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Nieves Concostrina
Ser podcast.
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En La Ventana Acontece que no es poco, Un relato personal de la historia con Nieves con Costrina.
Nieves Concostrina
Cadena SER.
Carlos
Hoy abrimos semana de este Acontece que no es poco, regresando a una de las grandes tragedias de nuestra historia, bueno, grandes y largas, largas en el tiempo porque duraron más de 40 años. Hablamos de las guerras carlistas, concretamente de la primera que empezó hace casi dos siglos y que tuvo como detonante. Nieveson Costrina, buenas tardes.
Nieves Concostrina
Hola, Carlas, buenas tardes.
Carlos
Has apreciado la pausa y que tuvo como detonante, pausa, la designación de una reina, digamos que un poquito precoz, la verdad. Una reina de tres años que empezó a reinar oficialmente tal día como hoy de 1833.
Nieves Concostrina
Sí, era una pausa dramática, porque en realidad es un drama en la historia de este país. El 29 de septiembre de 1833 pasaron muchas cosas y prácticamente pasaron todas a la vez. A las cuatro de la tarde murió el rey de España, Fernando VII. Nada, un más, porzo menos. Inmediatamente fue proclamada reina su hija Isabel II. Tres añitos tenía el angelito e inmediatamente después empezó a organizarse la guerra civil porque la niña no tenía derecho a reinar. Le tocaba al hermano del mastuerzo, a Carlos María Isidro, puesto que de acuerdo con la ley, bueno, pues los Borbones prohíben reinar a las hembras si hay un macho en los alrededores. Tenemos una monarquía tan moderna, tan, tan moderna que todavía hoy eso sigue vigente. Leonor puede que reine o no, gracias a que no tiene un hermano que se llama Manolo. Si tuviera un hermano, Sí, así es. Y ojo, si la infanta Sofía optara por un cambio de identidad sexual y quisiera ser el infante, ahora que está por Portugal, Infante Joao, pues tendrían un problema porque ella, él, pasaría a ser la primera, primero en la línea de sucesión. Esto de la ley sálica o fálica, Peores cosas hemos visto en esta monarquía como para escandalizarnos. Esto de la ley sálica o fálica, como la llamas tú también, ya lo hemos. Si es que es así, ya lo hemos contado muchas veces y no vamos a insistir en ello. Pero la cuestión es que tenemos una mocosa de tres años proclamada reina de España, cuyo nombre invocaban en los campos de batalla sus partidarios, no por ella, evidentemente. Si hubiera sido un gamusino lo hubieran invocado igual en una monarquía le toca al que le toca reinar. Y dan igual las circunstancias, las capacidades, las taras, los vicios. Lo importante es que ese personaje en aquel momento fuera Isabel, de tres años, el hermano del mastuerzo que tenía 45, o el gamusino de edad indefinida, que ese personaje asegurara el negocio o los beneficios o los privilegios de sus defensores, el statu quo. Los españoles otra vez iban a la guerra, no por intereses de España, sino por los intereses de los reyes.
Carlos
Oye, si pasaron tantas cosas el mismo día, ¿Por dónde tiramos? Quiero decir, ¿Por la muerte del mastuerzo, por la proclamación de su hija pequeña, por la guerra?
Nieves Concostrina
¿Por dónde nos queda la cuarta pata? La cuarta pata de los angos, sí se me desenreda la lengua. Pues María Cristina de Borbón, la que fue nombrada regente gobernadora mientras su hija Isabel no alcanzará la mayoría de edad, en este caso tampoco influyen las capacidades, las taras, los vicios, las ambiciones de la persona llamada a ser regente. Le toca a la que le toca. Y puesto que la madre de la nena y viuda del rey era María Cristina de Borbón, ella pasó a ejercer la regencia. Esa fue una de las peores ideas de este país en los últimos dos siglos. Lo de esta señora, María Cristina, por supuesto, para defender los derechos dinásticos de su hija, que significaba defender los suyos propios frente a los de su cuñado Carlos Mari, necesitaba apoyos tanto en el campo de batalla como en el terreno político. Así que María Cristina se puso una pinza en la nariz y formó alianza con esa pandilla de impresentables que eran los liberales, los progresistas de entonces, para entendernos. Porque fue precisamente, además en este periodo cuando empezó a utilizarse el término, porque había liberales moderados y liberales progresistas. Ahí es donde empezó a usarse esta palabra en política. Y luego estaban los rancios, los conservadores, los absolutistas, los progresistas. Fueron aquellos tontacos que nos dieron nuestra primera constitución y que se empeñaron en que reinara en España el mayor anticonstitucionalista que era un Borbón. Aquellos tolais a los que El mastuerzo Fernando VII fusilaba sin contemplaciones. Ahora le eran muy necesarios a la viuda, a la regente María Cristina, si quería mantener el trono para Isabel II.
