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A
Ser podcast en La ventana. Acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina, Cadena SER.
B
Hola Nieves, buenas tardes.
A
Hola, Carlos, buenas tardes.
B
Mira, hoy vamos a cerrar semana de esta Acontece, que no es poco, con una conexión temporal de 1844 a 2045. ¿Y cuál sería el hilo? Bueno, hoy podríamos utilizar la expresión de moda, que es lo de las fake news, pero tampoco hace falta ponerse tan modernos ni tan estupendos. El hilo que discurre por toda la historia de la humanidad incluye la presencia de mentirosos profesionales, de charlatanes, que por desgracia acaban convenciendo a mucha gente, a demasiada. ¿Así que exactamente de qué vas a hablar, Nieves? Que yo lo acaba de liar todo.
A
Se lo han liado. Pero va bien liado, va bien liado. Hoy quiero hablar del día del fin del mundo.
B
Toma. ¿Ves?
A
Sí. Ese fin del mundo debería haber llegado en octubre de 1844, pero no llegó. Y de eso vamos hoy, de la credulidad, la religión, la ignorancia, la superstición. Cosas que muchos disculparían porque dicen, bueno, a ver, Eso fue en 1844, eso fue hace casi 200 años. Bien, perfecto, vale. Pero se me ha ocurrido este asunto a raíz de una bufonada actual, muy actual, sobre la inmortalidad que leí yo, no sé si tú la viste también, que leí hace unos días. La leía en un par de periódicos de los serios. Ojo, a ver, a ver, cuenta, cuenta. Implica a un. Bueno, voy a contar, pero no voy a contar porque implica a un presidente de república que está fatal de la cabeza y es muy peligroso. A otro tipo que es estafador y un embustero y que está en pleno proceso de intentar enganchar para su causa a una presidenta de comunidad de manifiesta maldad y exigua capacidad, la pobre. Y un alcalde más simple que el asa de un cubo. Estos dos últimos personajes se adivinan a la primera y el estafador los quiere usar como ganchos.
B
¿Quién es el estafador o qué hace o qué vende?
A
Hay mucho dinero por en medio, por supuesto, y el objetivo es captar ineptos que paguen. Yo no sé si lo has visto. Es que no quiero dar el dato precisamente para no hacerle publicidad. Es un tipo que vende, que dice.
B
Yo he leído algo por ahí de que en 2045. Si las cosas van como él presupone, quien quiera ser inmortal podrá serlo.
A
Eso es.
B
Eso ya me suena. ¿Este hombre ha tenido apoyos?
A
¿Que si los ha tenido? Pues todos esos que te he dicho. Y eso se va a conseguir siempre y cuando hables con él y pagues, por supuesto. Y si no damos más datos de la payasada en cuestión es porque, creo yo, ese es el objetivo del estafador. Ya ha conseguido que veamos su bufonada reflejada en titulares perfectamente serios hace un par de Semanas. Misión cumplida. ¿Ha captado la atención? ¿Ha colado el mensaje? Porque la tontería no se ha publicado en una sección que se llame Humor, El Mundo Today o Idioteces del mundo moderno. No, Es que aparecía en la sección nacional entre noticias de inmigración de Mazón y la dana de los incendios de León. Y ojo, esto es desde mi estricto punto de vista. Si alguien cree que por dar pábulo a cosas como esta la gente las identifica de inmediato como las tonterías que son, pues yo creo que calcula mal. Porque hay gente que compra la payasada. Da igual que sea uno de cada veinte. Da igual. La prueba es que a base de hablar de terraplanistas cada vez hay más terraplanistas. A base de reproducir que es mejor una cañita de cerveza que un ambulatorio, que nos resultaba muy gracioso, la gente ha entendido que es mejor cañitas que ambulatorios. Y que mejor un torero que un bombero. Curiosamente, justo dos siglos después del anuncio del fin del mundo en 1844.
B
Ahí está la conexión de aquel estafador.
A
Otro estafador ahora vende dos siglos después todo lo contrario. La inmortalidad a partir de 2045. Siempre con el apoyo de primeras figuras de la estulticia, claro.
B
A ver, Nieves, ¿Qué pasó en aquel 1844? Esto es lo primero para entender cómo es posible que la gente cree que se va a acabar el mundo en una fecha concreta. Porque lo dice alguien. Alguien concreto. También el lunes.
