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Nieves
En la ventana Acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina, Cadena SER.
Carla
Hola, Nieves, feliz año.
Nieves
Hola, Carla.
Carla
Estamos a tiempo todavía. Joder, qué alegría reencontrarnos en antena. Ya te escuché el lunes con Marta, la víspera de Reyes, que no sé si te han traído muchos o pocos regalos.
Nieves
Yo paso de Reyes.
Carla
Bueno, pero es igual, pero es posible que tú como otra muchísima gente y si tú no, pues da igual, dedique esta semana a devolver o cambiar alguno de esos regalos, que son cosas que pasan, porque los Reyes Magos no siempre aciertan y los otros tampoco. Pero a lo que voy, que esta primera semana del año, por mucha cuesta de enero que tengamos delante, la verdad que es otro festival del consumo, animado además sobre todo por las rebajas. Así que hoy yo creo que estaría bien contar como página importante de nuestra historia, de nuestro modelo de sociedad, cómo y cuándo nacen los grandes almacenes. ¿Te parece?
Nieves
Sí, ahí vamos. Hay una cosa que sí te puedo asegurar, en esto de los cambios no me van a pillar nunca en Reyes porque hace años que ya decidí no comprar nada porque me aturullo, me aturullo con las compras, o sea que aquí en esta parte me pueden pillar en otra, pero en esta no. Mira, voy a empezar. Voy a leer un párrafo de una novela de Emilio zola publicada en 1883, titulada El paraíso de las damas. La novela va del propietario de unos grandes almacenes recién abiertos en París, que era un tipo sin escrúpulos que se enorgullece de hundir a todos los pequeños comerciantes que hay a su alrededor. Y cuenta también cómo hace sucumbir al vicio de comprar a mujeres burguesas, frívolas, despreocupadas y preocupadas sólo por el lujo y la apariencia. Y también habla en la novela del mal rollo entre los empleados que estaban enfrentados por ascender. Eso es un poquito de qué va la novela. Es muy entretenida, además. Perderemos unos pocos céntimos en este artículo, lo reconozco. ¿Y qué? ¿Dónde está el daño si atraemos a todas las mujeres, si las tenemos así a nuestra merced y conseguimos que pierdan el seso ante nuestras montañas de mercancías y vacíen los monederos sin llevar cuenta? Lo que hace falta es encandilarlas luego ya podemos vender los demás artículos tan caros como en cualquier otra parte, porque estarán convencidas de que nosotros se los damos más baratos. Esto es lo que dice el dueño de los grandes almacenes. Y dice unas líneas más y ya oirá usted cómo rabian y se quejan nuestros competidores. El pequeño comercio se dejará en esta empresa la poca salud que le queda. Enterraremos a todos esos chamarileros que andan reventando de reúma en sus sótanos.
Carla
Chamarileros, por favor.
Nieves
Chamarileros los llama.
Carla
Bueno, no se le nota Zola como muy partidario de los grandes almacenes, o al menos de este, en concreto de.
Nieves
Este, el único que existía hasta ese momento. Es lo que conocía. Y sí, Zola desparramó tanta rabia contra los grandes almacenes en su novela, porque hacía pocos años que había nacido en París el primer gran almacén del mundo. Los llamaban Von Marché, Buen mercado. Era la primera vez que se construía, no en París, sino en el mundo, un edificio pensado para vender de todo El Corte inglés, para entender.
Carla
Claro, claro.
Nieves
Y a Emilio Zol aquello le parecía una aberración, una degradación moral, un templo, aquí abro comillas, para el culto de los locos despilfarros de la moda.
Carla
No iba mal encaminado.
Nieves
No, no iba, no iba mal. Él lo vio, él vio todo lo que supuso aquello en París y como todo el mundo, todos los años y todos a la vez se disparatan con las rebajas en estas fechas. Bueno, pues hablemos de grandes almacenes, porque encima la historia de la Cadena SER está íntimamente unida a ellos.
Carla
Pues es verdad lo que acaba de decir Nieves, porque para quien no lo sepa, este edificio desde el que les estamos hablando está en Gran Vía 32, en Madrid y desde 1925 aquí también se albergaron los grandes almacenes Madrid París. Bueno, y ahora está el Primark, o sea, la Cadena SER siempre ha estado en este edificio, pero en las plantas superiores, Ahí seguimos la Sexta, la Séptima, la Octava, la Novena, las plantas nobles, menos nobles, pero las de arriba abajo.
Nieves
Grandes almacenes siempre he sido y no ha cambiado nunca. Los primeros que se inauguraron en 1924 fueron los grandes almacenes Madrid París, luego vino Sepu, luego el Primar, en fin, todo esto.
Carla
¿Quién calcula compra en Sepu?
