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A
Ser podcast. Hola, Nieves, buenas tardes.
B
Buenas tardes, Carlas, ¿Qué tal?
A
¿Cómo estás? ¿Puedo leer un mensaje que me has enviado hace un rato?
B
Sí.
A
Bollero es a la Cochet y Almodóvar como yo a los Borbones no pasamos. Me ha hecho gracia. Estoy hablando con Carlos. Bueno, en fin, las pelis y los gustos cada uno.
B
Y sobre reyes no hay nada escrito.
A
Exacto, exacto, exacto, exacto. Bueno, aparquemos el cine. Mira cómo se ríe Bollero. Aparquemos el cine y aparquemos a los reyes por. Aunque sea por un día. A ver, memoria, oyentes. Hace apenas unos días Nieves nos presentó con gran éxito de público y crítica al gran apóstol de la tolerancia, Voltaire. Un burgués, un clasista de tomo y lomo, hijo de su tiempo, pero que tuvo siempre muy claro el respeto a las opiniones ajenas, ya fueran civiles, militares o religiosas. Bien, pues hoy segunda parte, porque si Voltaire ya dio guerra en vida, hay todo un segundo capítulo que se puede escribir a partir de su muerte.
B
Es fuerte, esto es tremendo. Vamos a hacer. Vamos a recoger las miguitas que dejamos ahí en el camino. Cuando hablamos de la vida de este irreverente Voltaire, las miguitas que recogemos también son irreverentes y son, evidentemente, puesto que se ha muerto, son póstumos.
A
Eso.
B
Es lo que tiene morirse, que todo lo que te pasa a partir de ahí es póstumo. A este hombre pasaron tantas cosas muerto como vivo o más, lo mismo. Más. Quien haya ido a París o tenga previsto ir, por favor, no puede ni debe dejar de ir a la antigua iglesia de Santa Genoveva, hoy Panteón Nacional de Hombres y Mujeres Ilustres. Y cuando uno baja a la cripta para ver cuánta intelectualidad, cuánta ciencia, cuánto arte y cuánta cultura hay allí reunidas, cuando inicias ese recorrido, lo primero que te encuentras es con Voltaire recibiendo al visitante. En realidad te encuentras con su imponente figura que está de pie en mármol. Es una preciosa escultura de Jean Antoine Udón que se alza ante la urna, el sarcófago que se supone debería guardar los restos de Voltaire.
A
Ya empezamos mal.
B
Se supone, claro, se supone, ahora explicaremos, pero se supone. Esa escultura proyecta una sombra y esa es probablemente eso es lo único que queda allí del filósofo, la sombra que proyecta su estatua. Y el espíritu sarcástico se ve en la sonrisa de la escultura. Y esto a mí me resulta muy curioso, que casi todos los retratos y esculturas de Voltaire lo representan sonriendo. Esto es muy raro, porque la gente no se reía, no sonreía cuando posaba, o al menos si sonreía el artista no lo reflejaba. En las Fotografías del siglo XIX tampoco se reía nadie. Todo el mundo con cara ahí, que parece que se han tragado para una escoba. Y la verdad que tiene su explicación. Bueno, decía que. Que es Voltaire el que recibe al visitante en la cripta del Panteón, y en la urna que hay tras su escultura hay un epitafio que ya sugiere al visitante que apenas queda nada físico del escritor. Ahí dice a los manes. Manes son las sombras o las almas de los muertos. No sabía sí se llama manes a los manes de Voltaire. La Asamblea nacional decretó el 30 de mayo de 1791 que había merecido los honores debidos a los grandes hombres. Ahí cierro las comillas del epitafio. Y bueno, la liaron pardísima, muy parda, con aquel traslado de restos.
A
Hoy estamos haciendo la ventana de la historia de Francia. Primero Napoleón y después Voltaire. Este año del que hablamos, 1791, ya nos dice que fue en plena Revolución Francesa. Ya contamos el otro día, ¿No, Nieves? Que Voltaire se convirtió en un ídolo revolucionario.
B
Sí, La Asamblea Constituyente declaró además, solemnemente que esta gloriosa revolución ha sido el fruto de sus obras, de las obras de Voltaire. Un poquito exagerado, porque sobre todo la Revolución fue fruto de la altura de la plebe y de los desmanes de los reyes, de los curas, y de una aristocracia que no paraba de bailar en Versalles, mientras los franceses eran unos absolutos miserables. Vamos a ir al principio de los ajetreos póstumos de Voltaire, entendiendo que nuestro principio, lógicamente, fue su final. Casi lo único que conservamos de Voltaire es su corazón. Lo guardan en la Biblioteca Nacional de Francia. Y una biblioteca, la verdad es que es el mejor sitio para enterrar algo de un escritor. En la biblioteca de Florencia guardan un sobrecito con las cenizas de Dante, y la de Francia tiene el corazón de Voltaire, que sospecho, no puedo confirmar lo que está hecho un gurruño ahí garrapiñado, pero ahí está. Ya dijimos que fue un irreverente toda su vida, agnóstico más que ateo. Y activista contra la intolerancia de las religiones. Pero oye, cuando se vio a punto de cascar, dicen que adiós, encomiendo mi espíritu y que se agarró al cuello del cura que fue a darle la extremunción y que no lo soltamos por si acaso, ¿Se entiende? Tampoco le iban a cobrar por eso. Esto es lo que dicen que dijo, pero puede ser que lo dijera solo porque ya sabía que el arzobispo de París había dado orden de que sus restos fueran a dar a una fosa común en cuanto se muriera. También puede que no dijera nada, pero alguien se inventó que lo dijo para echarle un cable y librarlo de la fosa común, o puede que lo dijera sí, porque ya chocheaba el hombre, o.
