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Nieves
En la ventana acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina, Cadena Ser.
Carlos
Hola, Nieves, buenas tardes.
Nieves
Buenas tardes, Carlos.
Carlos
Oye, qué bien que nos reencontremos el día misanto, el día San Carlos Borromeo. Ya sé que es una cosa muy tonta, una alegría muy pequeña, pero joder, con todo lo que está ocurriendo. Mira, agarrarse algo, aunque sea tan modesto, me parece que está muy bien. Y por otra parte, veo que hoy te has colocado rebufo de la ventana de los libros para hablar de algo que tiene mucho que ver con estas fechas, o del día de difuntos que dejamos atrás la semana pasada y tal. Y tiene que ver con los libros, porque hoy hablamos de Zorrilla y el Tenorio, que es tradición.
Nieves
Efectivamente, por eso, aunque ya esté pasadas las fechas, igual. Pero si ya nos pasamos hasta nosotros las fechas por ahí. La fecha es una excusa que siempre tenemos, pero bueno, efectivamente, hoy es lunes de libros en la ventana. No desentona que hablemos de José Zorro para nadie, de la manía que le pilló a su Tenorio, pese a que acabó siendo su mayor éxito teatral, del cabreo que se agarraba cada vez que se representaba y del cabreo que seguiría pillándose si viera que además de que estamos hablando de él, que sigue representándose todo el rato sin parar. Fíjate, ahora ha estado. Ya han acabado, pero la compañía de Teatro Clásico de Sevilla ha hecho nueve representaciones en Madrid. En Madrid ha habido otras tres en el Teatro Fernán Gómez, con otro Carlas Francino en el papel de diciendo eso de clamé al cielo y no me oyó. Bueno, se ha representado en Alcalá de Henares, como todos los años, en Salamanca, en el cementerio del municipio murciano de San Javier, en pueblos de Córdoba, de Valencia, las fiestas de muertos. Sin el Don Juan, esto sería como un Borbón sin amantes o sin cuencas en Suiza. Es que no va todo junto. Y puede que alguien se pregunte, ¿Y esta manía de representar el Tenorio en torno a las fiestas de muertos? Pues esto viene de antiguo, pero la costumbre se afianzó a partir del 2 de noviembre de 1860, que ahí fue cuando el Don Juan lo petó gracias a la pericia en las tablas y al ojo negociante del actor que rescató la obra, que se llamaba Pedro Delgado. Y digo rescatar porque el Tenorio de Zorrilla se había estrenado 16 años antes, en 1844. Pero bueno, aquello ni faux ni fa, no pito.
Carlos
Bueno, dicho esto, empecemos por reconocerle a cada autor lo suyo, porque el Tenorio no es original de Zorrilla, aunque se lleve la fama por ello en todas las conversaciones. El mito de Don Juan lo han tratado muchísimos autores y quizá el clásico de Tirso de Molina, el burlaró de Sevilla y convidado de piedra, sea uno de los que más nos suena.
Nieves
Es el que más siempre se remite al burlador de Sevilla. En realidad Zorrilla se inspiró para su Tenorio y así lo dijo, así lo reconoció él en otro dramaturgo posterior a Tirso que se llamaba Antonio de Zamora. Aquí hubo varios. Inspirándose en lo que había escrito el anterior. Antonio de Zamora retomó el mito de Tirso un siglo después que él, que Tirso lo mezcló con otro drama de otro autor y con otro de Molière, que también lo trató y escribió el suyo, el de Zamora, en el 18, y que se titulaba No hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague y Convidado de piedra, que yo creo que redactaban fatal los títulos antes, pero bueno, yo creo que para que se entienda por qué tanto Tirso como Zamora meten en el título eso de convidado de piedra, hay que explicarlo para quienes no conozcan la obra. Quien lo conoce seguro que lo lo deduce. Se refiere a que el gamberro de Don Juan tiene un duelo a espada con don Gonzalo, que era el padre de doña Ana o doña Inés, dependiendo de la obra, y don Juan se carga al tal Gonzalo. Tiempo después, Don Juan vuelve a Sevilla y frente a la tumba de don Gonzalo, que tiene una estatua encima, se burla del difunto invitando a la estatua a cenar por si quiere vengarse por haberlo matado. Y la estatua va y se presenta. De ahí lo del convidado de piedra, porque se presenta la estatua. Luego, según las versiones de Tirso de Molina y Antonio de Zamora, cada vez que digo Tirso de Molina me acuerdo de la plaza antes de que esa plaza fue un señor. Efectivamente. Bueno, pues según las versiones de Tirso y Antonio de Zamora, el convidado se lleva a don Juan a los infiernos por haberse pitorreado de su hija y según el Tenorio de Zorrilla, se redime, se vuelve bueno y deja de ser un ligón impresentable. La moralina final varía según según el autor. Tirso castiga a Don Juan, Zorrilla lo redime. Pero la obra que se representaba tradicionalmente en las fiestas de difuntos era la de Antonio de Zamora. No hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague. Y convidado de piedra.