A
El lunes va a pasar esto. Bueno, pues el tipo en cuestión se llamaba William Miller y sus seguidores son conocidos como los milleristas o milleritas. Su movimiento era el millerismo. En algo tenía razón. El mundo se va a acabar. Si por mundo entiendes el planeta Tierra, pues claro que esto se irá al garete con todos dentro en unos 4.500 millones de años. Pero esto te lo dice un astrofísico o un niño que haya estado atento en clase de ciencias naturales, no un farsante haciendo números con los datos que salen en una novela.
B
A ver, a ver.
A
William Miller fue un señor que se tomaba la Biblia al pie de la letra y se empeñó en desmenuzar todos y cada uno de los cuentitos que ahí aparecen, capítulo a capítulo, versículo a versículo, aplicando la razón, intentando entender todo lo que dice y sobre todo todo lo que pretendía decir, lo que significaba. Él quería dejar despojar todo de metáforas, retirar lo que sonaba ficción y extraer de la novela el dato. Así que ya iba mal el hombre, porque los términos razón y Biblia son antagónicos. Es una compilación de disparates. Empezando por el Génesis, con un señor con barba blanca haciendo un muñegote de barro, haciéndole luego el boca a boca para insuflar vida al muñegote, arrancándole después una costilla, no sin antes anestesiarle para luego hacerle una muñegota que pusiera las lavadoras. Partiendo de esto, William Miller, haciendo números, quiso encontrar el mensaje oculto que el señor de barba blanca con un ojo dentro de un triángulo había dejado en la novela diciendo cuándo iba a ser el fin del mundo con su juicio final, con los malos a un sitio y los buenos a otro, todo triado.
B
Yo lo que no entiendo es lo de los números. Quiero decir, ¿Qué números se pueden hacer con la Biblia? La metáfora vale, muy bien, pero números, números, porque ya parte de un dato falso, que es la fecha de la creación. Eso sí que ahí no hay metáfora posible.
A
Claro, es falso los datos que pudiera sacar William Miller de una novela con cifras falsas. Pues ya todo mal. A partir de ahí ya todo mal. El genocida Netanyahu y sus fans judíos han celebrado el nuevo año hace tres días, el 22 de septiembre. De hecho, hasta ayer, entre el 22 y el 24 de septiembre, han celebrado su nuevo año judío, el Ros no sé qué se llama. Bueno, han entrado en el año. Ahora ya están en el año 5786. Esa es la edad del mundo para esta gente. Es el día que el señor de barba blanca y un ojo dentro de un triángulo hizo el muñegote. Pues William Miller agarró la novela, fue apuntando las edades de los patriarcas, pasó a una hoja de cálculo, las profecías de uno y de otro, y le salió la fecha del fin del mundo. Dijo él A ver, de verdad que si no fue fuera grave, sería hasta gracioso. Él dijo, si El mundo tiene cinco mil y pico años. Matusalén vivió 969, el otro vivió también.
B
Es razonable.
A
Es muy razonable esto. Muy razonable. El otro vivió ochocientos y pico, el otro setecientos. Si en el libro de Daniel, capítulo 8, versículo 14, se dice que el gran santuario se purificará después de 2300 tardes y mañanas, que así lo dice, y teniendo claro que ese santuario es Jerusalén, aunque decir Jerusalén era como decir el mundo entero, y sabiendo que la purificación consistirá en grandes llamas que bajarán del cielo y en el inicio del juicio Final, en el que un tal Jesús viene a matar a los que no son de su club y salvar a los buenos, que evidentemente somos nosotros. Con todo esto me sale si resto de aquí extrapolo esta cifra, hago una regla de tres. Sumo a Matusalén que el 22 de octubre de 1844 el mundo se va a acabar. Y luego fue y se lo contó a todo el que pudo. Entero se destruía. Que al veros juntos por un segundo más profundo fue el fin del mundo, el fin del mundo, el fin del.
B
Mundo.
A
El fin del mundo.
B
Bueno, pues no fue el fin del mundo. Claro. Lo malo es que siempre que alguien lo dice hay otro alguien dispuesto a querérselo.
