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Nieves
Ser podcast.
En la ventana. Acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina, Cadena SER.
Carlos
Hola, Nieves, buenas tardes.
Nieves
Buenas tardes, Carlos.
Carlos
Me estoy acordando todavía de la gozada de ayer con la Chirigot.
Este año hay materia. Hay materia este año 2025, ya veremos hasta qué punto y si para bien o para mal, bueno, pinta más bien que para mal, amenaza con provocar cambios profundos en la geopolítica, en el mapa de todo el mundo, no solo aquí, no porque 2025 sea un número mágico, sino por la llegada por la vuelta de Trump a la Casa Blanca. La vuelta de Trump ha upado, recordemos, por casi 80 millones de votos y con todas o casi todas las instituciones del país alineadas a sus órdenes. No se advierte ningún contrapeso. Ya veremos qué pasa en sitios como China, como Rusia, como Ucrania, como Groenlandia, como Panamá. Hay tantos frentes abiertos. Total, hoy viajamos a un 4 de febrero como hoy, pero de 1945, para revisar una cumbre, la cumbre de Yalta, de la que salieron algunos acuerdos que igual, no sé, tal vez nos ayuden un poco a entender el mundo de hoy.
Nieves
Fíjate que hablas, nos pasa a nosotros también aquí en España, que la política hace extraños compañeros de cama, muy extraños. A veces, pues eso lo vemos todos, no hay ni que explicarlo. A veces simplemente porque líderes opuestos se caen muy bien y todo fluye, qué ha ocurrido y ocurre. Y otras veces porque si el escorpión necesita la rana para cruzar el río, se va a convertir en colega de la rana, al menos hasta que lo cruce. Y eso pasó con el presidente soviético Joseph Stalin y el estadounidense Franklin Delano Roosevelt. Su historia de amor se consolidó en la conferencia de Yalta durante aquellos ocho días de reuniones que empezaron el 4 de febrero de 1945. Se amaban, pero también se necesitaban. También estaba en Yalta el primer ministro británico Winston Churchill, pero este estaba reventado por el buen rollo que llevaban los otros dos. Le traían malo. Un buen rollo además que arrastraban desde tres años antes, cuando solo se escribían por Tinder. Y buen rollo que consolidaron con su primera cita a finales de 1943 en Teherán, en Irán. Las reuniones de Teherán y Yalta de estos tres señores tienen una parte de relaciones personales muy simpática y otra parte política gravísima y trascendental. Pero las relaciones personales y políticas son inseparables para entender qué pasó y por qué pasó cómo pasó. Nada de lo que se acordó en los encuentros de Teherán y Yalta puede contemplarse sin atender a lo bien que se llevaban los amiguitos Joseph y Franklin, mientras el tercero en disc, Winston, no entendía a qué venía que aquellos dos se amaran tanto. Quizás el acontece de hoy podría empezar como un chiste de Eugenio ¿Saben a tal que diu que va un ruso, un americano y un inglés a tomarse unos vodkas para ver cómo organizaban el mundo de posguerra? Bueno, lo que pasa es que el final del chiste no tuvo gracia.
Carlos
Bueno, pues a ver ¿Por dónde abordamos esta historia tan importante y tan amplia? Porque es verdad, de terreno y de Yalta salieron decisiones que marcaron no sólo el curso de la guerra, que también, sino el curso del mundo de la pose y. Y casi un poco hasta nuestros días.
Nieves
Sí, exactamente. Es que nos siguen marcando. Pues a ver, efectivamente es muy amplio todo esto, pero yo creo que sin intención de hacer una serie interminable de capítulos, vamos a empezar por saber cómo surgió esa extraordinaria relación entre el presidente estadounidense Roosevelt y el dictador soviético Stalin. Digo presidente porque fue elegido y digo dictador porque no lo fue. Estos dos no se hicieron novios. Yo que sé por qué, la verdad. Y a partir de conocer el buen rollo de estos dos señores iremos tirando cuando surja. Porque la gran historia de la Segunda Guerra Mundial tiene muchos pliegues, muchos. Donde se esconden historietas pequeñas pero fundamentales, trascendentales, que el gran público desconocemos. Yo me enteré, y tengo que decirlo, leyendo a los que saben como me entero de todo, claro. Leí un magnífico artículo del periodista Carlos Hernández hace años. Es experto en memoria histórica y gran conocedor de este periodo, la Segunda Guerra Mundial. Es autor de Los últimos españoles de Mahausen y de los campos de concentración.