Carlos
Pero entonces la costumbre de representar el Don Juan en difuntos es anterior al Tenorio de Zorrilla.
Nieves
Es anterior, sí. Antenorio. Iba a decir, es Antenorio. El drama de Antonio de Zamora tenía todos los ingredientes para esas fechas de celebraciones de muertos, escenas del cementerio, tiene tumbas, tiene fantasmas que vuelven del más allá, puro Halloween. Desde el año en que se estrenó no hay plazo que no se cumpla, bla, bla, que fue en 1744. No dejó de representarse cuando llegaba noviembre, siempre. Y justo un siglo después, en 1844, es cuando Zorrilla estrena su Don Juan Tenorio. Y ahí es cuando llega el drama del drama. Unas críticas dicen que tuvo una discreta recepción por parte del público, otras que el fracaso fue estrepitoso, que Zorrilla no sabía dónde meter, que el público dijo que qué clase de farsa era esa. Alguna otra crítica definió el Tenorio como miserable parodia. Parece que mucha culpa tuvieron los actores, no porque fueran malos, sino porque no eran los adecuados, no eran oportunos. Bárbara Lamadrid era una actriz muy buena, muy reconocida, pero estéticamente tenía sobrepeso, no daba el papel. No te podías creer que fuera una adolescente Doña Inés de 17 años. Y el actor, pues lo mismo. Muy bueno era Carlos Latorre, pero demasiado mayor para la época y no encajaba haciendo de arrojado galán ligón y pendenciero.
Carlos
La historia que estamos contando con las cosas no son como comienzan, sino como terminan. Y siempre que hablamos de Cerrío me acuerdo de Isaías La Fuente Zorrilla.
Nieves
Claro, es verdad.
Carlos
Siempre me acuerdo de Isaías La Fuente Zorcilla, que son parientes. Bueno, ¿Cómo se tomó Zorrilla aquel fracaso inicial? Porque del éxito posterior no hay duda.
