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Nieves
En la ventana. Acontece, que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina. Cadena Ser.
Carlos
Hoy hay que tararear más que nunca. Nieves, buenas tardes.
Nieves
Hola, buenas tardes, Carlos.
Carlos
Porque está pensando que la historia puede tener, bueno, y tiene de hecho yo creo, un apartado, un recorrido incluso muy especial a partir de la música y más concretamente de canciones que se identifican con un país, que eso puede ser, yo que sé, un himno tan universal como La Marsellesa con Francia, puede ser la legendaria o bella Ciao que nos lleva a Italia, por dónde vas, o puede ser Bruce Springsteen con su Boring de USA. Hay un montón de propuestas, habría un montón de propuestas para hacer este recorrido por la historia a partir de la música. Vale, pues yo hoy me pido este comodín de la música para anunciar por dónde van a ir los tiros de este Acontece, que no es poco.
Unknown Twitter User
Hay suita. Ay, sí tengo una cuenta en Twitter con muchísimos millones. Vivan las cuentas en clave. La fuga de capital del tráfico de divisas. Iba la Suiza neutral. Iba la Suiza neutral. Refugio de mi chequera. Viva la banca extranjera con capital nacional.
Carlos
Dale, Nieves, venga. Hoy nos vamos a ocupar de Suiza.
Nieves
Sí, sí, pero ya que lo has puesto a huevo. A ver, esto no va a impedir que tengamos un recuerdo para los Borbones.
Carlos
¿Yo lo sabías?
Nieves
Claro, es que aman a Suiza mucho más que a España. Por eso se van a vivir allí cuando los pillan mangoneando aquí y por eso tienen allí sus cuentas en vez de en la Caja Rural de Jaén. Por eso vamos a unir dos asuntos suizos que están muy relacionados entre sí y los dos registrados en estos días de noviembre, pero con cinco siglos de diferencia entre ellos. Por un lado, recordamos que el 18 de noviembre de 1307, que ya ha llovido, un señor llamado Guillermo Tell disparó. Disparó a una manzana colocada sobre la cabeza de su hija. Y acertó en la manzana, afortunadamente no en el chiquillo. Este mito, que hay que creérselo o no, pero más bien no, pero los suizos se lo creen porque han señalado hasta día y año. Y que además es una historia chula y muy épica porque ha inspirado a mucha gente. Inspirado el drama de Schiller, la ópera de Rossini, que por cierto, ya lo contamos un momento. La ópera de Rossini, Guillermo Tell, es la que se estaba representando cuando el anarquista Santiago Salvador tiró una bomba en el Liceo de Barcelona. Sí, Sí. Que dejó 20 muertos a finales del XIX. Bueno, pues el mito de Guillermo Tell, adornado o no, sea o no un cuento, es clave para entender la fundación de Suiza. Esa extraña isla que hay ahí en mitad de Europa que decidió ir a su bola hace siete siglos pero que consiguió el 20 de noviembre de 1815. Este es el otro asunto. Ir a su bola pero ya de forma oficial y con el consentimiento de todos. Suiza es neutral, es inviolable. Mira qué bien. Y por eso es tan envidiada y tan envidiable. Parece que viene el séptimo de caballería.
Carlos
Exacto, exacto, exacto, exacto. Oye, a ver, yo No entiendo eso. ¿Por qué Suiza contó con esa gran ventaja de que todos los demás países aceptaran su neutralidad? Que es una posición internacional, digamos así como cómoda y muy beneficiosa. Desde luego.
Nieves
Claro.
Carlos
Es que, a ver, garantizar que nadie se meta contigo.
