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A
En la ventana Acontece, que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina. Cadena Ser.
B
Hola, Nieves, buenas tardes.
A
Hola, Carlas, ¿Qué tal? Buenas tardes.
B
Mira, hoy en nuestro paseo diario por la historia, tenemos la enésima confirmación de. De que todas o casi todas las cosas cambian con el tiempo. Incluso las costumbres o las instituciones que parecen más arraigadas. Los reyes, por ejemplo. Los reyes son. ¿A ver cómo decimos esto? Los reyes son un poco antiguayas. Quiero decir, son figuras de otra época.
A
Un poco.
B
Con independencia de la utilidad política que se les quiera dar. Pero los reyes ya no son como antes. Quiero decir que no pueden hacer y deshacer a su antojo como si fueran dioses más que monarcas. Pero antes, joder, antes era otra cosa. Por ejemplo, tal día como hoy, 23 de septiembre de 1784, Luis XVI de Francia, el rey, decidió ordenar por decreto cómo tenían que ser los pañuelos. Esto te lo has inventado.
A
Qué me voy a inventar, hombre. Ojalá. Cualquier estupidez de un rey supera un.
B
Edicto de los pañuelos.
A
Sí, sí. Nos vamos a permitir hoy un asunto frívolo por ser Marte porque sí, sin querer pisar, verás, sin querer pisar terrenos del ilustre palentino Isaías Lafuente. El diccionario define capricho como determinación que se toma arbitrariamente inspirada por un antojo, por humor o por deleite en lo extravagante y original.
B
Qué definición tan chula.
A
Pues eso es lo que dice el diccionario del Capricho. El 23 de septiembre de 1784, el Borbón Luis XVI, rey de Francia, firmó en Versalles, ¿Donde si no? Claro, unas letras patentes, se llamaban así, que ordenaban que a partir de ese momento todos los pañuelos que se fabricaran en Francia debían tener la misma medida de ancho que de largo. Tenían que ser cuadrados. A ver, las letras patentes era un edicto, era un mandato del rey, lo que ahora llamaríamos un decreto. Por eso este asunto frívolo se conoce como el decreto del pañuelo. A mí me recuerda al baile del pañuelo de aquellos payasos. Bueno, por el decreto del pañuelo, todos los pañuelos que se fabricaran y lucieran los franceses a partir de entonces, cuadrados. Ni rectangulares, ni redondos, ni ovalados, ni triangulares, ni trapezoidales. Cuadrados con la medida exacta en sus cuatro lados. Y cuando digo los franceses me estoy refiriendo a la nobleza y al clero, porque bueno, la plebe se restregaba la nariz con la manga, que es como hemos hecho toda la vida. On a frosty winter day.
B
Mira qué pañuelos estoy usando yo estos días con el primer resfriado del otoño.
A
Pero claro, se te nota.
B
Sí, sí, la mozo un poco así digo. ¿Qué importancia ha podido tener la cosa esta de los pañuelos para emitir un decreto real? Pregunto para entenderlo, porque tan chorra, tan absurdo todo no puede ser.
A
Sí, sí, A ver, los Reyes. Es que ya lo has advertido. Los reyes los regulaban todo. Ahora ni pinchan ni cortan, solo cobran, inauguran cosas y reciben gente. Pero antes metían mano en todo las cosas más estúpidas. A veces por sugerencia de sus ministros, a veces por capricho, porque les salía de su bolo moreno. El pañuelo era algo indispensable para los franceses. Tú no salías de casa sin pañuelo, igual que ahora no sale sin el móvil. El pañuelo era un accesorio distinguido. Era un detalle elegante, refinado. Además todo lo hemos visto en las pelis de época de aquella etapa rococó, donde los señores y las señoras llevaban siempre un pañuelo que movían así con la mano tonta en los bailes por la calle, no sé qué. Así, con el pañuelo al aire. El propio Luis XVI había emitido una ordenanza anterior a esta de la que estamos hablando, cinco años antes, tumbando un edicto del anterior rey de. De Luis XV que ordenaba ya entonces que los pañuelos fueran cuadrados. Es que verás, Luis XVI deroga el decreto de Luis XV de su antecesor y. Pues no, ya abro comillas. Todos los fabricantes, decía su nuevo edicto de 1779, tendrán libertad absoluta de hacer cosas nuevas o diferentes según lo consideren apropiado. Pues muy bien dijeron los fabricantes, sobre todo de determinadas ciudades como Cholet, donde había una importante industria textil. Todavía hoy se mantien esa industria y sobre todo la fabricación de pañuelos se ha convertido allí, en Cholet, en un lucrativo reclamo turístico. Tú si pasas por Cholet, no te vienes sin un souvenir hecho con un pañuelo rojo con sus franjas blancas que es el distintivo. De allí te puedes traer un oso de tela, un trapo de cocina, un cuaderno forrado, toallas, baberos. Todo en Cholet es rojo con su franja blanca. Bueno, tienen hasta una canción compuesta en 1900 que ya instaló para siempre la fama del pañuelo rojo de Cholet.