Nieves
Sobre todo porque la obra hubo que retirarla muy poco tiempo después del estreno y no había muchos teatros luego dispuestos a programarla. Y ahí empieza a perderse la costumbre de representar el drama de Don Juan en las fechas de muertos. Tan disgustado quedó Zorrilla, que visto que ya nadie quería representar su Don Juan, decidió vender todos los derechos a un editor para ver si al menos su drama funcionaba como librito. Si lo venden como libro, pues vale. Le dieron unos miles de reales, no mucho, y ahí perdió todos los derechos sobre el texto y se desembarazó de su fracasado don Juan Tenorio. Pero bueno, pasaron 16 años y un actor muy famoso, Pedro Delgado, conocido como Perico, como ciclista Perico delgado, tenía unos 30 años, guapete, con buena planta, fama de ligón fuera del escenario. Él es el que decide rescatar el Don Juan Tenorio de José Zorrilla, empleando además una buena estrategia comercial, además de reestrenar con actores más acordes a los personajes que tenían que meterse en la piel de Don Juan y Doña Inés, y sobre todo con una mejor puesta en escena. Don Juan, por supuesto se lo adjudicó, él Perico Dogado se quedó como Don Juan y el de Doña Inés lo interpretó Teodora Lamadrid, que era hermana, era hermana de la otra, que fíjate que Teodora tampoco daba el papel por edad, pero sí por la estética, por lo que fuera, ella sí encajó. Pero resulta que Pedro Delgado, además de actor, era empresario teatral y cuando salió a subasta la temporada del Teatro español en Madrid, se la quedó su compañía. Y ese año, que fue en 1860, él decide recuperar la costumbre de representar el don Juan el 2 de noviembre. El uno no se podía porque por orden de la Borbona Isabel II, siguiendo órdenes de la secta católica, los teatros se cerraban la víspera del Día de Difuntos y toda la Semana Santa. Diversión en ninguno. Y para quien no se lo crea, artículo 25 del decreto orgánico de Teatros del Reino, ahí está recogido. Pero Pedro Delgado elige el Don Juan de Zorrilla, que era más ligero y más moderno y ya lo había representado anteriormente, en vez de coger el de Tirso o el de Antonio de Zamora. Muchos intentaron quitarle la idea a Pedro Delgado. No hagas esto. Primero, representarlo en el español, después del manifiesto fracaso que ya había tenido Zorrillo, era un riesgo y segundo, porque ya se consideraba una obra que estaba pasado de moda, era rancio. Pero no, llegó el exitazo del Don.
Carlos
Juan de Zorrilla y el gran cabreo de Zorrilla, imagino, porque con él había fracasado, pero había vendido los derechos ya, con lo cual no pilló nada no pilló nada derecho.
Nieves
Nada, nada. Además, José Zorrilla nunca vinculó su obra a las fiestas de muertos. De hecho, cuando se estrenó fue en febrero de 1844. Bueno, quizás eso, junto con el problema de los actores y la puesta en escena no ayudó. Es Pedro Delgado y su compañía los que restablecen en Madrid la costumbre de representar el tenorio el día 2 de noviembre. Volvió a la tradición y muchos teatros de toda España Oye, pues lo copiaron, porque la obra venía a huevo. Toda la segunda parte transcurre en escenarios fúnebres. Arranca con Don Juan en el cementerio, junto a las tumbas de todas sus víctimas y la de su padre, Diego Tenorio, muertos entrando y saliendo de sus tumbas. Toda la trama del Tenorio encajaba en las fechas y el público volvió a engancharse. Zorrilla, en cambio, con el Tenorio sólo ganó para disgustos, porque como había vendió todos sus derechos, no recibía ni un real pese a las ovaciones que arrancaba su drama. Seguramente pensaría eso me voy a arriesgar yo cuán gritan esos malditos. Pero mal rayo el Esparta, que por su culpa vendí mi farsa y me salen caros sus gritos. En fin. De todas formas, Zorrilla tuvo una época de mala suerte, coincidiendo con aquella errónea de desprenderse de su Tenorio, porque con la siguiente obra también tuvo un disgusto.
Carlos
¿Con qué obra? ¿Qué pasó?
Nieves
Sí, a ver. Al año siguiente del estreno poco exitoso del Tenorio, Zorrilla se retiró a un pueblo de las afueras de Madrid para terminar la siguiente obra que tenía entre manos. En ese pueblo no lo conocía nadie. Era un joven solo de 27 años. Siempre lo veían paseando solo. No hablaba con nadie, pensando siempre en sus cosas. Era un tipo bastante taciturno, muy siniestro. Y en el pueblo estaban un poco mosqueados. ¿Este tío de quién coño es? Un día llegó una carta para Zorrilla y como el sobre estaba medio abierto, el cartero terminó de abrirlo y la leyó. Leyó la carta y allí decí querido Pepe, soy de la opinión de que no debes envenenar al alcalde. Bastará con un narcótico. El cartero se fue al alcalde, el cotillo corrió por el pueblo, los alguaciles se fueron a por Zorrilla y en la puerta de la casa se concentró medio pueblo queriendo linchar a ese forastero raro que quería cargarse al alcalde. Al final pudo tranquilizar a todo el mundo porque resultó que la carta la había escrito un amigo de Zorrilla, médico al que le había pedido consejo sobre cómo terminar una obra que estaba esc. Que se estrenó en el Teatro de la Cruz de Madrid en 1845. Se titulaba El alcalde Ronquillo o El diablo en Valladolid. Es un drama en cinco actos inspirado en un personaje real de mediados del XVI sobre el que corría una leyenda. En Valladolid, el alcalde al que había que dar un narcótico no era el del pueblo, sino el de la obra de teatro.
