
Loading summary
A
Ser podcast.
B
Atención, atención. Aviso para navegantes, aviso para oyentes. En este caso, bueno, dos avisos. El primero, recuerdo que la historia de la radio, el gran espectáculo de Nieves con costriña, los Fetén Fetén, tiene fechas, atención, en Bilbao y en Madrid. Recuerdo. Bilbao, 11 de diciembre, Madrid, 20 de enero. Primer aviso dado. Segundo. No te rías, Nieves, que te estoy escuchando. Segundo. Nieves comienza una nueva serie en Acontece, que no es poco. Serie de cuatro capítulos ambientada en la Francia de 1500, de 1533, para ser exactos, que arranca con una boda. Una boda un tanto especial.
A
Muy especial, muy especial.
B
Una boda tres bandas. Pero esto solo para empezar, porque aquí tendremos de reyes, reinas, cortesanas, intrigantes, amantes, broncas entre católicos y protestantes, joyas, dinero. Por tener tendremos. Nieves, buenas tardes. Que no te ha saludado todavía.
A
Hola, buenas tardes.
B
Por tener tendremos hasta la historia de una mujer que palmó por chutarse oro. Oro líquido para estar más joven. ¿Quién da más? ¿Quién da mÁs?
A
Vendido. Así me está interesando hasta mí.
B
Pues venga, pues vayamos por partes.
A
A ver. Es que verás, al final de la temporada pasada, en julio, dejé tantos frentes abiertos que ya no sabía ni cómo empezar a cerrarlos. Fue cuando estuvimos hablando de la muerte del rey de Francia, Enrique II, mientras.
B
Participaba el torneo famoso.
A
Exactamente. Le entró una astilla por el casco, se le clavó en el ojo, infección y a tomar vientos.
B
Esas cosas pasan.
A
Se le coló ahí una infección. No estaba la penicilina todavía. Hablamos de mediados del siglo XVI. Este rey estaba casado con Catalina de Medici, que tras quedarse viuda, asumió la regencia en mitad de una guerra entre dos facciones o partidos nobiliarios, presionándola para pillar las riendas del reino de Francia con su correspondiente religión. De un lado estaba la poderosa y peligrosísima familia de los Gisa, que eran católicos y malos a más no poder, empeñados en purgar Francia de todo lo que no fuera católico. Sí, sí. Y el otro partido era el de los Calvin, los protestantes, los Borbones, que además de malvados eran bastante torpes. Y si se animan a ver la serie de HBO La reina serpiente, verán que no lo digo yo, que es que todo lo saben hasta los guionistas yanquis.
B
A ver, no nos liemos porque estamos hablando de los Borbones, no como reyes, sino como grupo nobiliario. ¿Has dicho?
A
Sí, sí. Los Borbones eran nobles. En aquel momento no había reyes, no tenía nadie, No había ningún rey titular. El único que había era el rey de Navarra, Antonio de Borbón, pero porque se casó con la reina de Navarra y adquirió el título de rey. Pero la que mandaba la titular era ella, Juana de Albret. Juana III de Navarra creo que era la tercera. Pero en Francia eran un partido nobiliario protestante intentando pillar poder, presionando y enredando en la corte, embroncados con los guisa católicos. Esta bronca entre dos partidos derivó luego en las sangrientas guerras de religión, que ya llegarán. Pero bueno, en el medio hubo otros tres reyes, hijos de Catalina, porque como antes se moría mucho, Catalina vio sucederse en el reinado a tres de sus hijos, además de tener que bregar to lo gordo con la amante de su propio marido, que era la estilosa Diana de Poitiers. A ver, dime si todo esto no da para una serie de dos temporadas, que es la reina serpiente. Todo esto dejamos abierto porque se echaba el verano encima. Así que he decidido empezar por lo ocurrido el 28 de octubre de 1533, el día de la boda de Catalina de Médici con el duque de Orleans, Enrique, al que no le iba a tocar reinar, pero bueno, que le acabó tocando. Y esa boda ya empezó siendo un matrimonio de tres. Y en las propias narices de la recién casada.
B
Estaba pensando, es una pregunta muy tonta, ¿Por qué no se casó con ella en lugar de con Catalina? Pero claro, que los matrimonios se apañaban.
A
Efectivamente, las respuestas ya las tenemos. El rey de Francia, que era Francisco I, quería casar al niño con una miembro de la poderosa familia florentina de los Médici. Diana de Poitiers no pasaba de ser una cortesana. Era noble, pero una cortesana. Y estas dos mujeres, Catalina y Diana, fueron tremendas y tremendamente peligrosas, que vivieron además en uno de los periodos más conflictivos de la historia de Francia. Y bueno, pues por eso quería hablar de ellas. El pretexto simplemente nos lo da la boda. Así que vamos primero a presentar a Diana de Poitiers, que era hija de muy buena familia, estaba formadísima, una tía muy culta, estaba formada en el más exquisito refinamiento, culta dama de la corte del rey Francisco I de Francia. Este rey tenía dos hijos. Francisco Junior, llamado a ser Francisco II de Francia, que era el heredero y Enrique. Enrique era el pequeño.
