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A
Ser podcast. Estás escuchando Acontece, que no es poco. Y yo soy Nieves con Costrina, la que te lo cuenta. Un podcast de historia para conocer, para entretenerse, para criticar, para cotillear y para lo que se tercie. Que disfrutes del episodio.
B
Hola Nieves, buenas tardes.
A
Buenas tardes, Carlos. ¿Cómo estás? Muy bien.
B
Hablo alto por si no me oyes, como sé que estás lejos. Oye, dice, no te rías, estoy lejos pero estoy cerca. Ya lo sé. ¿Dice el refrán que siempre es mejor un mal acuerdo que un buen pleito? Yo creo que sí. Y creo que en este caso, como en tantos otros, la sabiduría popular acierta. Pero claro, acierta en términos generales, porque a partir de aquí deberíamos definir qué se entiende exactamente por un mal acuerdo. Y el que vamos a desmenuzar hoy, creo que según como se mire, podría entrar en la categoría no de malos, no de pésimos directamente, por las consecuencias que acarreó.
A
Así es, así es. No podemos llegar a decir tanto como que fuera peor el remedio que la enfermedad, pero sí parece que el fin de la Gran Guerra ayudó lo suyo a que se liara la segunda. Eso ya parece más que demostrado. Y también es cierto que es muy fácil ver lo que estuvo mejor o peor hecho a toro pasado, claro. Esto siempre es muy fácil. El 28 de junio de 1919 se firmó en la Galería de los Espejos del Palacio de Versalles el famoso tratado, los acuerdos de paz, que pusieron definitivamente el punto final a la Gran Guerra y donde Alemania firmaba su rendición y diciendo a todo que sí, sí a todo que eran los únicos culpables de todo.
B
Días después de que la flota alemana se hundiera en Scapa Flow, como contamos el otro día, por cierto.
A
Exactamente, exactamente. Bueno, era tal el cabreo que. Que todo el mundo tenía con los alemanes por la que habían liado, que todas las naciones, eso es cierto, estuvieron dispuestas a agarrar a Alemania por el pescuezo y a no soltar. Estaban muy cabreados. Seguramente fue un error, porque aquel tratado de paz acabó con la paz. En realidad no fue un tratado de paz, como dijo alguien después, solo fue un alto el fuego que duró 20 años. La soberbia de los propios alemanes, lo primero indiscutiblemente, y la dureza de las condiciones convirtieron a Alemania en un estado arruinado, humillado, rabioso, manipulable, que esto fue lo peor. Y políticamente, claro, inestable. Era el lugar perfecto para que apareciera un tarado ultraderechista borracho de nacionalismo y animando a la venganza.
B
Estaba pensando, Nieves, algunos de los adjetivos con los que definías Alemania de aquel entonces, eso de un país o un Estado arruinado, humillado, políticamente inestable. Estaba pensando en la Rusia de hoy, en la Rusia de Putin y el liderazgo este. En fin, que parece tambalearse. Pero bueno, eso lo aparco y sólo lo comento que me ha rondado por la cabeza. Para la firma del Tratado de Versalles, que es en lo que estamos hoy, se eligió justo el 28 de junio, que cuenta se cumplían cinco años del atentado que en teoría marcó el comienzo de la Primera Guerra Mundial, de la Gran Guerra.
A
Es que nos gustan los simbolismos.
B
Es verdad.
A
El 28 de junio de 1914 los serbios mataron en Sarajevo, en Bosnia y Herzegovina, al heredero del Imperio austrohúngaro y a su mujer. Y en realidad no pasó casi nada. Que esta es otra, que es cierto que fue un atentado tremendo, pero los enterraron y ya está. Es que no pasó de ahí. Al principio, el Káiser alemán siguió de vacaciones por el Mar del Norte. Su jefe de Estado Mayor estaba panza arriba en el balneario de Baden Baden. El presidente francés Raymond Poincaré, navegando por el Báltico, tan tranquilo. El rey Jorge V de Inglaterra, también veraneando.
B
Vivir como rey, a cuerpo de rey.
