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Nieves Con Costrina
En la ventana Acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina. Cadena SER.
Carla
Buenas tardes, Nieves, bienvenida. ¿Cómo estás?
Nieves Con Costrina
Hola Carla, yo muy bien, yo muy bien.
Carla
Oye ello también. Yo no sé si encomendarme hoy a Isaías Lafuente, por aquello del influjo de los palabros más que de las palabras, o advertir a los oyentes de que vienen curvas. Porque vamos a ver, una historia de crímenes y de ladrones, de cadáveres, siempre genera mucho impacto. Lo malo o lo triste es que en esta historia sale salpicada la ciencia, o mejor dicho, algún científico, pero bueno, la palabra clave territorio. Isaías. La palabra clave es resurreccionistas.
Nieves Con Costrina
Tremenda. Quizás el acontecido de hoy se acerque más a la sección también de Patricia Peiró, rojo oscuro, que es negro también, que a esta de acontecidos históricos. Pero bueno, como lo suyo, lo de Patricia es actual y esto no, yo creo que me va a perdonar que me meta. La de hoy es una historia macabra, no de un crimen real, sino de muchos crímenes reales, porque hablamos de los primeros asesinos en serie de la historia contemporánea. Pero tampoco es sólo una historia de crímenes. Si traemos este asunto es porque trajo consecuencias legales y científicas. Todo esto empezó un día de noviembre de 1827 a finales, cuando en una habitación de de mala muerte en un edificio en el casco antiguo de Edimburgo, en Escocia, un inquilino que vivía solo, forastero y sin familia conocida murió. El portero encargado de cobrar los alquileres se mosqueó porque el inquilino se había muerto dejando una deuda y convenció a un colega para que le ayudara a sacar unas cuantas libras vendiendo ese muerto a un médico anatomista. Eso fue el principio de una oportunidad de negocio que les iba a reportar pingües beneficios a aquellos dos tipos, irlandeses, por cierto, que se env. Iniciaron con eso de vender muertos y en vez de esperar a que la gente se muriera para venderla, pues decidieron que mejor matarla para cobrar antes. Y ese negocio lo mantuvieron un año justo, desde finales de aquel noviembre de 1827 hasta noviembre de 1828, cuando fueron detenidos tras el asesinato de su última víctima. En total habían matado a 16. Pero bueno, yo creo que para poner su contexto a esta historia como bien decías, hay que hablar primero de los resurreccionistas. Siento que mi alma se encuentra perdida, que se junta la noche y el día. Siento que si te veo terremotos recorren todo mi cuerpo. Haces que se vaya mi melancolía. Me devuelves de nuevo a la vida.
Carla
Que es lo que se conoce como resurrección. Ya no te pregunto por el origen del palabro. Bueno, tiene que ver con eso, con resucitar a alguien, a quien sea.
Nieves Con Costrina
Tiene que ver, pero. Tiene que ver, pero no en su sentido literal. Aunque no lo parezca, el asunto de hoy, además de ser una historia de muertos y de miedo y de cementerios, también es una historia de ciencia. Pero de ciencia cómo.
Carla
¿De ciencia?
Nieves Con Costrina
Sí, es de ciencia malentendida. Los resurreccionistas, que habría que ver al Pilato de la vida de Brian diciendo esto de resurreccionista, eran ladrones de cadáveres, casi siempre organizados en bandas o de dos en dos como poco, para desenterrar en los cementerios cuerpos recién enterrados y venderlos a cirujanos y alumnos de medicina para sus prácticas de anatomía.
Carla
Y lo de la ciencia.
Nieves Con Costrina
Aquí hay dos clases de delincuentes, los que robaban los cuerpos y los que compraban sabiendo que eran robados. Dos de los más famosos resurreccionistas fueron William Borke y William Hart. Eran los Williams, los Guillermo, que vivían en Edimburgo. Y luego hubo un médico con muy pocos escrúpulos, también allí en Edimburgo, que se llamaba Robert Knox y que compraba todos los muertos que le era posible. Lo que pasa es que he dicho que los Williams eran resurreccionistas y en realidad sólo lo fueron un rato. Luego pasaron a ser directamente los primeros asesinos en serie de la historia criminal moderna. Mucho más cómodo matar que desenterrar.
Carla
Daba menos trabajo matar a personas que desenterrar a los que ya estaban muertos.
Nieves Con Costrina
Hombre, se suda menos.
Carla
Ya, sí, pero. Pero no es lo mismo.