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María Cristina me quiere gobernar y yo le sigo, le sigo la corriente, porque no quiero que diga la gente que María Cristina me quiere gobernar. María Cristina me quiere gobernar y yo le sigo, le sigo la corriente porque no quiero que diga la gente que María Cristina me quiere gobernar.
Carlos
Pero con lo que has contado, en ese momento serían los liberales los que pondrían las condiciones para dar su apoyo si les necesitaba. ¿La negociación funciona así? ¿Funciona ahora igual que antes o no?
Nieves Concostrina
Sí, sí, sí, funcionaba. Empezó a funcionar así en aquel entonces, solo que era una negociación jodilla porque estábamos en mitad de una guerra que era la primera guerra Carlista. Los liberales seguían teniendo enemigos en todas partes estaban rodeados de enemigos. La Borbona los necesitaba, pero ella era profundamente absolutista y los liberales también tenían en los carlistas a sus contrarios. María Cristina, por su lado, tenía el corazón dividido porque despreciaba con todas sus ganas a los liberales, esos enemigos del absolutismo que ella quería mantener, pero también despreciaba a su cuñado que le quería quitar el negocio del trono para poner. Fue una situación complicada, muy complicada para todos, o sea que a ella no le quedaba otra que tragar con los liberales y aceptar introducir algunas reformitas, pero eran reformitas tan ridículas que los liberales decían hombre, no, no las aceptaban. La reina gobernadora tuvo que dar un paso más con todo su dolor y nombrar un presidente un poquito liberal que se llamaba Francisco Martínez de la Rosa. Parecía que la política empezaba a moverse y en las Cortes comenzaba también a debatirse la necesidad de recuperar la Constitución de 1812, la misma que se había cargado en el más tuer, la misma que odiaba a su viuda, María Cristina. Pero bueno, vale, si, había que tragar, dijo ella, Vamos a ver, tragamos un poquito. Lo importante era amarrar el trono y que esa mocosa de tres años, que ya era reina de España, aunque había que limpiarle el culo y sanarle los mocos, fuera percibiéndose como el futuro de la patria, como un símbolo de regeneración. Lo que vienen haciendo siempre. El Borbón nuevo es el guay y el chungo el anterior. Y siempre ha sido mentira, todavía hoy es mentira. Pero lo más gracioso es que esa reina niña, ese futuro prometedor de una nueva España, estaba siendo educada por el absolutismo más rancio.
Carlos
Resumiendo, que en España no había cambiado nada. Quiero decir, los liberales creían que habría un cambio perdón que lo habría, pero que todo seguía igual. De momento todo.
