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A
Ser podcast.
B
Hola Nieves, buenas tardes.
A
Buenas tardes, Carlos, ¿Cómo estás? Muy bien.
B
Estamos enredados buscando a Aymar. Yo creo que aparecerá. Yo creo que aparecerá. Hoy en nuestro paseo diario por la historia, vamos a asomarnos a un país fascinante, bueno, por lo menos que siempre genera mucho interés, mucha curiosidad, seguramente por lo distinto que es de nosotros en casi todo. Hoy hablamos de Japón y de una página de su historia que yo creo que marcó definitivamente un antes y un después.
A
Totalmente. Vamos, totalmente. Y además yo creo que siempre nos quedamos en esta parte del mundo y hay que hablar porque hablamos poco.
B
Hablamos poco, es verdad.
A
Será porque estamos lejos.
B
Está lejos.
A
Hace un año dedicamos un acontece al último samurái, a Saigo Takamori, que no soportó ver la modernización meteórica que estaba emprendiendo Japón y cuando vio que no podía frenarla a golpe de katana, se puso un poquito intenso, como son ellos, y usó la katana contra sí mismo. Harakiri. Se acabó. Hoy vamos a cómo fue ese viraje tan brutal que solo lo dejamos apuntado entonces, y que dicen que es un ejemplo único en el mundo de cambio político y social. Quienes ponían todos los inconvenientes al cambio eran por supuesto, los militares. Sorpresa. Y su mandamás, el Shogun era el comandante en jefe, el que controlaba la sociedad feudal, porque el emperador era divino, pero era un jarrón chino, aunque fuera.
B
Japonés, pero no pintaba mucho, no nada.
A
No pinchaba, ni cortaba ni nada. Hasta que el 9 de noviembre de 1867 dimitió el último shogun, el último que estaba molestando, por decirlo de otra manera, es un tipo que se llamaba Tokugawa. Bueno, me suena. Kokugawa.
B
Tokugawa.
A
Tokugawa. Bueno, pues el señor Tokugawa dimitió y eso dio vía libre al emperador para tomar las riendas del gobierno y empezar a pinchar y a cortar. Voy a mandar yo un poquito. La transformación fue tan rápida y tan asombrosa que quien sabe de eso. Asegura que el Japón actual no se entiende sin conocer este. Este cambio y que no ha habido otro igual en el mundo. A mí el cambio que hizo Turquía me lo recuerda un poquito, porque también fue absolutamente drástico. Solo que Turquía ha retrocedido y Japón no ha parado de avanzar desde entonces. Cierto que se adaptaron a lo mejor de occidente, pero también se apuntaron a lo peor.
B
Oye, que no se me escape. Ya que has mencionado Turquía, que hace nada han celebrado el centenario de la creación de la república.
A
Sí, será un tema muy interesante. No lo hablamos de ello porque es que ya lo contamos hace un año y era una cuestión de repetirse. Pero el domingo 29 de octubre se cumplieron 100 años. Tuvieron un fiestón con drones y fuegos artificiales, suspendieron algunas cosas por la invasión de Israel en Palestina, cosa que no gustó a todo el mundo, porque una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Y se supone que es un país laico. Turquía era un califato con un sultán al mando y pasó de la noche a la mañana a ser una república con un presidente al frente que organizó un estado laico europeo, moderno. Dijo fuera el calendario islámico, fuera la poligamia, había que vestir a la occidental, se adoptó enseguida el alfabeto latino, surgieron, crearon los partidos políticos, dio el voto a las mujeres, que esto en 1923 fue alucinante, cambió el nombre de Constantinopla por Estambul. Y todo esto lo hizo el famoso Mustafa Kemal Atatur. Efectivamente, como escribió un periodista en su necrológica cuando murió, Atatur hizo de un país medieval una gran nación europea. Y ahí está el actual presidente Erdogan, que quiere ser como Atatur. Pero vamos, llega al dobladillo del pantalón ciento y pico años antes de que en aquel 1923 Turquía se diera la vuelta ahí como un calcetín. Lo hizo Japón de la mano del emperador Meiji. Meiji significa el gobierno luminoso, gobierno de la luz. El cambio que emprendió Japón, por eso se conoce como la era Meiji.
B
Oye, y ese cambio lo abordan motu proprio porque entienden que el mundo ya es otro o se vieron obligados por.
