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Nieves
Ser podcast. En la ventana Acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina. Cadena SER.
Carla
Hola, Nieves, buenas tardes.
Nieves
Buenas tardes, Carlas.
Carla
Mira, hoy abrimos semana apuntando a uno de los centros neurálgicos de la historia, los mapas. Los mapas. Los mapas. Bueno, yo diría incluso que el mapamundi, la bola del mundo. Porque el mundo no es como es por ciencia infusa, no ha sido siempre como hoy lo conocemos. Y la historia nos sirve tanto para seguir los cambios, las caídas de imperios, la conquista de territorios, la fusión de estados, la desaparición de estados, como para descubrir los orígenes. Todos los países tienen. Todos tenemos una carta fundacional a través de la cual se pueden explicar muchas cosas y. Y el caso de hoy, joder, de verdad que es un buen ejemplo. Hoy viajamos al 26 de enero de 1788 para hablar del nacimiento de Australia. ¿Australia?
Nieves
Australia, sí. Fíjate, mira, empiezo con una cita del explorador británico Jayce Cook. Fue uno de los primeros europeos que pisó la isla más gorda del mundo, tan gorda que es un continente al que ahora llamamos Australia, y que acabó. Bueno, acabó escriturándose a nombre de Reino Unido por tontera. Bueno, pues James Cook escribió que los aborígenes son mucho más felices que los europeos, Creen que están provistos de todo lo que necesitan para la vida y no se preocupan por cosas superfluas. Fin de la cita. Pues muy bien. Debe ser precisamente por eso que los británicos se dedicaron a partir de aquel momento a joderle la felicidad a los aborígenes para que fueran tan infelices como los europeos. El 26 de enero de 1788, un tipo llamado Arthur Philip fundó Port Jackson. Pero como un tal Lord Sidney, un político británico del montón, fue el que impulsó la primera expedición, pues al final se quedó aquello con Sidney. ¿Y cómo y con quién se fundó Sidney? Bueno, pues a ver, la fundación fue un desastre y su fundador es. Unos delincuentes.
Carla
¿Como? Delincuentes.
Nieves
Todos unos delincuentes.
Carla
Pero literal.
Nieves
Literales. A los británicos les interesaba Australia solo para convertirla en cárcel porque ya no les entraban tantos malhechores en su pequeña isla de Gran Bretaña y necesitaban una más grande. Y lo mismo, no era porque tuvieran pocas prisiones, sino porque tenían muchos delincuentes.
Carla
O sea, podemos decir, volviendo a lo literal, podemos decir sin riesgo a equivocarnos que los primeros colonos de Sidney eran todos delincuentes.
Nieves
Prácticamente todos.
Carla
Pero ¿Y por qué había tantos en Gran Bretaña? ¿Qué pasaba ahí?
Nieves
Sí aclaro antes una cosa. La Fundeu recomienda que a los de Sidney los llamemos sidneyeses. Eso es lo que recomienda la fundeu. Suena fatal. ¿Qué quieren que les diga, señores de la Fundeo? Es una fatal.
Carla
Pero sidneyanos tampoco, ¿No?
Nieves
O Sidney, Yo qué sé.
Carla
Los de Sidney.
Nieves
Los de Sidney. Bueno, pues había tanto delincuente porque cualquier cosa estaba penada con cárcel, hasta robar una sardina por hambre. Y el problema en aquellos finales del siglo XVIII en Reino Unido era la extrema pobreza de los británicos. Eran obreros miserables y explotados por la revolución industrial que acababa de arrancar sin piedad y que ni trabajando de sol a sol se ganaba prácticamente para comer. Y bueno, por supuesto había un trabajo infantil salvaje. Es que los ponían a trabajar con tres y con cuatro años. Como el sistema judicial era muy castigador, cualquier hurto, cualquier bronca, cualquier cosa te llevaba a prisión. Y las cárceles estaban saturadas, podemos imaginar las condiciones de la población reclusa. Esto mismo se les ha repetido en pleno siglo XXI. Yo no sé qué les pasa a los británicos, pero en 2024 tuvieron que liberar por las buenas a 1.700 sin cumplir condena para desahogar un poco las cárceles. Y hace menos de un año reconocieron que volvían a tener el sistema penitenciario al borde del colapso. Bueno, pues si a eso suman los borrachuzos que hay que encarcelar en Magaluf, ¿Qué les pasa? Cuando tenían sus colonias en Norteamérica, ellos hacían ya paquetes de presidiarios y los mandaban para allá. Pero cuando Estados Unidos se independizó, a ver, ¿Dónde mandaban a los delincuentes que no les entraban? Pues Australia. Y por cierto, antes de nada, una tonta es una tonta. Pero bueno, animo a que busquen un mapa de Australia, tiren una línea recta en su mitad, ¿Verdad? Qué curioso. ¿Tú lo has visto? De norte a sur. Y verán a la derecha la cabeza de un gato y a la izquierda la cabeza de un perro.