Nieves
Yo tampoco la entiendo. La historia del porqué la vamos a contar, pero yo tampoco la entiendo más allá de que simplemente tuvo suerte. Les tocó el gordo. A mí yo lo traduciría en que tienen un morro que se lo pisan. Pero bueno, voy a empezar pisando terrenos palabreros de Isaías Lafue. A ver, neutro, neutro viene del latín neuter y significa ni uno ni otro, ni para ti ni para mí, ni chicha ni limona. Y eso es Suiza. Neutral porque no está ni con unos ni con otros. Está donde huele a dinero. Ahí está ella. Desde aquel 20 de noviembre los suizos tienen la ventaja de no pringarse en nada ni con nadie porque las potencias europeas aceptaron ratificar, ya estaba decidido, pero ratificaron que Suiza disfrutara de una perenne neutralidad y de un territorio inviolable. En realidad lo que se hizo fue reafirmar, ratificar una neutralidad de la que ya disfrutaba Suiza desde hacía 300 años. En mil quinientos y pico. Los suizos se metían en guerras cada dos por tres como todo hijo de vecino. Es más, eran famosos y fieros mercenarios que luchaban para quien mejor pagara. Hace cinco siglos corría además por Europa una frase que decía no hay dinero, pues no hay suiz. Algo así como la foca no trabaja si no tiene sardina. Porque sólo atendían al mejor postor. Eran más claro como el Cid Campeador y su pandilla. ¿Quién paga los musulmanes para atacar a los cristianos? Pues vamos a por los cristianos. ¿Pagan los cristianos para que ataquemos a los musulmanes? Pues venga a por los musulmanes. Solo los franquistas, José María Aznar y los desinformados se creen que lo del Cantar de mío suizo ocurrió de verdad.
Carlos
Entonces, que los Papas eligieran como guardaespaldas precisamente a soldados suizos no es casualidad.
Nieves
Claro. Es que los soldados suizos tenían mucho prestigio guerreando, como digo, eran muy fieros, tenían tácticas impecables, estaban muy bien coordinados, eran muy disciplinados. Por eso estaban muy solicitados por otros ejércitos cuando necesitaban alquilar soldados para pegarse con alguien. Y por eso el Papa julio II, cuando se planteó tener guardaespaldas, porque ya no le cabía un enemigo más en el cuerpo, eligió a los suizos, que defendían a quien fuera de quien fuera. Si, estaban estupendamente pagados. Ya ves, si hay alguien forrado en este mundo es el Papa. El caso es que a raíz de una derrota de los suizos ante Francia, también perdían de vez en cuando. Los suizos tuvieron que firmar una paz perpetua que les exigía estarse quietos y no meterse en guerras ajenas. Luego vinieron más acuerdos, más tratados, en los que con altibajos se fue perpetuando esta neutralidad exigida por sus enemigos al principio, pero a la que se fueron acomodando los suizos. Porque, es que, la verdad, era un chollo. En el fondo era cómodo. Si un país iba y le decía a los oye, echadnos un cable. Los suizos decí Ah, se siente. Estamos obligados a ser neutrales. Ellos no ayudaban a nadie y así nadie se metía con ellos. Y la cosa continuó hasta 1815, cuando se ratificó la perenne neutralidad de Suiza durante el Congreso de Viena. El Congreso de Viena fue aquel que reunió a representar absolutistas europeos para arreglar el desbarajuste de fronteras que había dejado Napoleón. Cuando los congresistas terminaron de repartirse Europa, vieron que ahí, en medio de Europa, seguía una parcela sin rey, sin emperador. Era la Confederación Suiza. Ese es el nombre oficial. Ahí sólo había suizos y Europa. Bueno, pues mira, tú quédate quieta. Ni te muevas.
Carlos
Hasta aquí lo he pillado. Pero oye, a ver, ¿Dónde está la relación de Guillermo Tell y la manzana y el niño y la flecha y el arco con la creación del alcohol? Suiza.
Nieves
Chulísimo esto. Para entender cómo están organizados y cómo se apañan políticamente, hay que irse hasta el momento de Guillermo el niño y la manzana. Si miramos el mapa político de Suiza y vemos su extensión con carillo, pero es una cagarruta ahí en medio. A ver, ¿Cómo es posible que un país más pequeño que Aragón tenga 26 estados dentro y encima sean más felices que un cochino en un barrizal? Allí no los llaman estados, llaman cantones.
