
Loading summary
A
Ser podcast.
B
Hola, Nieves, buenas tardes.
A
Buenas tardes, Carlas, ¿Qué tal?
B
Estoy preocupado.
A
¿Por qué?
B
Estoy preocupado porque no sé si vamos a ser capaces de superar los ripios. Ayer os recordamos los ripios que le dedicó Valla Inclán a los Borbones. No, no sé si seremos capaces. Bueno, lo que sí ocurrió ayer es que nos entusiasmamos tanto que luego nos quedó pendiente contar cómo le enterraron a Valle Inclán, quiero decir, cómo fue su funeral, que tuvo tela también, creo. Bueno, el suyo y el de otro ilustre Castelao. Así que a ver si podemos completarlo, Nieves, aunque sea por partes. Venga, primero Valle Inclán. Primero Valle Inclán.
A
Hoy sí vamos a ver si enterramos a Ramón María del Valle Inclán y a ser posible, ya veremos si también podemos contar qué pasó en el otro entierro, el segundo entierro de Castelao, reconocido ya oficialmente como primer presidente de G. Son dos personajes, estos dos geniales, Valle y Castelao, muy conectados además por varias una porque murieron en días muy cercanos del mismo mes, pero bueno, de distintos años. Valle murió el 5 de enero del 36, Castelao el 7 de enero del 50. El último retrato que se hizo de Valle Inclán se lo hizo en su lecho de muerte Castelao.
B
Eso lo dijiste ayer y me llamó mucho la atención.
A
Además sugiero que la gente lo busque en Internet porque está ahí la imagen y ese es el dibujo que Castelao le hizo ahí. Y además Castelao dijo que nunca había visto un cadáver que le infundiera más respeto. Y por seguir sumando conexiones, los dos acabaron enterrados en Santiago, aunque con 48 años de diferencia, los dos con mucha bronca, pero cada uno en un sitio. Valle en el cementerio de Boisaca, Castelao en el Panteón de Galegos Ilustres, lugar precisamente al que la familia de Valle Inclán se negó a trasladar al escrito. Así que tenemos mucha plancha. Empezamos con Valle. Murió en un sanatorio de Santiago y muy consciente de que se acabó lo que se daba porque dedicó sus últimos esfuerzos a rematar su poema Testamento con unos versos de despedida que comenzaban Caballeros, salud y buena suerte, da sus últimas luces mi candil.
C
Espadió, unas ahogas, una letanía, Fíos de estrellas pa subagar boga todavía da.
B
Bueno, Teo Cardalda con poemas musicalizados de Valle Inclán. Qué grande, oye. Siguiendo con el verso cuando por fin el candil se apagó, la frase viene sola. Llegó el último esperpento de Valle Inclán que fue su entierro.
A
Sí, sí, ahí fue. Fue su último esperpento. Y para que nadie dude de lo estrafalario que vamos a contar, ahí está el libro más fiable que se ha escrito sobre este asunto y que se titula precisamente así la muerte de Valle Inclán. El último esperpento. Está escrito por Carlos González Reigosa, Javier del Valle Inclán, que por el apellido ya se adivina que es un nieto, y José Montleón. Ahí está todo muy bien relatado y con fuentes más que fidedignas. Murió valle el día 5 y el entierro se organizó para el día siguiente, el día de Reyes de 1936. Claro, fíjate en el año. Valle Inclán murió republicano y anticlerical. Y la familia estuvo además atenta para que no se acercara por allí ningún cura. Cuentan que en sus últimos días le preguntaban si quería don Ramón, ¿Quiere usted algún auxilio espiritual? Y el escritor respondía como José Mota, Hoy no, mañana. Qué susto. Y al día siguiente respondía lo mismo Hoy no, mañana. Bueno, hasta que se murió sin que ningún cura pisara por las cercanías. Ya desde la salida del féretro del sanatorio, que ojo, fue un féretro modesto, tal y como relató Ramón Gómez de la Serna que escribió que solo costó 20 pesetas porque ese dinero era lo único que se había recaudado mediante suscripción popular cuando ya estaba muy enfermo para comprarle un pazo a Valle Incluye.
B
Pero ¿Por qué quería un pazo si se estaba muriendo?