Nieves
¿Quien calcula compra en Sepu? Efectivamente. Bueno, Pues que se inauguraron en el 24 los grandes almacenes Madrid París. Los inauguró Alfonso XIII y un año después también vino a inaugurar Unión Radio.
Carla
Madrid Centenario que celebramos el año pasado.
Nieves
Exactamente para inaugurar sirven y ya está. Parece que la gestión de los Grandes Almacenes Madrid París no se dio tan bien como se esperaba al principio. Bueno, y tampoco al final, porque tuvieron que cerrar y decidieron alquilar la azotea y la última planta del edificio para estudios y redacción, o sea, exactamente igual que ahora, solo que ahora hay tres plantas, o cuatro, no sé. Desde las dos gigantescas antenas que se instalaron en la azotea de Gran Vía 32 salieron a las ondas en junio de 1925 aquellas primeras palabras que decían señoras y señores radio oyentes, esta es la emisora EAJ Unión Radio Madrid. Después Alfonso XIII soltó ahí unas cuantas chorraditas que le habían escrito y quedó inaugurado este tinglado radiofónico. Pero a lo que vamos es a la revolución que supuso la creación de aquel gigantesco Palacio de las Compras en París, el primero del mundo que tanto parecía odiar Emilio Zola. No era sólo que allí se pudiera comprar de todo, es que cambiaron las técnicas de venta, la publicidad, la atención al cliente, las condiciones laborales, la venta por catálogo. Que Amazon no ha inventado nada, ojo. Ya lo inventaron entonces, por primera vez se utilizó allí la palabra rebajas. Allí lo decían en francés. Se inauguró ese lema si no queda satisfecho le devolvemos su dinero. Cambiaron los hábitos, se disparató el consumo. Bueno, fue un exitazo, fue algo que nadie imaginaba. Salvo que lo imaginó.
Carla
Oye Nieves, ¿Y a quién se le ocurrió todo esto de los grandes almacenes?
Nieves
Bueno, pues a un señor que se llamaba Aristide Bosicó. Bouzicaut. Bouzicaut. Y a su esposa, genial colaboradora, la señora Margarita Marguerite. Trabajaron codo a codo y fueron colegas, currantes, pareja de todo. Trabajaron siempre juntos. Bosicó empezó como vendedor ambulante de sombreros, acabó empleado en un bazar, luego se metió a dependiente en una boutique. Convenció a los dueños de esta tienda en la que trabajaba de que si reformaban el almacén podrían vender más variedad de productos. Y bueno, así tacita a tacita fue creciendo aquel gran almacén del que acabó siendo propietario el Sr. Aristide, y ocupando con su edificio que le encargó a Gustave Eiffel. Se lo construyó Gustave Eiffel. Ocupó toda una manzana.
Carla
Un emprendedor en toda regla.
Nieves
Un absoluto visionario. Totalmente, sí. Lo grande es cómo tuvo ojo para saber exactamente lo que tenía que darle al consumidor. No lo que el consumidor reclamaba, porque aún no reclamaba nada, simplemente se adaptaba. El consumidor se adaptaba a lo que había. Y lo que había eran tiendas, pequeños comercios, una tienda de paraguas, una sastrería, una perfumería. Lo que hizo el señor Aristide fue vosotros no lo sabéis aún, pero estáis deseando tener lo que yo os voy a dar.
Carla
¿Y qué era lo que los consumidores no sabían que necesitaban?
Nieves
Pues de entrada, había que ponerles fácil a los burgueses, a las clases medias, el acceso a los mismos productos que antes eran exclusivos de las clases altas. Y me explico. Antes de que existieran los almacenes Bon Marché, cuando una parisina necesitaba hacerse un vestido, o un señor, un nuevo traje, acudía a su boutique o a su sastrería a elegir telas, a que les tomaran medidas. A veces los sastres y las modistas iban a las casas de los señorones con los lustrarios. Esto era una oferta muy limitada y muy cara. Pero con la revolución Industrial, esto nos lo han enseñado todos en el cole, también llegó una nueva clase social, que era la burguesía, que no serían marqueses de tal o duques de cual, pero ya tenían pasta para gastarse y acceder a los mismos lujos que sólo estaban reservados a los condes de tal o a los varones de cual. La clientela se había expandido. Y eso es lo que ve el señor Aristide, que hay muchos más clientes potenciales dispuestos a gastar y a quienes hay que ponerles fácil que se lo gasten. Había que reunir mucha mercancía para que en el mismo sitio pudieras comprar un paraguas, un vestido, unos guantes, una lámpara, un perfume, unos bombones, unos pendientes, yo que sé, una corbata, una jaula para el pájaro, un collar para el perro. Pero todo eso sin cambiar de tienda. Y además de varios precios para acabar con el regateo. Los precios por primera vez empezaron a ser fijos.
Carla
Una revolución en toda regla.
