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A
Ser podcast.
B
Soy Nieves con costrina y estás escuchando Acontece, que no es poco, un podcast donde no te contamos nada nuevo pero te lo contamos de otra manera. Aquí te va otro episodio.
C
Has llegado tarde, Nieves, con ese mensaje que me has enviado. Ases del aire para el faro. ¿Ah, sí? Pues es verdad, ases de la aviación, exactamente.
B
Es que yo creo que incluso la palabra as nace ahí, a partir de que alguien usa la palabra as de la aviación en la primera Guerra Mundial, ¿No? Lo aseguro, Me suena a mí de eso, de ahí viene tanto as de la aviación.
C
Bueno, pues se lo pasaremos a las compañeras del Faro. Oye, el 8 de marzo es el día, cualquier día es bueno, pero esto es especialmente adecuado para plantear cualquier asunto relacionado con la igualdad y también para echar una ojeada al mundo, al resto del mundo. Estamos todos muy indignados y con toda la razón porque los talibanes en Afganistán definitivamente impiden a las mujeres acudir a la universidad, o sea, es así. En Irán están investigando ataques con productos venenosos también a escuelas femeninas, o sea, un desastre, un desastre hoy. Y nosotros, a ver, estamos infinitamente mejor, ¿Dónde vas a comparar? Pero hasta hace no tanto, porque en términos históricos un siglo es lo que es, hace no tanto, esto era otra cosa. Y se haya apuntado ya esta tarde algo con lo del acceso de las mujeres a la universidad, pero complétalo Tú, porque el 16 de marzo de 1882. Bueno, dilo tú.
B
Se prohibió el acceso de las mujeres a la universidad. Así fue y es verdad. Hombre, está muy bien que reivindiquemos las cosas buenas ya que nos han pasado, que celebremos donde estamos, pero no hay que olvidar lo que ha costado avanzar y quiénes ponían las zancadillas para que no avanzáramos. Hace un par de años estuvimos recordando que este mismo día 8 de marzo, casualmente coincide en el día pero de 1910, se publicaba la ley que permitía a las mujeres matricularse en todas las universidades españolas sin trabas.
C
Eso es lo que ha dicho Isaiah.
B
Claro, Exactamente, sin trabas quiere decir en igualdad de condiciones que los hombres. Hace solo 113 años, 1910, hacía al menos cuatro décadas que en el resto del mundo civilizado las universidades de los distintos países ya licenciaban a mujeres arquitectas, médicas, físicas, químicas, abogadas Y lo más grande y lo más triste también es que hubo un momento en el siglo XIX en el que España era uno de esos países en los que las mujeres podían acceder a la enseñanza superior, pero fue por un error. Un error que corrieron a subsanar de inmediato. Por eso, aunque sea un día para celebrar los avances, también es importante recordar quiénes y cuándo nos impidieron avanzar. Desde mi punto de vista, hagamos un poco broncas. Para mí es una prueba más de que la monarquía a este país nunca le ha traído avances, sino todo lo contrario, sólo retrocesos. Y Por eso el 16 de marzo de 1882 de España, Alfonso XII firmó la Real Orden por la que se prohibía el acceso a las mujeres a la enseñanza superior.
A
Eres tonto, muchacho. Tú eres tonto. Y en tu casa lo tienen que saber porque aquí estamos hartos de saberlo. Que eres tonto. ¿Y qué le vas a hacer? Eres tonto, muchacho. Tú eres tonto.
C
Oye, Nieves, tienes que explicar eso que has comentado de pasada, de eso de que las mujeres pudieran estudiar en la universidad en un momento determinado, pero por error. ¿Qué era? Un error. ¿Error? ¿Un vacío legal o qué era? Qué se les olvidó eso.
B
No, lo que has dicho es un vacío legal. Se les olvidó especificar que estaba prohibido que las mujeres estudiaran. Ese vacío legal, esa falta de prohibición fue el agujero por el que se colaron tres mujeres en la Universidad de Barcelona para estudiar medicina en 1874. Ante el absoluto desconcierto de las autoridades. Pudieron matricularse con autorización ministerial, pero porque el Ministerio no tenía una norma en la mano para prohibirlo. Aquel año 1874 fue el de la restauración borbónica, cuando nos encajaron otra vez a un Borbón después de haber echado a Isabel II por corruptas seis años antes. Ya los teníamos de vuelta otra vez. Nos enviaron al hijo, al nene, Alfonso XII, 17 años, el preparado también lo llamaban, que ni pinchaba, ni cortaba, ni sabía, ni entendía. Era el figurín, era el jefe del Estado que firmaba para promover, comulgar o derogar por donde le mandaban que firmara. Al coincidir aquel año 1874, que era de recolocación política, cuando los monárquicos más conservadores volvían a tomar el poder con el año en el que se matriculaban las tres primeras chicas en Medicina. Y aunque en Barcelona se montó cierto follón porque al principio tenían que entrar escoltadas a las clases, bueno, pues no se le dio, dado toda la situación, no se dio más importancia al asunto, porque una cosa es que se matricularan, pero muchos señores estaban convencidos de que abandonarían la carrera, que es que primero no tendrían capacidad para estudiar Medicina, que se aburrirían, que llegaría el momento de casarse y dejarían los estudios, o bueno, o que a lo mejor acababan la carrera, pero que ya está, que ahí quedaría la cosa, no pensarían en ejercer. Pero los cursos iban pasando, las tres alumnas iban avanzando con muy buenas notas, tenían el apoyo de sus familias, de muchos profesores, de muchos alumnos, y eso empezó a poner nerviosas, pero ya de verdad a las autoridades y concretamente a muchos médicos.