A
Sea que no lo sabemos. ¿Dices que chocheaba, entonces Voltaire murió muy mayor o qué, o no tanto?
B
Sí, hombre, para la época Voltaire murió ya muy mayorcito, con 84 tacos, en aquella época esto era mucho. Murió en 1978, a finales de mayo, 11 años antes de que estallara la revolución. Yo apuesto más a que si de verdad dijo eso de adiós, encomiendo mi espíritu era para darle un mensaje al arzobispo de París, como diciendo mira, al final he visto la luz, no seas así Y de hecho se libró de la fosa común. Pudo ser enterrado a escondidas, con disimulo, cierto, en una abadía benedictina del noroeste de Francia, porque allí tenía enchufe. Es que su sobrino era el abad, le hizo un hueco con disimulo y por eso se salvó. Seguramente, pero vámonos. Al momento de su muerte, Voltaire estaba en París y no se separaba de él su amigo, su gran amigo del alma, que era el Marqués de Villet. Es probable que este hombre se encargara de todos los trámites para librar a Voltaire de la fosa común y como había que trasladarlo, este amigo encargó a un colega farmacéutico, Amecer Mitoire se llamaba, que embalsamar el cuerpo. Y bueno, pues ya que tenía que embalsamar y limpiar por dentro, que preservara el corazón para instalarlo en el lugar favorito de Voltaire y ese lugar era el castillo de Fernet, que fue donde vivió voltaire durante casi 20 años. Está justo, justo en la frontera con Suiza, Ese pueblo se llama ahora de hecho Fernet Voltaire. El castillo lo compró este hombre, el amigo, el Marqués de Villet, con la sana intención de dedicar parte de ese castillo a la memoria del ilustrísimo Voltaire. Y allí así lo hizo, porque en una estancia a la que llamó la habitación de Voltaire, dejó expuesto su coraz en plan santuario. Pero ahora viene un giro de guión. Como antes eran muy fetichistas con esto de los muertos ilustres, resulta que el farmacéutico que hizo el embalsamamiento, además de preservar el corazón, birló el cerebro. Se quedó con el cerebro.
A
A ver, hoy hay que seguir las miguitas más que nunca, porque que yo sepa, hasta el momento tenemos una parte de Voltaire enterrada en la abadía de su sobrino, el corazón en el castillo y el cerebro en manos del farmacéutico este, ¿No?
B
El farmacéutico este, pues que yo que sé, querría presumir de tener el cerebro más famoso de la Ilustración. Y ahora es cuando llegamos a esa decisión de la Asamblea nacional francesa en 1791 para que Voltaire ingrese en el Panteón de Ilustres, que estaba además recién inaugurado. Se puede decir que Voltaire ingresa en el Panteón descorazonado y descerebrado, pero tras una procesión laica inmediatamente impresionante que se alargó desde las 3 de la tarde hasta las 10 de la noche, con 100 mil parisinos en las calles viendo el sarao. El carro que lo trasladaba fue como los utilizados en la antigua Roma. Tenía una altura de dos pisos, ruedas de bronce, el sarcófago. Bueno, arriba del todo del carruaje hay cuadros que representan aquello, con una efigie yacente de Voltaire. Todo estupendo hasta que allí quedó Voltaire enterrado. Pero llegaron peores tiempos, porque suele ocurrir que los muertos que son ilustres para unos, no lo son para cuando vienen otros. Voltaire era ensalzado por los revolucionarios, pero en cuanto los principios de la Revolución Francesa se fueron al garete, un grupo de exaltados se fueron a Port Voltaire a principios del XIX, se cargaron la tumba y los huesos acabaron en un vértebro.
A
Debe ser una época complicada esa.
B
Todo. La porra. La porra. Voltaire en el Panteón de París Lo único que queda de Voltaire es su magnífico sarcófago, su estupenda estatua sombra que proyecta. Así que, bueno, pues menos mal que si alguien quiere celebrarlo frente a algo físico del filósofo, por ahí siguen su cerebro y su corazón garrapiñados, creo.
A
A ver, el corazón. Y has dicho que está en la Biblioteca Nacional Y por qué lo trasladaron y en qué momento, además.
