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A
SER podcast.
B
Hola Nieves, buenas tardes.
A
Buenas tardes, Carlos.
B
Oye, recuerdo que esta semana estamos en modo serie en este Acontece, que no es poco, que tenemos el foco puesto en Francia en una época, el siglo XVI, donde las guerras de religiones fueron especialmente salvajes. Y el episodio de hoy, bueno, lo de hoy ya lo anunciaba SER, es muy fuerte porque nos conecta con nuestra herencia borbónica. Bueno, es eso, directamente.
A
Totalmente, totalmente, sí. Hoy sí que vamos además con un tema que llevamos dos años porque me he hecho memoria y he repasado guiones diciendo ya hablaremos, ya hablaremos y nunca hablamos. Y como hemos abierto series sobre aquel traumático periodo en Francia con las guerras de religión que le tocó gestionar a Catalina de Medici en mitad del brutal enfrentamiento de las familias, a las familias de los GISA católicos y de los Borbones protestantes, pues viene cronológicamente a huevo hablar hoy de lo que tenemos pendiente, porque en los dos días anteriores hemos puesto el contexto para poder atar cabos. Nos vamos al París de 1572. Era agosto, la ciudad estaba engalanada porque se iba a celebrar una boda el día 18 con la que se pretendía calmar la bronca que había entre las distintas facciones nobiliarias francesas, unas católicas y otras protestantes. Catalina necesitaba dar estabilidad a la corona, necesitaba pacificar el reino, quería que su hijo, el rey Carlos IX, tuviera la fiesta en paz. Los contrayentes eran una hija de Catalina de Médici, Margarita, más conocida después como la reina Margot y por tanto hermana del rey de Francia. Y el novio era el rey de Navarra, Enrique III Borbón.
B
Pero a ver, una cosa, con lo que había, con lo que estaba liado en Francia, se estaba casando un protestante Borbón con la hija católica de Catalina de Medici.
A
Sí, sí, eso era. Y no sólo católica, era muy y mucho católica, era ferviente católica. Y se iban a casar sin renunciar ninguno a su secta. Ella seguiría siendo católica y él seguiría siendo protestante. Esa era la pretendida maniobra de Catalina de Médici en mitad de las guerras de religión en Francia para intentar abrir un periodo de paz.
B
Para intentarlo al menos.
A
Estamos hablando de que el novio era rey de Navarra y por tanto viajó a París, imagínate, con un importante séquito de su reino, todos hugonotes protestantes, cosa que no iba a hacer ninguna gracia a la ultracatólica ciudad de París partidaria de los GISA.
B
A ver, vista, o si, a bote pronto. A ver, no podríamos decir que el de Catalina de Medici fuera un plan redondo, sin fisuras. Bueno, al menos no tiene pinta de que la boda esta fuera a funcionar como una maniobra pacificadora, que a la intención no se discute, pero no sé yo.
A
No, no. Pues no sabes y no sabes. Pero bien sabido, ese plan hacía aguas por todas partes, porque estamos hablando de sectas fanáticas. Ellas son de conmigo contra mí. Las. Las dos. Francia llevaba diez años metida en una guerra de una violencia casi indescriptible, porque no eran ejércitos los que luchaban. Bueno, había soldados, por supuesto, pero la sociedad civil estaba matándose a machetazos, estaban torturando, quemando iglesias de unos y otros. Los hugonotes asaltaban las iglesias de los católicos, atacaban a frailes y monjes. Los católicos asaltaban las iglesias de los protestantes y mataban las incendiaban con gente dentro a los de la otra banda. En fin, que hubo masacres en muchos lugares de Francia. A París, decía, llegaron mogollón de protestantes de la alta nobleza para asistir al enlace del rey de Navarra, Enrique III de Borbón, el día 18 de agosto y para participar en los festejos de los días siguientes, porque estas bodas reales eran como los gitanos, que tienen tres o cinco días de boda, y los parisinos ultracatólicos muy mosqueados porque ahí había una presencia de muchísimo hereje, Eso no les gustaba. Y ahora hay que meter aquí a un personaje que es con el que salta la chispa. Se llamaba Gaspar de Coligny, como colibrí, pero ñ Era un militar protestante y muy militante contra los católicos. Este hombre tenía sin embargo muy buena relación con el rey, con Carlos IX, que era católico pero tenía muy buena relación. Y el 22 de agosto, cuatro días después de la boda, sufrió un atentado en una calle de París. Un francotirador le disparó y aunque lo hirió no lo mató, porque justo en ese momento se agachó a tocarse el zapato.
B
Bueno, pues esto tiene pinta de que por ser quien era, el atentado era católico. ¿Pero de quién exactamente? No se supo.
