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A
En la ventana. Acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina, Cadena Ser.
B
Hola, Nieves, buenas tardes.
A
Buenas tardes, Carlas, ¿Qué tal?
B
Venga, vamos al lío. Tú te acordarás que hace unos días contamos aquí en La ventana, y los oyentes también, yo creo, el caso de cinco hermanos gallegos que llevan 20 años pleiteando por una herencia. Una herencia que tampoco Nada del otro mundo. Quiero recordar que la pieza de más valor era una finca de 5.000 euros. Pero hay amigo, las herencias y los testamentos lo puede cargar el diablo. Y si encima es el testamento de un rey, los litigios, las peleas, las broncas, los desacuerdos pueden acabar incluso en una guerra. Hoy recordamos el caso de Carlos II, que firmó su testamento tal día como hoy del año 1700. ¿Y la leoparda?
A
El 3 de octubre. El 3 de octubre.
B
Es verdad que estamos así. Ya no sé ni en qué día viene.
A
Acuérdate que mañana vas a Zaragoza. Mañana vas a Zaragoza, Carlos. Efectivamente. Hoy hablamos de Carlos II, ese al que llamaron el hechizado, pero al que un alumno de 9 años muy listo de Murcia, que creo que aquí hablaste con el profesor, pues lo llamó tonto. Y al que yo lo llamo el piltrafa habitualmente. Pero a ver, como tiene un club de fans muy rancios que se sienten dolidos, en vez de piltrafa los voy a llamar el Pupas.
B
Eso sí, no se puede discutir.
A
Claro, claro. No, no. Bueno, pues si no le gusta el pitrafa, venga, por vosotros El Pupas. Porque no le faltaba un perejil de una enfermedad y él la ten. Con Carlos II nos cebamos un poquito el año pasado contando en dos episodios cómo le hicieron creer que estaba embrujado y que por eso no podía tener hijos, cómo fueron sus dos desastrosas bodas, sus matrimonios. Pero hoy vamos a su último mes de vida. Aquel octubre del año 1700. Este pobre tico ya no se sujetaba de pie, solo tenía 38 años. Por eso el día 3 de octubre se decidió a firmar su testamento. Un testamento del que estaba pendiente medio mundo, literalmente medio mundo. Y que empezaba así En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero y de la gloriosísima Virgen María, madre del Hijo y Verbo eterno y Señora nuestra y de todos los santos de la corte celestial. Yo, Don Carlos, por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las Dos Sicilias, de Jerusalén y bla bla bla, bla, bla. Archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Brabante, de Milán, de Atenas, más bla bla, bla, Conde de Flandes, del Tirol, de Barcelona, señor de Vizcaya y más bla bla bla, bla. Declaro ser mi sucesor al duque de Anjou, hijo segundo del Delfín, y como tal lo llamo a la sucesión de todos mis reinos y dominios, sin excepción de ninguna parte de ellos. Pues ya estaría liada. Salió el gordo, todo para el Bor.
B
Resulta demasiado tentador como para no hacer un ripio. Salió el gordo para el Borbón y con él vino la Guerra de Sucesión. Porque es lo que ocurrió.
A
La verdadera herencia que nos dejó Carlos II fue una guerra que empezó a fraguarse el día que se murió, que fue cuando se abrió el Testamento, el 1 de noviembre. Lo único que acertó Carlos II fue en ir a morirse justo el día de los muertos, el 1 de noviembre. ¿Cómo? No se i liar la guerra. Si, eso es. Como sea, a última hora le dejas todo a tu vecino en vez de a tu hermano. Y aunque el Imperio español estaba en decadencia, porque eso no había quien lo sostuviera, en esa herencia iba medio mundo. Pues incluso así, Carlos II tenía más enfermedades que títulos de propiedad. ¿Cómo sería este hombre? Era el segundo testamento que firmaba porque el beneficiario del primero se había muerto. Recordemos todo este follón. Así por encima, Carlos II pertenecía a la dinastía de los Habsburgo. Cuando el deterioro físico del rey pegó un acelerón, cuando las enfermedades le atacaban ya por los cuatro costados, estaba claro que había que nombrar heredero. Puesto que este pollino era descendiente directo de los Austrias, tataranieto de Carlos V, lo lógico es que eligiera un austriaco. Y se decidió que el heredero de la Monarquía Hispánica, y así y así quedó reflejado en el primer testamento, fuera José Fernando de Baviera. Problema el chaval. Cuando lo designaron tenía cuatro años. Aguantó hasta los seis y no llegó a cumplir los siete. Cascó y otra vez el pupa. Sin heredar.