A
Aquí estaban los mandamases, estaban todos de vacaciones. Aquí a nadie se le movía una pestaña y todos se tomaron el atentado. Vaya faena. Hay que ver la que tiene liada siempre esta gente por los Balcanes. Pero 20 días después del atentado, el único que seguía y con las tripas revueltas era el emperador austrohúngaro Francisco José. A los demás se les había olvidado. Él era el preocupado, porque era el directamente afectado por si eso era el principio del desmembramiento de su imperio y por supuesto, por el ataque a su dinastía. Ya había muertos su heredero, al que le suicidaron, a Rodolfo, y necesitaba ahora mismo escarmentar a Serbia porque le habían matado al otro heredero que tenía. Y ahí es cuando se lía. Por su deseo de escarmentar a Serbia, Austria pide ayuda a Alemania, los rusos salen en ayuda de Serbia, Francia apoya a los rusos. Inglaterra contra Alemania y Ya está, Ya tienes liada la pelota. Hay una frase del Káiser, del emperador Guillermo II, recriminando a su colega austriaco que se estuviera poniendo demasiado chulo, aprovechando que el Imperio alemán era su ineludible aliado. Tenía que responder sí o sí. No tenía más remedio. Dicen que le hacéis demasiado ruido arrastrando mi sable. La mosquita muerta del emperador Francisco José, el patilla pinchó al Kaiser. Y si a eso añadimos las ansias expansionistas de Alemania, pues nada, la liaron, pero bien.
B
La liaron tanto que hubo un antes y un después de este Tratado de Versalles. Bueno, de hecho, el mapa del mundo, para quien no lo sepa, sufrió una sacudida tremenda. Y hubo que recolcarlo todo, pero absolutamente todo, Todo, todo.
A
Es tremendo. Al final de la Gran Guerra, a Europa y a Oriente Próximo, como dijo, ya no los conocía ni la madre que los parió. Era imposible. Alemania tuvo que entregar todas sus colonias. Perdieron casi el 14% del territorio, con la décima parte de la población dentro. Esto también provocó un tremendo follón de identidades, porque los que antes habían sido franceses y en los últimos 50 años habían pasado a ser alem, ahora volvían a ser franceses. Otros alemanes pasaron a ser polacos. Otros pasaron a ser daneses. Esto te trae un lío en la cabeza tremendo al ciudadano. Y los imperios, por supuesto, se fueron al el ruso, el alemán, el otomano y el austrohúngaro. Y al irse a la porra, esto fue una cadena, al irse a la porra estos imperios, nacieron otros estados. Ahí nace Estonia, Letonia, Lituania, nace Finlandia, Polonia, Hungría, Austria. Y otros países nacieron de forma tan artificial como ocurrió con Checoslovaquia y Yugoslavia, que ahí se iba a volver a liar tarde o temprano.
B
En un lugar peor que en otro.
A
Sí, sí, claro, claro. Y se lió gorda a finales del siglo XX, eso lo vimos todos en directo en los informativos. Bueno, hay que hablar, que esto ya lo hemos contado en su momento, del desbarajuste que dejaron en Oriente Próximo, que todavía dura madre. Claro. Al desaparecer el Imperio Otomano, hubo que poner fronteras a Jordania, a Siria, al Líbano, a Irak, a Turquía, a Palestina. Sin olvidar que en plena Gran Guerra, los señores británicos, sin ningún derecho, les dieron permiso a los judíos para que empezaran a ocupar Palestina. Venga, hala. Como si ellos fueran los dueños de algo. Francia y Reino Unido engañaron a los árabes para que los ayudaran contra los turcos en la Gran Guerra. Pero a escondida se repartieron el control del territorio para mangonearlo. Aunque claro, esto contamos que agarró un cabreo. Hasta el propio Lawrence de Arabia les habían prometido que les dejarían formar su propio reino árabe. Pero no, franceses y británicos mintieron. Y encima les encajaron a los judíos de aquellos polvos, pues los actuales lodos.
B
En esto, como en casi todo, hay que seguir la pista del dinero. ¿Así que además de la pérdida de colonias y de territorio, Nieves, en cuánto se fijó la indemnización económica?