Carlos
De Franco, que es buenísimo.
Nieves
Bueno, pues aquel artículo de repente me hizo entender muchas cosas. Porque yo algunas cosas las tenía ahí perdidas. No pillaba, por ejemplo, yo que lo conocía, pero me preguntaba a qué vino cuando murió Roosevelt, que en todos los edificios oficiales de la Unión Soviética las banderas todas con bordes negros ondearan a media asta, que todos los periódicos llevaran sus portadas enmarcadas en negro, que hubiera duelo nacional en la más odiada nación comunista del mundo y que en Moscú lloraran a un presidente capitalista. ¿Pero qué está pasando?
Carlos
No lo sé, pero esa relación en cualquier caso empezaría por contactos políticos durante la guerra porque antes no consta que tuvieran mucho que decirse.
Nieves
Supongo que no. Supongo que no. Nada empezó cuando Stalin miraba, sin podérselo creer, cómo casi 4 millones de soldados nazis empezaron a invadir la Unión Soviética ocupando un frente de 1600 kilómetros. Cuando se habla de esto parece que no te haces a la idea. Bueno, pues para imaginar lo que es hay que saber que de Cádiz a Bilbao hay mil kilómetros. Pues hay que imaginar 1600 con 4 millones de tíos entrando a la vez y armados hasta los dientes. Estamos a mediados de 1941 y Stalin no está preparado para enfrentar eso. Y escribe al presidente de los Estados Unidos pidiendo ayuda. Si ya estaba ayudando a los británicos, Pues hombre, lo mismo podía echar un cable también a los rusos. Y por mucho que Estados Unidos Fuera neutral, había formas de ayudar. Créditos blanditos, facilitos de devolver Y por supuesto, envío de tanques, aviones, camiones, coches, armas. Estados Unidos es el arsenal de las democracias. Fue el eslogan que se utilizó con Roosevelt. Fíjate, Democracia la URSS. Pero el pressing no tenía muy contentos a sus votantes. Roosevelt no los tenía muy contentos. El deseo de la mayoría de los estadounidenses, ya sabes, ellos lo que querían, El aislacionismo.
Carlos
Mantenerse al margen.
Nieves
Sí, sí, fuera, fuera. Ayudar. Y ahora encima ayudar a un país comunista. Mira, nosotros a lo nuestro y a incordiar solo a los débiles que tenemos por aquí abajo. Y que los europeos se las apañen. Ese era el sentir mayoritario. Lo que pasa es que cuando Francia cayó en las garras de Hitler muchos yankees apretaron el culillo. Ahí es donde se dividen claramente. Hay que aislarse del todo o hay que intervenir. También los había muy cínicos como el vicepresidente Harry Truman, que si vemos que Alemania está ganando, debemos ayudar a Rusia. Y si vemos que Rusia está ganando, debemos ayudar a Alemania. Y de ese modo morirán cuantos más mejor.
Carlos
Eso dijo este hombre.
Nieves
Ole tú, Truman.
Carlos
Pues fíjate la historia como nos enseñan las cosas. Porque si estaban en ese momento de duda, salieron de dudas de golpe sobre si intervenir o no. Cuando los japoneses atacaron Pearl Harbor, esta canción que suena era número uno en las listas americanas cuándo se produjo el ataque. Glenn Miller.
Nieves
Pues fíjate, es curioso, porque atacaron los japoneses por el oeste, evidentemente, pero Roosevelt se sumó a la guerra por el este europeo. El presidente decidió de momento estar a la defensiva en el Pacífico con los japoneses y al ataque en Europa contra Hitler. Roosevelt le prometió a Molotov que antes de ser un cóctel fue un señor. Un señor ministro soviético que primero acabaría con los alemanes y luego con los japos. Lo que no nos contaron es que los estadounidenses vinieron aquí a aprender de los nazis para saber lo que tenían que hacer en 2025. Qué cosas. Qué sorpresa, oye. Bien, ya tenemos a todos metidos en la guerra. A todos. La comunicación entre Stalin y Roosevelt se hizo más continuada y más cercana. Pero al margen de la guerra, el presidente Roosevelt tenía unos planes en su cabeza que no desechó por este ligero contratiempo de una guerra mundial, por si acaso no ganaba las siguientes elecciones, que las ganó para su cuarto mandato. Fue a partir de él, ya hemos dicho, cuando se puso el límite de dos. Porque es que este hombre había pedido. Ya llevaba cuatro, iba a pedir el cuatro y había pedido la hoja del padrón en la Casa Blanca prácticamente. Pero Roosevelt, por si no ganaba esa cuarta elección para su jubilación en la presidencia, tenía armado un plan que le hacía mucha ilusión, y era organizar Naciones Unidas, crear la ONU y convertirse él en el primer secretario general. Ya existía la fracasada Sociedad de Naciones, pero Estados Unidos nunca se adhirió. Roosevelt quería organizar otra cosa nueva, porque el mundo que saliera de aquella guerra mundial iba a ser muy distinto. Es verdad, él quería diseñarlo, quería organizarlo y decidir sobre todo también quiénes iban a ser los mangoneadores. Y para eso necesitaba Stalin. Y sabía que a Stalin le iba a gustar el plan. Estamos hablando de 1940, nacimiento de la ONU.
