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A
En la ventana. Acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina, Cadena SER.
B
Hola Nieves, buenas tardes.
A
Buenas tardes, Carlas. ¿Qué tal?
B
Venga. Hoy abrimos semana desde Acontece que no es poco, con un plato que nunca es de buen gusto la ejecución de alguien. Lo que pasa que en esta historia que nos lleva al 19 de febrero, tal día como hoy de 1619, ahí hay mucha tela que cortar, incluida la marea de corrupción que por aquel entonces afectaba a la corte de Felipe III. Bueno, a la corte y aledaños.
A
Sí, claro, sobre todo los que más aprovechaban eran los aledaños. En el Madrid del siglo XVII no era frecuente que la plebe se pudiera dar el gusto de ver ajusticiar a un ministro, ¿No? Lo normal era acudir a las ejecuciones de bandoleros, asesinos, regicidas. Pero ver la detención, encarcelamiento y ejecución de un político de muchísima altura, eso había que seguirlo de cerca. Es como cuando todos vimos aquella festiva detención de Rodrigo Rato, el que había sido vicepresidente del gobierno de Aznar, ministro de Economía, portavoz del Partido Popular en el Congreso, mangoneador mayor de Bankia. Pues claro, verle detenido y luego entrando en prisión por fraude, blanqueo, alzamiento de bienes. A los más simples los reconozco que somos los más simples. Parece que nos hace sentir bien, pero en realidad son caramelitos que nos echan de vez en cuando para hacernos creer que la justicia es igual para todos. ¿Qué tal, Juan Carlos? Y eso mismo pasó con el tocayo de Rodrigo Rato, con Rodrigo Calderón, que también era un corrupto sin escrúpulos y mano derecha del corrupto mayor del reino que era el duque de Lerma.
B
De este has hablado más de una vez.
A
Claro, claro. Pero es que este a su vez era la mano derecha del mayor tolay del reino que era el rey Felipe III. Rodrigo Calderón fue detenido el 19 de febrero de 1619 casi por lo mismo que Rodrigo Rato. Tráfico de influencias, alzamiento y sinvergonzadas varias, además de algún que otro asesino. Casi tres años después fue ejecutado. Esto era muy largo. ¿Y sabes por qué ejecutaron a la mano derecha de Lerma? Pues porque no pudieron ejecutar a Lerma.
C
Y por eso digo yo. Que mala suerte la mía. Qué mala suerte la mía. Qué mala suerte la mía. Qué mala suerte la mía. Qué mala suerte la mía.
B
Estaba pensando si la letra de esta canción tendría alguna conexión con la historia que contamos hoy, la del pobre o no tan pobre Rodrigo. En cualquier caso, recordemos que hemos contado alguna otra vez ya que el duque de Lerma se libró de todos los cargos, que tenía un montón pendientes, porque se metió a cardenal, que estuvo muy listo.
A
Acuérdate eso que se dice. Tiene muchas versiones la frase. Pero para no morir ahorcado, el mayor ladrón de España se viste de colorado. Se metió a cardenal y se libró. Fue después de la famosa especulación urbanística del cambio de corte de Madrid a.
B
Valladolid y luego otra vez a Madrid, Claro.
A
Todo gracias a que el rey cuando no estaba jugando a los dados, estaba de caza y cuando no, estaba rezando el rosario. Pero desentendido de todos los asuntos de Estado, porque de eso ya se ocupaba el duque de Lerma, que hizo de España su negocio. Pero el duque de Lerma también necesitaba que le quitaran marrones de encima. Y uno de esos empleados complacientes dispuesto a liberar a su jefe de lo más molesto con tal de crecer a su sombra y hacerse, claro, conseguir pasta y hacerse tan poderoso como él. Ese fue Rodrigo Calderón. Por eso decían que era el valido del valido. Tenía 22 años cuando entró al servicio del duque de Lerma. Era un joven de Valladolid muy ambicioso, mucho pisaba al que hubiera que pisar. Era un insolente porque se sabía poderoso. Pero acabó pasándose de frenada y lo que hizo fue crearse demasiados enemigos. Y su principal enemiga, que además fue enemiga al igual que era enemiga del duque de Lerma, porque los dos, en realidad, los dos eran un pack corrupto. La enemiga fue la reina Margarita, la esposa del Tolay de Felipe III, que sabía perfectamente el choriceo que me llevaban esos dos. ¿Yo a veces que me la he imaginado diciéndole a su marido Pero Felipe, tú eres tonto? ¿Qué te pasa? Que estos dos te están tangando. Se están haciendo de oro a tu costa.
