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Nieves
La Sociedad Española de Radiodifusión presenta Ser activa La radio podcast siempre.
Carlos
Hola Nieves, buenas tardes.
Nieves
Buenas tardes, Carlas, ¿Qué tal?
Carlos
Fíjate, mira, cualquiera que tenga un mínimo interés por la historia, como es nuestro caso, que es más que mínimo, bueno, cualquier persona sabrá que los símbolos ocupan un lugar importantísimo en las identidades patrióticas, ideológicas, en las guerras, Desde luego. Y si, la bandera, yo no soy mucho de banderas, la verdad, ni la del Barça siquiera, pero si, la bandera, digo, es el símbolo, el icono por antonomasia. ¿Qué decir de los himnos? Hoy hablamos de uno archiconocido, pero no es de un país en concreto, es de muchos o ha representado a mucha gente. No en vano se llama La Internacional.
Nieves
Así es, así es. Fíjate, entre los norcoreanos que estuvimos hablando ayer y el himno que va a sonar hoy, algunos, a los más simples, por supuesto, les va a parecer demasiado como un inmojuntos, les va a explotar la cabeza. Pero bueno, nada tiene que ver el asunto de ayer con el de hoy, ni mucho menos la naturaleza de las historias, porque la de hoy incluso despierta hasta ternura por nuestro protagonista. Advierto de que este es un tema que tocamos hace exactamente 10 años. Bueno, memoria ya, pero bueno, yo tengo archivo y como a este negociado de acontecidos se ha ido sumando personal, pues algunos piden temas ya tratados hace tiempo que no encuentran en podcast. Así que aprovechando que el 8 de octubre de 1848 nació un señor belga llamado Pierre de Gitaire, pues refresquemos cómo, cuándo y por qué nació también el segundo himno más reconocible en todo el mundo.
Carlos
¿El segundo?
Nieves
Sí, yo creo que el primero es La Marsellesa. Creo, creo.
Carlos
Estados Unidos está por ahí. Por ahí también. Pero La Marsellesa Sí, pero La Marsellesa Sí, sí, seguro.
Nieves
Esto te lo tararea hasta un gorila de Uganda. Y el segundo yo creo que es La Internacional, pero tampoco tengo que llevar razón porque no sé cómo se mide esto. Yo solo lo creo. Eso sí, estos dos himnos, eso sí, nacieron en Francia. Los franceses acaparan el hit parade de los himnos, los dos primeros números, uno de los 40 históricos, tanto la Marsellesa como La Internacional podría tararearla a la mayoría de la población. Y como de La Marsellesa ya contamos la historia, pues vamos a contar hoy cómo nació La Internacional.
Carlos
¿Estoy pensando que estos son los 40 classics de verdad?
Nieves
Estos son los auténticos.
Carlos
Claro.
Nieves
¿Esto que ponen ahora, qué va? Bueno, pues vamos a hablar de cómo nació la melodía, porque la letra y música tienen autores distintos. El compositor de La Internacional es Pierre de Gitter, que es un tipo al que cuando se repartieron los hermanos, le tocó el chori. Una pena. Menos mal que el chori se arrepintió en el último momento, aunque se fue a la tumba con méritos que no tuvo. Bien, esto está soltado así, a lo bruto. Pero ahora desenmarañamos todo este culebrón.
Carlos
C' est l' éruption de la fin du passé. Faisons table rave. Debout, debout, le monde va changer de base. Nous ne sommes rien, soyons nous. Bueno, bueno, Es épico cómo suenan en.
Nieves
Francés los himnos, ¿Verdad?
Carlos
Oye, vayamos al comienzo. ¿Si, estamos recordando el nacimiento de este hombre, de Pierre, de dónde sale? Y peri ¿Cómo llega a componer en la melodía de La Internacional?
Nieves
Pierre, llamémosle Pedro también, que es más fácil, nació en Gante, en Bélgica, hijo de obreros textiles. Tenía cuatro hermanos, uno de ellos era el citado Chori. De Bélgica, esta familia se trasladó a Francia, a una ciudad que se llama Lille. Pierre empezó a trabajar siendo niño, y aprendió a leer y a escribir en las clases nocturnas que impartían a trabajadores. Un niño trabajando, sin dejar de trabajar, quiso seguir formándose y tomó clases de dibujo, luego clases de música. Se apuntó a un coro de obreros que se llamaba La Lira de los Trabajadores. Yo creo que Pierre de Gitter era de esas personas que cuanto más difícil lo tienen, cuanto menos recursos y cuantas menos facilidades, más se empeñan en formarse. De ahí salen grandes personas. Ahora entra en escena otro personaje, ya que hemos presentado a Pierre. Eugène Potier era otro obrero francés, era poeta, que luchó en la famosa Comuna de París. De De este tema de la Comuna no hemos hablado nunca. No nos ha cuadrado, pero bueno, ya caerá. Pero fue un levantamiento popular y republicano contra el gobierno y el ejército francés, porque los parisinos se negaban a restaurar la monarquía. Y en dos meses pusieron París patas arriba. Además, murieron entre 20.000 y 30.000 personas. Eugène Potier fue uno de aquellos comuneros, a uno de aquellos bronquistas que durante ese follón escribió cantos revolucionarios. Y uno de esos cantos fue. Uno de esos poemas se titulaba La Internacional, porque estaba dedicado o inspirado en la Asociación Internacional de Trabajadores.
