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A
La Sociedad Española de Radiodifusión presenta Ser activa La radio. Podcast siempre.
B
A ver cómo digo esto. Hoy nuestro paseo diario por la historia nos brinda una mezcla atención de ritual, tradición, un poquito de postureo, algunas gotas de milagrería, todo ello alineado con monarquía y con Iglesia, o sea, con reyes y con curas. Y hoy además con pobres, con personas pobres, quiero decir. Nieves, buenas tardes. A ver cómo nos ordenas todo este embrollo, porque hoy la cosa está liada.
A
Sí, pero es muy extravagante. Es un asunto muy extravagante, por no llamarlo que esto es una payasada real o una real payasada monárquica, no sé cómo decirlo, que luego dicen que si. Digo de los reyes, pero ya verás. Si por un despiste los habitantes de Borbonia nos estuvieran escuchando en el Palacio de la Zarzuela.
B
Oye, ¿Y por qué no?
A
Pues porque ella yo creo que haya dejado oyentes de las EP. Yo creo que ya lo ha dejado. Bueno, pues si estuvieran escuchando al final de esta historia dirán por Dios, qué vergüenzita. Porque es para que dé mucha vergüenzita. Hace unas semanas, hablando de cómo era un día, una jornada de Luis XIV en Versalles, recordarás el repollo que con todas las mañanas después de la levantación, como si fuera la Macarena, pues el rey tomaba la gran galería camino de la capilla para escuchar misa. Pero que cinco veces al año, en festejos religiosos señalados, el repollo, al regreso de la capilla, realizaba la ceremonia de tocar las escrófulas. Les tocaba las escrófulas los cuyo, no lo sé. A un montón de enfermos desgraciados llegados de provincias y parte del extranjero. Ahora explicamos esta idiotez con un poquito más de detalle. Antes adelantamos la otra idiotez que nos toca más decir el lavado de pies a los pobres por parte de los piadosos reyes españoles y que se ha estado haciendo hasta 1931 con Alfonso XIII. Yo creo que cuando Suárez nos obligó a comernos al Borbón otra vez, algún cortesano le propuso al delincuente de Abu Dhabi recuperar el rito del lavado de pies a los pobres. Pero una cosa que se hacía siempre. Pero mira, Juan Carlos debió responder mira, aquí te quita esto, qué asco. Aquí hemos venido a vivir bien, no a lavar pies de pobres. Los pobres, ¿Cuantos? Cuanto más lejos, mejor.
C
Asco, qué asco que me das. Grima, qué grima que me das.
B
Grima.
C
Que me das.
B
A ver, hay que ir por partes y por territorios. No sé si empezar por las escrófulas de Francia o de España. Bueno, lo primero, decir que son las escrófulas, yo creo, ¿No?
A
Sí, sí, venga. Además, vamos a quitarnos el repollo de encima. Lo primero, crófulas. Qué palabra tan fea. Suena fácil. Escróful. Bueno, pues esto Se preguntará la gente con voz entrecortada. ¿Qué demonios son las escrófulas? Pues son unas pupas, unos tumores, unos bultos infecciosos que salen en el cuello y que tienen que ver con la tuberculosis. Esto contado así por encima, sin entretenernos más. Como el rey era divino, se creía la plebe ignorante, se la creía porque así se lo hicieron creer, que los reyes curaban. Por eso, en aquella gran galería de Versalles los enfermos se arrodillaban al paso de Luis XIV. El repollo les tocaba la cara uno a uno, a la vez que decí el rey te toca, Dios te cura. Esa ceremonia se llamaba toque real y lo hacían los reyes de Francia y de Inglaterra desde hacía siglos. Nadie se curaba, evidentemente. Pero bueno, eso no era culpa del rey. Eso sería porque Dios no había tenido a bien curarlo. Dios cura lo que le da la gana y a quien le da la gana. Hombre. Por eso y por si acaso, los curas no suelen correr riesgo si piden quimioterapia. No me entretengo más con esto de las escrófulas porque quiero ir a la payasada doméstica de los reyes de este país, que también hacían otras monarquías. Ojo, lo hacían los españoles y otras. Vamos a la bonita ceremonia del lavado de pies de pobres por las delicadas manos de sus graciosas majestades.
B
Bueno, ¿Esto cuándo se hacía? ¿Y por qué y para qué? Tres preguntas. ¿Cuándo, por qué y para qué?