A
Eso es lo malo. Por eso nunca hay que dar por hecho que publicar una evidente estupidez. Se va a detectar como estupidez el profeta Miller, a base de correr la voz, de hacer panfletos, de conseguir titulares, de encontrar a gente estulta que le apoyara, concluyó y leo lo que escribió que Jesucristo vendrá otra vez a esta tierra, limpiará, purificará y tomará posesión con todos los santos en algún momento entre el 21 de marzo de 1843 y el 21 de marzo de 1844. Bien, fin de la cita. Pero Jesús, hijo del de la barba blanca, con un ojo dentro de un triángulo, que es un malqueda habitual desde hace dos mil años, porque nunca está cuando se le necesita, pues Jesús no vino y aquellos doce meses pasaron sin pena ni gloria. La mala noticia es que puesto que ya se iba a ir todo al carajo que venía Jesús y se llevaba todo para adelante. Muchas gentes donaron o vendieron sus propiedades, abandonaron sus cosechas. La mayoría vendieron a bajo precio. No sé para qué querrían el dinero en el paraíso, porque yo creo que allí todo gratis. Eso nos han dicho. Pero es que los muy canallas. Además les vendieron sus propiedades a otras personas a las que tampoco les servirían porque el mundo se iba a reventar para todos. Pero bueno, esto seguramente no se lo dirían al comprador. No les avisaron de eso. Tras este fiasco, porque no se acabó el mundo, muchos mandaron al guano a Mile nos has engañado. Pero él no se rind. Rehizo las cuentas y detectó el error. Dijo eso de lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir. La fecha exacta del reventón del mundo, dijo él, es el 22 de octubre de 1844. Día en el que también miles de seguidores en la costa este de EEUU, esto se limitó a esa parte de la costa este, miraban al cielo aquel día esperando ver venir a Chus y caer chuzos de puntaliendo.
B
Bueno, tampoco hace falta insistir en que. ¿Sabes? Tampoco Bien, tampoco llegó y el mundo lo reventó. Y aquí estamos nosotros para certificarlo.
A
Pues mira, aquello tuvo un nombre. Se conoce como la gran decepción. Y al día siguiente empezó el cachondeo en los periódicos, las burlas a los crédulos. Quemaron y saquearon varias iglesias milleristas. Varios seguidores de Miller fueron apaleados. A otros los cubrieron con alquitrán y plumas. Alguien dirá pobrecito. Pues sí, pero es que esos pobrecitos hacen mucho daño. Porque con la credulidad propagan ignorancia y propagan un mensaje peligroso. Y dirá alguien tambié bueno, venga, esto ya pasó, allí quedó. De todo se aprende. ¿No? ¿No? Pues no. El Homo Sapiens Sapiens no aprende. En realidad yo creo que somos Homo casi Sapiens, casi Sapiens, pero poco. Esa cita que dice es más fácil engañar a alguien que convencerlo de que ha sido engañado es muy, muy certera. Muchos seguidores del estafador Miller lo mandaron a freír monas. Pero otros siguieron empeñados en que el hijo del señor de barba blanca con el ojo en un triángulo iba a venir sí o sí. Seguro que algún fallo había en las cuentas. Y efectivamente se detectó. Hubo un error de interpretación. Y lo siguiente que se sacaron de la manga es que aquel 22 de octubre de 1844 en realidad no iba a venir nadie ni iba a reventar el mundo en llamas. No, lo que en realidad ocurrió aquel día de octubre de 1844 es que el hijo del Señor de barba blanca, con el ojo dentro de un triángulo, inició un juicio investigador de todas y cada una de las personas que habitan este mundo para decidir cuántas de ellas se salvarán. Después de ese juicio, Jesús bajará la tierra.
B
Pero entonces no hay fecha todavía está el tema abierto.
A
Claro, sí, sí, es mucho más rentable dejarlo abierto. Claro. Y mientras. Porque mientras lo dejas abierto, los que vayan picando, pues bienvenidos sean. Y así hemos llegado a la bonita cifra de 22 millones de adventistas, que así se llaman, que ahora hay en el mundo y que siguen diciendo que es inminente la venida del hijo del Señor de barba blanca, con un ojo dentro de un triángulo. Siguen creciendo, por muy estúpidos que sean sus planteamientos.
B
Los adventistas derivan de los mileristas o tienen algún tipo de.