Carlos
Entonces, en este caso, la famosa letra que conocemos de arriba, parias de la tierra. Fue antes que la música.
Nieves
Sí, la letra fue 17 años antes que la música. Era un poema. Pero ojo, que la Internacional tiene más versiones que el Seat Ibiza. Es tremendo. Aquí cada uno la ha adaptado como ha querido. Los socialistas le pusieron una letra, los comunistas otra, los anarquistas le pusieron otra. Lo que escribió el poeta Potier fue. Pero lo escribió en francés, lógicamente, que además es lo que estamos escuchando en francés. Esa es la letra original. Él escribió en pie, condenados de la tierra. En pie, esclavos del hambre. La razón atruena en su cráter. Es la erupción final del pasado. Hagamos tabla rasa, muchedumbre esclava. En pie, en pie. El mundo va a cambiar de base. No somos nada, seámoslo todo.
Carlos
Vaya versos.
Nieves
Sí, sí, sí. Esa es la letra original de la Internacional. Este poema es el que en 1888, diecisiete años después de haber sido escrito, le entregan a Pierre de Gitter para que le ponga música. Toma esto, tal letra mumaja, ponle algo. El encargo se lo hace Gustave Delori, que era líder del Partido Obrero francés. Digo los nombres porque tienen importancia. Si no, decimos que es el líder y se acabó. El señor Pedro, el señor Pierre, hace una música chula, la compone en tres días en los cafés de París, y es la que tenemos todos en la cabeza. Y la entrega. Hace la música y la entrega. Y el Partido Obrero francés le ah, muy bien, muchas gracias. Qué chula te ha quedado. Si te parece, para evitar que sufras represalias en el trabajo, estaban en un momento fastidiado. Si te parece, vamos a poner solo tu apellido para que no te identifique. Bueno, pues muy bien. Pues sí, mejor. Así quedó un poquito con el culo protegido. Se editaron 6.000 ejemplares de la partitura en donde ponía letra de Eugène Potier, música de De Gitter. Ahí sin nombre. En el Partido, todo el mundo no. Bueno, mucha gente sabía en el Partido que la música era de él, la Internacional. Y durante la última década del siglo XIX y en los inicios del XX, dicen que la Internacional llegó a sonar en Francia, más que La Marsellesa incluso. Pero Pierre de Gitter cometió un error. Aunque dijera que se identificara así, él no protegió sus derechos de autor. No registró a su nombre la melodía de la internación.
Carlos
Bueno, no la registraría en su momento, pero tampoco pudo hacerlo después. Quiero decir, estaba firmada con su apellido. Y además había testigos del encargo.
Nieves
Sí. Pues no lo hizo. Pero es que los testigos fueron muy canallas. Y se tomaron venganza porque ocurrió lo este hombre, Pierre de Gitter, tuvo desavenencias con su partido. Se borró de la militancia del Partido Obrero francés, se distanció de los socialistas y se fue con otro partido que estaba un poco más a la izquierda. Oye. ¿Y no se lo perdonaron? El autor del himno más pegadizo y revolucionario, el de Los trabajadores del mundo, abandona el partido, ¿No? Pues no, de eso nada. No le iban a permitir esa deserción así por las buenas. Y se tomaron venganza. Y esa venganza fue difundir la mentira de que el autor de la música de La Internacional se llamaba Adolfo de Gitter. Adolf. Este es el hermano chori al que me refería al principio. Los dos hermanos militaban en el mismo partido, pero el obrerete Adolfo no tuvo reparos en birlarle al obrerete Pierre, que encima era su hermano, la autoría de la música.
Carlos
Qué feo, ¿No?
Nieves
Fallísimo. Fallísimo. Adolfo de Giter reclamó oficialmente la autoría como si fuera él su hermano. Pierre lo denunció y llegaron a los tribunales. Pero es que se siguieron sumando desgracias, porque el líder del Partido Obrero francés, el que mencionaba antes, el que encargó a Pierre que pusiera música a los versos que le entregó este tipo que se llamaba Gustave Delor, había llegado a ser alcalde de la ciudad de Lille y era un tío poderoso, y testificó a favor de Adolfo. Claro, Pierre no pudo demostrar su autoría y perdió el juicio.
Carlos
Entonces, Nieves, ¿Este es un conflicto de choriceo familiar, para entendernos, o tuvo una dimensión mayor? Es decir, ¿Todo el dinero que generaba La Internacional se lo embolsó el hermano o alguien más?