C
J' avais acheté pour ta fin.
B
Trois.
C
Petits mouchoirs de chalet Rouges comme la cerisette, Tous les trois Mamie à nautile. C' était don Joli. Les petits mouchoirs de cholet.
B
Le mouchoir de cholet. Qué canción. Es moña. Pero está bien, no es de 1900. Oye, entonces con este decreto real en Cholet se ponen a fabricar pañuelos a su bola, en libertad, variando los tamaños, haciendo de todo.
A
Claro, eso decía el decreto. Tenían libertad absoluta, como decía el decreto de Luis XVI. Pero claro, es que los reyes tenían un concepto de la libertad un tanto peculiar o se explicaban fatal. También puede ser, porque llega entonces el decreto este del que hablamos, de 23 de septiembre de 1784, donde dice el señorito Luis XVI la mayoría de los fabricantes, y en particular los de Cholet, Biers y otros lugares, han dado uso inadecuado al darle a los pañuelos más ancho que largo con el pretexto de que, de acuerdo con nuestras patentes del 5 de mayo de 1779, tienen la libertad de fabricarlos en las proporciones prescritas o en combinaciones arbitrarias.
B
Era un decreto claro.
A
Bueno, pues que son así. Y acusaba él a los fabricantes de pañuelos irregulares encima de hacerlo con mala fe. Es decir, un artesano se sentaba en su teléfono y decía voy a joder al Rey haciendo un pañuelo irregular. Bueno, así que el nuevo decreto ordenaba que los pañuelos se dejaran de, abro comillas, otra vez, combinaciones arbitrarias y que fueran perfectamente cuadrados bajo pena de confiscación y 300 libras de multa. Lo que no dijo Luis XVI en su decreto es que fue su esposa María Antonieta la que le cari, esto de que cada pañuelo sea de una medida es muy ordinario y muy poco estético. Lo conveniente es que sean perfectamente cuadrados. ¿Luego que? ¿Por qué los decapitan?
B
Bueno, no nos vamos a sorprender tampoco a estas alturas de los caprichos de María Antonieta. Pero vamos, que marcar hasta las proporciones de los pañuelos, eso ya se nota. Eso ya sorprende bastante.
A
Es cierto que ella dictó la moda de su tiempo. María Antonieta lo dictó todo. Ella no seguía la moda, ella era la moda. Sentirte una de las mujeres más poderosas de Francia con apenas 15, 16, 17 años y escasas neuronas acaba provocando que desbarres, Sobre todo cuando ves que los cortesanos y la plebe imita cada cosa que te pones, cada peinado que te haces, que copia cada postura o cada gesto. Esto de marcar el paso de la moda no fue patrimonio exclusivo de María Antonieta. Ojo, porque antes ya tuvieron al repollo este collazo de Luis XIV, una fashion victim que ya iba subido a unos zapatos de tacón de suela roja con lazo en el empeine. Llevaba el tío Chorreras en la pechera, encajes que salían debajo de las manga, una casaca repojado ahí con hilos de oro y plata, pelucón de 10 centímetros con raya en medio, porque así parecía más alto. Bueno, lo que viene a ser un repollo rizado con lentejuelas. Pero hay que estar atentos a los cambios de los tiempos y a las sensibilidades de la calle. Y eso no suele ir con los reyes y consortes, porque viven rodeados de alabanzas y de gentes que les dicen qué estilazo tienes, qué guapa eres, qué bien lo haces todo. María Antonieta no sólo no sujetó las riendas del lujo, de la exuberancia, del derroche, es que fue de más a más, a más a más. Su propio hermano, el que acabó siendo luego el emperador austriaco José II, le advirtió a María Antonieta que el peinado de las pelucas que lucía era demasiado ligero para sostener una corona.
B
Bueno, no parece que visto lo visto, no parece que María Antoneta prestara mucha atención a la metáfora de su igual. No la entendió.
A
Yo creo que no pilló, Yo creo que no la pilló. La corona de Francia se estaba desmoronando con tanta frivolidad. María Antonieta recibía cada semana, es que esto era muy loco, es que recibía cada semana 18 pares de guantes nuevos, 4 pares de zapatos y cada temporada de primavera, verano, otoño, invierno, 12 vestidos de gala, 12 para las mañanas y otros 12 para las tardes y las noches informales. Más luego, por supuesto, una variedad de vestidos para cazar, otros varios para los embarazos, otros, otros varios más vaporosos para pasear por los jardines y jugar a las pastorcitas. Ese refrán que dice que cuando el diablo no tiene nada que hacer con el rabo, matamoscas. Bueno, pues así era María Antonieta en Versalles, con todo a tu alcance, en la cumbre del poder, y por eso se entretenía en decidir hasta la forma de los pañuelos. María Antonieta volvió a poner de moda los vestidos, por ejemplo, con faldas exageradamente amplias. Faldas, que lo digo y va a parecer que mentira, hasta de 4.5 metros.
