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A
La sociedad española de radiodifusión presenta ser.
B
Aquí va la radio.
A
Podcast siempre.
B
Hola Nieves, buenas tardes.
A
Buenas tardes, Carlas.
B
Mira, hoy en nuestro paseo diario por la historia yo creo, estoy seguro de que vamos a dejar estupefacto a más de uno y a más de una. Si tenemos en cuenta que el problema histórico más grave que tiene España es su modelo territorial, porque eso yo creo que es bastante indiscutible, esa visión antagónica entre la España más o menos uniforme y la España más o menos plural, Bueno, pues lo que ocurrió en este país hace siglo y medio no tiene desperdicio. Por resumirlo rápido, si, el último gran conflicto, aún no resuelto, por cierto, en este terreno ha sido el procés, el famoso procés de Cataluña, lo que estalló en 1873 durante la primera república podríamos decir que fue el multiprocés, un poco así, ¿No?
A
Pero con diferencia. En la reciente historia de este loco estado al que llamamos España hay un episodio del que se habla poco, se habla por encima porque total, lo pasado, pasado está y ahora lo importante es ocuparse, ya sabes tú, de la actualidad de nuestra patria, de Venezuela.
B
Exacto. Venezuela, capital importante es nuestra patria Venezuela.
A
Los problemas de España no son. Pero nosotros preocupa Venezuela. El 3 de octubre de 1873 los independentistas murcianos, que en realidad eran cartageneros, pero digo murcianos porque Cartagena, muy a su pesar, pertenece administrativamente a la Región de Murcia Y también digo lo de murcianos, esto ya lo digo con un poquito de mala leche, porque si lo que vamos a contar de Cartagena por casualidad lo escuchara el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, que tiene un cacao geográfico de tres pares, pues lo mismo acaba creyéndose que Cartagena es una comarca ahí entre Girona y Palamós, porque claro, no le va a encajar un movimiento independentista tan brutal ahí en Murcia. Por eso lo de murcianos, no por ofender a los cartageneros. Decía que aquel 3 de octubre de 1873 los independentistas de Cartagena invadieron las costas de Almería a la altura de Garrucha, por Mojácar Vera, esa zona ahora tan turística. Desembarcaron, se adentraron por la zona y regresaron a su república independiente con dinero, víveres y el ganado que pudieron robarles a los almerienses. Esto, como algunos habrán deducido, nos traslada a aquel movimiento cantonalista que apostaba en muchos lugares del país por una España republicana y federal. Habrá algún cartagenero desinformado que se indigne cuando vea en los informativos un par de contenedores quemados en Barcelona por los independentistas. Bueno, pues los catalanes, perdonadme, pero son unos flojos comparados con la que liaron los cartageneros. Soldad a los perros porque me he escapado. Hundad mi colonia, la nariz del galgo. Corred con ganas que esta noche aguanto. Para. Seguidme a fondo, quiero hacerlo largo y aunque me quiera parar, no, nunca me voy a parar.
B
No, claro, es que es verdad. De este movimiento cantanolista en España durante la Primera República nos han hablado muy poco. Muy poco tirando a nada. Quizá porque nos recuerda la reivindicación de una España federal y que eso viene de lejos. No sé si será por esto o no, pero nos han hablado muy poco. El otro día vi un artículo en El País del expresidente de Castilla La Mancha, José María Barreda, donde hacía referencia al movimiento cantonalista como un intento de tratar de entender algo de lo que está ocurriendo. Lo leí y me llamó la atención por eso.
A
Yo creo que es por eso, porque no les gusta pensar en una España plural con cada uno de su padre y de su madre, aunque luego administrativamente pueda ser una. Los partidarios de Isabel y Fernando Reyes, que nunca lo fueron de España, sino cada uno de los suyos, y los partidarios del dictador ultraderechista de aquella rancia España que ni era una, ni era grande, ni era libre, pues prefieren no saber, ni que se sepa que este país jamás ha sido un país uniforme. Nunca. Si de la Primera y la segunda República se hablaba poco o nada, cinco minutos como mucho, pues aún menos se iba a hablar de ese episodio del movimiento cantonal durante la Primera República.
B
Bueno, pues oye, contemos primero qué era eso del movimiento cantonal. ¿Qué era eso de los cantones? Porque a mí me viene a la cabeza Suiza, por ejemplo.
A
Claro, es que es un ejemplo que nos viene perfecto como un país actual que conoce todo el mundo, que admira a mucha gente. Suiza. Pues Suiza nos viene muy bien para saber qué es esto de los cantones. Suiza, que es una cagarruta de país. ¿Perdón? Hombre, claro. No, no, del otro no. Están forrados. Suiza es más pequeño que Aragón. Bueno, Pues Suiza tiene 26 cantones, 26 estados. Suiza es un estado federal con 26 estados pequeñitos dentro y cada uno sus cositas, aunque luego hay leyes federales para todos. Y fíjate que para ser una cagarruta de país, tiene cuatro idiomas oficiales. Cuatro. A los Borbones, que como su propio nombre indica, son muy monárquicos, sin embargo, fíjate, les encanta Suiza, que es una república. A Cristina de Borbón le encanta tanto que hasta se empadronó allí. A los Borbones, tan preocupados porque se les rompa España, les encanta un país que está roto en 26 estados. Qué cosas. Pues ese fue el plan inicial de la República. Un estado federal con 17 estados regionales dentro.
