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A
Ser podcast. Soy Nieves con costrina y estás escuchando Acontece que no es poco. Un podcast donde no te contamos nada nuevo, pero te lo contamos de otra manera. Aquí te va otro episodio.
B
Hola, Nieves, buenas tardes.
A
Buenas tardes, Carla, ¿Cómo estás?
B
Te propongo un juego. Bueno, se lo propongo a los oyentes, un simulacro de juego. Si nos pusiéramos a hacer lista de las series de televisión más vistas o más exitosas, Bueno, eso sería muy complicado porque hay tantas ahora mismo, pero daría para muchos debates porque hay partidarios. Pero podríamos convenir, a ver qué te parece a ti, podríamos convenir que Juego de Tronos ha sido en estos últimos años, te guste más o te gusta menos, uno de los bombazos. Eso es así. Esos son datos, tampoco lo digo. He cogido lo de Juego de Tronos porque hoy en este repaso diario de la historia que hacemos contigo, se nos aparece algo que podríamos titular algo así como Juego de Tronos o cosa parecida, o cosa parecida. ¿Cómo lo titularías tú?
A
Sí, podría ser algo muy parecido. Podría ser también Duelo por un trono.
B
Duelo por un trono.
A
Me gusta. Duelo por un trono. Eso también podría ser el título de una serie. Pero lo que pasa es que Duelo por un trono, para decir de lo que vamos a hablar, suena demasiado solemne.
B
A ver, a ver.
A
Sí, a ver. Aunque fue un asunto muy grave, pero suena demasiado solemne, aunque fuera grave. Digamos, mejor que lo de hoy es la historia de dos aristócratas, un Orleans y un Borbón, que se liaron a tiros para evitar que uno de ellos pillara la dirección general de esta empresa llamada España. Y además, esta historia es una prueba más de esa familia desestructurada que son los Borbones. Están todos mal avenidos, siempre enfrentados, siempre a la greña. Lo que no estaba previsto en aquel duelo es que hubieran muerto. Lo ideal es que alguno hubiera salido herido, lo que se llamaba duelo a primera sangre. Y ya está, te pegas un rato y se acabó. Y luego, satisfechas las sombrías, cada uno a su casa. Pero la cosa se complicó y hoy, 12 de abril de 1870, se celebró el consejo de guerra que juzgaba a Antonio de Orleans, duque de Montpensier, cuñado de la exreina de España, la campechana Isabel II, por haber matado de un disparo a su primo, a Enrique de Borbón, y Borbón, infante de España, sobrino del masturba, nieto del rey Carlos IV. Es que estamos hablando de gentuza de alto standing.
B
Sí, sí, de muy alto standing.
A
Sí, sí, sí. Bueno, pues aquel consejo de guerra juzgaba dos cosas. Primero, el duelo en sí, que estaba prohibido y era pecado el que moría en duelo. Además, lo excomulgaban. Y segundo, se juzgaba el asesinato. Pero bueno, ¿Qué dirá nuestra querida audiencia? ¿Qué pasó? ¿Qué va a pasar? Pues nada, nada. Se concluyó que la muerte fue accidental. Mala suerte. Se debió poner en el camino de la bala. Esto es España. La justicia es la que es. Había aristócratas implicados. Ya lo dijo el jefazo de los jueces, Carlos Lesmes. Ese señor con el sillón presidencial pegado al trasero, con superglue, que está enviciado con el cargo cinco años en funciones. Ya empezó con un rey y ya hay otro.
B
Es verdad.
A
Sí no, se nos va a enterrar a todos y él va a seguir ahí de presidente. La ley, dijo el honorable Lesmes, está pensada para el robagallinas, no para el gran defraudador. Y la ley tampoco está pensada para los Borbones ni para los Orleans.
B
A ver, que esto tiene tela de la buena. ¿Cómo se llegó a ese duelo entre los dos parientes? Algo tendría que pasar entre ellos.