B
¿Cómo cinco metros?
A
Sí, sí, sí, Sí, s. No estoy exagerando. Tú no te podías acercar a menos de dos metros de la interfecta.
B
¿Y las puertas cómo eras?
A
Bueno, no, pues entraban de lado. Pues entraban así de lado. Y aparte que en Versalles era muy grande, ya bien tú lo sabes. Debajo de esas faldas entraba un televisor de plasma de 65 pulgadas. Tú metías ahí y tres espectadores viendo saber y ganar, porque Jordi Hurtado ya.
B
Presentado, ya estaba entonces.
A
Ya estaba presentada. Por aquel entonces, las que llevaban esos vestidos, que pesaban un quintal, además tenían que aprender hasta a caminar con ellos, tenían que viajar solas en carruajes, porque no entraba nadie más y viajaban de rodillas. No, es que no se podían sentar con esos vestidos en ukraje no se podían sentar. Que ya hemos advertido al principio de que el asunto este iba a ser un poquito frívolo.
B
Bueno, cuidado, frívolo hasta cierto punto, porque todo esto trajo unas consecuencias tremendas, porque es verdad que en Versalles y en París vivían como vivían, pero estaban ajenos a la que les iba a caer encima, que no tardó tanto, además.
A
El asunto es frívolo, pero trajo tremendas consecuencias. No recuerdo dónde leí que aquellos miles de aristócratas que poblaban Versalles vivían en una fantasía suicida. Es que me gustó mucho la expresión. Vivían en una fantasía suicida que ignoraba la evolución de los tiempos, las miserias de la población, los problemas de la calle, porque la única preocupación de María Antonieta, reina de Francia y conocida como Madame Déficit, pues era decidir qué se ponía cada día. Nada más levantarse, su doncella le presentaba un gran muestrario con las telas de todos sus vestidos y así elegía el que quería ponerse esa mañana, esa tarde o esa noche. Hemos empezado hablando del edicto que ordenaba que los pañuelos fueran perfectamente cuadrados porque a María Antonieta le parecían más estéticos. Menos de cinco años después, en 1789, pues todo estalló. Y como siempre les pasa a todos los reyes cuando los echan, y como les seguirá pasando a los que les toque irse, pues no entenderán por ni qué han hecho mal, porque es que su mundo es otro. Mira, esto me ha recordado además que terminando la temporada anterior, cuando hablamos de la toma de la Bastilla, dejé pendiente hablar de la guerra de las harinas. Eran revueltas populares por la carestía del pan en Francia. Mientras esas revueltas se producían, mientras María Antonieta, que ya era reina y andaba en los 19 años, seguía ocupada en elegir vestido y en elegir peluca. Y esas guerras fueron casi 10 años antes de la tontería del decreto del pañuelo cuadrado. Pero sin embargo, nadie tomó nota, seguían sin tomar nota. Nadie miraba más allá de su ficticio pequeño mundo, porque no había necesidad de ver lo que había más allá de las verjas de palacio, porque era un mundo vulgar, gris, embarrado y sobre todo, mísero.
B
Nunca pensé que un pañuelo pudiera dar tanta historia, ¿Verdad? Bueno, la cupa no es el pañuelo.
A
No, eso es otra cosa.
B
Muy bien, Nieves. Mañana más. Venga, gracias. Un beso.
Episode Title: Acontece que no es poco | 23 de septiembre de 1784: Luis XVI y el edicto de los "pañuelos cuadrados"
Air Date: September 23, 2025
Host: Nieves Concostrina (A), Co-host: Carlas (B)
This episode playfully delves into a seemingly trivial moment in French history: the royal decree issued by King Louis XVI on September 23, 1784, mandating that all handkerchiefs produced in France must be perfectly square. Through Nieves Concostrina's characteristic humor and historical acumen, the episode uses this anecdote to reflect on the disconnectedness, extravagance, and arbitrariness of royals like Louis XVI and Marie Antoinette, juxtaposing their frivolity with the harsh realities faced by ordinary French people on the eve of revolution.
Nieves Concostrina’s familiar style blends caustic wit, playful sarcasm, and lively historical storytelling. She draws sharp, humorous contrasts between royal vanity and popular misery, making even “frívolo” topics like handkerchief shapes a lens through which listeners can reflect on the causes and consequences of historical change.
A seemingly silly royal decree about the shape of handkerchiefs reveals much about the decadence, disconnection, and arbitrariness of the late French monarchy—a warning that ignoring social realities for the sake of superficial extravagance can have explosive consequences.