A
Se fijó en 269 mil millones de marcos de oro. Que muchísimo es una salvajada, pero da igual, porque se quedó en nada, muy poco. Después se redujo a la mitad. Y luego se les fueron perdonando deuda. Porque claro, si el crack del 29 estaba todo el mundo boca abajo, que si la crisis económica mundial, porque si el país estaba arruinado, porque pobrecitos que no pueden pagar. Luego vino Hitler y suspendió lo poco que ya tenían que pagar. Suspendió todos los pagos, por supuesto. Y cuando Alemania volvió a perder la Segunda Guerra Mundial y se le impuso el pago de indemnizaciones, al final casi todas les fueron perdonadas por estrategias políticas y por relaciones internacionales. Que si ahora la OTAN, que si ahora los alemanes nos interesan como colegas contra los soviéticos. Si nos ponemos a resumir cuentas, Alemania no ha pagado en 100 años, según unos historiadores, ni siquiera un 10% de las indemnizaciones fijadas. Según otros, ni siquiera el 2%. Ni siquiera eso. En 2010 pagaron 70 millones de euros, según ellos, los alemanes, el último plazo de los intereses de las indemnizaciones de la Gran Guerra. Los intereses. Angela Merkel es que lo vendió muy bien porque era muy lista, pero evitando, por supuesto, señora, Angela Merkel evitó recordar que se les había perdonado el noventa y tantos por ciento de todas sus deudas. Y como además son los reyes de la propaganda para acaparar todos los titulares mundiales, organizaron un bonito paripé que salió en todas partes el 3 de octubre de 2010, haciendo coincidir la supuesta liquidación de la deuda con la celebración del vigésimo aniversario de la reunificación alemana. Ya sabes tú que a los periodistas nos organizas un acto bonito, nos das unos canapés, nos das hecho el report y nos tienen ya entregados. ¿Para qué vas a repreguntar eso? Oigan, ¿Exactamente cuánto han pagado después de haber liado dos guerras mundiales con unos 90 millones de muertos en total? Porque claro, eso sería dejar que la realidad te fastidiara un buen titular.
B
Y estoy viendo, por otra parte, que lo del simbolismo que comentaba, sí que es verdad que tiene legión de seguidores. En Versalles hicieron coincidir en el mismo día el principio y el fin de la guerra, y en Alemania la reunificación y el fin de la deuda. El supuesto fin de la deuda.
A
El supuesto. Ahí lo tienes. Ahí lo tienes. Pues es un envoltorio muy simbólico. Y también fue simbólico, pero a mala leche, el que se firmara el Tratado de Versalles en la Galería de los Espejos del palacio de allí de Versalles, porque en esa misma galería dieron por inaugurado los alemanes el Reich, el Imperio alemán. Que claro, dice uno, ¿Y por qué hacen los alemanes inaugurando su imperio en Versalles? Tuvieron los santos perendengues de coronar allí en Versalles a Guillermo I, al primer Kaiser, después de ganar la guerra franco prusiana de 1871. Así que para la firma de.
B
No paramos de guerras.
A
Claro, claro. Además, esta guerra, no me puedo entretener, pero es que esta guerra tuvimos nosotros mucho que ver, porque fue cuando nos quisieron colar aquí a un rey alemán en vez de al Saboya. Pero esto tiene su historia. Pero bueno, para la firma del tratado, les dijeron a los pues ahora bonito, vais a venir aquí también a la Galería de los Espejos, a firmar la liquidación del Imperio alemán en el mismo sitio que lo inaugurasteis. No pudieron obligar al entonces Kaiser Guillermo II, el nieto del que se coronó en Versalles, a que fuera a firmar él mismo el tratado, porque ya no estaba. Fue obligado a abdicar meses antes como condición para firmar el armisticio en noviembre de 1918. En aquel momento, cuando se firmó el tratado, bueno, sobre todo cuando no, antes del tratado, cuando firmó la abdicación el Kaiser, murió el Imperio alemán. Y ahí nació la República de Weimar, como tiene que ser. Mandas a la porra el reino o el imperio y dar la bienvenida a la República. No como aquí, que se obliga a abdicar a un rey corrupto y ponen a otro en su lugar. A otro rey, quiero decir. A otro rey.
B
A otro rey. Volvamos a Versalles. A ver quién firmó el Tratado de Versalles por parte de Alemania. Con todo esto que has contado.