Nieves Concostrina
Sí, sí, no, todo parecía que se movía, pero en realidad no se estaba moviendo nada salvo la guerra. Y en los siguientes años, mientras la nena recibía una educación rancia, los liberales luchaban contra los carlistas creyendo que defendían una figura monárquica renovada, alejada del mastuerzo y del viejo régimen. Por supuesto, la borbona María Cristina ni puñetero casó a su hija, porque ella ya estaba despiporrada con su nuevo marido plebeyo con el que se casó a los tres meses de viuda, embarazándose con alegría inusitada, mintiendo a todo el mundo, saltándose las cortes, o sea, una Borbona del libro. El escándalo era mayúsculo lo de esta mujer, pero como suele ocurrirles a los políticos así flojeras con los reyes esos que bueno, es que ahora hay cosas más importantes, es que no es el momento, vamos a ver si se arregla solo. Y en eso se escudan para no hacer nada. Pues decidieron también entonces correr un estúpido velo sobre las envergonzonerías de María Cristina, jefa del Estado, reina, gobernadora, y centrarse en batallar contra los carlistas y en avanzar hacia el constitucionalismo. Y ese espacio que le dieron a la Borbona, que eso fue tremendo error, lo utilizó ella para crecerse, porque en realidad la que ahí mandaba era ella, no lo olvidemos, porque la jefa del Estado es la que manda. Así que empezó a rechazar todas las peticiones progresistas. Los progres se inflan, acaban revolucionándose. En 1835 en casi todas las capitales de España, la Borbona tiene que dar un paso atrás. Nombra otro presidente de gobierno más decididamente progre que fue Juan Álvarez de Mendizábal, que ya avanza más sin flojear hacia una nueva ley electoral, un sistema constitucional y una desamortización de la chupóptera iglesia catal. Amigo, ahí otra vez se le disparó la glucosa a María Cristina de Borbón.
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Esto no se toca, quita. Con esto no se juega, dale. Esto no se toca, quita. Con esto no se juega, dale. Quita los pies de la mesa. En el salón no se juega. En el sofá no se come. En el salón no se juega. Esto no se toca, niño. Con esto no se juega, dale. Esto no se toca, quita. Con esto no se juega, dale. Aquí no se juega, pelota. En el salón no se. No pises. Lo compran El salón No se juega. Esto no se toca. Quita. Con esto no se juega. Gane.
Carlos
Esto no se toca. Esto es un anuncio de Ikea.
Nieves Concostrina
Sí.
Carlos
Esto no se toca. Está bien. Oye, por situarnos así del todo, o sea, María Cristina, aunque tragara un poco y tragara de mala gana, porque era evidente, lo cierto es que mientras no hubiera constitución que limitara sus poderes, ella seguía teniendo todo el poder. Era la reina gobernadora y por tanto mandaba ella.
Nieves Concostrina
Claro, es que manda. A ver, es un problema tener un jefe del Estado que puede sacar los pies del tiesto cuando quiera y que encima es inviolable. Es que esto hay que calcularlo muy bien. Pero María Cristina también estaba atada de pies y manos. No podía mandar al guano a los progresistas, esos que estaban luchando contra los carlistas por defender el trono para la Nena en una futura España constitucional, mientras la Nena estaba siendo educada por anticonstitucionalistas y absolutistas rancios. Pero es que encima la madre de la Nena no paraba de poner zancadillas, todas las que podía, a los liberales pasando de su hija y haciendo vida con su marido secreto del que negaba su existencia y un hijo ya al que negaba haber parido. Que era todo de verdad, que era todo muy loco. La única salida que le quedaba a la reina era el golpe de Estado con ayuda exterior. Hace casi 200 años que los Borbones dan muestras a cada paso de que no se puede confiar nada en ellos. Pero los políticos flojeran, siguen confiando. Cuidado, que hasta los que parecen modositos son muy peligrosos.
Carlos
¿Y a quién pidió ayuda para dar el gol?
Nieves Concostrina
Al rey de los franceses, a Luis Felipe I de Orleans, para que interviniera en España. Hizo lo mismo que había hecho su marido, el mastuerzo, cuando consiguió de Francia el envío de los cien mil hijos de San Luis. Y la madre que los parió pidió ayuda. Se estaba repitiendo la historia como ha venido repitiéndose desde hace dos siglos. Y no se me seca la boca decirlo. Cada vez que hay un golpe de Estado hay un Borbón cerca. Sobre todo porque los dan ellos. María Cristina de Borbón, además intentó pactar con su cuñado. Los liberales pegándose con los carlistas y ella a escondidas intentando pactar con su cuñado Carlos María Isidro. Estaba dispuesta a pactar con su mayor enemigo con tal de frenar a los progresistas y la monarquía constitucional que pretendían imponer ya.
