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Carlos del Castillo
Hay muertes que guardan mucha historia. Y si te apetece un podcast al estilo con Costrinero, te lo contamos en Mi nuevo polvo Eres, un nuevo podcast exclusivo en Podimo en el que repasaremos a toda esa gente que ha seguido teniendo mucha vidilla después de muertos. Y no, no tiene ningún misterio. Pinchando en el enlace de la descripción podréis encontrar una oferta especial para disfrutar de mi nuevo polvo. Ser podcast.
Nieves Concostrina
Hoy. Lo de meternos en la historia, eso que hacemos cada tarde con Nieves aquí en La Ventana, este acontece, que no es poco, hoy ilustra más que nunca el valor de conocer el pasado. Nieves, buenas tardes. Hola.
Carlos del Castillo
Hola. Buenas tardes. Carlas. ¿Me dejas que te dé un acontecido previo al acontecido de hoy? Sí. Verás, es que el 10 de enero de 2013 nos encontramos tú y yo por primera vez en un estudio.
Nieves Concostrina
Anda.
Carlos del Castillo
Y bueno, solo quería darte las Gracias por esto.
Nieves Concostrina
Nueve años han pasado ya.
Carlos del Castillo
Diez.
Nieves Concostrina
Nueve, ¿No? Ah, sí. Estamos en el 23, es verdad. Joder.
Carlos del Castillo
Feliz año.
Nieves Concostrina
Felicidades a ti también. Nadie queda. Muy buena. Y que siga.
Carlos del Castillo
Quería darte las gracias a ti y a todo el equipo de La Ventana porque esta mamarrachada histórica de acontecidos es muy divertido.
Nieves Concostrina
Lo que decíamos, la importancia, el valor de conocer el pasado. El tema del momento, el gran tema, ¿Cuál es? Brasil. Acaba de contar Aymar lo de la fiscalía que pide bloquear los fondos de Bolsonaro y tal. ¿Vale? Ese intento tan chusco como peligroso de golpe de estado que hemos visto estos días ha contado ya hasta la saciedad cuáles son las bases ideológicas del bolsonarismo. Son Dios, patria y religión. Una, dos y tres. Y hemos contado también como los evangelistas y el lobby agropecuario son sus grandes movilizadores y los que se oponen a Lula. Es muy interesante saber también de dónde venimos, porque la historia, y la historia no tan lejana de ese país, de Brasil, aporta elementos. Bueno, tú los tienes ciertamente curiosos.
Carlos del Castillo
Sí, sí, es cierto. Y fíjate que ayer hablábamos de que el mayor montapoyos en este mundo acaba siendo Dios. Bueno, pues aquí también, con los evangelistas o como sea, pero se acaba liando. Pero bueno, son cosas que tiene la ultra, que algunos antidemócratas votan sabiendo lo que votan porque saben lo que están votando. Pero es que hay otros que votan porque las banderas son muy bonitas y muy vistosas. Y porque mira que había banderas también en Brasilia durante el asalto a las instituciones democráticas, que eso parecía la Plaza de Colón, pero con otros colorines. Probablemente nadie haya visto tantas imágenes juntas de Brasilia, que es lo que a mí me hacía pensar, porque claro, estábamos todos con los ojos pegados a la tele, como en los últimos días, y probablemente viendo a toda esa fauna desbocada de ultrade destrozándolo todo, pisoteando escaños, vandalizando despachos, empujando coches de policía a los estanques. Probablemente, digo yo, algunos les habrá llamado la atención lo artificial que resultaba todo era como un decorado. Esas grandes explanadas de césped, esos lagos, esas cúpulas blancas, edificios acristalados que están destrozados. Otros que parecían futuristas. Y yo creo que algunos, incluso Brasilia, les habrá parecido Avilés, en Asturias. No podía ser, porque los nazis bolsonaristas no pasan de la puerta, porque los avilesinos, vamos, se los meriendan. Y eso de que se parezcan es porque el mismo arquitecto que diseñó Brasilia, claro, ya lo sabes tú, diseñó también el Centro Cultural Internacional de Avilés, Oscar Niemeyer, que ya te digo yo que. Vamos, yo te digo, pero creo, solo lo creo, que si hubiera podido volver de la tumba a dinamitar su gran creación con los seguidores del Heil Hitler Bolsonaro esté dentro, bueno, hubiera dinamitado Brasilia, sin duda. Que acabo de oír que Jair además se llama de segundo nombre Mesías.