Carla
Sidney está entonces en la parte de la cabeza de gato.
Nieves
Está en la cabeza. Está a la altura de la nariz, debajo de los ojos. Bueno, pues irse hasta allí a finales de aquel siglo XVIII por gusto, pues no ni en broma. Está muy lejos. Como Japón está más lejos que Japón, porque Australia estamos para allá. Si ya nos pilla lejos hoy. Pues imagina. Antes, hasta donde se conocía Australia, era inhóspita. Había unos bichos raros que en vez de andar daban saltos. Otros que parecían el producto de una noche loca de amor, de un castor y una pata, o de un pato y una castora. Da igual. Si los británicos querían colonizar aquello, tenía que ser llevando a gente forzada. Y así fue como Australia se decidió que fuera un territorio de deportación. Y los primeros colonos, pues claro, unos delincuentes. Pero claro, aquello es que es muy grande. Y solo podían empezar a instalarse por la parte que conocían, que fue la zona de la cabeza de gato. Claro, la zona de la cabeza de gato, porque por la zona de la cabeza de perro estaban moviéndose los holandeses y otras gentes. Y británicos que también pasaban. Otros británicos que pasaban por allí. La primera expedición con los la compusieron 11 buques y 6 de ellos iban hasta la bandera de presidiarios, hasta arriba. Se fueron tan contentos a un lugar que llamaban Botany Bay, que es el primer lugar de Australia al que había llegado Jayce Cook 18 años antes, y que bautizaron así porque eso era un vergel, una maravilla. Y ese era el destino que se eligió para instalar la primera colonia penal en Australia, ¿No?
Carla
Y tan mal para los presos, ¿No?
Nieves
Aparentemente sí, pero vaya destino desastroso. Porque allí, salvo plantas a lo loco que no servían a los humanos, pues no era tierra fértil, no había agua potable y los barcos no podían entrar en la bahía porque además embarrancaban.
Carla
Retiro lo dicho, pero en cualquier caso, no pudieron consultar a Cook si Botany Bay era un buen sitio para instalar.
Nieves
Porque ya se lo habían comido los nativos. A Cook se lo comieron los nativos en las islas Sandwich, que es un buen sitio.
Carla
Te veo venir.
Nieves
Es un sitio ideal para comerse a alguien. Las islas Sandwich. Bueno, el delito ahora son las Hawai. El delito está en que fue el botánico de la expedición de Cook. Banks se llamaba el tipo que a este no se lo comieron y pudo regresar a Inglaterra. Y este es el que hizo un informe favorable diciendo que botan eBay. Era guay para instalarse. Mucha vegetación, muy variada. A ver, este tío de fotosíntesis, el botánico estaría muy bien, pero de todo lo demás iba fatal. La expedición con todos los presos a bordo y en qué condiciones. Tuvieron que tirar un poco más al norte, no mucho, un poquillo más, subiendo por la naricilla del gato. Y ahí encontraron el lugar que creyeron perfecto que era Port Jackson, la actual Sydney.
Carla
Bueno, las condiciones en las que viajaban los presidiarios desde Inglaterra a Australia ¿Las podemos imaginar o no?