Unknown Singer
Y por eso digo yo que mala suerte la mía.
Carlos
Zorrilla al gafe. Nunca lo había pensado así. Zorrilla. Algafe. Por cierto, que estos días, hablando del Tenorio, Andrés Buenafuente y Silvia abril estrenan en Barcelona el Tenorio de Guasa, que es una tradición que Joan Capri, Mari Sampere pusieron de moda hace un montón de años y que ellos se han atrevido a recuperar.
Nieves
Yo eso tengo que verlo.
Carlos
Han cambiado el texto. Han cambiado todo. Es un Tenorio de Don Juan y Don. Pero es de broma. El texto está absolutamente cambiado. Y eso ya te digo. Joan K. Primari, Sampere. Bueno, durante muchos años era una tradición en Barcelona. Habrá que verlo. Eso hay que verlo. Venga, Nieves. Hasta mañana.
Nieves
Hasta mañana. Gracias.
Unknown Singer
Que fue ella y se marchó. Y por eso digo yo Que mala suerte la mía. Qué mala suerte la mía. Qué mala suerte la mía. Qué mala suerte la mía. Qué mala suerte la mía. Ella se había enamorado de un chofer y un locutor, de un cantante trovador, de un artista y un soldado cuando se puede mirar. Iba con un policía y la ingrata me decía ayer no vivo más contigo. Y por eso siempre digo que mala suerte la mía. Qué mala suerte la mía. Qué mala suerte la mía. Qué mala suerte la mía. Qué mala suerte la mía. Sabes bien que me fallaste mucho más lo que quería. Tanto empeño que tenía y que pronto te cansaste. Qué mala suerte la mía. Qué mala suerte la mía. Qué mala suerte. Que mala suerte la mía. Tú me decías ahí todo hizo lo que tú me querías. Mala suerte la mía. Cuando tú dio nada más miente con tu verdad.
Episode Theme:
2 de noviembre de 1860: Exitazo del reestreno del Tenorio, la obra que fracasó 16 años antes
Host: Nieves Concostrina
Emission Date: 04 de noviembre de 2024
Podcast: SER Podcast
En este episodio, Nieves Concostrina narra la curiosa trayectoria histórica de "Don Juan Tenorio", la obra cumbre de José Zorrilla. Con su estilo característico y humorístico, explica cómo, pese a un estrepitoso fracaso en su estreno de 1844, la obra se convirtió 16 años después en tradición teatral asociada al Día de Difuntos, gracias al empeño y perspicacia del actor y empresario Pedro Delgado. El episodio aborda el origen del mito de Don Juan, la peripecia vital y profesional de Zorrilla y las ironías del destino: su obra alcanzó el éxito después de que él la repudiara y vendiera los derechos por un precio irrisorio.
Sobre la tradición imposible de separar Don Juan del Día de Difuntos:
Ironía sobre los títulos teatrales del siglo XVIII:
Sobre el círculo vicioso de los elencos:
La resignación socarrona de Zorrilla:
Concostrina, fiel a su estilo mordaz y divulgativo, reconstruye el trasfondo menos conocido del mayor clásico teatral del otoño español. “Don Juan Tenorio” pasó de ser un sonoro fracaso a fenómeno cultural, impulsado tanto por la casualidad como por la astucia teatral, mientras su autor sufría la ironía de ser olvidado en vida y celebrado sin provecho propio. Un episodio imprescindible para comprender los vericuetos de la tradición, la cultura y la injusticia del reconocimiento artístico.