B
¿Yo me pierdo ya, no?
A
Pero bueno. Rey de Francia. Tenía dos hijos. Francisco, que iba a ser Francisco II, y luego Enrique, el chiquitín, el chiquitillo. Era rarito, era taciturno el chaval. Lo llamaban el vello tenebroso. Siendo un adolescente, este Enrique seguía siendo muy rarito. Y a su padre, a Francisco I, el rey, no se le ocurrió otra que ordenar a Diana de Poitiers que lo animara. Lo animara en el buen sentido del término. Y Diana lo animó. Revitalizó al chaval. No hay que pensar mal todavía. I sing to be what I'm not.
B
You see, I'm wearing my heart like.
A
A crown.
B
Pretending that you're still still. Ole con ole. Qué bien. Oye, ¿De qué edades estamos hablando? ¿Para cuando hay que empezar a pensar mal? Porque esto huele a lo que huele.
A
Huele a lo que huele. Huele fatal. Estamos hablando de 20 años de diferencia. Pero es que Enriquito tenía 14 años y Diana 34. 20 años no son importantes, pero siempre dependiendo de las edades de los enredados, claro. Esa estilosa y sensual Diana de Poitiers colmando de atenciones a un adolescente con las hormonas disparatadas, podría traer algún disgusto. Y para intentar evitarlo, el padre, Francisco I de Francia, apañó el matrimonio de su hijo Enrique, por ahora un simple duque, con una Médici. Hay representaciones pictóricas de esa boda donde parece que se están casando dos adultos. Pero no, estaban casando a dos niños de 14 años sólo, evidentemente, por cuestiones estratégicas y políticas de las dos familias. Y además, el rey de Francia pensó cuanto antes case a este pavo adolescente. Si tiene apretones hormonales, pues por lo menos tiene esposa bendecida con la que desahogarse. Pero no, la estratagema no funcionó. Los únicos desahogos que aceptaba Enrique eran con Diana de Potier. Es que era un bellezón.
B
Pero por muy bellezón que fuera, coño, nos ha de tener una edad con la que podría ser con su madre. ¿Cuántos años tenía la madre de Enrique, por ejemplo, para hacernos una idea?
A
Pues mira, los mismos que Diana, si hubiera seguido viva, porque las dos nacieron en el mismo año, 1499. La madre de Enrique murió, la pobre, con 24 años, después de siete partos. Murió de agotamiento. Era tremendo. Es cierto que todos los reyes buscaban amantes jovencitas, pero ya hemos dicho que este era rarito. Y encima Diana estaba buenísima y mantuvo hasta el final un cutis impecable. Murió con 67 años, pero sin aparentarlos. Siempre se sospechó, además de Diana de Poitiers, que su propia vanidad la mató porque no paraba de probar guarrerías para mantenerse. Ahí quería yo llegar, ya lo sabes tú. Y lo cierto es que las sospechas se han confirmado científicamente. Me desvío un poquito del tema, pero ya volveré. Ya se sabe que Diana de Poitiers murió envenenada de tanto beber oro líquido, porque el oro una se lo colgaban, pero otras se lo bebían. A ver, tampoco quiero liar lo demás. No es que bebiera exactamente oro líquido, sino un elixir compuesto de cloruro de oro y mercurio.
B
¿Mercurio?
A
Mercurio, sí. Esto era veneno puro. En el año 2 2008, un equipo científico francés identificó, hizo un reconocimiento de restos y estudió los restos de Diana para averiguar si efectivamente había muerto por ponerse ciega de oro. Analizaron los huesos, algunos tejidos momificados y el pelo y confirmaron que efectivamente Diana de Poitiers tenía oro hasta en el tuétano. Y como esa cantidad de oro no podía haberla contaminado desde el exterior, aunque hubiera utilizado más brillos que una fallera, pues estaba claro que se contaminó desde el interior. Esta mujer era una joya, toda ella. Muy mala pécora, pero una joya. Bueno, pues ya retomo el asunto del matrimonio de tres.
B
A ver, tres en raya, aunque fuera una niña. La pregunta es, ¿Cómo llevaba Catalina la relación en sus propias narices de su marido con Diana de Poit?
