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Narrator
Ser podcast.
Nieves
Esto es Acontece que no es poco y yo soy Nieves con Costrina, la que te lo cuenta en cuanto te descuides. Cada fecha esconde grandes historias, minúsculas o no. A veces guarda pequeñas historias con mayúscula. Aquí te dejo escuchando una.
Podcast Intro
En la ventana. Acontece que no es poco, un relato personal de la historia con Nieves, con Costa Doctrina Cadena Ser.
Marta
Nieves, buenas tardes.
Nieves
Hola, Buenas tardes, Marta. ¿Qué tal estás?
Marta
Nos hemos quedado aquí tú y yo custodiando el fuerte mientras está la mitad del equipo en Ciudad Real.
Nieves
Y bien que lo custodiamos. Cuando vengan va a estar intacto.
Marta
Algún vino rico supongo que nos traerán, al menos digo yo.
Nieves
¿Tú crees? Yo supongo que sí. Algo caerá.
Marta
Espero, espero, esperamos. Alicia dice que también. Mira, en el acontece de hoy vamos a hablar de la corona británica y no por la coronación de Carlos III.
Nieves
Para nada. No, no, ya hemos tenido bastante Carlos III, por favor. Hemos tenido saturación, Cansino son, de verdad.
Marta
Entonces ¿Por dónde tiramos?
Nieves
Pues vamos a tirar, vamos a tirar por otro sitio. Pero yo la verdad es que hoy, 9 de mayo tenía dos acontecidos guerreros para recordar. Y es verdad que los dos acontecidos que tenía previstos están implicados, España e Inglaterra, pero con 150 años de diferencia. Uno de ellos, uno de sus acontecidos se refiere a que el 9 de mayo de 1588 zarpó de Lisboa la Grande y Felicísima Armada de su Católica Majestad Felipe II para invadir la hereje Inglaterra de Isabel I. Es decir, zarpó aquella gigantesca flota que los ingleses llamaron, con todo el cachondeo que les cabía en el cuerpo, la Armada Invencible. Eso de invencible lo pusieron ellos, no nosotros. El otro acontecido que tenía yo ahí en Cartera es del 9 de mayo de 1741, cuando el almirante británico Edward Vernon se rindió ante la impecable estrategia de su homólogo, el almirante español Blas de Lezo en la batalla de Cartagena de Indias. Fue una humillación tan escandalosa la que le propinamos a los británicos que todavía hoy, cada vez que podemos y también con todo el cachondeo que nos entra en el cuerpo, ahí le recordamos la pifia. Quisieron quedarse con esa joya colombiana que es Cartagena y no pudieron. No, no pudieron. Yo tenía que elegir entre estos dos hechos y he pensado, mira, ¿Para qué va? ¿Para qué flagelarnos con la cagadita de la Armada Invencible?
Marta
Mejor nos recreamos en la otra, ¿No?
Nieves
Pues claro, si tenemos ahí la estrepitosa derrota británica en Cartagena, pues a por ella. Porque es que encima, respecto a lo del acontecido más antiguo, el de Felipe II, es que encima fue una salida en falso, la de la gran armada aquel 9 de mayo en Lisboa, porque no había terminado de salir el último barco cuando ya estaba volviendo a puerto el primero. A nadie se le ocurre zarpar en plena borrasca. Yo no entiendo mucho. Bueno, ni mucho ni poco, no entiendo nada de navegar. Pero a ver, criatura, si Hay viento. Fuerza 7. Marejada. Marejadilla. Pues no salgo. Así que vamos a recordar una de las derrotas más graves sufridas por la Armada británica.
Audience/Chorus
El costo de la vida sube otra vez y las habichuelas no se pueden comer. Una libra de arroz y una cuarta de café. A nadie le importa. ¿Qué piensa usted?
Nieves
¿Será porque aquí no hablamos inglés? Es verdad, es verdad.
Marta
A ver si podemos decir que gracias al almirante español Blas de Lezo en Colombia no tienen el inglés como lengua oficial.