Nieves Concostrina
Sus partidarios le llaman el Mesías. Lo tiene todo. Lo tiene todo.
Carlos del Castillo
Bueno, pero además de explicar por qué Brasilia luce tan artificial y por qué está allí la capital federal de la República, querría que echáramos una ojeada 90 años atrás para comprobar que hubo un tiempo en que la historia se repitió, pero al revés. Fue en 1932 cuando los brasileños se levantaron en armas para defender la Constitución frente a la dictadura y la democracia frente a la extrema derecha. Oye, y lo hicieron sin sacar las banderas.
Un miembro del equipo o colaborador
Para Solidón.
Nieves Concostrina
A ver, vamos por partes, venga. Primero, Brasilia, esa ciudad futurista, esa ciudad que planeó, que premeditó Oscar Niemeyer para que fuera capital de Brasil, porque fue un proyecto con toda la intención.
Carlos del Castillo
Sí, sí, con toda la intención. Porque tú fíjate, claro, que a un arquitecto le encarguen un chalé, le gusta. Está bien que a Calatrava le encarguen un puente. Pues no le pilla por sorpresa. Bueno, ahora sí sería una sorpresa que le encargaran algo. Pero que alguien llame a un arquitecto para encargarle una ciudad entera. Es alucinante. Eso sólo lo pueden contar dos Son Oscar Niemeyer y Lucio Costa. Que son los hombres que planificaron de principio a fin la capital de Brasil. Los hombres que diseñaron desde el teatro hasta el Senado. Desde una presa hasta el Congreso. Hoteles, casas, once ministerios, un aeropuerto, Fuentes, hospitales, avenidas, tiendas, parques, lagos, las iglesias. Hasta una catedral que tiene así muchos picos. Que parece más bien un estadio de fútbol de los de Qatar. Y así fue como en abril de 1960. Quedó inaugurada, porque hubo un día de inauguración. La utópica ciudad de Brasilia. Creada de la nada. Y creada en la nada. Porque donde ahora está la capital brasileña. Eso era un erial a 1000 metros de altitud. Azotado por lluvias torrenciales en invierno. Pero es que en verano lo barrían unos vientos absolutamente polvorientos. Ese páramo estaba en el centro del país. Y hacía años que Brasil se había propuesto trasladar la capitalidad Desde la costera y superpoblada Río de Janeiro. A un lugar que atendiera todo el territorio nacional que se estuviera en el centro. Pero claro, a ver quién era el valiente que emprendía semejante locura. Hasta que llegó a presidente un tipo que se llamaba Yustelino Kubitschek. Que más que brasileño parece soviético polaco. Era un tío liberal, ambicioso. Era muy audaz. Y se ¿A qué lo hago yo? Y fue así como a dedo llamó a su amigo Oscar Niemeyer. Y le pidió que le hiciera una ciudad en tres años y dos meses. Con 40.000 obreros pagados malamente, por supuesto. El arquitecto levantó Brasilia con la ayuda del urbanista Lucio Costa. Era una ciudad hecha a medida del hombre. Espaciosa, vanguardista, práctica, medida. Lo que hemos visto, aunque solo hayamos visto una pequeña parte. Quedó redonda y bonita. Pero claro, luego hubo que rellenarla. Y ya se sabe con los humanos que no se pueden hacer planes. Estaba pensada para medio millón de vecinos. Ahora viven 3 millones. Hay 18 ciudades satélites en la periferia. Hay una gravísima inseguridad ciudadana. Escasas infraestructuras, mal transporte. Y oye, se ha demostrado perfecta para que acampen y la salten los nazis de Bolsona.
Nieves Concostrina
El otro día hacían muchas bromas alguna gente. Con lo buena que era la accesibilidad a los edificios, lo bien planificado que estaba.
Carlos del Castillo
Quién iba a pensar. Dios mío.
Nieves Concostrina
Oye, eso de Brasilia. ¿Y qué pasó en Brasil en aquel 1932? ¿Por qué se produjo aquella sublevación a la inversa?