Carlos
Entonces fue un plan casi exclusivo del presidente qué le propuso a Stalin.
Nieves
El plan era que esa gran organización de muchos países que serían los vigilantes de la paz en el mundo y a los que no les tendría que temblar el pulso para ir todos a una contra cualquier otro país que amenazara esa paz, que dicho ahora da mucha.
Carlos
Risa, pero al inicio la idea era buena, pintaba estupendamente.
Nieves
El plan, digo, era que esa organización vigilante estuviera dirigida por cuatro vigilantes de mayor rango. Es decir, todos los países tendrían voz y hasta voto. Pero su voto iba a contar menos, porque la última palabra la tendrían Estados Unidos, la Unión Soviética, Reino Unido y China, juntos o por separado. He ahí el famoso Consejo de Seguridad de la ONU, los cuatro miembros permanentes a los que luego unieron Francia. Y aquel bonito plan de posguerra que Roosevelt pensaba proponer a Stalin consistía en que si un país se salía de madre y amenazaba la paz, primero se le advertiría por las buenas, luego se le aislaría diplomáticamente, después se le bloquearía comercialmente y si no atendía estas razones, por último se le bombardearía. ¿Alguien ha visto que la ONU hiciera alguna de estas cosas con el estado genocida de Israel? No. Ergo, el plan de Roosevelt fue papel mojado.
Carlos
Pero aquel plan sí le gustó a Stalin. Le gustó. Aunque sigue resultando bastante chocante. A mí me sigue llamando la atención de que ellos dos líderes tan antagónicos ideológicamente, sintonizaran también.
De lo que hablemos.
Nieves
Hoy, hablemos otros días. Se va entendiendo. Por eso digo que entendí muy bien, Gracias. Aquel artículo que le leí a Carlos Hernández, entendí muy bien por dónde iban las cosas. Porque es que, además de que es cierto que se cayeron muy bien cuando se conocieron, los dos creían que podrían cambiar al otro. Stalin estaba convencido de que cuando acabara la guerra el capitalismo se rompería por sus posturas y que todo el mundo querría ser comunista, pero sin violencia. Claro, dijo él cada país, si lo desea, hará su propia revolución. Y si no existe ese deseo, no habrá revolución. Mira tú que majo él. Y Roosevelt creía que la un soviética había sufrido tal castigo con la invasión nazi. Estaba tan dañada, tan hundida, que Stalin estaría más preocupado de recuperarse que de extender el comunismo. Y para recuperarse necesitaba un mundo en paz. Necesitaba pillar aire. Así que los dos coincidían en sus planes de posguerra y los dos confiaban en que el otro se daría cuenta de que estaba en un error. Hasta entonces, insisto en que estamos en 1943, Stalin y Roosevelt no se habían visto las caras. Y el yanqui estaba empeñado en conocer y quedar con esto. Stalin tenemos que conocernos en plena guerra. Y en plena guerra atravesó el Atlántico, atravesó el Estrecho con los focos de Franco desde Algeciras enfocando el convoy presidencial, y llegó hasta Teherán, en Irán. Para que Stalin no se alejara mucho de su país porque estaba dirigiendo la guerra contra Hitler. Qué comprensivo. Roosevelt también. Y que cabreó se pilló Churchill, que también iba a estar en la reunión de Teherán, pero quiso tratar antes con Roosevelt para trazar una estrategia. Y Roosevelt le no, no, hija, no. Que no estaba bonito hacerle eso al amigo Stalin. Lo que ocurrió en Teherán es otra historia. Pero si Stalin y Roosevelt se habían cogido cariño por carta cuando se vieron, eso ya fue un flechazo.