Carlos
Cantones.
Nieves
Ya sabes, el Barça. El Barça lo fundó. Tienen 26 cantones. Lo fundó un suizo del cantón de Zurich. Allí lo llaméis Joan Camper. Bueno, pero en la época de Guillermo Tell, año 1307, Suiza no era nada. No era nación, no tenía rey. País suertudo es que nunca ha tenido rey. Pero fíjate lo próspera que Suiza, por no tener rey, tampoco tenían territorio definido. En aquella zona había una serie de comarcas cantones donde mandaban señores feudales. Cada cantón iba a lo suyo, con sus propias leyes y obedeciendo al gobernador de turno. Pero por aquel entonces estaban poniéndose muy pesados por Europa. Los Habsburgo, los Austrias, empeñados en formar un gran Sacro Imperio Romano Germánico en el que mandaran solo ellos. Y pusieron el ojo en esos que estaban ahí sueltos, en los cantones suizos, en esas comarcas que aparentemente no eran de nadie. Dijeron los mira, entramos y nos las quedamos. Si estos no tienen rey ni perrito que les ladre. Y como son cantones pequeñajos y con poca gente, a estos nos los merendamos en nai menos. Y así fue. Los Austrias fueron colocando al frente de los cantones a sus gobernadores, los suizos. Bueno, vale, mientras no nos toquen las narices los derechos y los privilegios, lo mismo nos da ser del Sacro Imperio de los Hare Krishna.
Carlos
Ya, pero, ya. Pero esa paz social que describes no tenía pinta de que fuera a durar.
Nieves
Mucho, no, porque los Habsburgo empezaron a molestar de más en algunos cantones. Y entonces apareció el señor Guillermo Tello, que vivía en el cantón de Uri. Uri es uno de los cuatro cantones que está alrededor de un lago que se llama el lago de los cuatro cantones. ¿Para qué te vas a quebrar?
Carlos
Todo encaja.
Nieves
En el cantón de Uri está la ciudad de Altdorf, donde mandaba un gobernador que habían puesto los Austrias, por supuesto, al que le ofendió sobremanera que un señor con su hijo atravesara la plaza sin hacer la reverencia o el saludo que se exigía por los Habsburgo ante el símbolo del poder del Imperio austriaco, que era un sombrero colocado en lo alto de un poste. Dicen que el señor Guillermo. Bueno, allí lo llaman Wilhelm. Wilhelm. El señor Guillermo se negó a rendir pleitesía al símbolo invasor. El gobernador castigó la rebeldía de aquel disidente y como sabía de sus habilidades con la ballesta, para escarmentarle exigió que demostrara su puntería atravesando una manzana sobre la cabeza de su hijo. Si lo conseguía, le dejaría ir. Dijo, venga con un par. Colocaron al muchacho con la manzana y Guillermo puso en la ballesta dos flechas, disparó una y atravesó la manzana. Y entonces el gobernador le preguntó muy bien, tú lo has hecho muy bien. ¿Por qué? Le dijo el gobernador. ¿Por qué has preparado dos flechas y sólo tenías que lanzar una? Lo veo venir, claro. Guillermo Tell le contestó que la segunda iba destinada a él, al gobernador, en caso de que hubiera fallado y matado a su hijo. Así que por respondón, ahora encarcelado por chulo.
Carlos
Oye, Nieves, ¿Era cierta o no? Pero la historia es bien bonita. Claro, para aceptarla como mito fundacional de un país de Suiza, pues bueno, pues no está mal.