Nieves
Pues más o menos.
Marta
Más o menos, ¿No?
Nieves
Sí es que eso es lo que dicen además los cartageneros. Ellos dicen que no hablan inglés. Gracias a que se ganó aquella batalla. Vamos a presentar a Blas de Lezo, que además es un tipo que merece ser conocido. A ver, era una tristeza de hombre, la verdad que era una tristeza. Lo llamaban el patapalo. También lo conocían como el medio hombre, porque es que le faltaba la mitad de las cosas que tiene un humano normal. Le faltaba un ojo, le faltaba un brazo, le faltaba una pierna. Bien es cierto que tenía un cerebro estratégico para la batalla que ya valía por cuatro. Por eso lo mandan a Cartagena. Por eso y porque él no se encontraba cómodo en la Corte. Decía que para lo maltrecho que estaba no pegaba nada. Entre gente tan finolis, entre gente que tenía todo puesto, que estaba entera y que su cuerpo no estaba acorde con tanto lujo. Estamos hablando de una época de aquel siglo XVIII además, en que las aguas atlánticas eran una continua bronca naval de los españoles contra los franceses, contra los británicos, contra los holandeses y todos a por nosotros. Y además contra piratas en general. No teníamos brazos para tanto pirata holandés, francés, británico. Porque había que defender las posesiones americanas. Cada dos por tres atacaban las costas y cada dos por tres nos asaltaban la flota de Indias para robar el oro y la plata que traíamos a España. Así que vamos a ver por qué se lía esta batalla de Cartagena. Las coronas española y británica tenían firmado un acuerdo comercial. España permitía a los británicos llevar 5.000 esclavos al año hasta la América española para venderlos. Eso era lo que se llamaba el asiento de negros. Y también se les permitía llevar un número determinado de mercancías, que eran muchas, Muchas mercancías. Y claro, dicho esto así, tú piensas. Hay que ver qué generosa España. Qué acuerdo tan guay para Gran Bretaña. ¿Por qué lo firmaríamos?
Marta
Eso digo yo.
Nieves
Pues esta es otra de las consecuencias de que el franchute del pelucón, el Borbón Felipe V, se sentara en el trono tras la guerra de sucesión. Esta fue otra compensación.
Marta
Otra, o sea que además de Gibraltar y de Menorca también hubo que tragar con este acuerdo comercial. León.
Nieves
Claro, es que todo eso trajo el famoso tratado que nos cuenta en el Col. El famoso tratado de Utrecht que está repleto de concesiones a Gran Bretaña para que dejaran reinar al Borbón. Este hombre no regaló los Pirineos. ¿Yo que sé por qué? Porque también estaba medias con Francia, pero no lo sé. Los cenutrios que gritan Gibraltar español que se vayan al Palacio de la Zarzuela y se pongan a gritarlo allí. Que pidan allí. Cuenta que llevamos 300 años de disgustos con estos Borbones. Lo malo no fue solo todo lo que hubo que darles. Es que los británicos además eran muy tramposos. Es que no tenían palabra. Era como si todos fueran Boris Johnson. Sobre todo muy embusteros. Con ese pelo. Sí, y con ese pelo. Todos despeinados. Todos despeinados. El contrabando que tenían montado los británicos era salvaje y lo tenían prohibido porque para eso había un acuerdo comercial. Y esto traía broncas constantes entre españoles y británicos. Y un día. Un día un guardacostas español que vigilaba por el Caribe porque teníamos una policía del mar vigilando a todos estos, un guardacostas español dio el alto a un barco inglés y lo pillaron hasta arriba de contrabando. Esto lo contamos hace dos o tres años, pero tiene mucha guasa y merece la pena recordar. Bueno, ese barco inglés que pilla a los españoles iba capitaneado por un tal Robert Jenkins, al que le confiscan toda la mercancía y de paso le cortan una oreja y le dicen ala, toma tu oreja, tira para Inglaterra, le llevan la oreja a tu rey y se la enseñas. Claro, sí, se la enseñas. Y le lo mismo le haré, si a lo mismo se atreve. Jenkins guardó su oreja en un bote con alcohol y se fue muy indignado a su pueblo. Y se la enseñaba todo el que quería mirar. Esta es la oreja que me han cortado los españoles. La llevó hasta la Cámara de los Comunes y no paró de meter bronca hasta conseguir Bretaña declarara la guerra a España para vengar la humillación de la oreja. Y lo consiguió. Acabó consiguiéndolo. Por eso aquella guerra que nos declaró Gran Bretaña se llama la guerra del Asiento, por lo del tratado comercial del Asiento de negros, o la guerra de la oreja de Jenkins, que también se conoce así la guerra.