A
Es que a veces no se aguantaban. Y no se aguantaban desde niños, ¿No? Ya, ya, pero no se aguantaban desde niños. Eran típicos primos que se odiaban. Vamos a situar primero la época y a los personajes. Estamos en el Madrid de 1870. Hacía año y medio que doña Reina Isabel II había salido expulsada de España con toda su prole. Antonio d', Orleans, casado con la hermana de la reina, fue uno de los que conspiró para apear a su cuñada Isabel II del trono. Esto lo hemos hablado muchas veces. No hace falta indicar, por tanto, que se odiaban. La reina y su cuñado no se hablaban porque la ex reina sabía que su cuñado conspiró para echarla de España. Para quien no esté situado, este hombre era padre de la moñas de María de las Mercedes, la que acabó siendo un rato después reina de España cuando se casó con su primo Alfonso XII. Ya sé que esto parece muy lioso.
B
Pero luego cuesta seguirlo.
A
A veces sí, pero yo te aseguro que aunque parezca que nos liamos, tú luego lo pones sobre el papel y te sale todo te sale. Y bueno, precisamente porque los cuñados y padres de los novios se odiaban. La reina no fue luego a la boda de su hijo. ¿Isabel II no fue a la boda de Alfonso XII? Yo no voy por no ver a ese sinvergüenza. En el fondo, los Borbones son muy divertidos por la cantidad de trapos sucios que esconden. La cuestión es que con la reina expulsada estamos en ese momento en el que España busca un rey. El único rey democrático que hemos tenido, porque su elección se votó en las Cortes entre varios candidatos. Y uno de los candidatos a ser rey fue el cuñado de la reina, Antonio d'. Orleans. Este es uno de los duelistas. Situemos ahora al otro prota de esta Enrique de Borbón y Borbón, también cuñado de la reina porque era hermano del rey Francisco el Gay.
B
A ver, para intentar aclarar, los dos duelistas eran primos entre sí. Esto es así. Eran primos y a la vez los dos eran cuñados de Isabel II. Con un cuñado has dicho que no se hablaba. Y con el otro.
A
A ver, con el otro sí, con Enrique se hablaba, pero como cascó en el duelo también dejó de hablarse. Evidentemente, No. Vamos a ¿Por qué se produce el duelo? En la carrera por ser elegido rey, a la que se apunta Antonio d', Orleans, había varios requisitos. Y uno de ellos es que no fuera Borbón el que se presentara. No podía ser Borbón. Los Borbones la pifian siempre. Recordemos al general Pryn, a tu paisano catalán, al presidente del Gobierno, gritando aquello decí los Borbones. Jamás, jamás, jamás. Cuando Enrique de Borbón se entera de que su primo Antonio de Orleans se postula para rey de España, un tipo que había conspirado para echar a la Reina. Ah, no, de eso nada. Y empieza a haber un cruce de artículos y de panfletos poniéndose a parir los dos Enrique de Borbón, duque de Sevilla y grande de España y maestro masón, que era un maestro masón de la logia francesa Enrique IV, pues claro, no podía aspirar a ser elegido rey porque era un Borbón, pero iba a hacer lo imposible para que su primo Antonio de Orleans tampoco lo fuera. El tono de los artículos que se fueron cruzando y los panfletos que se distribuían fueron a más, a más y a más. Y la cosa se calentó muchísimo. Cada vez se decían peores cosas. Enrique de Borbón llamaba a su primo Antonio, lo llamaba truán, calumniador, enemigo, político, traidor, corrupto. Sí, sí, de todo. Pero era verdad, era todo eso y más. Pero lo que más le molestó al duque de Montpensier es que su primo lo llamara hinchado pastelero francés. Eso lo rebajó de mucho. Le molestaba esto más que lo de corrupto. Ahí Antonio de Orleans se disparó y retó en duelo a Enrique de Borbón. Se eligieron padrinos y empezaron las visitas a los dos duelistas para ajustar las condiciones. El duelo se fijó para el 12 de marzo de 1870. Y allá que se fueron por la mañanita temprano los dos primos a la dehesa de los Carabancheles, a lo que es el barrio de Carabanchel, cuando todo aquello era campo y ahora es todo ladrillo.