B
Hay algo que no acabo de entra entre los Austrias habría más posibles candidatos. Era unos cuantos. Y sin necesidad de que fueran tan pequeños.
A
Sí, sí, A ver, Todas las dinastías procrean como conejos para tener suficiente stock. Eso no iba a ser un problema. Y según los cálculos familiares, le tocaba heredar la monarquía al archiduque Carlos de Austria, que luego fue el que estuvo litigando. Y ese es el nombre que unos esperaban que el rey pusiera en su Segundo Testamento que firmó aquel 3 de octubre. Otros, sin embargo, querían que el rey pegar un volantazo hacia Francia aprovechando que se había muerto el primer candidato. Porque resulta que por esos cruces entre las coronas europeas, es cierto que había un Borbón adolescente un poco desequilibrado, todo se ha dicho correteando por Versalles, que tenía una pizca de sangre austriaca. Ese chaval, Felipe de Anjou, un poquito más para allá que pa acá, era sobrino nieto de Carlos II. El pupas era su propio sobrino nieto. Pero aquí no decidía ni mucho menos Carlos II, la verdad. Este hombre era un pelele en manos de quien lo pillara. Y había dos camarillas a guantazos por conseguir que en ese segundo testamento Carlos II pusiera como heredero de todo el imperio hispánico al Austria o al borde.
B
Joder, juego de tronos.
A
Totalmente. Aquello debió ser para verlo. Aquel momento de la corte era un jugoso negocio el que estaba en juego. Si al Rey ya lo consideraban en toda la corte todos los diplomáticos y en todas las coronas de Europa un pelele sin voluntad cuando era más joven, pues más pelele era ahora que Jackey ni podía sostenerse en pie. Fíjate según lo describió el secretario del embajador Papa. Mira lo que dijo, mira, con expresión melancólica y un poco asombrada. Si no anda, no puede tenerse en pie como no sea apoyándose contra una pared, una mesa o alguna persona. Es tan débil de cuerpo como de espíritu. Se muestra búlico, apático e insensible, torpe e indolente. Y parece que está atontado. Puede hacerse de él lo que se quiera porque carece de voluntad.
B
Bueno, visto los resultados, el secretario del Papa No está mal. ¿Viste los resultados? Está claro que si había dos camarillas ahí, la de los Borbones presionó más y mejor que la de los Austrias.
A
Es que Luis XIV, el rey Sol franchute, desplegó una maquinaria de prensa y desinformación absolutamente impresionante y de lo más eficaz. Es que lo hicieron muy bien, muy bien. No se trataba solo de convencer al propio Carlos II para que pusiera el nombre del Borbón en el testamento, es que había que conseguir adeptos en la corte para que ayudaran en el pressing a la vez que se lanzaban fakes para después prestigiar a los Austrias. Era un trabajo en dos direcciones. El último año de vida del Pupas, entre que se murió el primer candidato a heredero del primer testamento y se firmó el segundo, aquel año fue vertiginoso. Madrid era un nido de víboras. Los Borbones iniciaron una campaña publicitaria cantando las excelencias de la eficaz Francia borbónica, vacilando del prestigio que tenía la corte del Rey Sol en toda Europa, diciendo mirad qué bien si tenéis un Borbón entre vosotros. A la vez que decían de los Austrias que eran unos toscos, que eran unos altivos gobernantes que rehuían el contacto con el pueblo. Bueno, ya ves tú, como si el repollo de Luis XIV saliera mucho de Versalles para tomarse unas cañas ahí con la plebe. Por supuesto hubo sobornos también se prometieron cargos y sobres en la corte de Madrid a todo aquel que influyera para que el rey nombrara al candidato francés.
B
Pero ¿Y los Austrias, a todo esto? ¿No reaccionaron ante la campaña francesa?