Marta
Pero no fue una guerra corta.
Nieves
No, no, perdón. Fue una guerra que duró nueve años. Nueve años duró la guerra. Y forma parte la desigual batalla de Cartagena, forma parte esa guerra, que es la que vamos a contar, y en la que el pez chico se comió al grande. Rojitas las orejas.
Audience/Chorus
Las orejas. Rojitas las orejas.
Marta
A ver, hablas del pez chico. Entiendo que era al que ha llamado el medio hombre Blas de Lezo.
Nieves
Sí no lo llamaba yo, lo llamaban a él. Yo a este hombre le tengo hasta cariño. Medio hombre. Sí, sí, es el p. Chico. Es Blas de Lezo, porque es increíble lo mucho que hizo con tan poco. Los británicos llegaron con 190 a Cartagena. Llegaron con 195 barcos y 30.000 hombres armados hasta los dientes y se plantaron frente a Cartagena de Indias. Blas de Lezo tenía seis barcos para defenderse con 3.000 hombres de su guarnición, otros 1.500 voluntarios civiles que hacían lo que podían, y 600 nativos por los colegas cartageneros que tiraban con flecha. Aquello pintaba muy mal. Pero Blas de Lezo tenía a su favor una complicada geografía para los que vinieran a atacar. Cartagena de Indias tiene. Cartagena tiene dos bahías frente a la ciudad. La llaman Bahía Grande y Bahía Chica. A la bahía Grande se entra por un pequeño estrecho que se llama Boca Chica, como su propio nombre indica, un estrecho chico. Y ahí Blas de Lezo situó cuatro de los seis que tenía situó cuatro y los otros dos barcos los puso por donde se entraba a la otra bahía. Esto se entiende muy bien mirando una vista aérea. Pillas el Google Maps y ves la vista aérea y se entiende estupendamente porque los ingleses tenían que entrar por dos estrechos pequeños para llegar a las fortalezas donde estaban los españoles. Pero Claro, llegan casi 200 barcos british y se encuentran con 6 barcos birrias españoles. 4 aquí y 2 allí, intentando frenarlos. Y esto es tan tonto.
Marta
Les vamos a dar una paliza en.
Nieves
Dos minutos nos vamos a merendar en nada. Pero Blas de Lezo no los puso ahí para defender la entrada a las dos bahías. Él sabía que para hacer una tortilla hay que romper los huevos. Los puso ahí. Puso ahí los barcos para hundirlos. Hundió los seis únicos barcos que tenía para bloquear o al menos dificultar la entrada de las naves inglesas. Hundió sus propios barcos y claro, provoca ahí un atasco. Eso le dio tiempo para reorganizar a los españoles hasta que se juntaron todos en un solo fuerte en el castillo de San Felipe.
Marta
Aunque la estrategia de estos barcos al final fue impecable. Pero eran 30.000 británicos contra 4.000 del lado español, o sea, sigue siendo mucha la diferencia.