C
Vamos a morir. Vamos a morir. Vamos a morir. Vamos rumbo al cementerio. Vamos a morir. Vamos a morir. Vamos a morir. Vamos rumbo al cementerio.
B
Está bien esta música para acompañar un duelo. Que por cierto, cómo fue el duelo, o sea, ¿Hubo muchos disparos? Hubo poco. No sé lo mató a la primera.
A
No, lo mató en la tercera. Me voy a rectificar a mí misma que Carlos Leme ya no es presidente del Consejo.
B
Es verdad, Yo le dio por hecho que hoy todo el mundo lo sabía ya.
A
Sí, pero bueno, yo como me disparo enseguida. Pero bueno, y como doy con el superglue pegado todavía. Pero vamos, como voy a acabar en la unidad de vigilancia que dedicho Rafael Mozos. En fin, te decía que lo mató a la tercera. Lo mató a la tercera. Y por cierto, si alguien quiere ver las pistolas que usó Enrique de Borbón y Borbón, están en el Museo del Ejército de Toledo. Lo primero que se hizo en este duelo era el paripé que se hacía siempre intentar convencer a los duelistas de que lo dejaran. Eso siempre se intentaba. Pero los duelistas eran muy machotes y muy orgullosos y dijeron que no, que aquí sobraba un cuñado de la reina y era el momento de que uno de ellos desapareciera del mapa. Así que se establecieron los 9 metros de distancia y se dio la orden del primer disparo. Disparo y nada, nada, no pasó nada. Cargaron pistolas, volvieron a disparar, otro pum. Del infante Enrique y nada. Pero Antonio hace pum. Y la bala da en la pistola del Borbón, rebota y le rompe la levita a la altura de la clavícula y dice todo el conclave caballeroso que había ahí, pues lo mismo lo podríamos dejar aquí, pero no, ellos mismos se responden, dicen no, no puede ser, las normas son las normas y las normas dicen que tiene que haber al menos una heridita, por pequeña que sea y aquí sólo se ha roto una levita, así que no hay que continuar. Y al tercer disparo Enrique de Borbón falló y Antonio de Orleans hizo pleno en toda la cabeza, en toda la cocorota, pumba. Le voló la cabeza Caputa, el duque de Sevilla y grande de España, un cuñado menos. Y cuando el otro cuñado se percata de que su oponente está frito dice Val, acabo de pifiarla yo también, Hosti tú, que lo he matado. Se estaba cumpliendo la previsión que hizo el día antes del duelo Enrique de Borbón, que si yo lo mato, Antonio no será rey de España y si él me mata a mí tampoco será rey, luego muero contento, o sea, él iba a ganar viviese o muriese, que se creía él en caso que viviese, pero así fue, a Antonio de Orleans se le acabaron sus apoyos al.
B
Al trono, o sea, Enrique Borbón murió, pero murió matando, podríamos decir.
A
Sí, sí, sí, fue literal, fue literal, murió matando y además de esto se enteró todo Dios menos la plebe, que en estas cosas siempre está por uvas y sólo saben aplaudir a esta morraya aristocrática, el resto, lo políticos, nobleza, casas reales, europeas, intelectuales, militares, toda la fauna eclesiástica, todos se enteraron de él, todos supieron del duelo, pero todo el mundo trató el asunto con absoluta discreción, todo el mundo, porque esto era una cosa como entre ellos, como Antonio de Orleans además era militar, capitán general nombrado por su cuñada Isabel II precisamente, pues todo esto no fue sometido a un juicio civil, fue sometido a juicio militar, a un consejo de guerra que por supuesto iba a quedar en una tontería de condena, porque por mucho que estuvieran prohibidos los duelos y condenados por la Iglesia, esta gente se libraba de todo. Se le condenó a un mes de. De destierro de Madrid. A un mes. Un mes de destierro de Madrid, o sea que se podía ir a su casoplón de Sevilla, a su espectacular palacio de San Telmo, que por cierto es la sede de la Junta de Andalucía, donde vivía esta gente y que en realidad era su residencia habitual, o sea, que era un destierro de chiste. Y también fue condenado a pagar una indemnización importante a la familia del muerto, indemnización que fue convenientemente rechazada por el hijo.
