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A
Ser podcast en la ventana Acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina, Cadena SER.
B
Buenas tardes, Nieves.
A
Buenas tardes, Carlas.
B
Aquí estamos empezando semana otra vez. Oye, ¿Te gustan los refranes o los utilizas a menudo en la conversación?
A
Bueno, a veces sí, sí, me hacen gracia y conozco muchos, me hacen gracia.
B
Este de hoy yo creo que te va a gustar. Para gustos, colores. Para gustos, colores. Yo creo que es uno de esos refranes que no deberíamos borrar nunca de nuestro vocabulario porque transmite un mensaje de respeto hacia lo distinto, ya sea una opinión, una costumbre. Es un refrán de tolerancia. Para gustos, colores. Claro que esto de los gustos distintos y los colores diferentes para los reyes no rige, ¿No? Porque ellos han vivido históricamente en otro mundo, o sea, su reino no es este mundo. De hecho, y hoy, por ejemplo, recordamos cómo en octubre de 1497 la muerte del heredero de los Reyes Católicos, muy lamentable, desde luego, desembocó en un decreto ley para que todo dios se vistiera de negro. Dices, hombre, no hay límites.
A
Pero bueno, ellos no tienen límites, Ellos no. Los límites no los conocen. Pero bueno, hoy el asunto va de moda. Fashion monday, de la moda del negro.
B
Muy elegante el color.
A
Antes los deseos y los caprichos de los reyes eran órdenes ineludibles, lógico. Ya no, porque los reyes ni pinchan ni cortan en el mundo democrático. Y para demostrar esos caprichos reales Vamos a unir dos acontecidos. El 4 de octubre de 1497 casco a los 19 años. El heredero de los Reyes Católicos, Juanito se llamaba, era príncipe de Asturias y Gerona, el destinado a ser rey de Castilla por parte de mamá y rey de Aragón por parte de papá. Se murió de lo que se morían siempre, de una fiebre. ¿De qué se ha muerto de una fiebre? Pues ya está. Gran disgusto de sus padres, lógicamente, no tanto por lo que se puede imaginar la gente, sino porque a la hija mayor, Isabel, ya la habían encajado como reina consorte de Portugal. A Juana, la que iba detrás de Juanito, la habían enviado a Flandes a casarla con Felipe, con el guapo. Pero es que la que seguía a Juana, María, también la habían enviado a que fuera consorte de Portugal porque su hermana mayor se había muerto. Pero es que la siguiente de la siguiente de la siguiente era Catalina, famosa Catalina, que la comprometieron a los tres añitos para casarse con el que iba a ser rey de Inglaterra. Claro, no hace falta quedarse con todo este follón. Pero es que me traían estos líos porque los Reyes Católicos no tuvieron hijos, estos tuvieron objetivos, negocio. Todo esto es para decir que al que habían destinado para reinar en Castilla y Aragón se le murió y aunque parecía inicialmente que tenían suficiente stock, pues resultó que al final no tanto. Este es el primer acontecido. Y el segundo es la promulgación de una ley conocida como Pragmática de luto y cera. Un asunto muy curioso este.
B
Bueno, a ver cómo intentamos hilar todo esto, a ver cómo encajan los dos asuntos. Hombre, a ver, por pura y simple deducción, lo de la cera tendrá que ver con los cirios de las misas de los duelos, ¿No?
A
De los duelos, efectivamente. Podríamos decir, aunque ahora vamos a matizarlo antes de que nadie se ponga de los nervios y se quede solo con el titular, que los que se visten de negro en entierros y funerales en España lo hacen porque así lo ordenaron los Reyes Católicos, porque aquí el luto era el blanco. Y que el luto era blanco, Claro, desde que los romanos construyeron el acueducto de Segovia, más o menos, hubo un decreto en la Roma imperial que decía para el luto, todos de blanco. Y como Hispania era una provincia romana, pues de blanco. Y ese fue el color del luto en los siguientes siglos y durante casi toda la Edad Media. El blanco ahora es el luto en algunos territorios islámicos y en algunas zonas de Asia. Aquí se empezó a vestir oficialmente de negro por orden de los Reyes Católicos. Esto no significa que de un día para otro todo el mundo vistiera de blanco para el luto y al día siguiente todos de negro. No es eso, no. En la castilla del siglo XII y XIII ya se empezó a usar el negro porque lo usaban algunas órdenes religiosas, como son todos unos cenizos, unos lúgubres, pero había variedad a la hora de elegir el color del luto, no había una orden. La costumbre del negro se fue extendiendo por Europa luego, pero sobre todo también, como ocurre con esto de las modas, gracias a una inf. De la época que se llamaba Ana de Bretaña. Era una reina con un estilazo imponente que antes de que los Reyes Católicos sacaran su pragmática de luto y cera, ella vistió de negro en el entierro de su marido, Carlos VIII de Francia. Esto no se llevaba, esto no se hacía. Porque es que el negro sienta de maravilla.
B
Y estilo. Un color muy elegante, el más elegante de todos, seguro.