A
Pues la verdad es que no sabría si ir de lo más actual hacia atrás o desde atrás hasta llegar al siglo XX. Pero yo creo que lo mejor va a ser ir al principio. Está claro que quien haya leído la novela relacionará esto de lavar los pies con uno de los cuentitos que la integran. En concreto, el cuento titulado Lavatorio de los pies. Capítulo 13, versículos 1 al 15, que dicen que escribió un tal Juan, cuando el tal Jesús, durante la Última Cena, antes de que lo trincaran, agarró una jofaina con agua y una toalla y lavó y secó los pies de sus 12 discípulos. Y hace mucho tiempo, hace exactamente 782 años, un rey castellano que se llamó Fernando, Fernando III, al que llaman Fernando el Santo, pero es mentira, porque jamás fue canonizado. Se lo inventaron los Fernandos. No lo saben, pero no tienen santo. San Fernando no existe. No es que nunca lo canonizaron, se inventaron. Lo llaman San Fernando, pero no existe. Así que los Fernando no tiene santo. A este rey, digo, se le ocurrió reproducir la escena que recoge la novela del lavado de pies el día de jueves Santo. Porque si el tal Jesús hizo eso con sus discípulos, los cristianísimos reyes debían imitar ese gesto de humildad. Esto se viene haciendo desde el año 1242, con la performance mejorada a lo largo de los siglos hasta llegar al siglo XX, en el que más que una perform, pues esto acabó siendo una burla carnavalesca. Esto lo han venido haciendo todos los reyes y reinas de España y sus respectivos consortes. Solo que como no tenían apóstoles a mano, los responsables de Casa Real se encargaban de buscar 12 pobres y 12 pobras para que los reyes hicieran su bufonada. Ya te digo yo que pagaría por ver este jueves Santo a Leticia y Felipe lavando los pies de 24 pobres. Las tradiciones yo creo que en Borbonia no deberían abandonarse, porque la portada de Lola las necesita.
C
Que vida tan dura, tan dura. Qué vida tan dura, tan putamente dura. Qué vida tan dura, tan dura.
B
A ver. Qué vida tan dura. Has dicho una cosa antes. Va en serio que esto del lavado de pies a los pobres se estuvo haciendo hasta 1931, que eso es anteayer.
A
Sí, estamos haciendo un poco de caricatura con esto. Pero esto es una vergüenza. Es un postureo, efectivamente, pero es muy serio. La última vez que Alfonso XIII y su señora, la reina consorte Victoria Eugenia, lavaron los pies, él a doce pobres y ella a otras doce, fue el 2 de abril de 1931, jueves Santo. Doce días después fueron expulsados con viento fresco. Y que se sepa, ni él lavó más pies de pobres en el Gran Hotel de Roma, donde vivía, ni ella pidió que le buscaran 12 pobres para lavarle los pies en su casoplón de Suiza. Se acabaron los teatrillos, el paripé ya no era necesario mantenerlo. Pero vamos a contar cómo fue esto de lavar los pies de los pobres, que como digo, lo han hecho casi todos, por no decir todos, en los últimos ocho siglos. Alfonso XIII empezó a sustituir a su madre, la reina regente, en el lavado de pies cuando llegó a la mayoría de edad, cuando cumplió 16 años, y estuvo él solo empleado en tan catoliquísima ceremonia hasta que se casó cuatro años después con la british Victoria Eugenia, esa que tuvo que renegar de su religión anglicana para convertirse en la católica reina de España. No ha sido la última en renegar de sus principios con tal de trincar rey Debió poner caras cuando le bonita, este jueves Santo tienes que lavar los pies de doce pobres, que dijo Ya para eso me he convertido yo. Y además no nos hagas asco, porque vosotros hacíais en Inglaterra lo de las escrófulas asquerosas esas.
B
Oye, ¿Podemos hacer una descripción del rito del lavapiés?
A
Sí se puede, porque está documentadísimo y fotografiado. Sí, sí, sí, sí. No solo les lavaban los pies ese día, también tenían que darles de comer a los pobres y servirles en la mesa. Los pobres, que además tenían que ser muy mayores o ancianos, no iban vestidos de pobres porque cuando los seleccionaban en los días previos para ir a palacio los lavaban y los vestían con traje capa, chistera, a ellas les ponían un traje decente, un vestido humilde pero decente y les lavaban especialmente los pies porque eran los que tenían que tocar y besar los reyes, que yo creo que les hacían antes hasta la pedicura. Y el rito era como cada pobre tenía los pies en una jofaina, el rey y la reina, cada uno con su pobre, se agachaban, les pasaban un poquito la manita con agua y los secaban y se levantaban, se volvían a agachar, se iban al siguiente pobre, mientras detrás de cada uno, el rey y la reina, un grande de España se encargaba de ponerle al pobre ya lavado los calcetines y los zapatos. Una vez terminada esta performance, los reyes tenían aguamaniles de oro que sujetaban un duque y una duquesa, también grandes de España, tenían que ser donde lavarse ellos mismos las manos después de haber tocado 12 pares de pies de pobres. Y llegaba el segundo, la comilona. Cada uno de los grandes de España tenía asignado un indigente al que acompañar hasta la gran mesa del salón de columnas de palacio. Cada duquesa o marquesa acompañaba la mesa a su mendiga, a su pobre, y cada duque o conde, pues a su pobre asignado.