B
Oye, Nieves, todo esto que has contado, además de acabar con la carrera hacia el trono de Antonio de Orleans, imagino que también arruinaría si quedaba algo, lo de las relaciones dentro de la familia real.
A
Claro, es que, en fin, ya sabes que es tradición en los Borbones que todo lo que sea susceptible de empeorar, empeorará. Todo puede ir a peor siempre. Pero sí, se instaló aún más odio. Pero hay más hipocresías aún. A Enrique de Borbón le hubiera correspondido ser enterrado, o al menos ser trasladado después, como han hecho con los demás, al Panteón de Infantes del Escorial. Eso le tocaba, pero no se hizo. Lo enterraron en un nicho de la Sacramental de San Isidro. Y ahí sigue, Ahí sigue, en un nicho muy humilde con Enrique de Borbón. La Sacramental de San Isidro en Madrid está enfrente de donde estaba el antiguo estadio Vicente Calderón. Y bueno, como era masón, la parafernalia masona en su entierro fue la leche. Cuando la Iglesia había declarado herejes y excomulgado a todos los masones porque les estaba quitando negocio a Roma, también en este caso se miró hacia otro lado. Es que el muerto era duque, era Borbón. Y nada, fue al hoyo. Antonio de Orleans no fue al bollo porque se le acababa de fastidiar el acceso al trono de España. Por segunda vez, además. Pero bueno, ya caerá esta historia otra vez en otra ocasión.
B
¿Te gustazo? Cada tarde escucharte, Nieves. Mañana más.
A
Bueno, muchas gracias.
B
Un beso. Hasta mañana.
A
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Podcast: Todo Concostrina — Acontece que no es poco
Host: Nieves Concostrina (SER Podcast)
Date: April 12, 2023
This episode, delivered in Nieves Concostrina's signature sharp and irreverent style, dives into a lesser-known but highly dramatic event from Spanish history: the duel between Antonio de Orleans (Duke of Montpensier) and Enrique de Borbón y Borbón. The duel, which resulted in Enrique's death, symbolized not only the ferocious in-fighting among the Spanish Bourbon dynasty but also exposed the impunity and hypocrisy enjoyed by the aristocracy. Drawing parallels to “Game of Thrones” and using biting humor, Concostrina examines the farcical and tragic elements surrounding this “family affair” of the Spanish royals.
[01:26] Nieves Concostrina (on Borbón family dysfunction):
“Esta historia es una prueba más de esa familia desestructurada que son los Borbones. Están todos mal avenidos, siempre enfrentados, siempre a la greña.”
[03:10] On Spanish justice:
“La ley... está pensada para el robagallinas, no para el gran defraudador. Y la ley tampoco está pensada para los Borbones ni para los Orleans.”
[07:00] On insults that led to the duel:
“Lo que más le molestó al duque de Montpensier es que su primo lo llamara hinchado pastelero francés. Eso lo rebajó de mucho.”
[10:23] On Enrique’s fatalist prophecy:
“Si yo lo mato, Antonio no será rey de España y si él me mata a mí tampoco será rey, luego muero contento...”
Nieves Concostrina maintains a humorous, sardonic, and colloquial tone throughout, leveraging wit to highlight the absurdities of royal drama and Spanish history's penchant for sweeping scandals among the elite under the rug. The episode is rich in sharp asides (“esto es España... la justicia es la que es”), vivid storytelling, and memorable refrains about Bourbon family dysfunction.
This episode is a perfect showcase of how Spanish history can be as wild and tangled as any modern TV saga—a tale of pride, scandal, and impunity among the aristocracy, told with equal parts irreverence and authority by Concostrina. Expect a blend of informative narrative and biting critique, without the need for royalist sentiment.