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Nieves
La Sociedad Española de Radiodifusión presenta Ser activa. La radio Podcast siempre.
Car
Hola, Nieves. Buenas tardes.
Nieves
Buenas tardes.
Car
¿Qué tal? ¿Has descansado? ¿Todo en orden?
Nieves
Sí, todo muy bien.
Car
Me temo que empezamos la semana con potentes cargas de profundidad en nuestro paseo por la historia. Porque hoy, como diría Isaías, al que desde aquí enviamos un abrazo y mucho ánimo, hoy buscamos pieza de caza mayor. Bueno, tan mayor como Fernando VII, bautizado por Nieves como el Mastuerzo. Pero Fernando VII no de mayor, sino de niño. Porque tal día como hoy, 23 de septiembre de 1789, tuvo lugar su jura como príncipe. Una jura precoz, podríamos decir.
Nieves
Demasiado precoz. Ya siento empezar malamente la semana hablando de un mastuerzo. Es de un periodo del mastuerzo en el que el animalicuo este parecía bueno porque todavía no había cumplido cinco años. Aún no se le veía venir.
Car
Qué raro que antes de los cinco años ya se intuya por dónde va.
Nieves
Mucho canalla.
Car
También es verdad, También es verdad.
Nieves
Efectivamente. El 23 de septiembre de 1789, en la iglesia de los Jerónimos de Madrid, la que está ahí detrás del Museo del Prado, se reunió la fauna de más alto standing de la corte, los ejércitos y la Iglesia para la jura del Príncipe de Asturias. Fernando, María, Francisco de Paula, domingo, Vicente Ferrer, Antonio Pascual, Diego, Juan Ne, Pomuzena, Jona.
Car
¿Cuántos nombres son?
Nieves
14 más. Pero es que me aburro. Faltan 14. Me aburro. Fue el acto en el que ese pequeño mastuerzo quedó consagrado como heredero oficial al trono de España. Algún moña sabrá que diga, hombre, pobrecito, tan pequeño, ¿Qué culpa tendría él? Y ya está metiéndose con este pequeño Borbón canalla. Pero no, porque con una dinastía como la de los Borbones, tan nefasta para la historia de este país, no puedes bajar la guardia. Tengan 5 años, sean rubitas y pijas o lleven el moño perfectamente hecho. Porque no hablamos de las personas, hablamos de la institución. Y aquel 23 de septiembre todas las fuerzas vivas de este país le estaban jurando obediencia, reverencia, sujeción y vasallaje a ese mastuerzo. ¿Que llevó a España a ser un país de mastuerzos?
Car
Podríamos tunear el refrán. En el país de los más tuerzos, el más tuerzo es el rey. Tunearlo un poco. Oye, pero entonces la Jura, lo que has dicho, la Jura, no era de él, era a él. Y le juraban lealtad con cinco años.
Nieves
Estaban jurando obediencia a ese crío para los restos. Además, hiciera lo que hiciera, yo creo que en realidad está mal expresado, aunque no lo sé. Si se dice así es correcto, pero a mí me suena mal, porque aquel solemne acto se conoce como la jura de Fernando VII como príncipe de Asturias, como si jurara él. Pero no juro nada, le juraron a él. Quien tenga previsto ir al Museo del Prado en breve, y si no que busque la imagen en Google, puede ver una pintura de Luis Pared que recreó todo el ceremonial de esta Jura del pequeño mastuerzo, con toda la gente que asistió, cómo estaban dispuestos, la decoración de la iglesia por dentro, la pintura. Espero que no la hayan cambiado para así no equivocarme yo. Está colgada en la sala que el Museo del Prado ha dedicado a reproducir lo que allí mismo, en el Prado, hace dos siglos, una sala igual, y que se conocía como Gabinete de Descanso de Sus Majestades. Es un espacio que se creó en 1828 para el descanso de Fernando VII, que diría que ¿Descansar de qué? Descansar de qué hay que descansar. Y quien visite esta sala, donde está la pintura de la Jura y otro retrato, que no se vaya a perder una habitación contigua. Esa sala donde han instalado, tal y como estaba entonces, el trono de Fernando VII, el retrete.
Car
Como retrete.
Nieves
El trono, un retrete, el original, donde él hacía sus cositas. Es uno de los pocos muebles que se conservan de las colecciones reales de esa época. Y respecto a esto, antes de seguir con lo de la jura, que tampoco es que tenga mucho más recorrido, vamos a hacer un paréntesis con esto de los muebles, ya que el váter donde se desahogaba el mastuerzo está junto a la pintura de la Jura del mismo mastuerzo.