B
¿Cuáles eran esos 17 estados previstos, Nieves?
A
Esos 17 estados que los iba, se estaba preparando porque los iba a recoger la Constitución, que se estaba preparando, pero bueno, no prosperó. Pues era Andalucía Alta. Ni siquiera era Andalucía, era Andalucía Alta, que era la oriental, Era Almería, Jaén, Granada y Málaga. Andalucía Baja, Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Castilla la Nueva, Castilla la Vieja, Cataluña, Cuba, Extremadura. Claro, claro, es que estábamos. Eran españolas, Extremadura, Galicia, Murcia, Navarra, Puerto Rico, Valencia y Vascongadas, que se decían. Pero los republicanos más radicales se impacientaron. Veían que esa república federal no llegaba. Se anunciaba, no llegaba, la Constitución no llegaba. Y mira, o lo hacemos por la fuerza o no avanzamos. La rebelión de los cantones pretendía reformar la estructura del Estado. No pretendía deshacer el país, solo quería reformar la estructura teniendo en cuenta que España venía de siglos de historia monárquica. Tú no puedes instalar un nuevo régimen en un país donde la mayor parte de la gente no sabía ni lo que era la República. Pero bueno, ¿Esto qué es? Eso hay que asimilarlo. Pero si los republicanos, en vez de trabajar reposados para poner en marcha el nuevo régimen, dar un paso después del otro, andan todos desatados, pidiendo cada uno lo suyo, aguantazos entre ellos, pues oye, mira, todo mal, muy mal. Y el movimiento cantonal fue desordenado, fue precipitado con los republicanos dando además una imagen nefasta dentro y fuera del país.
B
Oye, has comenzado hablando del cantón de Cartagena, que yo creo que seguramente fue el más famoso o el que más se conoce, o del que más se ha hablado, pero hubo muchos municipios que se declararon independientes.
A
Fue una fiebre independentista la que recorrió España. El núcleo de la revuelta, el mogollón, estuvo en Cartagena, porque desde allí, desde el castillo de Galeras se dio el cañonazo, que era la señal para que se liara, para que empezara a liarse por todas partes. Se declararon independientes, más de 30 independientes autónomos, más de 30 municipios, desde Sanlúcar y Cádiz hasta Salamanca y Ávila, desde Sevilla a Castellón y Motril y Jerez y Alcoy y Jumilla. Cuidado con Jumilla. ¿Que le dijo al cantón? Jumilla le dijo al cantón de Murcia en declaración oficial lo la nación de Jumilla desea la paz con todas las naciones extranjeras y sobre todo con la nación murciana, su vecina. Pero si ésta se se atreve a desconocer nuestra autonomía y a traspasar nuestras fronteras, Jumilla se defenderá y triunfará en la demanda y no dejará en Murcia piedra sobre piedra.
B
Uy, qué miedo, Reyes.
A
Ojo con los jumillanos. En Andalucía, todas las capitales de provincia, excepto Huelva, se declararon autónomas. Los cantones de Jaén y Granada, como no se pusieron de acuerdo con los límites de sus fronteras, se declararon la guerra. Antes de que Cartagena diera el cañonazo de salida para la rebelión cantonal, la Diputación de Barcelona proclamó el estado catalán. ¿Que duró? Nada Esto duró nada. Duró unos días. Ya duró más que el otro del 2017, pero duró unos días y aquello se sofocó enseguida. Lo que yo decía, lamentándolo mucho, que en tu pueblo, Carla, en lo que a movimientos independentistas se refiere, comparado con los murcianos y andaluces, un poquito flojos sí que son. Eso sí. Muchos murcianos y andaluces lo que sí tienen es muy mala memoria. Han olvidado todo esto. Se les ha olvidado. El movimiento cantonalista fue un desastre, lógicamente, porque cada cantón, como decía, era de su padre y de su madre, cada uno con su propia junta de gobierno. Estaban descoordinados, estaban desconectados.
B
Volvamos al cantón de Cartagena, que he dicho que es el más conocido y fue el que estuvo más cerca de triunfar. Bueno, al menos el que más duró. ¿Cuánto duró?