A
Y ella, esta tía, marcaba estilo. Que por cierto, vaya manera tonta de morirse el tal Carlos VIII.
B
¿Qué le pasó?
A
Iba andando a toda leche por el castillo de Ambois, no se agachó lo suficiente al pasar por una puerta, cabezazo contra el dintel de piedra, traumatismo cronoencefálico y a la porra el rey.
B
Qué fuerte, ¿No? Qué accidente más tonto, de verdad.
A
Totalmente.
B
Oye, ¿Y esta pragma ¿Como era? ¿Pragmática de luto y cera?
A
Pues fue un decreto en el que se especificaba hasta el más mínimo detalle de cómo debía procederse en un funeral, lo máximo que se podía gastar, cómo había que vestir, el número máximo de cirios que se podían usar, ocho como mucho. Y la prohibición de contratar plañideras, que salían muy caras y eran todas muy falsas, falsas, falsas. Y prohibido también las manifestaciones exageradas de dolor por la muerte de alguien. Ya estaba bien de llorar porque alguien se muriera. La muerte había que recibirla sin aspavientos. No se iban con Dios a un sitio mejor o que no se lo creen ni ellos. Aquella pragmática obligaba a que la viuda permaneciera el primer año tras la muerte del marido encerrada en una habitación tapizada de negro en la que no podía entrar la luz natural. Los paisanos que desatendieran alguna norma de la pragmática tendrían que pagar una multa de 10.000 maravedíes, que no sé cuántos al cambio de euros, pero creo que era una pasta. Hubo que esperar al siglo XVIII para que el Pértur, el Borbón Felipe V, que venía él de Francia y era más partidario de brilli brilli, autorizara el uso de otros colores y que las mujeres, en vez de estar encerradas un año, estuvieran solo seis meses.
C
Abre la ventana, que vive la mañana al cuarto y la cocina. Aire, aire, aire, pasa, aire nuevo, aire fresco pa la casa. Aire, aire, esa pasa que tenga la puerta abierta la alegría.
B
La puerta de la ventana hay que entre el aire. Efectivamente. Joder, gran José Merced, grande, muy grande. Oye, ¿Y esas normas tan estrictas de los Reyes Católicos? ¿Pero esto es una ventalera que les dio por la muerte del príncipe o ya era una cosa tramada de antes?
A
En todas partes se recoge como punto de inflexión la muerte del príncipe Juanito, pero lo cierto es que el chaval se murió en 1497 y la pragmática de luto y cera es de 1502, o sea de cinco años después. Claro, o se entretuvieron mucho en hacerla o había más razones. Y lo cierto es que había otras razones. Esta pragmática a una familia pobre, que era la inmensa mayoría, les afectaba muy poquito porque no andaban gastándose en cirio ni en plañideras. Sí afectó a las mujeres al obligarlas al encierro, aunque esto fue más una estricta recomendación que. Bueno, era una recomendación, pero al fin y al cabo tenían que cumplir si no querían que las mirara malamente. Esta pragmática se promulgó sobre todo para ahorrar costes a las arcas públicas. Cuando se moría un personaje principal en algún lugar, un infante, un príncipe, un gobernador, alguien de muy alto standing, había que realizar una serie de ceremonias públicas en varios puntos del territorio y esos costes salían de las arcas municipales, de las villas, de los pueblos, de las ciudades o de la propia corona, dependiendo de si el personaje era de la familia real. Aún hoy seguimos pagándole los entierros a los Borbones. Hay que estar muy atentos para que cuando Juan Carlos le toque se pague el suyo, porque las facturas funerarias, bodas, bautizos y comuniones de toda esta parentela nos las siguen pasando a nosotros.
B
¿Pero ya entonces los funerales de los personajes importantes, el que fuera, salían de los presupuestos públicos?
A
Sí, y no veas lo que costaban. Lo que costaban los hachones de cera, los cirios, porque la cera era carísima y lo que costaba enlutar la ciudad, levantar los túmulos, que a veces eran construcciones monumentales pese a ser efímeras, que luego había que quitarlas. Lo que. Lo que costaban las misas, que los curas las cobraban bien, todo eso era una sangría de pasta. Como se te murieran varios personajes seguidos porque te coincidieran. Bueno, es que si nos estamos quedando sin dinero a base de funerales. Por eso se ponen una serie de normas, abro comillas, sobre lutos y ceras que se pueden traer y gastar por los difuntos, cierro comillas, especificando ahí lo máximo que podía gastarse tanto en cera no más tanto en telas de luto, no más. Y además esas telas tenían que ser negras porque ese era el tinte más barato. Por eso se impone el negro. En resumidas cuentas, que el negro se impuso como obligatorio en Castilla con los Reyes Católicos, pero que en realidad, por aquello de que es lúgubre y triste, ya lo venía usando el que quisiera desde un par de siglos antes. Y recordarás seguro que en la anterior temporada, casi al final, estuvimos hablando del privilegio del blanco que tienen determinadas reinas católicas, incluida la ciudadana Ortiz, también, desde que se subió al carro monárquico y se hizo muy católica ella, así de repente. Pues el uso del blanco es un lujo que les permiten a ellas los papas hasta en los entierros. Y lo usan porque. Hombre, primero para decir mirad qué privilegiada soy. Y porque además eso destaca mucho en las fotos. La ex reina Sofía fue de blanco al entierro de Pablo VI. Y puede que los más mayores recuerden a una española, aunque sea por el nombre, que fue reina consorte de Bélgica.