Nieves
Totalmente, totalmente. Y además había una tropa de modistas y sastres haciendo vestidos y. Y empleados sonrientes que sabían cómo colocarte el producto diciéndote que ese sombrero te quedaba magnífico. Aunque la señora pareciera una coliflor con lazo.
Carla
A ver, coliflor. Todo esto está muy bien y es muy interesante, pero ¿Y el tema laboral? Quiero decir, el asunto de los trabajadores, ¿Que? Porque no podía ser lo mismo contratar a un dependiente en un pequeño comercio, en una tienda, en una sastrería, donde fuera, que a cientos en unos grandes almacenes.
Nieves
A cientos y a miles. Esto también lo hizo muy bien. 3.500 empleados tuvo el Sr. Aristí. Y todos contentos. Porque hasta entonces no habían tenido, por ejemplo, bajas laborales retribuidas por maternidad. El Sr. Aristide les daba un regalito si se casaba alguno de los empleados. Les hacía un regalo. Tenía un detalle. Les daba clases de idiomas para poder atender a más gente que viniera del extranjero. Les daba un subsidio si caían enfermos. Y esto sí que les va a sonar a chino a la mayoría de los cristianos. Sobre todo a Garamendi, el de la CEO. Pero el Sr. Aristide aplicó la teoría del socialismo cristiano de un político y cura de Mora. Entonces estaba muy de moda. Entonces este tipo en Francia se llamaba Félicité Robert Lamene. ¿Y que predicaba? Contra el capitalismo, contra los patronos explotadores, a favor de los obreros. Porque un trabajador bien tratado produce más, aporta más a la sociedad. Era un cura raro porque pedía la separación Iglesia Estado, la libertad de culto. Yo creo que estaba un poco liado el hombre, ¿Qué quieres que te diga? Bueno, hasta el Papa Goyo XVI Ya vale. ¿Qué majadería es eso del socialismo cristiano? Que los trabajadores no puedan ser explotados. ¿De cuando a esta parte, hombre? Que los empresarios tengan que pagar lo justo. Estamos tontos. Somos cristianos, no idiotas. Nuestra obligación es recaudar. Un día tendríamos que hablar de este cura raro francés que acabó, por supuesto, mandando a la mierda al Papa y a la Iglesia.
Carla
Tiene pinta de tener una historia digna de ser contada. Todo esto que hemos contado es en cuanto a contenido del primero de los grandes almacenes. Pero el continente también tuvo ahí su. También jugó su papel.
Nieves
Que sí la tuvo. Es que encima era un edificio precioso, elegante, luminoso, atractivo, pensado para que comprar fuera unido al ocio, al paseo. Y como las gastosas eran las mujeres. Ellas eran el objetivo del negocio, pero sin descuidarles a ellos, que se sintieran también cómodos en ese lugar distinguido. Por eso Bosico, el Sr. Aristide instaló un café dentro de sus grandes almacenes para que los señores leyeran el periódico, fumaran, se tomaran un coñac mientras sus esposas o hijas compraban, que tuvo muchísimo ojo para todo. Y que lo hicieran en un ambiente confortable. Bonitas mesas, bonitas lámparas, una cuidada decoración. Nuestro edificio de Gran Vía 32 también es muy bonito por fuera. Antes me gustaba un poquito más, no era tan mazacote, porque tenía dos cúpulas a los lados. Si recuerdas la imagen antigua de él. Pero en los años 50 se las cargaron, subieron tres plantas y pusieron arriba la gigantesca escultura del Ave Fénix que hizo Mariano Benlliure. Pero bueno, también el edificio de Gran Vía 32 de los almacenes Madrid era precioso por dentro. Tenía unos mármoles, estaba muy bien decorado, unas escaleras monísimas. Porque antes no solo tenían que atraer las mercancías de dentro, eran edificios señoriales que te invitaban a entrar, a sentirte parte de ese mundo elegante.
Carla
Porque estos grandes almacenes Madrid París fueron los primeros en copiar el modelo original francés, ¿No?
Nieves
Los primeros grandes almacenes de España con estilazo, los que copiaron al Bon Marché de París, estuvieron en Barcelona, estuvieron en las Ramblas al siglo. Famosísimo. Claro, famosísimo. Siete plantas, tenía mil empleados. Un incendio en 1932 los destruyó por completo el día de Navidad por culpa de un juguete. Había por los Reyes un tren eléctrico pequeño que recorría la planta entre las estanterías de los productos. Y cuando cerraron los almacenes el día 24, se les olvidó apagar el trenecito, el motor se calentó, chispazo y un incendio, claro. Al día siguiente era fiesta, nadie se dio cuenta.
Carla
En fin, están los pequeños detalles.