Nieves Con Costrina
Ya, pero claro, en un cementerio, pico y pala, pico y pala, pico y pala. Abrir el agujero, carga con el ataúd, subirlo a un carro, esquivar a los que vigilaban, a su vez, vigilar para que no te pillen. Y no te digo ya cuando las familias empezaron a tomar medidas para evitar que les robaran a su muerto, porque la actividad de los resurreccionistas llegó a coger tal carrerilla que muchos británicos se morían con la angustia de que los iban a desenterrar esa misma noche para vender el cuerpo a médicos y cirujanos. Todavía hoy existen. Todavía hoy pueden verse en algún cementerios de Inglaterra y Escocia. Lo que se llaman los morsave es una especie de armadura de hierro y piedras que se colocaba encima de la sepultura nada más producirse el entierro para protegerla, para que costara mucho levantarlo. Los morsfe eran tan pesados y estaban tan anclados al suelo que los resurreccionistas no podían mover la estructura para llegar al muerto. Los Williams empezaron con esto de vender cadáveres. Fue un poco por casualidad. Uno de ellos le tenía alquilada una habitación de su casa, mira cómo ahora son los alquileres, a un hombre llamado Donald, que un día este hombre se murió allí mismo por lo que fuera. No tenía familia conocida, nadie lo iba a reclamar, nadie sabía que estaba allí. Y los dos Williams decidieron vender el muerto al Dr. Robert Knox. Era un anatomista de mucho renombre que trabajaba en una escuela privada de Edimburgo donde había tortas por estudiar con él, porque él prometía enseñar anatomía al estilo parisino.
Carla
¿Y eso qué era?
Nieves Con Costrina
Pues que cada alumno dispus era de un cadáver en exclusiva para aprender. Te voy a enseñar a ti anatomía, pero con nada de que estemos muchos alrededor solo para ti. Los Williams le llevaron el muerto al Dr. Knox. Pillaron 7 libras y 10 chelines y ahí decidieron qué será el trabajo de sus vidas. Proveedores de cadáveres.
Carla
Proveedores de cadáveres. Está muy bien. Oye. Ese primer cadáver que vendieron entonces fue el único de alguien que se había muerto por su cuenta. Y el resto fueron asesinados. Mataban para vender.
Nieves Con Costrina
Mataban para vender. Era muy fácil si sabes elegir a la víctima. Estos dos no eran psicópatas al uso como de los que estuvisteis hablando con Vicente Garrido.
Carla
Interesantísimo, muy inquietante.
Nieves Con Costrina
Pues estos no, estos no eran. Estos eran simples delincuentes. Los guilles localizaban a las víctimas entre los vagabundos, entre los extranjeros, las personas marginadas, gentes a las que nadie echará de menos, al menos de momento. Seleccionaban una víctima, se la camelaban, la llevaban a casa, la asfixiaban, escondían el cadáver y en el momento oportuno se lo llevaban al doctor Knox. La última víctima fue la 16º llamaba Margaret Doherty. Era una mujer que mendigaba en Edimburgo. Aquel 31 de octubre de 1828 se la llevaron a casa con malas artes, la emborracharon a la mujer y la asfixiaron. Escondieron el cadáver durante unas horas bajo unas pilas de paja que había ahí en el edificio. Pero una de las inquilinas que estaba en la habitación que le alquilaba uno de los guilles, una alquilada, descubrió el cuerpo de la mujer. Y es que sabía que era una mendiga del barrio porque la había visto incluso hablado con ella el día anterior. Claro, la mujer se sorprendió ¿Este cuerpo que hace aquí? Así que la inquilina fue a la policía. La policía no encontró el cuerpo porque ya se lo habían llevado al anatomista, pero se abrió una investigación y como lo de los resurreccionistas en Edimburgo era una epidemia que traía loca a la policía, supieron dónde buscar y efectivamente encontraron el cadáver de Margaret en el depósito del sinvergonzón del Dr. Knox.
Carla
Siempre el money, el dinerito de por medio, Oye, queda saber las consecuencias. Bueno, no para los asesinos, que supongo que son fáciles de imaginar, la cárcel como poco. Pero al anatomista le cayó algo. Fue acusado de algo, ¿No?
Nieves Con Costrina
Pues mira, aunque el novio de Bárbara Rey, Juan Carlos, el novio de Bárbara Rey, dice que la justicia es igual para todos, pero ya saben que no. El doctor nos fue expulsado de la escuela donde trabajaba y obligado a abandonar la ciudad por la presión social. No es que le obligaran por ley, pero la presión social. Lo señalaron y lo echaron, pero no sufrió condena alguna porque la policía, que ya les vale, dijo que en realidad él no había hecho nada ilegal, no había matado a nadie, aunque sabía de sobra que no eran cuerpos desenterrados. Tenía que sospechar y saber que eran personas asesinadas. Siempre cadáveres muy frescos, además. Y respecto a los guilles, como los delincuentes son muy traicioneros también entre ellos, uno confesó todo a cambio de inmunidad. Y entonces ejecutaron al otro hombre, a William Burke, que fue el pringao y fue el que pagó el pato, pese a que el cerebro de todo aquel tinglado había sido su colega el que se libró. Burke fue ahorcado ante una muchedumbre de 30.000 personas. Y como él sí era un reo ejecutado, que eran los únicos cadáveres que se podían utilizar legalmente para prácticas de anatomía, acabó en la sala de disección.
Carla
Justicia poética.
Nieves Con Costrina
Su esqueleto todavía se exhibe en el museo de la Facultad de Medicina de Edimburgo dentro de su contexto, para explicar lo que pasaba entonces con todo esto, con su piel. Fíjate, se hicieron las tapas de un libro, se hicieron bolsitas para tabaco y fundas para plumillas. Oye, fue un muerto sostenible y aprovechado.