Nieves
Es que era una diferencia abismal. Y efectivamente, la defensa podría ser estupendo, pero la gente. Y era mucha más gente en un lado que en otro. Eso también pensó el almirante Edward Vernon, que era el británico. Era impensable que sus chicos no pudieran con los 4.000 españoles y los 600 flecheros nativos. Estaba tan convencido del triunfo que tras los primeros días de batalla decidió ganar tiempo. Y a mediados de abril de 1741 envió un mensajero a Londres diciendo que la batalla estaba ganada. Oye, que Cartagena de Indias ya es británica.
Marta
Se apresuró un poquito, un poquito, que.
Nieves
Blas de Lezo, que se había rendido. Esto es el mensajero que va para allá. Y teniendo en cuenta que no estamos ni en la era de Internet ni tenemos WhatsApp. Cuando ese mensajero llegó a Londres, montaron Verbenar, celebraron el triunfo de la leche, se emitieron hasta monedas conmemorativas. Ríete tú de la coronación de Carlitos III, la que montaron en aquel entonces. Pero para entonces no podían saber cuando estaban celebrando que Vernon la había pifiado. El 9 de mayo de 1741, cuando estaban celebrando en Londres, tuvo que dar Vernon la batalla por perdida y retirarse. Dicen que al grito de Dios te maldiga, Lezo, supongo que lo diría en inglés el almirante español. Lo que había hecho Blas de Lezo era ahondar más los fosos. Las escalas inglesas no podían superar los muros de la fortaleza. Caían por miles los británicos que intentaban asaltar los muros. Una carnicería. Vernon había vendido la piel del oso antes de cazar.
Marta
Menudo papelón el Tal Vernon, ¿No? ¿Qué pasó cuando llegó a Londres y vieron la realidad? ¿Que era que no habían ganado nada o que habían perdido todo?
Nieves
Vaya, pues son británicos. Pues todo bien. Disimulando como si no hubiera pasado nada, como quitándole importancia al asunto. Simplemente. No se vuelve a hablar de esto y se acabó. Corremos un estúpido velo como si no hubiera ocurrido nada. Pero los españoles es verdad que no perdemos ocasión de meterles el dedito en el ojo y recordarles que les dimos una paliza. Y el ejemplo más reciente lo tenemos en 2005. ¿Y qué pasó? Sí, los británicos celebraron en 2005. Montaron un teatro precioso, la verdad, como sólo saben hacer organizar ellos coronaciones y estas cosas. Montaron un teatro alucinante para celebrar el bicentenario de su gran triunfo ante los españoles y los franceses en la batalla de Trafalgar, ahí por Cádiz. Y lo que hicieron los británicos fue invitar a 136 países a participar en los festejos que enviaran uno o dos buques. Hicieron un desfile naval impresionante. ¿Qué buque envió España? Envió la fragata Blas de Lezo, que se paseó en aquella romería por aguas británicas. Hello. Hemos vuelto. ¿Os acordáis del palizón que os dimos en Cartagena? Pues eso.
Marta
Gracias, nieves. Mañana más.
Nieves
Gracias a ti, marta. Un beso.
Narrator
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Todo Concostrina – “Sopas con ondas a los British en la batalla de Cartagena de Indias”
SER Podcast | Acontece que no es poco | 9 de mayo de 2023
Host: Nieves Concostrina
Co-host: Marta
En este episodio de “Acontece que no es poco”, Nieves Concostrina revive con su habitual humor y mirada crítica uno de los momentos más vergonzantes para el Imperio Británico: su humillante derrota ante el almirante español Blas de Lezo en la batalla de Cartagena de Indias, el 9 de mayo de 1741. Nieves relata el contexto, las hazañas del “Medio Hombre”, el absurdo optimismo de los británicos y el legado tan peculiar que left esa batalla para la historia hispana y británica.
Nieves Concostrina utiliza su ingenio para convertir una batalla poco conocida en una epopeya de ingenio, resistencia y sorna hacia la derrota británica. El episodio celebra un triunfo estratégico español, desenmascara los mitos y echa luz sobre figuras históricas que “merecen ser conocidos”. Un repaso histórico vibrante, divertido y sin concesiones al tópico, marca de la casa Concostrina.