Me voy a ir por las ramas.
Porque hoy no quiero hacer nada.
Carlos
Nada.
Nieves
No voy a producir. Tampoco quiero pensar en que la vida se acaba.
Me cansé de ese ensayo filosófico que leo habidamente desde hace una semana.
Carlos
Pues vaya historión esta tarde, Nieves. Continuará, continuará porque tiene más partes.
Nieves
Esto es la previa a lo que luego ocurrió en Teherán. Y de verdad que yo había entendido muchas, muchas cosas. Porque tenemos cuatro datos que no somos expertos en esta cosa. Tenemos cuatro datos. Y apasionantes.
Carlos
Compártelos. Comparte los datos. Venga, un beso. Hasta mañana.
Nieves
Gracias. Chao.
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Host: Nieves Concostrina
Co-host: Carlos
Date: February 4, 2025
Podcast: SER Podcast
In this episode of "Acontece que no es poco," Nieves Concostrina explores the historic Yalta Conference held on February 4, 1945. With her trademark humor and critical eye, Concostrina delves into the unexpected dynamics between Joseph Stalin, Franklin D. Roosevelt, and Winston Churchill—three leaders whose personal relationships shaped the outcome of World War II and still reverberate in today's geopolitical landscape. The episode draws witty parallels between past and present, underlining how fleeting alliances and ambitions affect the world's fate.
Strange Bedfellows: Nieves comments on how politics forges unlikely alliances, comparing Stalin and Roosevelt’s rapport to the “escorpión y la rana” fable (01:27).
Churchill as the Odd One Out: Churchill felt sidelined by the camaraderie between Roosevelt and Stalin, which had begun years before on "Tinder"—a tongue-in-cheek take on their correspondence (01:27).
Historical Context: Nieves recounts how WWII’s harsh realities brought the U.S. and USSR together. Initially, America favored isolationism, especially regarding the USSR, but this changed dramatically as Hitler’s forces invaded the Soviet Union (05:40).
America’s Reluctance: The U.S. public (and politicians like Harry Truman) were wary of aiding communist Russia, but ultimately, practical necessities overcame ideology (06:50).
Pearl Harbor as a Catalyst: The Japanese attack shifted U.S. policy from isolationism to active engagement, not just in the Pacific but also in Europe (07:50-08:08).
Personal Planning Amid Global Crisis: Despite the war, Roosevelt dreamed of a lasting international order—planting the seeds for the United Nations (08:50-09:56).
The Security Council Concept: Roosevelt proposed a “club” of “vigilantes” (U.S., USSR, U.K., and China—later France) to keep world peace, with other nations’ votes counting less (10:19).
Disillusionment with Reality: While the idea was “beautiful,” Nieves notes the modern-day impotence of the U.N. Security Council, particularly referencing its inaction regarding Israel (10:14).
On Political Bedfellows:
"La política hace extraños compañeros de cama, muy extraños. [...] Si el escorpión necesita la rana para cruzar el río, se va a convertir en colega de la rana, al menos hasta que lo cruce."
– Nieves (01:27)
On U.S. Policy Pragmatism:
"Si vemos que Alemania está ganando, debemos ayudar a Rusia... Y de ese modo morirán cuantos más mejor."
– Nieves citando a Harry Truman (07:06)
On the Real Purpose of the U.N.:
"Todos los países tendrían voz y hasta voto. Pero su voto iba a contar menos, porque la última palabra la tendrían Estados Unidos, la Unión Soviética, Reino Unido y China."
– Nieves (10:19)
Wry Commentary on the U.N.
"¿Alguien ha visto que la ONU hiciera alguna de estas cosas con el estado genocida de Israel? No. Ergo, el plan de Roosevelt fue papel mojado."
– Nieves (10:56)
The episode features Nieves Concostrina’s signature wit, casual delivery, and mix of irony with critical analysis. Carlos provides context and prompts, allowing Nieves’ historical storytelling and sharp observations to shine. Their conversation is sprinkled with references to contemporary politics and humor that make the history feel immediate and relevant.
This episode revisits the complex, often paradoxical relationships that steered the outcome of WWII and set the foundations for the modern world order. By unpacking the personalities and private ambitions behind the Yalta accords, Concostrina leaves listeners questioning whether global peace was ever truly possible—or simply a matter of powerful leaders’ whims. The discussion closes with the promise to explore the “historietas pequeñas pero fundamentales” of this period in future episodes.