Nieves
No sé, podemos imaginarlas, Tienen que ser tremendas, pero eso creo que deben ser inimaginables. Aquel viaje duraba meses y en las bodegas de los barcos iban hacinados hombres, mujeres, niños. No significa que los niños fueran con sus madres, podían ser niños solos, porque es que también eran presidiarios desde muy pequeñitos. Con nueve años ya podían ser deportados. El aire puro lo respiraban los que iban de tarde en tarde, cuando les permitían salir un ratito de la bodega, muy poco. Pero el trato era cruel. La alimentación era infame, escasa, porque además eran barcos privados que contrataba al gobierno. Y cuanto más ahorraban, más ahorraban en comida, más ganaba el patrón en las bodegas. Preferían convivir con los muertos y no informar de los que morían, porque así seguían llegando las naciones de comida. Las enfermedades, imagina, se propagaban entre aquella masa humana de forma descontrolada. ¿Quién se iba a preocupar de asesinar y violaciones entre los propios presidiarios? ¿Y a quién le iba a importar que se murieran 8 u 80 en el camino? Con tirarlos por la borda, solucionado. Al fin y al cabo eran delincuentes. Murieron cientos y las flemáticas autoridades británicas hicieron un mal cálculo. Cuando llegaran a instalarse en Australia, ¿Quién iba a construir la colonia?
Carla
Yo supongo que los propios presidiarios, los delincuentes. Es verdad que si llegaban hechos polvo o llegaban tan pocos, ahí teníamos un.
Nieves
Problema, o tenían el cálculo con los pies. Esa fue otra ruina, estos cálculos, como la de Botany Bay. Parece que los british piensan poco antes de tomar decisiones. Les pasa de siempre. Mira el Brexit. Eso ocurrió cuando llegó aquel primer contingente con presidiarios a Port Jackson, que la mayoría se había muerto en el camino, que otra parte importante estaba enferma o muy débil para levantar ni un pico o una pala, pero aún así tuvieron cómo pudieron que construirse refugios de mala muerte, pero para sobrevivir, porque estaban a la intemperie y aquello estaba lleno de bichos de los que pican y muer. No tenían suministros, ¿De dónde sacaban la comida? El tal Arthur Philip, el jefe de aquella primera expedición que fundó por Jackson y que ya de paso se nombró gobernador, andaba desesperado porque no tenía suficientes hombres para trabajar ni alimentos que darles. La condena en Australia a los que deportaban allí era entre 7 y 20 años de trabajos forzados, claro, pero era fácil que murieran antes de conseguir la libertad para empezar a moverse libremente por Australia. Porque de volver a Inglaterra, claro, de eso ni hablamos. A ver qué hombre o mujer o niño, cuando cumpliera condena tenía dinero para pagarse un pasaje de vuelta. Tenían que quedarse allí. Y las mujeres, pues imagina, para sobrevivir la única salida era la prostitución. En fin, que el señor gobernador pidió ayuda a Gran Bretaña diciendo que no podía con aquello, que mandaran suministros, pero mientras no paraba. Antes de responder a nada de esto, venga a llegar presidiarios y más presidiarios, casi todos débiles, enfermos. Bueno, el plan de deportaciones estuvo a punto de abandonar.
Carla
Oye, y a todo esto, los aborígenes, aquellos seres felices de los que ha hablado Cook, a los que seguro se les acabó la tranquilidad, la felicidad y.
Nieves
Prácticamente todo se les acabó hasta la vida. A los aborígenes no les pasó ni más ni menos que lo que les ha pasado a casi todos los nativos. Cuando llegaba el europeo a colonizar en América o en Australia, daba igual, pues cayeron como chinches. Primero por las enfermedades, por la viruela fundamentalmente, claro, sin defensas para ello. Después, en cuanto no se plegaban a los planes de los invasores, bueno, pues se organizaban matanzas, se dispersaban aldeas, la población casi casi se extinguió en algunas zonas. Los británicos decían que los aborígenes eran raros porque tan pronto eran gente muy amable, como te atravesaban con una lanza. Hombre, a ver, depende si les tocaban las narices, que por cierto son muy graciosas. Si los colonos entraron apabullando, mandando, ocupando tierras, cristianizando a mamporro.
Carla
Oye, ¿Y hasta cuándo duró esto de enviar delincuentes para colonizar Australia?