A
Pues fíjate, aguantando, ¿No? Aguantando. Y además, imagina, Catalina muy jovencita, 14 años, y la otra una tía de 34. Claro, pues acojonada. Y encima Catalina más feucha. No alcanzaba ni la belleza ni el estilo de Diana. Catalina obedecía y tragaba. Era una situación muy humillante, porque Enrique estaba absolutamente subyugado, estaba enganchadísimo, hasta el extremo de que empezó a vestir con los colores de su amada. Diana de Poitiers era viuda y desde que cascó su marido, sólo se vestía combinando los colores blanco y negro. Elegantísima siempre, pero en blanco y en negro. Y Enrique, pues yo también. Y sólo se vestía de blanco y negro. Era un pavo. Pero se produjo un giro de guión en este matrimonio de tres, y es que el heredero al trono de Francia. El que tendría que haber llegado a ser Francisco segundo se murió antes de tiempo y corrió el escalafón. Enrique pasó a ser el heredero al trono y por tanto, Catalina acabaría siendo también reina de Francia. Si es que no se anulaba antes el matrimonio. Este era el problema, porque llevaban siete años casados y no había venido ningún churumbel. Claro. Dijo, si no consigo quedarme embarazada de este marido, ¿Que pasa de mí? Van a decirle al Papa que soy estéril y pueden anular el matrimonio. Hay que hacer algo. Y como Catalina era sumisa, pero más lista que el hambre, buscó una alianza con Diana. ¿Por qué si no iban a salir perdiendo las dos?
B
La famosa frase de que si no puedes con tu enemigo, únete a él, ¿No?
A
Claro, efectivamente.
B
De haber acuerdo, Catalina perdería un marido. ¿Pero qué perdía Diana?
A
Pues que llegara una sucesora que ya no tuviera las tragaderas de Catalina. Es que la situación, de momento, era muy cómoda. Es que Diana permanecía en la corte, en el mismo castillo, entrando y saliendo de donde quería y cuando quería. Enrique no daba un paso sin consultar con ella. Todo el mundo aceptaba que la favorita era Diana, no la esposa. Y todo el mundo rendía pleitesía a la amante, no a Catalina. Si el matrimonio se anulaba, Enrique tendría que volver a casarse porque había que tener herederos. Y si la nueva esposa venía con mala leche, ¿Qué? Pues podría alejar de la corte a Diana, o lo mismo también le empezaba a gustar a Enrique. Por eso tuvieron que aliarse las dos y empezar a odiar cordialmente. Era necesario que Catalina tuviera hijos. Y en ellos se empleó Diana, que buscó a los mejores médicos para que ayudaran a que se quedara embarazada. Once años después de aquella boda del 28 de octubre de 1533, llegó el primer hijo. Y después nueve hijos más, claro que dirá. ¿Mejoró eso la posición de Catalina en la corte? Pues no, en absoluto. Continuó siendo despreciada por su marido y haciendo el papel de segundona ante la reinona Diana de Poitiers. No sé si te puedes imaginar lo que es pasearte por tu casa, por tu palacio, y que por todas partes haya estatuas y cuadros del amante de tu marido.
B
No parece una situación muy cómoda. ¿Hasta cuánto duró esa situación, por cierto?
A
Pues hasta que le entró al señor Enrique Lastilla por el casco mientras jugaba a los caballeros andantes. Ahí dijo. Ahora te vas a enterar, Lady Di. A Diana se le acabó que Enrique la colmara de joyas y de dinero y de palacios. Uno de los castillos más impresionantes del Valle del Loira que habrá visitado mucha gente, es el castillo Chenonçau, que es alucinante. Es precioso. Pues ese fue un regalo de Enrique II a Diana de Poitiers. Es que esta mujer hacía y deshacía en la corte. Se encargaba hasta de la educación de los hijos de los reyes, manejaba su antojo, tomaba decisiones de Estado. Pero se le acabó el chollo el día que murió Enrique II. No se permitió que viera al rey moribundo. Sólo pudo ver desde su ventana pasar el cortejo fúnebre. Catalina la obligó a devolver todas las joyas, el dinero y el castillo. El castillo de Chenonço. Había llegado el momento de Catalina de Médici, la reina serpiente que pasó de esposa ninguneada a la soberana más poderosa de la Francia del siglo XVI. Seguiremos informando.
B
Bueno, pues esta serie, la tuya, digo, tiene una pintaza. En fin, tengo ya ganas de ver qué nos cuentas mañana. De momento lo dejamos aquí con esta mujer. A puntito, a puntito de reinar.
A
Muchas gracias, Carlos.
B
Un beso muy grande. Hasta mañana. Nieves.
A
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Podcast Summary: Todo Concostrina – "Acontece que no es poco | 28 de octubre de 1533: Catalina de Medici y Enrique, un matrimonio de tres"
Host: SER Podcast (Nieves Concostrina)
Date: October 27, 2025
In this episode, Nieves Concostrina inaugurates a four-part series set in 16th-century France, starting with the peculiar and tumultuous marriage between Catalina de Médici and Enrique II, a union famous for being a "marriage of three" due to the ever-present influence of Diana de Poitiers, Enrique’s older lover. Through her signature witty, irreverent tone, Concostrina highlights the tangled webs of power, love, rivalry, court intrigue, and the pivotal women who influenced the course of French history.
Concostrina concludes by teasing the forthcoming installments, where Catalina’s transformation from humiliated consort to formidable regent (la "reina serpiente") will unfold amidst France’s cruelest intrigues.
For listeners hungry for a dramatic and insightful take on French history, this episode delivers a compelling, conversational retelling full of vivid characters and courtly intrigue.