Car
Lo del váter llama la atención de todas formas. ¿Por qué dices que es de los pocos que se conservan? ¿Dónde están los otros?
Nieves
Habría que preguntar qué muebles. Habría, habría, habría. Pero yo creo que para saber dónde están los otros habría que preguntárselo a los ladrones que se los llevaron a los Borbones. La mayoría de los muebles buenos, las joyas, no los muebles vulgares esos volaron, se los llevó Cristina de Borbón, que fue la que desbarató la colección Real, sacó en secreto de España los mejores muebles y los subastó en Londres y París. Había auténticas joyas renacentistas y otros muebles maravillosos de finales del XVIII. Se salvaron algunos que estaban en Aranjuez o en El Pardo, o que la borbona Cristina no consideró que no le cabían llamas en la furgo. Y dejaros esto y ya está. Vamos a poner un ejemplo concreto. Sí, y voy a dar. Voy a dar En la cacareada Galería de las Colecciones Reales, esta que se montó Patrimonio Nacional, no sólo para que la montó, no sólo para descontextualizar obras sacándolas del sitio donde estaban para rellenar un espacio gigantesco, sino que lo hizo también para sorprender al visitante y que se pregunte a veces qué demonios pinta eso ahí, porque no pinta nada, porque meter el Rolls que le regaló Hitler a Franco entre los carruajes reales, yo no sé, pero es que quien lo pensó o lo metió porque se cree que Franco era rey, o porque le caía bien Franco, o metió el coche para que hiciera bulto, no lo sé, yo qué sé, o quien decidiera juntar un retrato del mastuerzo y un ejemplar de la Constitución de 1812 como si ese rey hubiera sido constitucional. Bueno, pues en esas mismas supuestas colecciones reales hay un mueble maravilloso que se llama la Cómoda Gasparina.
Car
Yo lo he visto, sí, sí, yo he estado en esa galería. Sí, sí. Y he visto la cómoda y todo lo demás.
Nieves
Y el coche también llama mucho la atención entre las cúmulas. No sé. Bueno, pues habría que ver qué criterio, desde el punto de vista de muchos historiadores del arte, absolutamente absurdo e incongruente. Bueno, la Cómoda Gasparini, no sé si te lo contaron en su momento, era del despacho de Carlos III en el Palacio Real, esa cómoda, la comp. Pro Patrimonio Nacional en 2019 por 400.000 euros en una subasta de Nueva York de la casa Christie's para rellenar, lo compraron también expresamente para rellenar la Galería de Colecciones Reales.
Car
Así que hagámonos preguntas, hagámonos la primera y obvia. ¿Qué hacía en Nueva York hace un chico? ¿Como? ¿Qué hacía En Nueva York un mueble del despacho de carros III?
Nieves
Bueno, pues digo yo, vamos a ver si va a ser uno de los muchos que robó María Cristina de Borbón.
Car
Pues tiene toda la pinta.
Nieves
La que diseñó el libro de instrucciones de la corrupción en Borbonia para subastarlos en París y Londres. Pero los de Patrimonio Nacional, que ellos son muy exquisitos, te cuentan que el mueble desapareció de palacio en el siglo XIX, pero que no saben en qué momento la cómoda abandonó el Palacio Real de Madrid. Como si la cómoda tuviera patas, que las tiene. Como si la cómoda se hubiera ido por su cuenta de paseo por Europa. Dicen que saben que fue en el siglo XIX, pero ya está. Y con la excusa del no sabemos exactamente cuándo, si fue un 15 de marzo o un 7 de junio, pues así evitan mencionar el robo, no de este, sino de muchos más muebles. Y por supuesto, evitan relacionar el robo con los Borbones. Porque es que en Patrimonio son muy partidarios de Borbonia. Cuanto menos se sepa, pues mejor. Y todo lo que se pueda adornar, pues oye, se adorna y de lo que no se habla no se sabe. Así que se nos da la bonita paradoja de que gracias a los Borbones, España empleó una pasta gansa en que el pintor italiano Mattia Gaspar diseñara los espacios y los muebles de tres gabinetes de Carlos III y que ahora haya habido que pagar 400.000 euros por recuperar uno solo de esos muebles que ahora luce en la exposición permanente de la Galería de las Colecciones Reales junto al coche que Hitler le regaló a Frank.
Car
El mueble que vino desde Nueva York.