B
Por lo que cuentas parecía más lista ya que el rey. ¿Pero el rey hizo caso alguna vez de lo que le advertía su mujer o no?
A
No. También te digo que cualquiera era más listo que el rey. Era el Froilán de la época. Falso 17. Y no hizo mucho caso, pero acabó demostrándose que la reina tenía razón y de hecho acabó abriéndose una investigación. Lo que pasa es que Felipe III protegía a su valido, el duque de Lerma, que a su vez protegía a su valido Rodrigo Calderón. Entre los tres se estuvieron apañando un tiempo. Cuando la reina Margarita murió tras un parto, los enemigos acusaron a Rodrigo Calderón de haber usado brujería contra ella. ¿No era verdad? Sí, pero era muy fácil en aquellos diciendo que se usaban estas malas artes. Bueno, no era cierto, pero los protectores de Rodrigo Calderón lo mandaron a Flandes, lerma y Felipe III para quitarlo de en medio hasta que se calmaran las aguas. Y cuando las cosas se calmaron un poquito, regresó. Pero todo se estaba poniendo de culo por la corrupción detectada en el gobierno y acabó siendo encarcelado.
B
Pero este Rodrigo Calderón no se pudo meter a cura como el otro, como el duque de Lerma.
A
El de Lerma es que supo maniobrar con antelación. Cuando se empezó a oler que las cosas podían ponerse de culo, enseguida se puso en marcha con Roma para conseguir la púrpura. Rodrigo Calderón, cuando se quiso dar cuenta, ya lo estaban deteniendo en su casa de Valladolid. Confiaba él en que le acabarían salvando el rey y el cardenal, porque ya era cardenal el Lerma, aunque sólo fuera por los servicios prestados. Pero nada, no sólo le animaban con aquello de Rodrigo, sé fuerte. Venga, Rodrigo, ánimo. Le cayeron acusaciones por un tubo. Cuatro muertes, 244 abusos de poder, el envenenamiento de la reina. Que no, que no es cierto. No murió envenenado, nada. La reina murió porque era su octavo parto y no superó el posparto. Fue por eso. Otra acusación contra Rodrigo Calderón era la de haber utilizado hechizos para engatusar al rey y contar con su simpatía. Rodrigo Calderón sólo aceptó una de las muertes que le endosaron. Porque es cierto, Porque ordenó cargarse a un tipo que se llamaba Francisco de Juara, que estaba haciendo de alcahuete para que otro tipo se pudiera arrimar a la esposa de Rodrigo Calderón. Sí, sí, confesó. Rodrigo Calderón confesó que ordenó su muerte. Pero un asesinato en estas circunstancias no era para tanto. En aquel siglo XVII, que estaban cada dos por tres cruzando espadas, se mataban por encima de sus posibilidades. Pero salvo esto, lo negó todo, aunque era un corrupto redomado. Dos veces lo torturaron con potro sin llegar a descuajaringarlo y con agua te metían una saga en la boca. Esto era una tortura también. Una gasa en la boca y te obligaban a tragar agua a lo bestia.
B
Y la casa se empapaba de agua.
A
Y no podía cerrar la boca. Era una tortura como para ahogarte. Casi tres años estuvo detenido. Y los otros seguían. Rodrigo, sé fuerte.
B
¿Y por qué tanto tiempo detenido? Quiero decir. ¿Antes también se alargaban tanto los procesos judiciales?