Carla
¿Pero en ese momento tanta demanda había de cuerpos para la investigación?
Nieves Con Costrina
Sí, había mucha demanda por los remilgos que impusieron las religiones. La necesidad de estudiar cadáveres vino pareja al desarrollo de la medicina y por supuesto, de la cirugía. Para curar a alguien de algo, tú tienes que saber qué demonios hay dentro. Pero los hechiceros cristianos, los judíos, los musulmanes, que son los mismos perros con distinto collar, se inventaron que no se podía abrir un cuerpo porque luego había que resucitar cuando Dios tocara el silbato y había que estar entero. Ya sabemos todos que sus cuentos dicen que sólo los justos y los buenos resucitarán. Así que a los malos, los reos, los ejecutados, se les podía diseccionar, se les podía abrir, desmembrar, porque total, como esos no iban a resucitar, que se fastidiaran y sirvieran para las prácticas. Ya sabes que Dios es grande y misericordioso.
Carla
Muchísimo. Oye, pero en algún momento tuvo que parar todo esto, esta locura.
Nieves Con Costrina
Sí, todo este caso de los Williams tuvo consecuencias más allá de ellos mismos. Al principio para mal y luego para bien. Cuando corrió el caso de los asesinos de Edimburgo, otros resurreccionistas se sumaron a eso de matar gente para vender cadáveres frescos en vez de ir a los cementerios a desenterrarlos.
Carla
Línea de negociación.
Nieves Con Costrina
Sí, esa fue la mala noticia. Tanto se fue la cosa de madre que el Parlamento británico ya tuvo que abordar el tema y tomar medidas. Esta es la buena noticia que vino porque resultó que la moral cristiana solo propiciaba el delito. Ya ves tú qué sorpresa. Y entonces aprobó. El Parlamento británico aprobó la Ley de Anatomía de 1830, que permitía a las escuelas de medicina acudir a las morgues a buscar cadáveres procedentes de hospitales benéficos, de asilos y hospicios, siempre y cuando esas personas no hubieran manifestado en vida que se negaban a ser utilizados o que no hubieran sido reclamadas por algún familiar en las 48 horas posteriores a la muerte. Fíjate que es tan fácil como legislar y pasando de los caprichos de las sectas religiosas, que son las que siempre la acaba liando.
Carmen
You under my skin I've got you deep in the heart of me So deep in my heart that you. Under my.
Carla
Hasta aquí la asombrosa historia de los resurreccionistas con nieves con costrina. Ala. A descansar un ratillo. Venga. Adiós.
Nieves Con Costrina
Gracias, Carmen.
Carmen
Use your mentality wake up to reality. But each time I do just the thought of you makes me stop before I begin Because I've got you under my skin. ¿I would sacrifice anything come What might for the sake of having you near? In spite of a warning voice comes in the night and repeats how it yells in my ear. Don't you know you, fool Ain't no chance to win Why not choose your mentality get up, wake up to reality And each time I do just the thought of you make me stop Just before I begin Because I've got you under my skin And I like you under my skin.
Host: Nieves Concostrina
Guest/Co-host: Carla
Podcast: SER Podcast | “Acontece que no es poco”
Date: December 12, 2024
In this episode, Nieves Concostrina unravels the disturbing historical account of the “resurreccionistas”—body snatchers who supplied corpses to medical students—and, in particular, the infamous murderers Burke and Hare. What starts as a tale of macabre crime quickly expands into a fascinating look at how science, opportunism, and flawed laws intersected in 19th-century Edinburgh, leading to a series of murders and a legal revolution in medical education.
Sobre la ironía de la justicia para el Dr. Knox:
“El doctor Knox fue expulsado… pero no sufrió condena alguna porque… él no había hecho nada ilegal, no había matado a nadie, aunque sabía de sobra que no eran cuerpos desenterrados. Tenía que sospechar y saber que eran personas asesinadas.” – Nieves (08:51)
Justicia poética en la muerte de Burke:
“Burke fue ahorcado ante una muchedumbre de 30.000 personas. Y como él sí era un reo ejecutado… acabó en la sala de disección.” – Nieves (09:58)
Contexto social y cultural:
“Los británicos se morían con la angustia de que los iban a desenterrar esa misma noche para vender el cuerpo a médicos y cirujanos.” – Nieves (05:04)
Crítica a las restricciones religiosas:
“Ya sabes que Dios es grande y misericordioso.” – Nieves, con tono irónico (11:06)
Sostenibilidad macabra:
“Con su piel… se hicieron las tapas de un libro, se hicieron bolsitas para tabaco y fundas para plumillas. Oye, fue un muerto sostenible y aprovechado.” – Nieves (10:13)
Nieves Concostrina, en su característico tono irónico y mordaz, narra cómo la ciencia, la necesidad y la falta de escrúpulos propiciaron uno de los capítulos más impactantes de la historia criminal europea, y cómo, de la tragedia, surgió un cambio legal imprescindible para la medicina moderna. Con un equilibrio perfecto entre el humor negro y el rigor histórico, este episodio arroja luz sobre la oscura cara del progreso.