C
¿Sabes que me contaba Isaías esta mañana? María de Maezzu quería estudiar Derecho, quería convertirse en abogada y quería estudiar en Salamanca. Ella se marchó a Salamanca y mientras estaba de viaje para allá, el Colegio de Abogados de Bilbao se reunió y emitió una nota tú estudia lo que quieras, pero aquí no te podrás colegiar nunca. Antes de que empezara los estudios una chiquita que tendría 16 años o 17 no tendría más, o sea que los médicos nerviosos y los abogados de la época también, todos, todos. De todas formas muchas chicas se animarían también a matricularse cuando supieron que se podía, además de esas tres de Barcelona, claro.
B
En cuanto corrió la voz qué dijeron muchas ah, pero podemos estudiar una carrera. Y no había una ley, como no la había, que prohibiera acceder a las mujeres a la Universidad. En cuanto a que ellas tres abrieron camino, empezaron a matricularse otras y no sólo se animaron a ir a la Universidad, subió mucho la matriculación en la enseñanza secundaria para luego poder. Claro, sí, y los señores cada vez tenían algunos señores, como siempre, algunos señores tenían cada vez más sudores fríos. En 1878, cuando sólo les faltaba un año para licenciarse a las tres pioneras en medicina, pero ya estaba viendo todo el mundo que la carrera la terminaban y con unas notas excelentes. Ahí empezaron los ataques y las zancadillas. Tengo un recorte de ese año de 1878 es de un artículo escrito por un médico en la revista científica. Se llama así El siglo médico. Y ahí no se hagan ilusiones las pretendidas médicas y tengan por seguro que las de su mismo sexo serían las enemigas más temibles que tendrían. Así pues, les aconsejo que no dejen la aguja de la mano y sus múltiples labores, que no les faltarán camisas que planchar y calzoncillos que remendar o hijos a los que prodigar sus cariñosos cuidados. Y la que no se conforme con esto puede coger el estropajo e irse a fregar, porque la mujer nunca servirá para ejercer la medicina y mucho menos la cirugía. Fin de la cita y del insulto.
C
Estoy pensando si había reacciones de este tipo un año antes de que terminaran la carrera. No sé qué pasaría cuando terminaran.
B
Imagínate que ya las trabas fueron eso. Solo un parrafito. El artículo es demoledor, es tremendo. Es que no les entraba en la cabeza que las mujeres pretendieran estudiar, pero mucho menos que quisieran ejercer. Si ellas ejercían abogacía, arquitectura, medicina, ¿Quién se ocuparía de la casa? ¿Quién de los hijos? ¿Quién plancha? ¿Quién cocina? ¿Quién lava? En este caso la respuesta te paras a pensar y vienes sola por el servicio. Porque a ver, que las chicas que podían estudiar eran niñas bien, eran alta burguesía. La gente pobre no tenía dinero para estudiar. Pero incluso aunque hubiera servicio que se ocupara de las cosas de la casa, el marido quería que su esposa, por muy alto standing que fuera, estuviera a lo que tenía que estar, a controlar los asuntos domésticos. Ama de casa. El problema que tuvieron las tres primeras licenciadas en medicina, que eran Elena Masera, Dolor Saleu y Martina Castells, es que quisieron leer sus tesis para poder ejercer. Y aquí llegó el problema. No las autorizaban, pero tampoco había ley a la que agarrarse para negarles el doctorado. Tuvieron que esperar casi cuatro años a que se las autorizara a leer sus tesis para doctorarse. Eso ya fue en 1882, cuando por fin Dolor y Martina pudieron ser doctoras en medicina. A la otra, a Elena, no sé si llegó a doctorarse, pero sí sé que acabó aburriéndose y se fue a estudiar magisterio. Que eso sí, dejaban a las chicas ser maestras. Aquellas doctoras no pudieron pararlas, pero había que frenar a todas las que llegaban con la misma aspiración. Y ese mismo año, el Real Consejo de Instrucción Pública informó de que mediante una real orden, Alfonso XII, abro comillas, ha tenido a bien, ha tenido a bien esa Real Orden, ha tenido a bien que las matriculadas hasta ahora se las autorice a doctorarse y al acceso de los distintos grados académicos, suspendiéndose en lo sucesivo la admisión de las señoras en la enseñanza superior.
C
Oye, ese consejo que has dicho de Instrucción Pública, que era como el Ministerio.