Nieves
No, los derechos de edición pasaron al Partido Obrero de Fa, la pasta entraba ahí, aunque la partitura quedó oficialmente registrada como obra de Adolphe de Giteur. Pierre, por supuesto, se rindió, porque es que ya ¿Qué iba a hacer? ¿Si los tribunales habían dicho que La Internacional no era suya? Pues nada, pasó del tema. Y entonces llegó la Gran guerra, la de 1914, que vino a poner, que no iba a imaginarlo, fue a poner las cosas en su sitio, porque se produjo en la familia de Gitter una muy mala noticia para un hermano, y que acabó siendo muy buena para el otro. Adolf de Gitter fue movilizado las pasó fatal en la guerra, enfermó, cayó en el alcoholismo. Dicen algunas fuentes que por el remordimiento se deprimió y acabó suicidándose. A principios de 1916. Este hombre se ahorcó, pero al menos tuvo la decencia de confesar su mentira. Escribió una carta a su hermano Pierre diciendo que se sintió forzado a presentar la demanda, que él no quería que le perdonara, porque efectivamente, él no había puesto ni una nota en el pentagrama de la Internacional. Vino a decirle más o menos eso de yesu y de sol. Estamos en 1916. Pero esa carta no llegó a manos de Pierre hasta que terminó la guerra en 1918, que yo tampoco. No sé qué pensaría este hombre cuando la recibió. Pondría el grito en el cielo, porque lo mismo se acordó del padre de su hermano. Lo que pasa que también era el suyo.
Carlos
También era el suyo, efectivamente. Y entonces volvió a reclamar la autoría, porque la carta era la prueba ya.
Nieves
Definitiva, era una prueba irrefutable. Otra vez a los tribunales. Pero aún tuvo que esperar hasta 1922 para que el Tribunal del Sena, 34 años después de haberse compuesto la Internacional, reconociera a Pierre mediante sentencia firme, como autor de la música. El partido, por supuesto, perdió los derechos de autor. Pero aún quedaba algo por hacer. Y es que cuando enterraron a Adolphe de Gitter, el que se suicidó, alguien, no se sabe quién, decidió identificar la lápida indicando que ahí yacía el autor de la música de la internación. Claro, mentira cochina. Pero aunque los tribunales ya habían dicho que no, si eso quedaba ahí escrito, bueno, pues sería como mantener la mentira. Hasta que a principios de los años 30, el Tribunal de Apelación de París ordenó que se borraran todas las referencias a la Internacional de la tumba de Adolphe de Gitter. En su tumba del cementerio de Lill, que es donde está enterrado este hombre, en la lápida gris se aprecia el borrado de lo que allí pusieron.
Carlos
Oye, ¿Y qué fue De Pier a todo esto?
Nieves
Las buenas noticias a este hombre es que le llegaron al final con ochenta y tantos. Al final de su vida prácticamente. Pero aún tuvo tiempo de ser invitado. Fue invitado por Stalin a que viera cómo desfilaba el Ejército Rojo en Moscú al ritmo de la Internacional. Stalin le ofreció quedarse en la Unión Soviética, pero Pierre dijo, no, no, muchas gracias, yo me vuelvo a Francia. Esto está muy bonito, pero yo me piro. Bueno, eso sí, Stalin al menos le dio una pensionci. Que menos, porque es que Stalin se apropió de la Internacional como himno de la URSS hasta 1944. Eso sí, cuando Pierre murió en octubre de 1932, 50.000 personas acompañaron su entierro en el cementerio de Saint Denis en París. Y a él sí le pusieron ya con todas las de la ley que era el autor de la Internacional.
Carlos
Menos mal.
Nieves
No.
Raúl
Rien de rien, No, je ne regrette rien ¿Cómo vas?
Carlos
R. Nieves Congo Pues como decía Raúl.
Nieves
Simas, como para poner una ferretería para vender tornillos y serruchos.
Carlos
Hasta mañana.
Nieves
Hasta mañana. Para no perderte ningún episodio, síguenos en la aplicación o la web de Laser Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita.
Raúl
Payé je me fous du passé.
Nieves
Avec.
Raúl
Mes souvenirs J' ai allumé le feu Mes chagrins, mes plaisirs Je n' ai plus besoin d' eux Balayer les amours avec leur trémolo Balayer pour toujours je repars à zéro Non, rien de rien, Non, je ne regrette rien.
Carlos
Ni le.
Nieves
Bien.
Raúl
Qu' on m' a fait.
Nieves
Ni.
Raúl
Le mal Tout ça m' est bien égal. Rien de rien Non, je ne regrette rien Car ma vie. Saca moca de tu.
En este episodio de Acontece que no es poco, Nieves Concostrina y Carlos abordan la historia humana y los avatares de autoría detrás de uno de los himnos más reconocibles y simbólicos del movimiento obrero internacional: La Internacional. La charla se centra en Pierre Degeyter, el verdadero compositor de su melodía, y el curioso y a veces doloroso litigio familiar y político por el reconocimiento de su obra.
El episodio mantiene el tono desenfadado, irónico y a veces entrañable característico de Nieves Concostrina, quien narra el drama con humor, claridad y humanidad, sin dejar de señalar las paradojas y durezas de la historia.
Este episodio ofrece una mirada profunda y emotiva a la génesis y litigios detrás de uno de los himnos más universales de la lucha social, desmitificando y humanizando la figura de Pierre Degeyter, un hombre cuya justicia llegó tarde pero no a destiempo para quedar en la memoria colectiva como el verdadero autor de La Internacional.