B
Oye, y también la comida tenían que servir a los reyes, o no, o eso no también.
A
Sí, sí, sí, todo, todo tenían que hacerlo hombres pobres. Sí. Se sentaban a lo largo de una mesa larguísima, de esas que salen los banquetes, ponían los hombres, a los hombres pobres los ponían a un lado de la mesa y a las mujeres pobres al otro. Los mayordomos les daban los platos a los reyes y los reyes los ponían en la mesa delante de los pobres. Se les servía 8 o 9 platos muy abundantes. Alucina. Tortilla de patata con cebolla, se especifica así en el menú. Merluza frita, congrio con arroz, lenguados fritos, empanadilla de sardinas. La carne ni olerla a los pobres, que era vigilia. Coliflor, alcachofas rellenas, salmonetes asados, torta de hojaldre, queso de bola, arroz con leche, aceitunas, frutos secos, ciruelas, melocotones confitados y naranjas. Esto era casi siempre igual. Había ligeras variaciones cada año.
B
Pero eso que has dicho es mucha comida para una sola sentada, por favor.
A
Para empacharse, claro, pero es que estaba previsto que se llevaran la mayoría en tarteras. Estaba previsto. Eso era la gracia que les hacía Casa Real para eso a cada pobre, además de la ropa, y de esto también hay imágenes, además de la ropa, los zapatos, la chistera, les regalaban un gran canasto donde guardaban no sólo la comida sobrante, sino las jarras de vino, los aleros, los vasos, las cestas del pan, las fuentes. Todo eso era la vajilla que dejaban que se lo llevaran de recuerdo. Y también se llevaban en esos cestos las viandas para que las familias comieran varios días. Pero la verdad es que nada más salir de palacio los pobres, por lo general, solía vender toda la vajilla porque les importaba un pito tener un recuerdo de recuerdo, un salero de palacio. En fin, esta era la payasada que queríamos contar hoy. Y como dijo Pérez Galdós, esto era como poner a Cristo vestido de frac. Está bien, eso era teatrillos católicos, el Papa Paco sigue lavando, Sigue lavando y besando pies de pobres o de presos cada jueves Santo. Yo no sé quién le tocará este año, yo siempre suelo estar pendiente de este detallito, pero a los pobres les hace ilusión y luego ya sabes como canta Serrat, vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura sus misas.
B
Pues ya con esto estaríamos hasta la próxima semana, Nieves.
A
Pues muchas gracias Carla por haberme aguantado un día más.
B
El próximo lunes nos reencontramos.
A
Venga, un beso mucho. Para no perderte ningún episodio, síguenos en la aplicación o la web de Laser Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita.
Date: February 29, 2024
Host: Nieves Concostrina, SER Podcast
Episode Focus: Peculiar historical rituals tying monarchy and religion—specifically the "Curación de escrófulas" and the royal foot-washing of the poor.
In this episode, Nieves Concostrina uncovers the bizarre, tradition-laden spectacles of European monarchies, focusing on two striking rituals:
| Timestamp | Segment | |-----------|------------------------------------------------------| | 00:42 | “Payasada” introduction, critique of monarchical rituals | | 03:16 | Explanation of scrofula and the French “toque real” | | 04:38 | Origins and rationale behind the royal foot-washing | | 05:02 | Countdown to Spanish tradition, 'San Fernando' myth | | 07:15 | Last royal foot-washing in 1931 and context of end | | 08:43 | Detailed description of the ritual and subsequent feast | | 11:20 | Poor selling royal gifts, critique of material “recuerdos” | | 12:00 | “Cristo vestido de frac”—summary, comparison to present | | 12:50 | Quoting Serrat on poverty, summing up the episode |
Nieves Concostrina’s inimitable tone combines biting satire with investigative storytelling, making “Acontece que no es poco” both entertaining and educational. Through scrutiny of royal rituals like curing scrofula and foot-washing, she exposes the performative showmanship of past monarchies—illuminating not just historical oddities, but ongoing issues of class, belief, and spectacle.