A
Seis meses. Y este fue el que más hizo. Fueron seis meses de resistencia numantina. Alucinante. Y digo que fue el que más hizo. El cantón de Cartagena se proclamó a mediados de julio de 1873 y duró hasta enero de 1874. Seis meses aguantaron los los cartageneros y la cantidad de cosas que hicieron. Esos seis meses empezaron por apoderarse del ayuntamiento, del arsenal y de los buques de la Armada que estaban atracados en el puerto, entre ellos cuatro fragatas blindadas. Éstas eran fundamentales porque había que utilizarlas para hacer expediciones dirigidas a impulsar el movimiento cantonalista por las costas andaluzas, alicantinas y valencianas. Por eso resistió también Cartagena mucho más que otros cantones al ejército del gobierno central, porque es que tenían armas y tenían hasta barcos. En el asedio a Cartagena fue brutal y los suministros duraron lo que duraron. Por eso los cantonalistas usaron los barcos para proveerse de armas y comida, saqueando pueblos y ciudad. Ellos no lo llamaban saquear, ellos decían que iban a hacer incautaciones, aprovisionarse. Aprovisionarse en pueblos y ciudades de la costa. Uno de esos saqueos en Garrucha, el del 3 de octubre, es el que hemos tomado como excusa para hablar hoy del movimiento cantonalista.
B
¿Pero hicieron mucho estropicio en estas incursiones que firmataron a alguien, por ejemplo, no hubo muertos?
A
No, no hubo muertos, pero les biraron todo lo que pudieron y luego depende de quién te lo cuente. Según el periódico El Cantón Murciano, que era el diario oficial en Cartagena, en Garrucha recibieron con entusiasmo a los expedicionarios gritando vivas a la República Federal. Pero hombre, esto lo harían cuatro gatos. Esto lo que dijo el periódico. Pero los garrucheros se mosquearon porque les invadieron 600 tíos dispuestos a llevarse lo que pillaran para la causa cantonalista. Al alcalde de Garrucha le obligaron a hacer una donación de 20.000 reales a un comerciante, porque esto son sobre documentos, documentación que queda. Un comerciante se quejaba de que le incautaron 200 sacos de jaboncillo. A otros les quitaron los cereales. También se llevaron 20 caballos. No pudieron embarcarlos luego porque había malamar y no pudieron, pero los pillaron. Los cartageneros llegaron hasta Vera y Cuevas de la Almanzora, hasta Mojáca, hasta Antas. Antas es un pueblo que está muy, muy hacia el interior. No, o hicieron un roto.
B
Oye, has dicho antes. Tenían un periódico en el Cantón de Cartagena. Para lo poco que duraron ya fundaron un periódico.
A
Lo primero, El Cantón Murciano. Empezaron a editarlo enseguida porque era el medio para difundir las medidas que se iban tomando. Los cartageneros es que se organizaron muy bien. Llegaron a acuñar moneda propia, establecieron la jornada laboral de ocho horas, se aprobó el divorcio y se suprimió la pena de muerte, que eran dos de las medidas más esperadas y deseadas por los progresistas republicanos, no de Cartagena, sino de todo el Estado. Se abolió la educación religiosa y se expropiaron los bienes de la Iglesia. En resumen, a mí me parece que.
B
Era un buen No pinta mal, ni mucho menos.
A
Sí, pero todo se fue al garete y ahí estaban esperando los Borbones en su lujosa guarida del exilio para volver. Antonio Cánovas del Castillo, el que nos encajó otra vez a los Borbones, se frotaba las manos con toda esta descoordinación de los republicanos y escribía a Isabel II en París diciéndole Los principios democráticos están heridos de muerte. Sólo es cuestión de calma, serenidad y paciencia restaurar la monarquía. Fíjate, no se puede decir más claro que la monarquía está en las antípodas de los principios democráticos.
B
Alanieves, a descansar, que hasta el lunes ya no te toca otra vez.
A
Venga. Muchas gracias, Carla. Un beso.
B
Te había perdido. Debía ser la emoción. Debía ser la emoción. Ala. Un beso muy grande.
A
Un beso. Un beso. Gracias.
B
Gracias.
A
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B
It.
Podcast: Todo Concostrina
Episode: Acontece que no es poco | 3 de octubre de 1873: Los independentistas murcianos atacan Almería
Host: Nieves Concostrina
Date: October 3, 2024
Platform: SER Podcast
This episode delves into a fascinating, often-overlooked chapter of Spanish history: the 1873 cantonalist movement, focusing in particular on the independentistas (independentists) of Cartagena ("los murcianos") and their attack on Almería during the First Spanish Republic. With her trademark sharp humor and critical slant, Nieves Concostrina uses the story of the 3rd of October's assault on Garrucha, Almería, by Cartagena's cantonalists to explore the broader phenomenon of Spain's historic struggle with territorial models, internal pluralism, and republican federalism.
Nieves Concostrina maintains her sharp, irreverent, and humorous style throughout, using anecdotes, irony, and historical insight to challenge narratives of Spanish uniformity and to highlight forgotten or underexplored episodes in national history.
This episode shines a light on the tumultuous and quirky period of Spanish history when independentist fever swept across many towns—most dramatically, Cartagena, which for six months in 1873-74 ran its own progressive mini-republic, even launching seaborne raids like the one on Garrucha. The conversation exposes how the myth of a “uniform Spain” runs counter to its cantonalist and federalist past, and how memory (and amnesia) shape political debate to this day. Essential listening for anyone interested in Spain’s ongoing debate over its identity, autonomy, and the rich layers of its republican history.