A
Un poco torpones. Los Habsburgo desde Austria contraatacaron torpemente. Primero porque no les entraba en la cabeza que el pavo de Carlos II no eligiera un austriaco de pura raza, de la propia y tradicional dinastía instalada en la Monarquía Hispánica desde el emperador Carlos V. ¿Cómo iba a elegir antes a un Borbón melífulo como el tal Felipín, que tan pronto estaba como una moto, como deprimido, perdido? No podrían entender que Carlos II entregara el imperio hispánico a Francia. Además, un país que tanto había humillado a España y que tantos territorios le había arrebatado. Las tiranteces y las intrigas en aquella corte los meses previos, aquel 3 de octubre de 1700, con el rey cada vez más cascado y unos tirando para acá y otros tirando para allá, De verdad que, como decía, debió ser para verlo. Aquello fue como ir como en los buenos tiempos de aquellas sesiones de investidura que había que andar buscando tránsfugas, repartiendo sobres, sobornos, prometiendo cargos. Te doy un sillón en el Consejo de Estado por 9.000 euros al mes, que vas a ver que no das ni palo al agua. Se trataba de sumar apoyos como fuera, en lo que costara, porque el que se llevara al gato al agua se hacía con un trono que abarcaba muchísimo territorio. Y no repararon en gastos, atrayéndose apoyos de las grandes familias y los grandes hombres. El cardenal Portocarrero y los arzobispos de Toledo y Sevilla, ahí untados y apoyando al francés, a Felipe de Anjou. Los duques de Medinaceli, Leganés y el conde de Monterrey organizándose para apoyar la causa del archiduque Carlos de Austria. Hubo dos bandos totalmente.
B
Y en ese mes, desde que se firma el testamento el 3 de octubre hasta que muere el 1 de noviembre, no trascendió quién había sido el agraciado.
A
Hasta donde yo sé. No sé hasta dónde se guardaría el secreto. Pero desde luego, el sorpresón llegó El día de la apertura del testamento. La corte era un hervidoero. Y tan pronto se oía que el rey se había decidido por nombrar al francés como al siguiente día se oía que el Austriaco. En esos 30 últimos días, la vida todo fue Todo especulaciones. Mientras el rey, además, el pobretico, se iba por la pata para abajo. 200 deposiciones le contaron en pocos días. No comía, como dijo alguien. Solo le quedaba piel sobre los huesos. Le metieron en la cama las momias de San Isidro y San Diego de Alcalá. Y hacían algo por él. Estaban los tres tan a cartonoz que ya no se diferenciaba una de las otras. ¿A quién se le ocurre poner a reinar a una víctima de un caos de parentela con la sangre disparatada? Que él fuera el pupas nos da igual. Lo que no nos da igual es la guerra que nos liaron entre unos y otros. Me voy con ganas de contar el motín de los gatos, pero no hay tiempo. Es una bronca que hubo en Madrid y que formó parte de la campaña de fake news de los Borbones contra los partidarios, los Austria. Pero ya caerá.
B
Hoy no, otro día. Siempre hay dos bandos. Nieves con Costrín. Hasta el lunes. Cuídate mucho. Son las 7 y 20. Las 6 y 20 en Canarias.
Podcast: Todo Concostrina (SER Podcast)
Host: Nieves Concostrina with Carlas Francino
Date: October 5, 2023
This episode, presented in Nieves Concostrina’s signature witty and irreverent tone, dives into the dramatic historical events surrounding King Carlos II of Spain and the infamous signing of his last will and testament on October 3, 1700. The conversation explores the chaotic aftermath of the king's decision, which would ignite the War of the Spanish Succession and reshape European geopolitics.
On modern vs. royal inheritances:
On Carlos II’s infamous weakness:
On the farcical state of court intrigue:
On the macabre superstition at the end:
Nieves Concostrina’s narration is witty, colloquial, and full of black humor, infusing the history lesson with sarcasm and relatable commentary. Carlas Francino provides light conversational balance, often marveling with the listener at the tangled absurdity of royal intrigue (“Joder, juego de tronos.” [05:43]).
Through piercing anecdotes and sharp analysis, the episode dissects one of Spain’s most critical historical crossroads: how the frail, hapless Carlos II, manipulated by powerful factions, triggered a pan-European war by naming the French Bourbon, Philip of Anjou, as heir, forever changing the continent’s history. Even with centuries of distance, Concostrina’s recounting makes clear that royal successions were perilous, messy, and deeply human affairs—ripe for both tragedy and farce.