Singer 1
Of the heap, these little town blues are melting away. I'll make a brand new start of it in ol New York. If I can make it there, I'll.
Singer 2
Make it.
Singer 1
Anywhere, It's up to you.
Car
Bueno, la cómoda sí, pero el retrete de Fernando VII no. Entonces se supone que se lo dejó Cristina de Borbón porque no le iba a sacar mucho dinero.
Nieves
Era un retrete.
Car
Ya, pero era un retrete con historia.
Nieves
Elegante a la par que cómodo. Pero no, es que si te fijas, no era una joya de mueble. Estaba muy bien, pero no era una joya de mueble. Por eso lo dejó. Y además estaba en el Prado. Ese retrete estaba en el Prado porque estaba en el gabinete. Para que descanso, no estaba en Palacio. Y por cierto, a mediados del XIX se creó una comisión de investigación para intentar recuperar el dinero, las joyas y los muebles que la borbona María Cristina había robado. Comisión de investigación que se creó entonces y no se ha podido crear con Juan Carlos. Qué curioso, ¿Verdad? No hubo éxito entonces en averiguar el paradero, pero los grandes investigadores de Patrimonio han hallado la fórmula para localizar y recuperar todo presunto uno de aquellos muebles a cambio de 400.000 euracos. Eso sí, siguen sin saber quién se los llevó, ni cuándo ni cómo. Qué cosas. Porque el intendente de Patrimonio Nacional por aquel entonces, A mediados del XIX, el señor Martín de los Eros, sí sabía quién se los llevó. Cómo lo sabía él y no lo sabe los de ahora. Fue él quien informó a las Cortes, nada más huir María Cristina de Borbón del país, de que faltaba el dinero de la caja. Informó del hallazgo de 700 estuches de joyas vacíos e informó de la desaparición en el Palacio Real de una serie de valiosos muebles.
Car
Bueno, pues entonces se sabía.
Nieves
Claro que se sabía. La buena noticia es que tenemos el retrete de Fernando VII. No vale un mojón hablando de retretes, pero bueno, lo tenemos junto a la pintura de la jura como Príncipe de Asturias. Así que volvamos a la jura, que tampoco tiene mayor interés porque fue mero protocolo.
Car
¿Cómo fue aquella ceremonia?
Nieves
Primero que hubo una misa, una misa pontifical. Eso de misa pontifical, eso es cuando la misa la da el obispo en su diócesis. Y esta misa la dio el cardenal Lorenzana, arzobispo de Toledo y Madrid. Pertenecía a la archidiócesis de Toledo. El cardenal estaba en el lugar principal, donde tiene que estar un cardenal, en el centro del altar. A su derecha estaban los consejeros del rey, otro cardenal de los gordos, que era el de Indias. A su izquierda estaba la familia real con el pequeño mastuerzo sentado en una silla que le colgaba los pies en cuadro. Más abajo estaban los procuradores en Cortes, más obispos, grandes de España, marqueses, duques, más obispos. Y todos ellos, según eran llamados, iban hacia el cardenal Lorenzana, se arrodillaban y juraban obediencia, vasallaje y reverencia al mastuerzo. Luego los que ya habían jurado delante del cardenal iban a besar las manos de los reyes y del recién proclamado Príncipe de Asturias. Y bueno, pues después irían todos a tomar un vino paño. Eso no lo sé, porque eso ya.
Car
Está en la cual. Bueno, pero ahora es al revés. Los tiempos han cambiado. Ahora son los príncipes de Asturias los que tienen que jurar la Constitución. Juró Felipe como príncipe primero, luego como rey y luego juró Leonor también.
Nieves
Sí. ¿Y ya sabes quién no juró nunca la Constitución?
Car
Me lo huelo.
Nieves
El delincuente Juan Carlos de Borbón. Lo único que juró Juan Carlos de Borbón, que esto se nos olvida a todos, él nunca juró la Constitución. Lo único que juró, además de que nos iba a tancar con el mismo arte que su abuela María Cristina, lo que juró fueron los principios del franquismo. Cuando Juan Carlos juró como rey en 1975 con el asesino Pinochet entre los invitados en el Congreso, lo que dijo fue juro por Dios y sobre los santos evangelios cumplir y hacer cumplir las leyes fundamentales del reino y guardar lealtad a los principios que informan el movimiento nacional e inmediatamente después soltó a Lagos, a Franco, al dictador que lo encajó ahí, cómo no, diciendo del casi con lágrimas en los ojos que era una figura excepcional que entraba en la historia.
Car
Excepcional sí fue.