A
Exactamente eso. Eso mismo dijo él cuando se enteró de la iniciativa. Le están comprando un pazo, dijo. Un pazo dijo Es tarde, mejor pagadme un arreglo en la fosa común. Es lo que dijo. El que tuviera la idea del pazo está claro que no triunfó porque de hecho se recaudó una birria de dinero que se empleó en comprar el féretro. Y llegó el problema. Ese féretro baratito llevaba encima en la tapa un pedazo de crucifijo. Es un detalle importante para lo que sucedió luego. Lo de poner crucifijos en las tapas de los ataúdes es una costumbre muy fea que todavía tienen algunas funerarias. Y es que dan por hecho que todos los muertos son simpatizantes de la secta, al igual que los restaurantes. Deben preguntar si quieres o no pan antes de ponértelo por decreto ley. Pues también hay que preguntar a la familia del muerto si quieren la tapa a un sujeto clavado en unos maderos o el escudo del Celta de Vigo. Es que hay que preguntar. Pues esto, que todavía acarrea problemas en algunos lugares, que ha traído muchas denuncias, mucha bronca. Esto le pasa pasó a Valle Inclán, que llevaba un crucificado en la tapa de su féretro, pese a que él no quería. Ya se empezó a notar cierto mal rollo cuando los restos de Valle salieron de la clínica. Grupitos de falangistas ultraderechistas tensando el ambiente, molestando grititas ahí observando a cierta distancia cómo se arremolinaban obreros y cientos y cientos de personas que habían llegado hasta Santiago desde Vigo, desde Ourense. El Concello de Santiago estaba allí en pleno, escritores, amigos, un mogollón de gente para acompañar a Valle hasta el cementerio de Boisaca, en Santiago. En mitad, además de un tormentón, un diluvio impresionante, un vendaval que te tumbaba. La gente dispersándose, corriendo. Salvo los más fieles que aguantaron el chaparrón sin separarse de Valle Inclán, llegaron todos calaos, calaos al cementerio empapadito.
B
Bueno, se entiende que en aquel entierro habría toda clase de gentes, ¿No? Menos un cura. Estamos hablando de un entierro civil, Totalmente civil.
A
Totalmente civil. No quiero en mi entierro ni cura discreto, ni fraile humilde, ni jesuita sabiondo, dijo Valle. Lo dijo clarísimo. Un entierro incómodo con los ultraderechistas y sus ganas de bronca porque no iban a permitir ellos que alguien se entierre como le dé la gana enterrarse. Claro, allí se juntaron el hambre con las ganas de comer, un golpe de Estado fraguándose el anticlericalismo de Valle, los falangistas vigilando con rabia el entierro multitudinario de aquel escritor agnóstico o ateo o broncas. El cabreo falangista era porque iban a enterrar a un anticlerical en suelo supuestamente sagrado, que ni era sagrado ni leche, por supuesto. Eso de sagrado consiste en que llega un señor con faldas y echa agüita con un guisopo, dice unos conjuros y convierte lo que sea en bendito porque lo dice él. Y a partir de ahí ya lo consideran suyo, de su propiedad. Son tan fanáticos, son tan casposos que en algunos municipios todavía hoy, estamos hablando de hoy, del siglo XXI, bendicen rotondas y bendicen camiones de la basura. Es alucinante. En Navas del Rey, en la Sierra de Madrid, hablamos del año 2019, políticos y un cura están ahí bendiciendo el camión de la basura que estrenaba el municipio. Hasta el vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Pedro Rollándose, presidió el acto. ¿Que debían decir? ¿Pero a dónde va la bendición del camión de la basura de Navar del Rey? Qué bonito. Está fatal. Para eso no tienen la agenda ocupada. Pues ya se sabe que eso es lo que exigía y aún exige hacer la Iglesia con los cementerios, exigen bendecirlos todos, todos, aunque no sean suyos. Y como hasta los alcaldes y alcaldesas que van de progres son unos flojos y unos cobardes la mayoría de las veces, cuando el pueblo inaugura cementerio no se atreven a decirle al cura que un cementerio municipal pagado por el municipio, mantenido por el municipio y con personal municipal no se bendice, porque es el cementerio de todos y para todos, sean de la secta que sean o no sean de ninguna.
B
Pero entonces el cementerio de Santiago por aquel entonces era de titularidad municipal.
A
Claro, era, era y es el cementerio. Claro, claro. Y sigue siéndolo. Como.
De los 17.000 cementerios que hay en España, 9.000 son municipales. Y luego está la Iglesia católica con los parroquiales, que son los de su propiedad, los privados, que esos son los suyos, hay que hagan lo que les dé la gana, pero municipales no. Y bueno, pues pese a que el de Boisaca era municipal, los ultraderechistas consideraron que para enterrar a Valle Inclán en el cementerio municipal de Santiago había que pedir permiso a la Iglesia. Y si no se pidió permiso y se organizó un entierro sin cura era sencillamente porque ni se necesitaba permiso ni el cura pintaba nada. Con la llegada de la República en 1931, todos los cementerios municipales, y el de Boisaca lo es, se secularizaron. Es decir, dejaron de existir aquellas diferencias exigidas por los curas de enterrar a los católicos a un lado y a los que no eran católicos en otro, en lo que se llamaba la zona civil. Esa diferencia desapareció con la República, de la misma manera que también ha desaparecido con la llegada de la democracia. Ahora un cementerio es municipal, entero, sin zonas que separen a unos muertos de otros, ni por secta ni por condición. Era el Concello de Santiago el que tenía potestad en aquel 36. Y además el propio Concello cedió la fosa para el entierro, cosa que le sentó muy mal a un grupo de falangistas capitaneados por un tipo al que llamaban Don Víctor el alemán.