A
No tanto. No solían ser tan largos. Los espabilaban rápido. Pero aquí se alargó mucho la investigación. Se remoloneó mucho. No se podía hacer nada mientras estuviera vivo el rey. Cuentan que cuando Rodrigo Calderón oyó las campanas desde su encierro, cuando oyó las campanas que anunciaron la muerte de Felipe III, su frase El rey ha muerto, yo soy muerto.
B
Y no le faltaba razón, claro, porque.
A
Sabía que sus protectores. Nada protector, se acababa. Y efectivamente, porque el sucesor, Felipe IV, que era el hijo, tenía entre sus prioridades cargarse a Calderón como representante de la etapa de corrupción del duque de Lerma. Era como pasamos página. Mi padre, el rey, era el tonto y Lerma el chorizo. Pero ahora vengo yo, que soy el guay. Con el conde duque de Olivares, que es el honesto. No te digo nada, el conde duque de Olivares, que vaya par estos dos. Pero sabemos que volvió a ocurrir lo mismo que viene ocurriendo desde hace siglos y hasta hoy. Defenestrar al rey corrupto y hacer creer que el nuevo es el guay. Y así sucesivamente. Felipe IV, el mismo día, pero el mismísimo día que murió su padre, el mismo día que se convirtió en rey, pidió que le entregaran el proceso de Rodrigo Calderón. Convocó al tribunal que llevaba la causa y ordenó que abreviasen con justicia.
C
I make a date for golf and you can bet your life it rains I try to give a party but the guy upstairs complains I guess I'll go through life just catching codes and missing trains. Everything happens to me.
B
He tomado unos segundos para decodificar el mensaje. Pero eso que has dicho, eso que dijo Felipe IV, que abreviasen con justicia, significaba directamente que lo mataran cuanto antes.
A
Vamos, aligerad echando milks. Venga. En octubre de 1621, Rodrigo Calderón entró a la Plaza Mayor de Madrid, aguantando el tipo como podía, encima de una mula enlutada que lo llevaba directamente al cadalso y con un pregonero delante que iba esta es la sentencia y la justicia que manda hacer el rey nuestro Señor a este hombre porque mató a otro alevosa y asesinamente, por lo cual le manda degollar quien tal hizo, que tal pague.
B
Asesinamente.
A
Asesinamente. Es decir, pregonaban que lo iban a ejecutar por haber confesado que ordenó la muerte del alcahuete este, pero todo el mundo sabía que no era por eso, porque un noble que mataba a un plebeyo en defensa del honor de una dama, nada menos que una marquesa, porque es que Rodrigo Calderón era el marqués de Siete Iglesias y su mujer, por tanto, era marquesa. Bueno, pues ya se sabía que por eso no te ejecutaban, mucho menos a un alto cargo del gobierno. Esa era una acusación muy chorra. Lo ejecutaban porque representaba la corrupción de todo el reinado anterior. Y aunque era un sinvergüenza, ahí fue el momento en el que pasó de villano a héroe, por la dignidad, la entereza y el orgullo con el que llegó al lugar de la ejecución. Desde Góngor hasta Quevedo le dedicaron sonetos. De entonces viene esa frase que tiene más orgullo que don Rodrigo en la horca.
B
¿Pero cómo orgullo en la horca? Nos decía el pregonero que lo iban a degollar.
A
Sí, sí, lo degollaron. Es que lo de la horca era una forma de hablar cuando te llevaban al patíbulo. Pero en la Plaza Mayor se ejecutaba cuchillo a horca y a garrote. Tenía una amplia variedad. El verdugo le cortó el cuello a Rodrigo Calderón, acuñado en la zona de la Plaza Mayor donde ejecutaban a los nobles, que también tenían sus zonas frente a la Casa de la Panadería.
B
No le decapitaron, le degollaron.
A
No, no degollaron. Te cortaba la yugular y ahí te desangrabas. A la plebe la ejecutaban enfrente, junto a la Casa de la carnicería.
B
¿También degollados o no?