Nieves
Sí, ya lo creo. Juan Carlos nunca juró la Constitución ni las leyes de la democracia. Por eso se pasó las leyes por sus reales prendengues.
Singer 2
En el festín La gente llega.
Nieves
Los.
Singer 2
Invitados son importantes En el festín.
Car
Todo.
Singer 2
Manjares, las copas llenas, la cosa buena.
Car
Para hacer una crónica social esta canción sí está muy bien. León Benadente, muy buenos. Bueno, Nieves, mañana más que hemos empezado bien la semana. No te quejarás. Venga.
Nieves
Gracias, Car. Para no perderte ningún episodio, síguenos en la aplicación o la web de Laser Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita.
Singer 2
En el festín la gente loca, loca En el festín Como devora, se devora Cogen cuchillos, cortan la carne, ríen las gracias Hay un oso disecado En el.
Singer 3
Festín En el festín En el festín En el festín.
Singer 2
En el festín.
Car
Dos.
Singer 2
Invitados casi se pegan No ha llegado la sangre al terciopelo En el festín. Bajan las luces, suben las ansias Metamorfosis Salen todos a bailar En el festín.
Singer 3
En el festín NFS. Molar special. Nf.
Singer 2
En el festín Enajenados, Brillan las joyas.
Singer 3
Ángel exterminador En el festín En el festín En el festín Bola de espejos Bola de espejos La cosa buena La cosa buena La cosa buena La cosa buena La cosa Buena la cosa, buena, buena en el festival.
Podcast: Todo Concostrina
Host: Nieves Concostrina (with Car, co-host)
Date: September 23, 2024
Theme:
A witty, irreverent stroll through the history of the Bourbon dynasty in Spain, centered on the early oath-taking of Fernando VII as Prince of Asturias in 1789 and the surprising survival of his royal toilet. Nieves dives into anecdotes around Bourbon excess, royal furniture, theft, and the mythmaking of Spain’s monarchy.
The episode explores the ceremonial swearing-in (jura) of Fernando VII as heir to the Spanish throne at only five years old—a moment steeped in courtly ritual but, as Nieves wryly reveals, also deeply illustrative of the dynastic corruption and absurdities fostered by the Bourbon monarchy. The segment is peppered with barbed humor about “mastuerzos” (blockheads/fools), with a secondary focus on royal assets: from iconic paintings and stolen furniture to the much-discussed royal toilet. Nieves draws historical parallels to modern times, particularly regarding the monarchy’s less-than-transparent legacy and the quirky vestiges of royal power on display in Spanish museums today.
| Timestamp | Speaker | Quote | |-----------|---------|--------------------------------------------------------------| | 00:51 | Nieves | “Ya siento empezar malamente la semana hablando de un mastuerzo... aún no se le veía venir.” | | 01:35 | Nieves | “Faltan 14. Me aburro. Fue el acto en el que ese pequeño mastuerzo quedó consagrado como heredero oficial al trono de España.” | | 03:00 | Nieves | “No juro nada, le juraron a él.” | | 04:12 | Nieves | “El trono, un retrete, el original, donde él hacía sus cositas.” | | 06:53 | Car | “¿Qué hacía en Nueva York un mueble del despacho de carros III?” | | 07:02 | Nieves | “Vamos a ver si va a ser uno de los muchos que robó María Cristina de Borbón.” | | 10:45 | Nieves | “La buena noticia es que tenemos el retrete de Fernando VII. No vale un mojón hablando de retretes, pero bueno...” | | 12:11 | Nieves | “Lo único que juró Juan Carlos de Borbón... fueron los principios del franquismo.” | | 12:56 | Nieves | “Juan Carlos nunca juró la Constitución ni las leyes de la democracia. Por eso se pasó las leyes por sus reales prendengues.” |
True to Nieves Concostrina’s hallmark, the episode is delivered with agile humor, sharp irreverence, and a hint of exasperation at the monarchy’s ongoing ability to whitewash or ignore its own historic abuses and farces. The language jumps between playful mockery (“mastuerzo”) and biting critique, keeping history lively and deeply human.
This episode of Acontece que no es poco serves as a caustically amusing yet enlightening look at the pomp—and hidden rot—of Spanish royal ceremony, using Fernando VII’s childish coronation and his surprisingly well-preserved retrete as metaphors for centuries of dynastic blunders, cover-ups, and lost treasures. It connects the dots between 18th-century ritual obeisance and modern questions about monarchy, memory, and national heritage—with more than a flush of Concostrina’s signature wit.