Carlos del Castillo
Es que verás que se han dado muchos paralelismos entre lo ocurrido en 1932 y lo del domingo pasado, pero exactamente al revés. Me explico. Fue en Sao Paulo donde empezó la revuelta en defensa de la democracia. Y los paulistas creyeron que ellos arrancarían y les seguiría el resto de estados. Pero no, no ocurrió. Y fue en Brasilia donde empezó la revuelta para derribar la democracia antes de ayer. Y los bolsonaristas de ultraderecha creyeron que les seguirían el resto de estados. Y tampoco, tampoco. Casual historia. Fíjate, el presidente Lula da Silva estaba en Sao Paulo cuando los cafres del Mesías asaltaron las instituciones. Y desde allí el presidente ordenó la intervención federal. Vamos a poner el contexto. Aquella mini guerra civil, que fue una mini guerra civil de hace 90 años. Pero nos tenemos que ir un poquito antes de 1932. Nos vamos a cuando Brasil se constituyó en república. Eso era finales del siglo XIX. ¿Y qué era Brasil entonces? Brasil era un país enorme, igual que ahora, Claro, no es que haya crecido. Donde la mitad de los brasileños eran clase alta, militares y latifundistas sobre todo, y la otra mitad clase baja, sobre todo esclavos que servían a la otra mitad. Había ricos, había pobres y punto pelota. No había nada más. La clase media prácticamente ni existía. Un poquillo. Pero vamos, nada. Cuando se deshacen del emperador y se deciden por la república, las clases altas no querían perder los privilegios adquiridos que disfrutaban con el imperio. Y dijeron a ver cómo nos organizamos entre todos el reparto de poder así entre nosotros, para seguir mandando en el país. Porque como la otra mitad está acostumbrada a obedecer, y además en su mayoría son unos desinformados y casi todos analfabetos, esto tiene que estar chupado. Nos repartimos el país y listo. Y la verdad que lo estaba. Estaba chupadísimo. En Brasil hay 26 estados. Pero los reyes del mambo eran dos estados. Uno era Sao Paulo y el otro Minas Gerais. Se llama Minas Gerais. Y en estos dos estados estaban los dos clanes empresariales más poderosos. En Sao Paulo estaban los mayores productores de café, y en Minas Gerais estaban los mayores exportadores de lacticina. La lacticina es una sustancia relacionada con la leche. No nos entretenemos en eso. Así que en Sao Paulo el café, y en Minas Gerais la leche. Por eso aquel sistema de alternancia en el poder se conoció como café con leche.
Un miembro del equipo o colaborador
Odio el café. ¿Es que no se dan cuenta de que odio el café con leche cortado? Que odio el caf. Es que a nadie le importa que yo odie el café y estoy hasta la coronilla. Lo que a mí me gusta es la mantanilla polima.
Nieves Concostrina
A ver, esto del café con leche, que era como una especie de bipartidismo, o sea, se repartía en el gobierno por turnos.
Carlos del Castillo
Sí, sí, es que ahí no había ideología, no había principios políticos, no había programas electorales, no había nada. Se crearon dos partidos políticos, que uno se llamaba Partido Republicano Paulista de Sao Paulo, y el otro Partido Republicano Mineiro de Minas Gerais. Esos eran los partidos que había. Gobernaba el café. Luego le pasaba la presidencia la leche. Luego la leche le pasaba la presidencia al café. Oye, Y todos contentos, estable. Así durante años, mientras los pobres siguieran siendo pobres y sirviendo a los ricos. Oye, aquí no había ningún problema, porque los pobres siguen siendo en todas partes muy obedientes. Incluso gustan de votar a los ricos porque no les gusta a ellos ganar privilegios. El problema llegó porque el poder es goloso y algunos no les gusta soltarlo. Como le ha pasado a Bolsonaro, como le pasó a Trump. Son demócratas mientras mandan. Cuando pierden, el que gobierna es ilegítimo. Y resulta que en 1930 ya nos acercamos al momento cuando al café le tocó soltar la presidencia, porque era el turno de la leche. El presidente paulista. Pues no pasó turno. El café va a seguir presidiendo Brasil. Esto provocó una revolución encabezada por un general llamado Getulio Vargas, que se hizo con el poder y pues mira, ya se acabó el sistema de café con leche. Se acabó la Constitución y se acabaron los parlamentos federales y se acabaron los ministerios y se acabaron todo. Aquí mando yo, que soy el que sabe lo que necesita este país y nadie más. Instaló una dictadura muy paternalista. Se metió a los trabajadores en el bolsillo. Siempre empezaba sus discursos. Trabajadores de Brasil, como el otro decía. Españoles, pues están trabajadores de Brasil. Y nada, Vargas suprimió derechos y libertades, todos. Se instauró censura de prensa, todo tremendo. Y ahí fue cuando se sublevó el estado de Sao Paulo en 1932, reclamando el retorno de la democracia y de la Constitución.