A
No, no son ellos, son los adventistas los que esperan la venida. A ver si siguen en ello. Y ya son 22 millones. Y ahí luego hay varias subsectas que se dividen por ahí de los últimos días, de no sé qué, no sé cuánto, se llaman también. Y con esto vuelvo al principio. No creo que deban desperdiciarse titulares en contar payasadas de estafadores, a no ser que ese titular empiece Alerta, fraude, relo mar, que es las horas, porque voy a enloquecer. Ella se irá para siempre cuando amanezca otra vez.
B
Ya podría ser un buen himno para lo que hemos comentado, ¿Verdad? Bueno, a una banda sonora. En fin, así cerramos Semana del Acontece, que no es poco. Nieves, muchas gracias. A descansar y el lunes a la carga otra vez.
A
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Host: Nieves Concostrina
Co-host (Carlos)
Date: September 25, 2025
In this episode, Nieves Concostrina delves into the recurring phenomenon of societal gullibility by linking two curious moments: the failed "end of the world" prophecy of 1844 and the contemporary promises of immortality slated for the year 2045. Through her signature blend of skepticism and humor, Nieves scrutinizes the ways in which charlatans—past and present—exploit ignorance, superstition, and the human longing for certainty or eternal life.
“La tontería no se ha publicado en una sección que se llame Humor… aparecía en la sección nacional entre noticias serias… La prueba es que a base de hablar de terraplanistas cada vez hay más terraplanistas.” — Nieves (03:04)
“Partiendo de esto, William Miller, haciendo números, quiso encontrar el mensaje oculto… Así que ya iba mal el hombre, porque los términos razón y Biblia son antagónicos.” — Nieves (05:29)
“Pues mira, aquello tuvo un nombre. Se conoce como la gran decepción. Y al día siguiente empezó el cachondeo en los periódicos, las burlas a los crédulos… estos pobrecitos hacen mucho daño. Porque con la credulidad propagan ignorancia y propagan un mensaje peligroso.” — Nieves (11:33)
“La cita que dice es más fácil engañar a alguien que convencerlo de que ha sido engañado es muy, muy certera.” — Nieves (12:15)
“Y así hemos llegado a la bonita cifra de 22 millones de adventistas, que así se llaman, que ahora hay en el mundo y que siguen diciendo que es inminente la venida…” — Nieves (13:16)
“Nunca hay que dar por hecho que publicar una evidente estupidez se va a detectar como estupidez... hay gente que compra la payasada. Da igual que sea uno de cada veinte.” — Nieves (03:52)
| Timestamp | Quote | Speaker | |-----------|-------|---------| | 02:19 | “Hay mucho dinero por en medio, por supuesto, y el objetivo es captar ineptos que paguen. Yo no sé si lo has visto. Es que no quiero dar el dato precisamente para no hacerle publicidad.” | Nieves | | 03:04 | “La tontería no se ha publicado en una sección que se llame Humor, El Mundo Today o Idioteces del mundo moderno. No, es que aparecía en la sección nacional entre noticias de inmigración de Mazón y la dana de los incendios de León.” | Nieves | | 05:29 | “Partiendo de esto, William Miller, haciendo números, quiso encontrar el mensaje oculto... los términos razón y Biblia son antagónicos.” | Nieves | | 11:33 | “Pues mira, aquello tuvo un nombre. Se conoce como la gran decepción. Y al día siguiente empezó el cachondeo en los periódicos, las burlas a los crédulos… estos pobrecitos hacen mucho daño.” | Nieves | | 12:15 | “Es más fácil engañar a alguien que convencerlo de que ha sido engañado es muy, muy certera.” | Nieves | | 13:16 | “Y así hemos llegado a la bonita cifra de 22 millones de adventistas, que así se llaman, que ahora hay en el mundo y que siguen diciendo que es inminente la venida del hijo del Señor de barba blanca, con un ojo dentro de un triángulo.” | Nieves |
Nieves Concostrina’s argument is clear and piercing: gullibility is timeless, and the mechanisms of mass deception remain unchanged, be they biblical or technocratic. Only the scenery and the “product”—end of the world, immortality—change. Carefully, she warns against giving oxygen to fraudsters by uncritically reporting their claims, lest more people be drawn in. The episode is a humor-tinged, sharp critique of magical thinking and the cycles of human credulity woven through history.