Nieves
Pero es que además es un mito que ha derivado en algo inofensivo, por decirlo de alguna manera. Fíjate que los israelíes se han inventado su mito fundacional, que no puede ser más fantasioso ni payaso, de que el tal Dios les entregó una parcela. Y con esa excusa llevan asesinando a decenas de miles de seres humanos con total impunidad. Del mito fundacional de Suiza con Guillermo Tell, al igual que el de los genocidas israelíes, no hay documentación. Y las primeras crónicas en las que aparece la historieta de la manzana fueron escritas 100 años después. Y además hay otros dos héroes medievales a los que les pasó prácticamente lo mismo, pero en Dinamarca y en Inglaterra. Pero da igual, porque la leyenda de Guillermo Tell sí es verdad que ilustra muy bien el nacimiento de Suiza. Y ahora termino con el mito. Cuando estaban trasladando a Guillermo Tell en barco por el lado, ya detenido por el lago de los Cuatro Cantones, camino de la prisión, se desató una tormenta. Guillermo se escapó, se fue al castillo del gobernador y lo mató con la famosa segunda flecha. Que había guardado para. Claro. Ese fue el punto de partida en el que los tres primeros cantones se unieron jurándose ayuda para independizarse de los austriacos, para luchar en común por los intereses de la zona, pero a la vez manteniendo su propia independencia que tanto miedo al federalismo. A esos cantones se fueron uniendo otros, y luego otros, y luego otros. Y en un pispás habían formado la Confederación helvética con sus 26 cantones actuales. Bueno, y ahí sigue Suiza, para felicidad de la familia de los Borbones y demás patriotas evasores. Tampoco todo es bueno, porque podrán tener los lagos, los Alpes y los bancos, pero al llegar agosto, vaya, vaya, allí no hay playa.
Singing Voice
No hay playa, vaya, vaya. Podéis decir a gritos que es la capital de Europa, podéis ganar la Liga, podéis ganar la Copa, afirmar y seguros que es la capital de España, pero al llegar a agosto, vaya, vaya, aquí no hay playas.
Carlos
Terminamos en Madrid y empezamos en Suiza. Pero bueno, es lo que tiene viajar por la historia y sobre todo a través de la música, que es un placer. Un beso, Nieves, otro para ti. Hasta el lunes. Cuídate mucho y descansa. Muchas gracias.
Nieves
Chao. No.
Singing Voice
No. Podéis tener Hipódromo, Jarama y Complutense y al lado la Moncloa, donde siguen los de siempre. Podéis tener el mando del Imperio, mostras manos, pero al llegar agosto y el verano, podéis tener la tele y los 40 principales. Podéis tener las cortes y organismos oficiales, el oso y el madroño, si, Veles, Torre España, pero al llegar agosto, vaya, vaya, aquí no hay play, vaya, vaya, no hay playa, vaya, vaya, Escucha la vida, Puedes tener movimiento, movida, promovida por el poder, rogar a tierno o a barranco al que haya, pero al llegar agosto, vaya, vaya, aquí no hay playa, vaya, vaya, No, no, no hay playa, vaya, vaya, aquí no hay playa, playa, vaya, vaya, playa, vaya, vaya.
Host: Nieves Concostrina
Date: November 21, 2024
Podcast: SER Podcast
This episode delves into the myth of Guillermo Tell (William Tell) and its connection to the historical origins of Switzerland’s unique identity as a neutral and "inviolable" state. With her characteristic wit and critical lens, Nieves Concostrina unpacks how a blend of legend, politics, and accident of history shaped a country envied (and envying) across Europe for its neutrality, wealth, and internal organization.
The episode combines sharp historical analysis with Concostrina’s trademark irreverence and humor. She’s ironic about politics, critical of sanitized national stories, and pokes fun at powerful figures—embodying an accessible, iconoclastic narrative style.
For listeners, the episode offers a journey from legend to political reality, questioning historical narratives—yet appreciating their unifying potential when not used for violence. And, from imperial intrigue to financial modernity, Suiza emerges both as an exception in Europe and a reflection of universal human quirks.
Summary by: Todo Concostrina Podcast Summarizer 2024