Nieves Concostrina
¿Pero reclamaban la vuelta al sistema del café con leche u otra cosa ya?
Carlos del Castillo
No exactamente, porque para entonces ya se había ido formando una clase media en los últimos años. Y estas clases también se preocuparon de la deriva fascista que estaba tomando Brasil, porque estaban informados de lo que ocurría en Italia y Alemania, estaban viendo lo que pasaba por allí. Tampoco querían que un régime ultraderechista como el de Getulio Vargas animara a los de la extrema izquierda, porque también veían lo que pasaba en la Unión Soviética. Y para evitar a la extrema izquierda y a la ultraderecha, lo mejor era el retorno de la democracia, del Brasil federal y de que una Constitución garantizara los derechos y libertades de los brasileños. Al margen de que gobernara Pepe o de que gobernara Manolo en Sao Paulo. Creyeron que el resto de Brasil les iba a seguir, los iba a apoyar, pero se quedaron solos. La sublevación la verdad es que duró tres meses y el dictador Getulio Vargas se impuso. Pero después de esto, mira, oye, que por mí que no quede. Voy a convocar elecciones a mi medida. Voy a poner una Constitución a mi medida, no vayan a decir que no soy demócrata. Pero oye, nada, cuando en unas segundas elecciones se olió que perdía, dijo chorradas, a la mierda otra vez la Constitución y la democracia, y a la porra la República. Fundó lo que llamó el Estado Novo. Se inspiró en Mussolini, claro, Y la ultraderecha se acostumbró a mandar. Digo yo, no lo sé, que a lo mejor de aquellos polvos quizás siguen aquí los lodos.
Nieves Concostrina
Pues nada, 10 años después, un beso muy grande.
Carlos del Castillo
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Host: Nieves Concostrina (with Carlos del Castillo)
Date: January 10, 2023
Podcast: SER Podcast
This episode, released days after the storming of Brazil’s democratic institutions by Bolsonaro supporters, delves into the tumultuous history of Brazilian democracy. Nieves Concostrina, with her characteristically witty and incisive storytelling, draws compelling parallels between the recent assault on Brazil’s institutions and a lesser-known episode from 1932, when Paulistas rose up in defense of democracy. The focus is on the lessons history provides, the dangers of populism and authoritarianism, and the enduring fragility of democratic systems in Brazil.
On history repeating itself, but in reverse:
“Se han dado muchos paralelismos entre lo ocurrido en 1932 y lo del domingo pasado, pero exactamente al revés.”
— Carlos del Castillo [07:53]
On Brasília’s architecture enabling chaos:
“Con lo buena que era la accesibilidad a los edificios, lo bien planificado que estaba…”
— Nieves Concostrina [07:33]
On the “Café con Leche” bipartisanship:
“Ahí no había ideología, no había principios políticos, no había programas electorales, no había nada.”
— Carlos del Castillo [10:44]
On Vargas and the frailty of democracy:
“Vargas suprimió derechos y libertades, todos. Se instauró censura de prensa, todo tremendo.”
— Carlos del Castillo [11:30]
On lessons (not) learned:
“A lo mejor de aquellos polvos quizás siguen aquí los lodos.”
— Carlos del Castillo [13:42]
With humor, erudition, and her trademark directness, Nieves Concostrina uses Brazilian history to illuminate the dangers facing democracy today. Episodes like the 1932 Paulista revolt show that the struggle for constitutional democracy in Brazil is longstanding and riddled with reversals. The episode is a timely reminder that power structures rooted in privilege and exclusion are never far from resurfacing, especially when democracy appears fragile.
Listeners unfamiliar with Brazilian politics will come away with a grasp of just how cyclical and volatile its history has been—and why knowing the past is essential to protect the future.