Carlos
Pero no consta que ninguno de los dos, ni Carlos María ni Luis Felipe, se viniera.
Nieves Concostrina
No aceptó nadie porque ni el rey de Francia aceptó intervenir ni Carlos María Isidro aceptó otro trato que no no fuera la renuncia al trono de la mocosa. Ahí no había negociación posible. Y mientras el gobierno liberal haciendo el canelo en el campo de batalla contra los carlistas. Y digo haciendo el canelo porque había una parte del ejército que supuestamente estaba del lado de la causa isabelina que luchaba contra los carlistas, pero luchaba poco. Luchaba ahí como remoloneando porque estaba más por el absolutismo que por la Constitución. Por eso el presidente Mendizábal, que se percata del asunto, destituyó a algunos militares. Los echó la Borbona, claro, se mosqueó y destituyó a Mendizábal. Ya voy rápido. Nombró a otro primer ministro más moderado. Los liberales progre se mosquearon. Los absolutistas pidieron a la Borbona que se dejara ya de tonterías y que disolviera las Cortes porque esas idioteces no sirven para nada. Y al estilo Borbón, se cargó las Cortes en la confianza de que los españoles seguirían con su flojera habitual y les daría pereza revolucionarse. Pero no ocurrió. La sociedad se revolucionó. España ya era otra. Y entonces dijeron los se acabó la negociación. La exigencia fue que María Cristina de Borbón aceptara sí o sí la Constitución de 1812. Pero esta es otra historia que debe ser contada en otra ocasión. Se abrió A mí es que es un periodo de la historia que me resulta decisivo, apasionante. Es el momento en el que la política empezó a ocupar su lugar y los súbditos tomaron el camino que les llevaría a ser ciudadanos. Ciudadanos que sin reyes pueden progresar, pero nunca sin políticos.
Carlos
Que bien hemos empezado la semana, Nieves. Muy bien, muy bien.
Nieves Concostrina
En la línea.
Carlos
Muy bien, muy bien. Mañana más.
Nieves Concostrina
Venga, muchas gracias.
Carlos
No te despistes. Venga, hasta mañana.
Nieves Concostrina
Gracias. Un beso. Para no perderte ningún episodio, síguenos en la aplicación o la web de Laser Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita.
Host: Nieves Concostrina
Co-host: Carlos
Podcast: SER Podcast, “Acontece que no es poco”
Air Date: September 29, 2025
This episode explores a pivotal date in Spanish history: September 29, 1833, the day Fernando VII died, his three-year-old daughter Isabel II became queen, and the First Carlist War began. With her characteristic wit and clarity, Nieves Concostrina unpacks the convoluted succession, the regency of María Cristina de Borbón, the intertwined ambitions and tragedies of the period, and the messy birth of Spain’s constitutional struggles.
“Los Borbones prohíben reinar a las hembras si hay un macho en los alrededores” (Nieves, 01:23)
“María Cristina se puso una pinza en la nariz y formó alianza con esa pandilla de impresentables que eran los liberales...” (Nieves, 04:15)
“Eran reformitas tan ridículas que los liberales decían, hombre, no...” (Nieves, 06:10)
“El escándalo era mayúsculo lo de esta mujer... los políticos flojeras... correr un estúpido velo sobre las envergonzonerías...” (Nieves, 07:50)
“Cada vez que hay un golpe de Estado hay un Borbón cerca. Sobre todo porque los dan ellos.” (Nieves, 11:00)
“Es el momento en el que la política empezó a ocupar su lugar y los súbditos tomaron el camino que les llevaría a ser ciudadanos.” (Nieves, 13:38)
With sharp humor and an eye for irony, Nieves Concostrina paints a vivid, critical picture of an epoch marked by dynastic self-dealing, political hypocrisy, and the slow, brutal birth of constitutional citizenship in Spain. The episode deftly shows how much, and how little, truly changed with the arrival of the “reina de tres añitos”—and how the entanglements and contradictions of monarchy still echo into today.