A
Al menos para ponerle cara, aunque sea en la ficción. Pero quien haya visto la peli Sin novedad en el frente. El mismo que firma el armisticio en el vagón de tren, el de gafitas, es el actor Daniel Brühl. Exactamente. El que después de firmar le da la mano al francés y el francés la rechaza. Se llamaba en la realidad Matías Ezberger. Perdón por ni alemán. Fue un político. Este hombre era un político moderado, partidario de acabar con la guerra cuanto antes. Ya no tenía sentido. El diplomático encargado de negociar el armisticio y negociar el Tratado de Versalles. Aunque en Versalles no hubo nada, no hubo negociación ahí. Era eso o nada. Tuvo que aceptar todo porque no firmar significaba la reanudación de la guerra y la invasión de Alemania. Todos a una. Es que Alemania desaparecía. No podía hacer otra cosa. Pero por firmar el tratado lo asesinaron dos años después un grupo de militares y políticos de derechas. Los militares y los políticos imperialistas la habían cagado en el campo de batalla y por sus ansias conquistadoras. Pero luego culparon a políticos y civiles de izquierdas de haber perdido la guerra, de haber traicionado al país, de haber dado una puñalada por la espalda a Alemania por haberse rendido, de haber firmado el tratado y de haber aceptado el fin del imperio y la llegada de la República. Y claro, a base de repetir y repetir esta mentira y de repetir esta mentira, la metieron entre ceja y ceja de los alemanes que se comieron el bulo. Y al final, los que liaron la Gran Guerra culparon de todo a los que la habían frenado.
B
Hay ocasiones en la vida en que no toca otra que decir a todo que sí. ¿Que le vamos a hacer? Tienen razón los cigarros. Bueno, Nieves, un beso muy grande.
A
Gracias.
B
Hasta.
A
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Host: Nieves Concostrina
Date: June 28, 2023
Podcast: Acontece que no es poco (SER Podcast)
En este episodio, Nieves Concostrina analiza el impacto del Tratado de Versalles, firmado el 28 de junio de 1919, que puso formalmente fin a la Primera Guerra Mundial. Con su característico tono irónico y didáctico, repasa el contexto, las consecuencias del tratado, y cómo sentó las bases para futuras tragedias (especialmente la Segunda Guerra Mundial). El programa repasa la cadena de acontecimientos desde el asesinato en Sarajevo hasta el final de la Gran Guerra y el rediseño geopolítico de Europa y Oriente Próximo, pasando por aspectos simbólicos, financieros y su eco en la política contemporánea.
| Timestamp | Segmento/Contenido | |------------|---------------------------------------------------------------------| | 00:24 | Introducción al tema y “mal acuerdo” de Versalles | | 01:02 | Consecuencias del tratado y nacimiento de la Segunda Guerra Mundial | | 03:39 | Simbolismo de la fecha, recuerdo de Sarajevo | | 04:16 | Desencadenamiento de la guerra por alianzas | | 05:54 | Rediseño geopolítico postguerra, cambio de mapas | | 06:58 | Oriente Próximo, promesas británicas, reparto colonial | | 08:46 | Indemnizaciones de guerra, cifras y realidad de pago | | 10:18 | Simbolismos (deuda y reunificación alemana) | | 11:36 | Firma del tratado en Versalles como revancha simbólica | | 12:47 | Erzberger y la narrativa de la traición interna en Alemania | | 13:35 | Impacto de la manipulación y el auge del nazismo |
Nieves Concostrina desentraña cómo el Tratado de Versalles, lejos de consolidar la paz, sembró el caldo de cultivo para nuevas guerras y conflictos, dejando cicatrices en la identidad de Europa y Oriente Próximo. Destaca el peso de los simbolismos históricos y las paradojas del castigo y el perdón a Alemania, así como la importancia de cómo se narran y manipulan los hechos para el consumo popular y político. Con un estilo ágil y crítico, el episodio revela cómo los asuntos de hace un siglo todavía resuenan en el presente.
Nota: La transcripción se ha resumido para reflejar únicamente los segmentos de contenido histórico relevante, quedando fuera la introducción, el cierre y se han omitido anuncios y saludos formales no pertinentes al análisis.