B
Pues lo hizo. Esto lo decidió. Fue una decisión del emperador Napoleón III. Lo decidió en 1864, dijo que el castillo no era un buen sitio y lo transfirió a la Biblioteca Nacional de Francia en París. Por aquel entonces se llamaba Biblioteca Imperial. Esto, quieras o no, es una buena noticia, porque al menos ya tenemos el corazón y el cerebro del mismo tipo en la misma ciudad. Estaban en París.
A
Algo es algo.
B
Algo es algo. El corazón venía dentro de un cofre con forma de corazón. Si alguien tiene curiosidad, las imágenes están en Internet. Y a su vez, ese cofre lo metieron en una caja de madera. Y esa caja de madera se introdujo en el pedestal de una estatua de Voltaire sedente, sentado, que hay en la biblioteca. Es una estatua que está reproducida en muchísimos lugares, pero la que hay en la biblioteca es el yeso del original que hizo en mármol el escultor Udón, el que también hizo la estatua del Panteón en la que está de pie. Ese yeso lo regaló el propio artista a la biblioteca. Y la estatua y su pedestal de madera no hacían más que dar tumbos de acá para allá por la biblioteca y cogiendo polvo. Hasta que en 1924, ya hace casi 100 años, el director de la biblioteca dijo mira, vamos a quitarle el polvo a la estatua, vamos a ponerla en un sitio importante y vamos a ver cómo está el corazón. Abrieron, miraron, bueno, todo más o menos en orden, y lo volvieron a guardar con un informe en el pedestal donde daba cuenta de todo lo que habían hecho. Existen fotos también de este momentazo.
A
Aquí la tengo, aquí delante tengo una.
B
Y con todos los señores mirando el corazón del pisacharco este de Voltaire. En 2010, hace nada, cambiaron la estatua de sitio y al moverla notaron. Hay un olorcillo un poquito chungo. Y es que la cajita que guardaba el corazón había perdido parte del líquido conservante y aquello estaba cantando la Marsellesa. Le dieron un nuevo tratamiento conservante, pero la verdad es que no sé si lo rehidrataron o lo garrapiñaron.
A
¿Y el cerebro cómo está y dónde?
B
El cerebro que tenía el farmacéutico en su farmacia siguió en la botica hasta principios del siglo XX, cuando los herederos de la farmacia de Mitois. Bueno, heredar una farmacia está guay, pero con un cerebro dentro no mola tanto. Desconozco cómo está el cerebro, si en un tarro con formol, como el del jovencito Frankenstein, aquel que era anormal, o también si está garrapiñado. Ese cerebro se lo ofrecieron al gran Teatro de la Comedia Francesa, donde está la estatua original de Voltaire sedente, de donde sacaron el yeso para la biblioteca. Y dijeron los de la Comedia Francesa, pues si los de la Biblioteca Nacional tienen el corazón de Voltaire en la estatua de Voltaire, que es un yeso copia de nuestra estatua, pues nosotros ponemos el cerebro en nuestra estatua de Voltaire y ya está. Hasta aquí las peripecias póstumas de un gran filósofo que sólo conservamos por partes.
A
Oye, Nieves, tengo que contarte esto. ¿Sabes que hoy el faro hace el faro con?
B
Sí.
A
¿Sabes qué mensajes están enviando los oyentes del faro con costrina? De verdad están hablando de ti. Escucha, el faro esta noche, Por favor.
B
No me lo pierda. Venga, Gracias. Un beso. Para no perderte ningún episodio, síguenos en la aplicación o la web de Laser Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita.
Podcast: Todo Concostrina
Host: SER Podcast (Nieves Concostrina, con Carlas Francino)
Episodio: Acontece que no es poco | Ajetreos póstumos del irreverente Voltaire
Fecha: 29 de noviembre de 2023
En este episodio, Nieves Concostrina continúa explorando la figura de Voltaire, centrándose en los insólitos y movidos acontecimientos que rodearon sus restos tras su muerte. La conversación, impregnada del habitual tono irónico y agudo de Concostrina, relata el periplo del cuerpo —y de las partes— del célebre filósofo ilustrado, demostrando que incluso después de muerto, Voltaire siguió generando polémica y aventuras dignas de su irreverente carácter.
El Corazón:
El Cerebro:
Nieves Concostrina pone en valor la ironía de que “sólo conservamos a Voltaire por partes”, y cómo su leyenda y su influencia siguen vivas — aunque su cuerpo descanse literalmente repartido por París. El episodio es un paseo ingenioso y crítico sobre cómo la fama, la memoria histórica y el fetichismo por los grandes personajes hacen que ni siquiera el reposo eterno de un filósofo como Voltaire esté libre de sobresaltos.
Para quien no pudo escuchar el episodio: lo esencial está aquí, con el característico humor de Concostrina y datos fascinantes para visitar, reflexionar… y hasta buscar en Google el corazón de Voltaire.