A
Lo que fuera, pues a ver a la fuerza Orkan. Pasó que Occidente apretó las tuercas por interés económico. Ellos vivían plácidamente en su atraso, digámoslo así, pero los occidentales querían comerciar y exigían que Japón se abriera al comercio, porque el único contacto que tenía Japón con el exterior eran unos poquitos negociantes holandeses a los que permitían pasar por allí. Y durante un tiempo dejaron pasar a los curas portugueses y españoles porque estuvieron dando por ahí la turra para convertir japoneses. Pero bueno, acabaron echándolos por plastas. El tal Francisco Javier fue uno de ellos. A mediados del XVIII los yanquis y los europeos querían forzar el comercio. Y como los japoneses no se dejaban, pues ahí empezaron con las amenazas. Y ya llegaron a colocar los barcos delante de Tokio, dijeron vamos a bombardear. Hicieron lo mismo que los británicos con los chinos, que como se negaban a comer, esto lo hemos contado, las guerras del opio. ¿No queréis comerciar? Pues os vamos a tumbar a base de opio. Volvieron adicta a gran parte de la población. Pero es que una vez que ha aceptado ya aquello irremediable y aceptaron el cambio, que no había vuelta de atrás, que las fronteras no podían permanecer cerradas, que tenían que occidentalizarse, el emperador Meiji decidió venga, que cuanto antes y más rápido mejor. Nada de medias tintas.
B
Ahí tienes un cambio, incluso en la música. ¿Y cómo se tomaron un cambio tan brutal los japoneses?
A
Eso fue lo más grande, porque es que la capacidad de adaptación de los japoneses, ya los conocemos un poco, pero fue prodigiosa. Como son tan obedientes, si el divino emperador decía hay que hacer esto, pues ellos iban y lo hacían. Se revolvieron al principio los militares, los señores feudales, pero los vasallos, obedientes como pocos. Lo primero primero que se hizo fue instalar el calendario gregoriano. Porque bueno, el follón que había en Japón para medir el tiempo, eso era de locos. Si querían empezar a relacionarse con el mundo, era un calendario lunar. Sí, pero con cada reinado de un emperador empezaban nuevas cuentas. No existían las semanas. Esto era un follón para los demás, para ellos no. Se contrataron asesores europeos para que les enseñaran a adaptar las leyes, para montar una nueva organización política, para redactar una constitución. Nueva sanidad, nuevo ejército. Al nuevo ejército con uniformes, con gorra, casaca, pantalón.
B
¿Y con el antiguo? ¿Qué pasó con el antiguo ejército? ¿Con los samuráis?
A
Sí, eso fue un drama. Un drama que aceptaron sin rechistar. Todos, menos el último samurái del que hablábamos al principio. Todos tuvieron que entregar sus katanas para ser fundidas. Eso era una cosa tremenda. Se les dio un salario mínimo vital para que se fueran integrando a una nueva vida. Y algunos lo hicieron, se integraron, pero otros acabaron en la indigencia. Cuando se acabó la renta, no supieron adaptarse o no pudieron. El cambio político y todo lo que tuviera que ver con la organización del Estado fue eso, fue como pasar de la noche al día. Pero donde más se notaba ese cambio era en la calle. Enseguida se empezó a ver a gente vestida a la europea. Bueno, enseguida, en un día, para el siguiente. Pero vamos, en muy poquitos años no fueron tan expeditivos como lo de Atatur en la nueva República de Turquía, que prohibió expresamente el uso del fez. Atatur prohibió ese gorro redondito y rojo con flecos negros. Prohibido, prohibido usarlo.
B
Y en Japón no, En Japón no se obligó al cambio de la vestimenta.
A
No se dijo que había que occidentalizarse. El emperador y su esposa se vistieron a la europea y la gente fue siguiendo el rollo. En Tokio se empezaron a haber restaurantes de comida internacional, gente en bicicleta, mujeres y hombres que aún iban con las chanclas de madera y kimono, pero se mezclaban con los hombres con traje y corbatín y señoras que llevaban corsé y encajes y sombrillitas a juego con el gorrito y miriñaques. Se empezaron a usar cubiertos, no se dejaron los palillos, lo que usan, pero entraron los cubierto. Se celebraban bailes a la europea. Llegó el tren, llegó el tranvía. Por supuesto, esto era más evidente en las ciudades grandes, pero incluso en ellas los japoneses adoptaron el estilo y la estética occidental para unos momentos, pero reservaban para otros su estilo de toda la vida. En ello es en lo que insisten los expertos para destacar la enorme capacidad de adaptación que tuvieron los japoneses, que sin aspavientos volvían a su estilo tradicional cuando tocaba o cuando les apetecía.