A
Era católico, seguro, pero no se sabe. Y no se supo y no se sabe. Los protestantes señalaron como instigadores a la propia Catalina de Médici, otros dicen que al francotirador lo pagaron los Guisa, otros que fue el duque de Alba. Pues porque en estas guerras de religión estaba especialmente volcado, Felipe II. Además que no debía enredar más, pero Felipe II estaba casado con una hija de Catalina de Médici, Isabel de Valois. Bueno, Pues aquí Felipe II estaba especialmente empeñado en estas guerras de religión y el duque, el duque de Alba era su brazo armado. Pero el caso es que no se aclaró el que disparó, no se aclaró. El rey de Francia, Carlos IX, fue a visitar de inmediato al herido. En medio de la indignación de los protestantes, intentó tranquilizar los ánimos, prometió justicia, dijo que iba a buscar al responsable, pero se encontró con que aquello estaba ya desmadrado y los hugonotes acusaban al entorno real de aquel atentado. Señalaban a la propia Catalina de Medic y señalaban a su madre. Catalina se mosqueó con la acusación y con la falta de respeto a su hijo, al rey. Bueno, vio que la cosa se estaba poniendo muy malita, que la boda de su hija con el rey de Navarra no solo no había apaciguado los ánimos, sino que eso estaba yendo a peor. Y decidió Catalina, aquí hay que golpear primero. Catalina sospechaba, y era muy larga, muy larga, que en cuanto Coligny se recuperara de su herida, encabezaría una bestial rebelión Hugo note. Así que lo primero rematarlo en su cama, matar al líder y después a por los otros mandos.
B
Pero entonces fue Catarina de Medici la que orquestó la matanza que se venía encima y que fue brutal.
A
Sí, ella seguramente no fue la que pagó al francotirador, pero cuando ya vio que la cosa estaba mal por aquí, tomamos las riendas. Animada, por supuesto, por la facción ultracatólica de los Guisa, tuvo que convencer Catalina a su hijo, al rey Carlos IX, para que firmara las órdenes pertinentes. Porque el rey se resistía. Es que tenía aprecio a Coligny. Pero Catalina era mucha Catalina. Y Carlos IX acabó cediendo. El plan era provocar una batalla en París, soliviantar los ánimos matando a los cabecillas. Solo a los cabecillas hubo notes, porque luego ya la plebe se dejaría arrastrar en una especie de catarsis colectiva. El plan era el La noche del 23 de agosto se cerraron las puertas de París. Las murallas quedaron, se quedaron selladas. Se convocó de urgencia a la milicia de la ciudad. A las tres de la madrugada, una iglesia tocó campanas con una señal determinada y empezó la masacre. Uno de los ultracatólicos, Guisa, se encargó personalmente de matar en su cama a Gaspar de Coligny de un espadazo en el pecho. Su cadáver luego fue decapitado, defenestrado en su sentido literal, arrojado por la ventana y arrastrado por las calles. Mientras, en los palacios donde se alojaban los líderes hugonotes que habían ido a la boda, fueron todos asesinados. Absolutamente todos. En mitad de aquella matanza de la noche de San Bartolomé, el embajador español en París, esto es muy fuerte, agarró papel y pluma y muy emocionado escribió esto a Felipe mientras escribo los están matando a todos. Los desnudan, los arrastran por las calles, saquean las viviendas y no perdonan ni a los niños. Bendito sea Dios que ha convertido a los príncipes franceses a su causa. Quiera Él inspirar a sus corazones para que continúen como han empezado. Joder, eso es. El embajador español en la carta Felipe II ahí lo tienes, que todas las sectas son igual de criminales, pero la católica es una secta de orgullosos asesinos. Además los del presentismo también. Que se vayan hoy a pasar.
B
No.
A
Rien de rien, non, je ne regrette rien. Ni le bien qu' on m' a fait, ni le mal.
B
O sola. Que aquello, o sea, que aquello no se quedó ni mucho menos en matar solo los líderes hugonotes. La bola fue creciendo y creciendo y creciendo.
A
Aquello se fue de las manos, porque cuando tú lanzas a fanáticos contra algo, los daños no pueden preverse. El rey Carlos IX intentó, cuando vio la que se estaba leando, intentó parar aquello, pero ya estaba todo absolutamente despiporrado. El 24 de agosto, París amaneció bañada en sangre. El Sena iba cuajado de cadáveres flotando. Pero la matanza no quedó en aquella noche de San Bartolomé. Saltó a otras ciudades de Francia y continuó durante los siguientes días. En París fueron asesinadas 2.000 personas. En total, en toda Francia masacraron a 10.000. 10.000 en la corte española, felicidad absoluta. En la francesa, Catalina de Médici. Yo creo que nos hemos pasado, pero bueno, peligros a la mar, porque hasta el Papa de Roma nos ha Felicitado, dijo ella.
B
¿Cómo que el Papa nos ha felicitado, o sea, el Papa celebró la muerte de 10.000 personas?