B
Fabiola.
A
Fabiola, efectivamente. Bueno, pues Fabiola rompió la norma del negro que seguían las reinas europeas desde el siglo XV. En 1993, cuando se murió su marido Balduino de Bélgica, acudió a los funerales totalmente de blanco. Traje de chaqueta, bolso, zapatos, absolutamente todo. Fue la primera reina viuda, creo, creo, que acudía vestida de luto blanco a un entierro en cinco siglos.
B
Bueno, porque las tradiciones están para saltárselas, ¿No?
A
Mira, otro refrán, Otro refrán buenísimo.
B
No es bueno idea ser esclavo de las costumbres ni del amor. Miramos con la Brian Ferry así por la cara.
A
No, por la cara no, porque Brian Ferry siempre viene bien.
B
Siempre viene bien por esto de saltarse las costumbres, ¿No?
A
Claro, claro que sí. Sobre todo te las tienes que saltar cuando se han impuesto por unas razones que ya no vienen al caso o no se han calculado en su momento las consecuencias a medio plazo. Porque las modas son muy peligrosas y la gente luego lo copia todo, hasta las cosas más estúpidas. Te pongo un caso. La gran faena que fue, por ejemplo, para los avestruces la moda del luto en la Inglaterra victoriana. ¿Que tenía que ver una cosa con la otra? Posible. Además, la pena es que como en aquella época no había animalistas que defendieran a los avestruces. El duque de Wellington nos suena a todos. Este pollo nos suena a todos. Fue el que hundió definitivamente a Napoleón en la batalla de Waterloo y el que nos hizo la Pascua ayudando a que volviera a reinar el mastuerzo Fernando VII. Yo le tengo una manía al duque de Wellington que no puedo con él. Pero bueno, era todo un héroe en Reino Unido, una celebridad. Y cuando murió este hombre en 1852, el país le organizó un entierro de estado. En Londres se concentró un millón de personas al paso del cortejo, en lo que se considera el primer gran funeral británico, porque la reina Victoria ordenó que aquello fuera un evento sin precedentes, acorde tanto a la grandeza de la formidable carrera militar del duque como al poderío del Imperio Británico. Bueno, tardaron en preparar el funeral dos meses.
B
¿Pero como dos meses? No puede ser. Pero mientras, el duque esperando.
A
Pues sí estaba muerto, no tenía. Pero bueno, había que prepararlo bien. Lo embalsamaron, pero por si acaso no les había quedado fetén, lo encerraron dentro de cuatro ataúdes por si acaso no se escapara ningún olorcillo. Eso era una matriosca. Se organizó una ruta a lo largo de casi 4 kilómetros para el cortejo en plan zigzag para que pasara por todas partes. Se necesitaron 12 caballos totalmente negros, muy, muy negros, zainos, para que tiraran del enorme carro de bronce adornado hasta con cañones que llevaba el carro, que llevaba el féretro. Aquello era una verbena. Pero bueno. Cada uno de esos caballos iba tocado con plumas negras de avestruz, muy altas, muy sedosas. Desde aquel día, en ni un solo funeral victoriano y pijo que se preciara, faltaban las plumas de avestruz en los penachos de los caballos. Claro. Tanto que los avestruces estuvieron en peligro de extinción por culpa del comercio de plumas. Así que hagan el favor con las modas, hombre, ya.
B
Sí que la moda tiene algunos riesgos, algunas derivadas a veces muy complicadas.
A
Mira que lunes más entretenido, más animado.
B
Pues venga, mañana martes, mañana más nieves. Un beso.
A
Muchas gracias, Carlas. Un beso.
B
Adiós.
A
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Host: Nieves Concostrina (SER Podcast)
Date: October 6, 2025
In her signature witty and irreverent style, Nieves Concostrina delves into a pivotal historical moment: the death of Prince Juan, heir to the Catholic Monarchs, on October 4, 1497, which precipitated the imposition of mourning in black by royal decree. The episode explores the intersection of royal whims, the evolution of funeral fashion, and the sometimes absurd consequences of tradition and law—unpacking how and why Spanish society began to dress in black for mourning, the economic motives behind these mandates, and the impact of fashion trends across Europe.
Nieves blends historical rigor with ironic humor, unmasking royal pretensions, and traditions with lively, colloquial language and sharp social commentary. The conversation remains light, punctuated by laughter and relatable asides, making the history both accessible and entertaining for the modern listener.
Through this episode, listeners come to understand how mourning, fashion, and even state finances have been shaped by royal edicts and the whims of power—reminding us how seemingly personal or aesthetic choices often have deep social and political roots, and how traditions can quickly become outdated or even harmful, ripe for critique and change.