la marquesa y el marqués estaba ofendido, o si las habladurías eran por las deudas del marqués con el Guardia Civil, porque el marqués era un absoluto manirroto. Pero bueno, aquella hostia corrió por todo Sevilla y cuatro días después se celebró el duelo. Bueno, los cotilleos de amoríos de Juan Carlos, de Leticia, de Corina, de Urdangarín, de Bárbara Rey no alcanzan el nivel que tuvo aquel cotilleo de los Pickman. El caso es que el marqués murió de un balazo en el corazón, pero oficialmente no murió en el duelo ni de un disparo. Murió de un síncope cardíaco. Sí, hombre, eso es lo que pone en el certificado de defunción. Eso es lo que pone. Es que era costumbre que los duelistas llevaran en el bolsillo una nota de suicidio o exculpando al otro para que en caso de que muriera el contrincante quedara, como digo, exculpado, puesto que batirse en duelo estaba prohibido y castigado por la ley. Por supuesto, se necesitaba la connivencia del médico forense que mentía descaradamente en el certificado de defunción firmando que el difunto había muerto de otra cosa que no fuera un balazo. Las élites. Es que las élites se cubrían entre ellas totalmente. ¿Tú recuerdas aquella? Bueno, sí, claro que sí, porque fue esa sinvergonza que nos soltó en nuestras narices Carlos Lesmes, el que fue que se apoltronó como presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General de Poder Judicial. Eso de que las leyes estaban pensadas para los robagalinas. Sí, lo dijo, lo dijo así de claro. Bueno, pues eso lo dijo porque la justicia añeja y ultra sigue aquí.
B
Oye, y ¿A qué se exponían los participantes en un duelo por aquel entonces, si les pillaban?
A
Sí, bueno, a una condena de prisión mayor Según el artículo 440 del Código Penal de entonces. Lo caballeroso era que el herido o el muerto librara de la culpa al adversario. Pero bueno, ya tenemos muerto al marqués follón en Sevilla que no veas. Y todo Dios al tanto de todo, pese a que la oficialidad judicial, policial, política y aristocrática hacia la vista gorda con el síncope cardíaco. Pero hubo alguien, ese Satanás al que me refería al principio, que no iba a dejar pasar la oportunidad. Marcelo Espínola, arzobispo de Sevilla. Marcelo que fíjate, se amaba igual que el ángel de la guarda que se le aparecía al ministro del Interior, a Jorge Feliz. Es verdad, sí, Marcelo. Bueno, pues al final resultó. El que se le aparecía para chivarle instrucciones era el demonio comisario Villarejo, no el ángel Marcelo. Mira tú qué cosas. El arzobispo de Sevilla dijo que el marqués de Pickman había muerto inconfeso sin arrepentirse de su acción y que por tanto lo excomulgaba y prohibía su enterramiento en sagrado.
B
Tampoco tuvo tiempo de arrepentirse. Si le pegaron un tiro en el corazón, claro.
A
Pero fíjate. Pero es que ahí entró a muerte el arzobispo, a todo esto. Pero entra el arzobispo con el funeral y el entierro ya preparado en el panteón familiar del cementerio municipal de San Fernando de Sevilla. Estaba preparado el cortejo, los monaguillos, su pedazo de cruz abriendo la procesión prevista por las calles de Sevilla, sus carruajes, sus caballitos blancos, sus caballitos negros, su cajita de muerto y su muertecito de.
B
Pero hay algo aquí que no cuadra, Nieves, con todo lo que has contado y que es obvio que las élites sevillanas en este caso se protegían entre ellas y fueron discretas hasta ese momento. ¿Por qué el arzobispo se mete?
A
Pues porque el arzobispo no podía perder esa oportunidad para defender el negocio, demostrar su absoluta autoridad poniendo por encima del poder civil el poder de la secta católica. Y como los curas son los reyes de la apropiación indebida y de la malversación, fíjate que pese a que el cementerio de San Fernando era municipal, propiedad del Ayuntamiento, era la Iglesia quien decidía el que podía enterrarse allí o no. Aquella época de finales del XIX y principios del XX fue otra oportunidad de progreso perdida en este país que no para de perder oportunidades de progreso. Primero Rafael de León y Primo de Rivera, tercer marqués de Pickman, era diputado del partido Liberal, cosa que ya le fastidiaba mucho al arzobispo. En 1904 ya había una guerra abierta entre Iglesia y Estado en España, gran parte de la sociedad protagonizaba ya un activo movimiento anticlerical, ya se estaba reclamando la libertad de culto y se estaba pidiendo desterrar la dictadura católica de la vida cotidiana y de la enseñanza. Por eso ese es el momento en que el arzobispo aprovecha para ponerse chupa y dice que al marqués no se le entierra en sagrado y obliga a llevarlo al corralito del cementerio de Sevilla, a la zona civil, donde metían a los castigados, a los rechazados por la Iglesia católica, o sea, fíjate, un cementerio construido, gestionado, mantenido y propiedad del Ayuntamiento de Sevilla donde mandaban los curas. Tiene narices. Y así, ojo, pero así eran todos los cementerios municipales de España, porque así era la casposa España.
B
Pero entonces ¿Cómo se solucionó el asunto? Porque antes has dicho algo de que los sevillanos se revolucionaron, ¿Qué ocurrió?