A
Pues claro, les pone mucho matar herejes. ¿Qué papa era Gregorio XIII, Gregorio XIII lo celebró a lo grande? Montó misas solemnes en Roma, cañonazos, encargó hasta obras de arte para recordar aquella matanza de San Bartolomé. El papa anterior a este, Pío V, que este era un bicho también. Este ya le había escrito un par de años antes a Catalina diciéndole que, abro comillas, no había que perdonar en ningún caso a los enemigos de Dios. Sólo con la destrucción total de los herejes podrá el rey devolver a este noble reino, se refiere a Francia, el respeto debido a la religión católica. Esto ya es lo que le dijo, Ya le estaba animando. Cargaros a los que podáis. Dios lleva dos mil años siempre en la banda de los asesinos. Da igual. Cuando matan los católicos, ahí está él animando desde la tribuna. Cuando matan los musulmanes, también el grande, que es el mismo Dios asesino. Jalea a los chicos, venga, matad más. Y. Y ya no te digo nada. Cuando masacran los judíos, también está ahí Dios, que sigue siendo el mismo, pidiendo más sangre. Matadme más niños palestinos, que diez mil se me hacen pocos. Y al margen de creencias, ahí están los datos que permiten afirmar que los seguidores de estos dioses asesinos no están bien, son gente extremadamente peligrosa. There's nothing you can do, that can't be done. Nothing you can sing, that can't be sung. Nothing you can say, but you can learn how to play the game.
B
Oye, sí que necesitamos un poquito de amor en mitad de este relato. Oye, ¿Y qué fue de los novios? Porque no podemos olvidarnos de que todo eso empezó con una boda que en teoría iba a animar a la tolerancia religiosa, al respeto entre unos y otros. El rey de Navarra era Hugo, Note. Y este se libró. Y se libró cómo se libró aquella noche.
A
¿Cómo se libró? Pues se libró por los pelos. El rey de Navarra, Enrique III, fue un superviviente aquella noche de San Bartolomé gracias a su reciente esposa, gracias a Margarita, que aunque no le gustaba nada su marido, no gustaba nada ella, estaba enamorada de uno de los Guisa. Bueno, pues Enrique III de Borbón le parecía a Margarita le parecía un ordinario, pero se negó a anular inmediatamente el matrimonio tal y como le ofrecieron su madre, Catalina de Medici, y su hermano, el rey de Francia. Pero Margarita sabía que si aceptaba anular el matrimonio a los cuatro días de la boda y en plena masacre de protestantes, a Enrique se lo iban a. Pero si permanecían casados, no se atreverían a matar a su marido. La anulación habría sido muy sencilla. Sencillísima. Porque en realidad el Papa Gregorio XIII nunca autorizó aquel matrimonio. Fue Catalina de Médici la que falsificó documentos para que se celebrara la boda. Es acojonante.
B
Tiene todo.
A
Sí, sí. Esto es lo mismo que también había hecho Isabel la Católica años antes. Falsificar la bula papal que la autorizaba a casarse con Fernando porque el papa se la negó. Entonces nos inventamos una y ya está. Y por cierto, un detalle que enlaza con lo que hablábamos ayer de la podina serpiente a Catalina de Medici, su consuegra, la madre del novio, murió muy poco antes de la boda y no fue. No pudo acudir. Se acusó a Catalina de matarla enviándole unos guantes envenenados. Era mentira. Era mentira. Se murió de un gripazo la mujer. Y bueno, como mañana es víspera de Halloween, remataremos esta historia que tendrá un final macabro, como corresponde a la auténtica y original fiesta de los muertos. Recuérdame, hoy me tengo que mi amor, recuérdame, no llores, por favor. Te llevo en mi corazón y cerca me tendrás a solas yo te cantaré soñando en regresar.
B
¿Te acuerdas de Coco? De la película. Mira, me ha venido a la cabeza al decir lo de que mañana había esperado el Halloween.
A
Totalmente, Totalmente. Mucho. Qué maravilla de película.
B
La verdad que sí. Bueno, pues mañana cerramos el círculo.
A
Sí, mañana. Ahí estaremos. Gracias.
B
Un beso. Nieve.
A
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Host: Nieves Concostrina
Co-host: Carlos (SER Podcast)
Date: October 29, 2025
This episode delves into the notorious events surrounding the 1572 St. Bartholomew's Day Massacre in Paris. With her characteristic irreverence and clarity, Nieves Concostrina explores how an attempted royal wedding meant to broker peace between France's warring Catholics and Protestants instead led to one of the bloodiest episodes of religious violence in European history. The story is personalized, vivid, and sharp, focusing on the ambitions, bungling, and fanaticism at the heart of the disaster.
Nieves Concostrina delivers a searing, vivid, and darkly humorous account of the St. Bartholomew’s Day Massacre, stripping away the romantic veneer of “royal weddings” and exposing the ruthless realpolitik and fanatical violence behind a pivotal moment in European history. The episode is as much a history lesson as it is a commentary on the perils of religious zealotry and the cynical use of faith in politics—emphasized with memorable quotes, sarcastic asides, and sharp modern analogies.