Por no llamarle el nazi, supongo. Y para este asunto hay que tirar del libro que hemos mencionado porque está ahí muy bien contado. Cuentan los autores que el tal Don Víctor, falangista adelantó con los suyos al cortejo fúnebre de Valle Inclán. Y como llevaban a hombros estos falangistas en unas tablas un perro muerto, desde la comitiva de Valle les preguntaron ¿Pero a dónde vais? Y vamos a Boisaca a enterrar a este perro, que como es un animal tampoco necesita cura.
B
Mala baba y una provocación directamente.
A
Estos son los plastas del respeto, que te están pidiendo respeto. Y ese fue parte del esperpento al que se refiere el libro. Aquella provocación de los fascistas instigando al enfrentamiento no pasó a mayores. Hubo bronca, pero no pasó a mayores porque no quisieron responder. Pero aún faltaba otro episodio. Y este está narrado por Gómez de la Serna en la biografía de Valle Inclán. Pues un joven pelín exaltado, que podría ser yo perfectamente.
Cuando estaban bajando el féretro a la fosa con el señor crucificado en la tapa, se tiró en plancha para arrancarlo cabreado por ese crucifijo, cayó encima, rompió la tapa del féretro, se encontró cara a cara con el cadáver de Valle, se montó un pollo tremendo sacando al chico de la fosa, el tío gritando, diluviando en Santiago, los fascistas a distancia. En fin, que seguramente fue entierro que le hubiera gustado a Valle Inclan. Follón y bronca. El último esperpento.
B
¿Oye, con Castelao qué pasa? ¿Tampoco nos queda tiempo?
A
Hoy no nos da tiempo. Bueno, que por cierto, ni se sabe las veces que la Junta de Galicia le pidió a la familia de Valle Inclán que autorizara el traslado de sus restos al Panteón de Ilustres, donde sí está Castelado, ¿Dónde está Castelao? La respuesta de la familia siempre era la misma, que no tenían razones para no autorizarlo. Y el tiempo les ha dado la razón. Si hace 40 años no ingresa ningún galego en el Panteón de Ilustres no es porque no tengan ilustres es porque no deben ingresar porque algo huele muy mal en ese panteón. Ahí lo dejamos.
B
Bueno, ahí lo dejamos, pero lo explicaremos algún día, ¿No?
A
Sí, espero.
B
Bueno, venga, mañana más nieves.
A
Hasta mañana.
B
Un beso.
A
Adiós. Para no perderte ningún episodio, síguenos en la aplicación o la web de laser Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita.
C
¿Too little should i blow?
¿Should I stay or should I go.
A
Now.
C
Should I stay or should I go Now.
If I go, there will be trouble.
And if I stay, it will be trouble.
So you gotta let.
A
Me know.
C
Should I cool it or should I blow?
Should I stay or should I go.
A
Now.
C
If I go, there will be trouble.
Should i stay or should i go.
Date: January 14, 2025
Host: Nieves Concostrina
Podcast: Todo Concostrina (SER Podcast)
In this episode, Nieves Concostrina dives into the peculiar and highly symbolic funeral of renowned Spanish writer Ramón María del Valle-Inclán, highlighting its anticlerical character and the dramatic tensions of the time. The discussion explores both the logistics and the cultural clashes surrounding his burial, weaving in the political and religious frictions of 1930s Spain. Connections with Castelao, another Galician figure, are also touched upon, although his story is left for future episodes.
The episode brims with Concostrina’s biting humor, sharp anticlerical critique, vivid storytelling, and her trademark colloquial style. She deftly weaves historical fact with irreverent commentary, making complex social tensions accessible, present, and engaging.
This episode paints a lively, almost theatrical portrait of Valle-Inclán’s funeral—aptly called his “último esperpento.” Nieves Concostrina uses the event to expose broader issues of religious control over public spaces, ongoing practices in Spanish society, and the stubborn legacy of secularism versus tradition. The promise to return to Castelao's saga leaves listeners anticipating more tales of complicated Galician legacies.