A
Sí, es que fue un momento muy difícil en España por eso, porque es que se estaba intentando cambiar las cosas. Al cortejo fúnebre del marqués de Pickman acudieron 5.000 personas, 5.000, la mayoría está recogido en prensa, una multitud, la mayoría de ellas acuden muy mosqueadas porque se impidiera la sepultura en sagrado a ese marqués empresario, y era un político, era muy sevillanito, muy campechanito, era muy popular. El arzobispo Espínola prohibió la presencia de curas y de símbolos religiosos, o sea que la cruz que tenía que presidir el cortejo a tomar vientos. Prohibió también que el cortejo se detuviera como era costumbre, frente a la parroquia a la que acudía el marqués habitualmente y prohibió igualmente que los católicos acompañaran el cadáver.
B
Bueno, el que quisiera poder ir, no.
A
No, pero a los católicos se lo prohíbe, pero por eso se monta el chocho que se monta. Las cínicas y cobardes autoridades sevillanas se abstuvieron de acudir al entierro, Claro, pero miles de sevillanos se pasaron las órdenes del arzobispo por el Ar el Triunfo o por el puente Triana y cuando el cortejo llegó al cementerio los obreros de la fábrica de cerámica de la Cartuja Pickman, que eran los que llevaban el féretro en vez de tirar a la derecha hacia la zona de los castigados, tiraron de frente, tiraron camino del panteón de los Pickman, que estaba en tierra bendecida y al grito de Adentro, adentro. Lo llevaron al panteón y lo enterraron.
B
Y ese cuerpo se quedó ahí.
A
Menudo follón había. El arzobispo tuvo un pico de tensión, se volvió, volvió loco de ira, ordenando a las autoridades civiles que pusieran orden. Las autoridades sevillanas, vendidas siempre a la secta católica, por allí no pasan los siglos, siguen igual. Ordenaron el desentierro del marqués del panteón de los Pickman en la zona católica y el traslado de inmediato al corral de los disidentes para enterrarlo otra vez donde decía el Bueno, los sevillanos montaron otro la policía y la Guardia Civil custodiando el nuevo enterramiento y disolviendo a los manifestantes. Y al final fue el gobierno de la nación el que tuvo que tomar medidas, cesando fulminantemente al gobernador civil de Sevilla por cobarde, mientras el alcalde de Sevilla fue obligado a dimitir por haber permitido el desentierro y el traslado ilegal de un cadáver, porque lo hizo así por orden y sin aprobación ni nada. La última que hizo el arzobispo fue bendecir otra vez el cementerio de San Fernando porque la supuesta tierra sagrada le había tocado durante unas horas el cuerpo de un pecador excomulgado, o sea, de verdad que no pueden ser más payasos. Y ahora viene el chiste, como esta secta es como es, a esta alimaña de arzobispo que se murió siendo luego cardenal lo beatificó Juan Pablo II. ¿Como van a beatificar a esa mala persona, clasista y déspota que fue Antoni Gaudí? Pero bueno, por cierto, del cuerpo del tercer marqués de Pickman nunca más se supo, nadie sabe dónde fue a parar.
C
Si mientes más que hablas, allí por donde pasan los de tu calaña ya no crece nada. Golpes, amenazas y promesas vanas. Rey de los ladrones, príncipe de espadas, Has tenido suerte hasta ahora, Has tenido mucha suerte hasta ahora. Puedes intentar que te perdone Dios, no lo haré yo. Puedes intentar que te perdone Dios, no lo haré yo.
B
Pues nada, Nieves, mañana más, mañana más. Venga, mañana no. Ah, no, que es verdad, mañana hay fútbol.
A
Mañana hay fútbol, se siente.
B
Mañana hay fútbol, mañana hay Champions, así que nos reencontramos pasado mañana aquí en la ventana.
A
Ahí estaremos.
B
Un beso Gracias.
C
Chantaje. Una ratonera. No tendrás futuro ni descanso. Esa es tu condena.
A
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Episode Title: 10 octubre de 1904: Duelo a muerte en Sevilla – historia de un marqués, un guardia civil y un arzobispo canalla
Podcast: Todo Concostrina (SER Podcast)
Host: Nieves Concostrina
Date: October 20, 2025
This episode dives into a scandalous and captivating real-life drama from early 20th century Seville—a lethal duel between the Marqués de Pickman and a Civil Guard, and the ensuing chaos involving a ruthless archbishop and a city in uproar. Nieves Concostrina, with her signature wit and historical rigor, narrates the tangled web of social, political, and religious intrigue that made this event notorious.
The episode is steeped in Nieves Concostrina’s incisive, irreverent, and critical tone. Her storytelling is animated, full of sardonic wit, and punctuated by sharp critiques of both historical and contemporary Spanish power structures—especially the enduring collusion of church and aristocracy.
This episode of Acontece que no es poco brings to life a forgotten but sensational episode from Spanish history. Through vivid storytelling and biting commentary, Nieves Concostrina dissects the infamous 1904 duel in Seville and the farcical, yet entirely consequential, tussle between societal elites, state authorities, and an all-powerful church. The story resonates as both a juicy historical anecdote and a reflection on the persistent shadows of privilege, hypocrisy, and institutional overreach in Spain.