Nieves
Pues mira, se calcula que Reino Unido deportó a 170.000 delincuentes a Australia a partir de aquel primer envío de 1788 y durante los siguientes 60 o 70 años, hasta que apareció oro, amigo. Y a partir de 1851 ya había tortas por ir a Australia. Hasta los presidiarios pedí depórtame a mí, a mí. Y así, a base de una inmensa colonia de presidiarios y de la masacre de aborígenes, se pusieron los cimientos de Australia, poquito a poco. Que no parecen los cimientos ideales sobre los que edificar una nación, pero bueno, porque ya se ha consolidado. Además siendo racista y con el gusto por las deportaciones. Acuérdate cuando estuvimos mencionando aquí, a raíz del tema de las martas y la inmigración y todo esto de españoles, que después de la Segunda Guerra Mundial, que pegó un bajón la población de Australia, unos por muertos, otros porque se fueron del país, lanzaron aquella campaña de repoblar o morir, pero solo buscaban inmigrantes europeos blancos, porque los asiáticos del sudeste, que de esos tenían muchos pero muy morenos, esos no les gustaban, pese a ser una mano de obra muy baratita, y necesitaban deportarlos sustituyéndolos por blancos europeos también baratitos, que ahí es cuando fueron engañadas por la España franquista las mujeres españolas que fueron a servir al hombre blanco australiano. Las martas. Pues al igual que hicieron los británicos deportando delincuentes a Australia, ahora Australia está deportando a una isla en mitad del Pacífico a inmigrantes. Hasta la ONU les ha dicho ya que de qué van, que paren. Pero bueno, ya se sabe que lo que diga la ONU no va a ninguna parte. Here's a little song I wrote You might want to sing it Note for note.
Carla
Son discutibles las dos cosas, el don't worry y el be happy, pero bueno, ni tan mal. Mañana más. Nieves, muchas gracias.
Nieves
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Date: January 26, 2026
Host: Nieves Concostrina
Co-host: Carla
Podcast: SER Podcast
This episode takes a witty and unvarnished dive into the origins of Australia's European colonization, focusing on the founding of Sydney (January 26, 1788) as a penal colony. Nieves Concostrina, with her signature mix of humor, candor, and historical rigor, recounts how Britain used Australia as a solution to its overflowing prisons, sending thousands of convicts to an inhospitable, largely unknown land, with disastrous consequences for both the settlers and the indigenous population.
On the British logic:
“Si los británicos querían colonizar aquello, tenía que ser llevando a gente forzada. Y así fue como Australia se decidió que fuera un territorio de deportación.” (Nieves, 05:05)
On British decision-making:
“Parece que los british piensan poco antes de tomar decisiones. Les pasa de siempre. Mira el Brexit.” (Nieves, 09:10)
On the fate of indigenous Australians:
“La población casi casi se extinguió en algunas zonas...” (Nieves, 11:37)
On modern Australia’s migration policies:
“Ahora Australia está deportando a una isla en mitad del Pacífico a inmigrantes.” (Nieves, 13:53)
Comic relief:
Nieves jokes about the map of Australia looking like a cat’s head (east) and a dog’s head (west), with Sydney “in the cat’s nose.”
[05:08]
Nieves Concostrina’s delivery is incisive, laced with irony, and unsparing in her critique of colonial and present-day injustices. She blends humor—highlighted in exchanges about “la cabeza de gato y perro” (the ‘cat and dog’ heads of Australia), her throwaway lines on Brexit, and the tragicomic “islas Sandwich”—with deep indignation at the abuses suffered by both the convicts and especially the aboriginal peoples.
This episode offers an unfiltered, humorous, and deeply critical look at the “birth” of European Australia—not as a heroic colonial adventure, but as a chaotic and brutal dumping of Britain’s unwanted, at immense human cost. The echoes of that flawed foundation reverberate, Nieves argues, in today’s Australian policies and identity, making the history of January 26, 1788, both a cautionary and relevant tale.
For anyone who wants an honest, accessible, and irreverent crash course on Australia’s grim colonial beginnings, this episode is essential listening.