A
No, estos eran agarrote o con or, pero con los nobles es que lo ponían todo perdido. Hubo otro poeta qué necesidad de manchar. Si las ejecuciones las pensaban las mujeres, no manchaban tanto. Hubo otro poeta que también dedicó su pluma a Rodrigo Calderón, se llamaba Juan de Tasis, conde de Villamediana, y este escribió sobre Calderón Viviendo pareció digno de muerte, muriendo pareció digno de vida. Y por cierto, este poeta, ya digo, famosísimo en su momento, es un caso para Patricia Peiró y Rojo Oscuro Casinero, porque fue asesinado un año después del momento en el que estamos hablando. Y aún no se sabe quién mató al conde de Villamediana. No se sabe, pero se cree que fue porque picaba muy alto. Decían Picar, picar muy alto, cerdo picar. Sí, sí. Otra frase hecha que viene de entonces y que vamos a contar no tardando mucho, ya mismo. Estos son miguitos.
B
Mañana, mañana. ¿Para qué vamos a esperar más mañana?
A
Pues venga, para mañana.
B
Ya ves, te tomó la palabra. Mañana seguimos con esto.
A
Pues vamos a seguir poniendo todo perdido de sangre.
B
Mañana, más sangre. Hasta mañana, Nieves.
A
Hasta mañana. Gracias, Carla.
Host: Nieves Concostrina, with Carlas (SER Podcast)
Date: February 19, 2024
Duration: ~14 minutes (main content)
In this episode of "Acontece que no es poco", Nieves Concostrina and Carlas take listeners on a compelling journey through one of Spain’s most notorious historical corruption scandals: the arrest, torture, and execution of Rodrigo Calderón, a close aide of the infamous Duke of Lerma during the reign of King Felipe III. Concostrina, with her trademark humor and sharp historical insight, draws juicy parallels between 17th-century political rot and modern-day scandals, while detailing the social context, trial, and legendary execution of Calderón.
The story opens with an analogy between the public's fascination with the arrest of high-profile corrupt politicians — like Rodrigo Rato — and the similar sentiment in 1619 Madrid following Calderón's fall. (00:47)
Calderón, chief henchman and right hand to the Duke of Lerma (the major power behind an inattentive King), rose rapidly through ruthless ambition but ultimately became the designated scapegoat for a deeply corrupt system.
Felipe III: Ridiculed for his passivity and ignorance, ruled in name but left all business to Lerma.
Duke of Lerma: The actual power in court, escaped punishment through timely appointment as cardinal.
Rodrigo Calderón: Lerma’s right hand, described as "el valido del valido" (the favorite of the favorite), entered the inner circle at 22 and swiftly made enemies, including Queen Margarita.
On Justice and Public Spectacle (01:24):
“...son caramelitos que nos echan de vez en cuando para hacernos creer que la justicia es igual para todos.” – Nieves Concostrina
On the System (03:11):
"Para no morir ahorcado, el mayor ladrón de España se viste de colorado." – Nieves Concostrina
On Queen Margarita (04:43):
"¿Yo a veces que me la he imaginado diciéndole a su marido 'pero Felipe, tú eres tonto? ¿Qué te pasa? Que estos dos te están tangando.'"
Calderón’s Resignation (08:14):
"El rey ha muerto, yo soy muerto."
On Execution as a Symbol (10:36):
"Lo ejecutaban porque representaba la corrupción de todo el reinado anterior. Y aunque era un sinvergüenza, ahí fue el momento en el que pasó de villano a héroe..."
Literary Verdict (12:45):
"Viviendo pareció digno de muerte, muriendo pareció digno de vida." — Juan de Tasis, Conde de Villamediana
Summary Utility:
This episode masterfully blends historical facts, social observation, and biting humor to examine how high-profile corruption is punished—or not—across the centuries. The case of Rodrigo Calderón becomes a lens through which to understand political scapegoating, the slow grind of justice, and the construction of historical memory. Both educational and entertaining, this summary should serve those seeking both context on early 17th-century Spanish politics and an engaging, critical perspective linking past and present.