B
¿Qué problema hay?
A
Exactamente. Sí, pero cuando te protestan es que esta no es nuestra tradición. Bueno, ellos combinaban muy bien los dos estilos. Pasaban de uno a otro sin necesidad de despotricar contra uno o contra otro.
B
Oye, no sé, Nieves, todo lo que has comentado hasta ahora serán los cambios que la parte buena que tomaron de Occidente, pero nos quedaría por conocer lo malo a lo que también se apuntaron.
A
Sí, sí, salieron perdiendo las mujeres y salieron perdiendo los países vecinos. Las mujeres porque, puesto que estamos hablando del último cuarto del siglo XIX, el papel de las mujeres en Occidente era el de buena esposa y abnegada madre. Y claro, también esto afectó a las japonesas, porque las nuevas leyes las supeditaron totalmente al marido, cuando en la época tradicional disfrutaban de algún derecho más. Estas salieron perdiendo y los vecinos salieron perdiendo. Porque si los japoneses son obedientes, cuando se ponen a guerrear son temibles. Con eso del honor que llevan en los genes. Son muy cansinos ellos con el honor. Japón se apuntó al colonialismo. Si en Occidente había imperios, y esos imperios invadían otros sitios para engrandecerse, pues ellos también. Antes de la era Meiji, Japón era solo Japón, y allí ni entraba ni salía nadie. Pero si Japón quería un imperio, había que empezar a invadir. Y empezó también una temible política expansionista. Y como esta gente aprende tan rápido todo, se convirtieron en magníficos y en crueles invasores.
B
El imperio del Sol naciente. Que si pillamos el mapa, vamos como mirar ahora mismo, lo que tenían más cerca era Corea.
A
Esos fueron los primeros. A por ellos. Se fueron. Fíjate que por allí andaban los rusos, por Corea. Y los echaron directamente. Y siguieron, siguieron invadiendo a los chinos. No les hables de los japoneses. Les chino, tremendo, tremendo. Bueno, pues siguieron invadiendo China y Manchuria, y se anexionaron Taiwán. Y siguieron viniéndose muy arriba, expandiéndose por el Pacífico. Y bueno, hace falta recordar lo crecidos que estaban ya en el siglo XX. Fueron a por Hawai, Pearl Harbor, y por supuesto, la que liaron en la Segunda. Te digo que aprenden rápido. La que liaron en la Segunda Guerra Mundial fue también de órdago. Así que sí, el caso de Japón fue un caso único en el mundo de cambio social en tiempo récord, indiscutible. Pero no nos quedemos con lo bonito y con Porque todo esto llevó a una industrialización rapidísima y eso les convirtió en un líder económico mundial. Pero eso también significa que hubo una salvaje explotación de campesinos y obreros, y que quedaron muchísimas víctimas en el.
B
Y todavía oyó el sistema de trabajo y nieves, las horas, las huelgas a.
A
La japonesa, que es trabajar, más devoción.
B
Con la empresa, esos mini pisos en los que viven para poder seguir trabajando al día siguiente.
A
Bueno, no, no han pillado lo peor.
B
Todo tiene dos caras. Está clara. Claro, ¿No? Claro. Bueno, mañana más. No, mañana no. Mañana es viernes. Nos reencontramos el lunes. No, Acontece, que no es poco.
A
Sí, mañana tú más yo, ¿No?
B
Exacto. Pues venga, ala, a descansar.
A
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Host: Nieves Concostrina (with Carlos)
Podcast: Todo Concostrina, SER Podcast
Date: November 9, 2023
This episode centers on a pivotal moment in Japanese history: the resignation of the last shogun, Tokugawa, in 1867. This event triggered the rapid transformation of Japan from an isolated feudal society to an industrialized, modern world power during the Meiji era. Nieves Concostrina and Carlos explore the causes and consequences of this dramatic change, drawing parallels with Turkey’s Ataturk reforms, and discuss both the positive and negative repercussions of Westernization in Japan.
Cheerful, witty, and irreverent, Nieves Concostrina guides the conversation with lots of humor, sharp observations, and a conversational style that makes even dense historical context both engaging and clear.
In summary:
The episode vividly recounts how Japan’s enforced opening to the world led to exceptional and rapid modernization, triggered both societal progress and dark shadows such as expansionism, and left irreversible marks on Japanese society. It’s a masterclass in historical narrative that balances both admiration and criticism, all with Concostrina’s sharp and accessible commentary.