B
De Educación, más o menos era una cosa parecida. Sí, porque la educación, la instrucción pública que se llamaba entonces, no tenía ministerio. En el siglo XIX la enseñanza dependía del Ministerio de Fomento y el Real Consejo de Instrucción Pública era el máximo órgano consultivo en materia de enseñanza. Pero cuando ese organismo cayó en manos del ultraconservador gobierno de Cánovas, ese consejo se usó para acabar con la libertad de cátedra, para tumbar todo el ideario y las reformas del periodo progresista, para frenar las corrientes de educación krausista, ya lo comentamos una vez, la que pretendía sacar a Dios de la ciencia y la enseñanza. Y a ese Real Consejo es a donde llega la consulta de las universidades de Barcelona y Madrid para ver qué hacen con tres insensatas que han solicitado permiso para leer sus tesis. Y el 6 de marzo de 1879, según recoge el acta, se monta una discusión gorda y se aprueba por 8 votos contra 7. Bueno, que sí, que sus licenciaturas y sus grados de esas chicas valen, pero que hay que seguir discutiendo a ver qué papel pueden tener las mujeres en las distintas profesiones en un futuro. Y deciden finalmente consultar al Gobierno. Fíjate el trámite para definir a qué títulos podrán optar las mujeres atendiendo a sus aptitudes.
C
Se tiran cuatro años discutiendo para al final prohibir que estudiaran.
B
Sí, es increíble. Del 79 al 82, que es cuando el Gobierno decide que no, que las mujeres no deben ir a la universidad, lo comunica así el Real Consejo de Instrucción Pública. Luego el Real Consejo redacta la orden y le dicen a Alfonso XII, tú pavo, firma aquí. Ya está. Lo pone y firma. Que si no hemos tenido ni un solo rey con una carrera hecha y terminada. No van a venir aquí las mujeres a demostrar que sí se puede y ya está. Frenazo a la educación de las mujeres. Las que estaban matriculadas podían terminar, pero ni una, ni una más. Hasta que en 1910, gracias a un real decreto de Alfonso XIII, como a muchos les gusta destacar, las mujeres volvieron a la universidad en igualdad de condiciones, sin trabas. Y yo más que destacar la gracia que nos hizo Alfonso XIII dejándonos estudiar, yo prefiero no olvidar que Alfonso XII nos lo prohibió. Pues llámame rencorosa, pero es así, ¿No? Y una última cosa, si me permites, Carlas, que esto ya es muy mía. En E. M. Son muchos, son millones y millones los hombres que han peleado y pelean por la igualdad de derechos y oportunidades para las mujeres en este país. Te meto entre ellos a Isaías y a mucha gente como vosotros. Y yo os estoy muy, muy, muy agradecida. Lo que pasa es que los malos hacen más ruido, pero no son más.
C
Pues habrá que hacer ruido. Algo habrá que hacer. Algo haremos. Algo haremos. Un beso, Nieves. Hasta mañana. Gracias.
B
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Episode: 16 de marzo de 1882: Prohibido el acceso de las mujeres a la Universidad
Date: March 8, 2023
Host: Nieves Concostrina (SER Podcast)
Theme: The historical prohibition of women’s access to university education in Spain, its context, consequences, and the individuals who challenged it.
In this compelling episode, Nieves Concostrina takes a deep dive into a pivotal—though often overlooked—moment in Spanish history: the 16th of March, 1882, when women were officially barred from entering Spanish universities. The episode, timed for International Women’s Day, balances celebration of progress with a sharp critique of the historical setbacks that Spanish women endured. Through a lively narrative, Nieves combines historical anecdotes, legal context, and personal commentary, shining a light on both the women who defied the odds and the societal forces that stifled them.
On political stagnation (Nieves, 02:58):
“Para mí es una prueba más de que la monarquía a este país nunca le ha traído avances, sino todo lo contrario, sólo retrocesos.”
On ongoing gratitude toward allies (Nieves, 12:29):
“Son muchos, son millones y millones los hombres que han peleado y pelean por la igualdad de derechos… Lo que pasa es que los malos hacen más ruido, pero no son más.”
On bureaucratic inertia and sexism (Carlas, 11:26):
“Se tiran cuatro años discutiendo para al final prohibir que estudiaran.”
| Time (MM:SS) | Segment | |--------------|----------------------------------------------| | 00:43–01:33 | Global & historical context | | 01:33–03:17 | The 1882 prohibition — why and when | | 03:33–05:41 | The loophole and the first female students | | 05:41–08:07 | Institutional backlash & hostile reactions | | 08:15–10:09 | The struggle for graduation & working rights | | 10:09–11:26 | How the system closed the doors | | 11:26–12:56 | 1910: The (partial) reopening; final thoughts|
Nieves’s narration is direct, satirical, and unapologetically critical of the monarchy and conservative forces. The episode is peppered with personal opinions, historical jokes, and biting commentary, maintaining her signature style throughout.
This episode delivers a vivid recounting of an era when women’s access to education hinged on bureaucratic whims and societal prejudices. Nieves Concostrina not only honors the trailblazing women who fought for the right to study but also calls for historical memory—reminding listeners that progress cannot be taken for granted and must always be defended. The episode is both a tribute to perseverance and a critique of the systems and individuals who have stifled equality.
For listeners and readers alike, this episode is a compelling reminder of the importance of knowing—and questioning—our history.