Nieves
Sí, sí, sí. Y además aquel incendio conmocionó Barcelona porque aquellos almacenes era la leche. Mira. Y un último detalle. El Sr. Aristide, creador de los primeros grandes almacenes del mundo, también creó el Hotel Lutetia en París. Todavía existe, los almacenes y el hotel. Y lo creó por iniciativa de su mujer, Margarita, que era un hotel elegante, lujoso, para que los clientes con pasta que no vivían en la capital pudieran alojarse en un hotel de lo más top. Y ese hotel, Lutetia, fue donde en 1921 se hizo la primera demostración de la radio en Francia. Por primera vez, 300 personas escucharon en un gran salón de ese hotel la voz de una soprano que estaba cantando en una emisora a 60 kilómetros de París. Es curioso, pero bueno, parece que los grandes almacenes en París y en Madrid no pueden separar sus orígenes de la radio.
Carla
Bueno, no tenemos una soprano cerca, pero tenemos esto. Lo del tutti frutti sería una buena definición de la filosofía de los grandes almacenes. Efectivamente, tutti frutti. Bueno, ya hemos recuperado la buena costumbre de saludarnos en antena, así que ya.
Nieves
No hace falta felicitarse más el año, ¿A que no?
Carla
¿Pero mañana más, vale? Venga, un beso, Nieves.
Nieves
Gracias, Carlas, como siempre. Un beso.
Background Singer
To almost lie me crazy, She knows how to love me, Yes, indeed, But you don't know what you do to me. To the brutal, to the food, to the Bruder, Oh, rooting to the Bruder, To the fruit, to the fruit, to the fruit, to the Buddha, Oh root, bomb, bomb, bomb, got it down Name Daisy, almost got me crazy, Got a G named Daisy almost got me crazy, So knows how to love me, Yes, indeed, Why you don't know what you do to me. To the brood, to the booty, to the Buddha, Oh, root, to the booty, do the booty, all ruda, oh, my baba, looma, blah, bamboo.
SER Podcast | Host: Nieves Concostrina | Date: January 7, 2026
Este episodio de "Acontece que no es poco" explora, con el característico humor y mirada crítica de Nieves Concostrina, el nacimiento y la revolución sociocultural que supuso la aparición de los grandes almacenes. Coincidiendo con el periodo de rebajas y devoluciones tras Reyes, Nieves y Carla reflexionan sobre la historia del consumo, los cambios en los hábitos sociales y laborales, y el impacto arquitectónico y urbano que estos "palacios de las compras" tuvieron, tanto en París como en España.
“Perderemos unos pocos céntimos en este artículo, lo reconozco. ¿Y qué? ¿Dónde está el daño si atraemos a todas las mujeres, si las tenemos así a nuestra merced y conseguimos que pierdan el seso ante nuestras montañas de mercancías y vacíen los monederos sin llevar cuenta?”
— Dueño ficcional de unos grandes almacenes, citado por Nieves [02:25]
“Vosotros no lo sabéis aún, pero estáis deseando tener lo que yo os voy a dar.” — Nieves sobre Aristide Boucicaut [08:07]
“Un trabajador bien tratado produce más, aporta más a la sociedad” [11:24]
Nieves, citando a Zola:
“Enterraremos a todos esos chamarileros que andan reventando de reúma en sus sótanos.”
— [02:34]
Carla, sobre la crítica social de Zola:
“Bueno, no se le nota Zola como muy partidario de los grandes almacenes, o al menos de este, en concreto.”
— [02:50]
Nieves (sobre la revolución comercial):
“No era sólo que allí se pudiera comprar de todo, es que cambiaron las técnicas de venta, la publicidad, la atención al cliente, las condiciones laborales, la venta por catálogo. Que Amazon no ha inventado nada, ojo.”
— [05:00]
Nieves sobre socialismo cristiano:
“Somos cristianos, no idiotas. Nuestra obligación es recaudar. Un día tendríamos que hablar de este cura raro francés que acabó, por supuesto, mandando a la mierda al Papa y a la Iglesia.”
— [11:53]
Nieves sobre el diseño de los grandes almacenes:
“Antes no solo tenían que atraer las mercancías de dentro, eran edificios señoriales que te invitaban a entrar, a sentirte parte de ese mundo elegante.”
— [13:20]
Nieves Concostrina, en tono irónico e instructivo, desvela cómo los grandes almacenes revolucionaron la manera de consumir, comprar y trabajar. Inspirados por la visión de Boucicaut y el empuje de la revolución industrial, estos espacios supusieron un cambio fundamental en la experiencia cotidiana de millones de personas, así como en nuestra cultura urbana, laboral y mediática. El programa cierra resaltando la curiosa conexión entre los grandes almacenes y la radio, símbolos ambos de modernidad e innovación, y recordando, con buen humor, que la esencia “tutti frutti” de estos templos del consumo nos sigue acompañando hoy.